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Por Ana León · 21 de Diciembre de 2020

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El independiente Jairo Yáñez llegó a la Alcaldía de Cúcuta avalado por los verdes y contra todo pronóstico, derrotando al candidato del condenado exalcalde Ramiro Suárez, quien llevaba cuatro años mandando desde la cárcel y llevaba su carta en sociedad con todas las maquinarias electorales de la región. 

Lo logró con la principal promesa de derrotar justamente a esos políticos tradicionales y gobernar sin prácticas clientelistas y corrupción.  

Un año después su balance es agridulce.

Si bien ha podido establecer una Administración más transparente en contratación, y lejos de pactos burocráticos y clientelistas, un logro que no es para nada menor, su poca capacidad de ejecución y la falta de estrategias para mitigar los problemas estructurales de la ciudad, como la inseguridad, ratifican lo complejo que es para un outsider sin experiencia llegar a lo público. 

Eso sin contar la grave situación frente al covid con la que cierra 2020 la ciudad, donde cada paciente positivo está contagiando en promedio a dos más y la red hospitalaria está colapsada. 

Yáñez termina el año con su gabinete desmoronado (nueve secretarios han renunciado) y con una opinión pública que aún no le reconoce sus buenas intenciones. En la encuesta del Centro Nacional de Consultoría de hace dos semanas, fue el Alcalde con la imagen desfavorable más alta, con el 65 por ciento. En la de Cifras y Conceptos de noviembre, los líderes de opinión calificaron su gestión con 42 puntos sobre 100.  

Encima, hay una campaña de revocatoria en su contra que si bien no está liderada por líderes o políticos poderosos, sí le está haciendo ruido. 

El costo de desterrar a los políticos tradicionales

Al estilo del exalcalde de Bucaramanga Rodolfo Hernández, quien lo impulsó en su campaña, Yáñez cimentó su campaña electoral en desterrar la clase política tradicional de la Alcaldía, sobre todo en contra del exalcalde condenado por ser el autor intelectual de un homicidio, Ramiro Suárez, y quien gobernaba en cuerpo ajeno en Cúcuta desde La Picota.

Una vez en el cargo, cortó las relaciones burocráticas que tradicionalmente había entre el gobernante de turno y los congresistas y concejales. Así, desmontó dos prácticas con las que dos de los grupos poderosos de la región, el de Ramiro Suárez y el del exgobernador William Villamizar, instrumentalizaban la Administración para asegurarse votos. 

Las secretarías dejaron de ser propiedad de grupos políticos específicos que acumulaban poder dando cuotas burocráticas y contratación a dedo, y también desaparecieron los “enlaces”, esas personas que hacían las veces de puente obligatorio entre la comunidad y la Alcaldía para tramitar cualquier necesidad. 

Eso que es un logro histórico, le terminó costando al mandatario, en una situación que demuestra lo complejo que es administrar lo público. 

Primero, siguiendo su política de cero burocracia y amarre de puestos, Yáñez no se metió en la elección de personero y contralor. Pero Ramiro Suárez sí. Y ambos cargos quedaron en manos de cuotas del exalcalde. 

Como contamos en esta historia, esos entes de control anunciaron varias investigaciones e incluso le suspendieron a tres secretarios. Finalmente, dos de esas suspensiones terminaron en renuncias. 

Segundo, aunque su relación con el Concejo no ha sido de confrontación y en algunas cosas lo han respaldado (por ejemplo, el Plan de Desarrollo fue aprobado por unanimidad), en medio de la polémica que generó su estrategia de peatonalizar calles y demarcar zonas de espacio público para ubicar vendedores ambulantes, varios concejales promovieron una moción de censura a su entonces secretario de Gobierno, Francisco Cuadros, el único secretario con experiencia política (fue candidato verde a la Cámara de Representantes en 2018). 

Aunque no lograron la mayoría absoluta necesaria para sacarlo, ganaron 10 contra 7 votos. Lo complejo fue que, además de ir en contra del secretario más visible que tenía, le pegaba a una de las medidas adoptadas para el manejo de espacio público, el único tema frente al que ha habido gestión y ejecución en su Administración. 

Así, aunque no sacó al secretario, sí crispó el ambiente al interior de la Alcaldía y a los pocos días Cuadros renunció. 

Su apuesta anticlientelista también contrasta con el hecho de que la clase política de Norte hoy no está afanada por recuperar el poder en este periodo, tal y como nos dijeron dos congresistas y un político poderoso de la región.

Eso se debe en parte a que tienen de trinchera a la Gobernación -en cabeza del poderoso exgobernador William Villamizar y su ahijado el actual gobernador conservador Silvano Serrano- y el resto de la institucionalidad, como el hospital Erasmo Meoz, el principal de la región, para sostener su clientela. Y también en parte porque no se sienten amenazados políticamente por Yáñez de cara a las próximas elecciones. 

“Como no es un tipo que está calculando lo que está haciendo, no inclina la balanza para ningún lado. No es que con eso esté fortaleciendo el voto de opinión en contra nuestra, como pasó en Bucaramanga con Rodolfo (...) sí se mantiene así, todos vamos a arrancar campaña desde el mismo punto en tres años”, nos dijo un congresista. 

Yáñez no se mueve como político y eso precisamente lo puso en la Alcaldía.

El problema es que si bien su perfil era el de un empresario que iba a gerenciar la ciudad, ha tenido problemas estructurales al interior de su gabinete y en la ejecución va rajado. 

Un gabinete técnico pero inexperto y sin cohesión

Como contamos en esta historia, uno de los retos y riesgos tempranos del Alcalde fue la conformación de su gabinete, dado que su campaña la hizo sin un grupo político detrás, con el que casi siempre los gobernantes arman su equipo de trabajo. 

Para mantenerse alejado de la clase política, su equipo se conformó con tres tipos de perfiles: gente de confianza que pertenecen a la clase alta de Cúcuta; gente del Partido Verde que lo apoyó en su campaña; y gente que llegó recomendada por su perfil técnico.

Todos tenían en común su poca e incluso nula experiencia en la administración pública o en sus respectivas carteras, tal y como le sucedió al alcalde de Cartagena, William Dau, o, en el periodo pasado, a Rodolfo Hernández en Bucaramanga. 

El ejemplo más notable es la baja ejecución de recursos en la administración de Yáñez.

Hubo secretarías como la de las TIC, Prensa y Comunicaciones y General, que a corte de diciembre tenían 0 por ciento de ejecución en presupuesto de inversión. Tal y como nos dijo un secretario y un asesor de una de esas carteras, se dieron cuenta que había plata pendiente por ejecutar prácticamente en noviembre. 

Lo que le dejó este equipo en su primer año, fue sobre todo en términos de transparencia. 

Sus procesos de licitación lograron la pluralidad de oferentes (ha tenido concursos con hasta 60 y 90 proponentes), algo que era impensable en las anteriores administraciones, que, como contamos, cerraban con un solo oferente o incluso, con dos ofertas en las que una de ellas era de papel. 

También, su equipo logró que la contratación en temas de funcionamiento como vigilancia o servicios generales sea ahora 14 mil millones de pesos menos costosa que antes.

Y en términos de planeación, su Plan de Desarrollo fue innovador en la medida en que trazó una hoja de ruta con visión a largo plazo, con proyectos de infraestructura a 2050. 

No obstante, junto a esos logros hay desaciertos visibles.

Por ejemplo, anuncios apresurados, como el de tumbar las concesiones de parques públicos que dejó firmadas a última hora la Administración anterior y que no se pudieron acabar porque son legales y podrían representar demandas para la Alcaldía. 

También hubo decisiones controversiales. La más reciente fue la de contratar el alumbrado navideño por más de cuatro mil millones de pesos e invitar a los cucuteños a salir a recorrerlo en pleno pico de pandemia, cuando la ocupación UCI era de 92 por ciento.

Al final, hubo reverzaso: Gobernación y Alcaldía terminaron decretando toque de queda nocturno por la crisis y prohibiendo que la gente visitara los lugares con iluminación. 

La inexperiencia en lo público también se ve reflejada en uno de los problemas estructurales de la ciudad: la inseguridad. 

Como contamos en esta historia, hasta Cúcuta ha llegado el coletazo del conflicto armado que arrecia en el Catatumbo y en la Alcaldía no hay una política clara para hacerle frente. 

Este año, Yáñez sumó cuatro secretarios distintos al frente de la cartera de Seguridad: dos que renunciaron, uno encargado y el actual. Los que renunciaron, que eran de los pocos expertos en su materia, tal y como contamos en esta historia, lo hicieron porque el Alcalde no sabía del tema y no los respaldó para ejercer liderazgo real sobre la Policía. 

En medio de eso no solo anunció militarizar Cúcuta, algo que no es tan sencillo de hacer, no solo por falta de capacidad logística suficiente, sino porque es una medida que se toma  medio de situaciones extremas de conflicto armado. Por eso nunca se materializó.

También dejó al descubierto que su visión para hacerle frente a la inseguridad es únicamente atendiendo a población de calle, tras nombrar como jefe de esa cartera a un profesional con experiencia en esa área y sin nada de cancha en seguridad. 

Pero las renuncias de secretarios no fueron únicamente en esa cartera. En total, nueve secretarías cambiaron de jefe durante este año y eso tiene que ver con algo más que la inexperiencia. 

Uno de los grandes problemas del gabinete ha sido su falta de cohesión. Tres fuentes de adentro de la Alcaldía y tres exmiembros coincidieron en decirnos que, al ser un grupo de personas que no se conocía entre sí, generar confianza fue muy difícil y en consecuencia, trabajar en equipo casi imposible. 

Así, era común que en consejos de Gobierno dos secretarios se dieran cuenta que estaban programando un mismo evento o estrategia pero cada uno por su lado. 

“Por ejemplo, el día de los Derechos Humanos. La Secretaría de Posconflicto lanzó una campaña de publicidad y la de Gobierno lanzó otra. En vez de tener una sola desde comunicaciones para toda la Alcaldía”, nos dijo una fuente de una de esas carteras. 

Esa falta de confianza y cohesión no solo fue entre los secretarios. También entre el Alcalde y varios de ellos. Justamente, tres de los secretarios que renunciaron le dijeron a La Silla que no lograron que el Alcalde los escuchara, confiara en su criterio y los respaldara.

Según ellos y dos funcionarios más de la Alcaldía, Yáñez no tiene comunicación fluida con sus secretarios y tampoco acepta sugerencias ni críticas de parte de ellos.

En el despacho reconocen que falta el trabajo en equipo pero no creen que sea responsabilidad del Alcalde sino porque no se conocían entre ellos, tal y como nos dijo una fuente del círculo de confianza del Alcalde.

“El Alcalde sí oye pero hay que oír al Alcalde primero. Sí, falta trabajo en equipo y ya se habló en consejo de Gobierno de cara al próximo año. La directriz del Alcalde fue: la primera tarea de todos es trabajar unidos para cumplir con el Plan de Desarrollo”, nos dijo esa fuente. 

En función de eso, empezaron cambios internos que tienen que ver también con las relaciones entre la Alcaldía y la clase política de la región. 

La Silla supo que tras la salida del secretario de Gobierno, Cuadros, la secretaria General, María Leonor Villamizar, fue la funcionaria designada para relacionarse con el Concejo. Eso, según nos explicó un concejal y la fuente de despacho que nos habló, para trabajar más de la mano con la corporación. 

Además, tal y como nos dijeron un concejal y dos fuentes de adentro de la administración, una de las cuales lo sabe de primera mano, este mes ha habido acercamientos con grupos políticos como el del exministro de Juan Manuel Santos, Juan Fernando Cristo y su hermano el senador liberal Andrés Cristo, y con el grupo del congresista de Cambio Radical, Edgar Díaz Contreras. 

Según la fuente que lo sabe de primera mano, esos acercamientos son para trabajar en gestionar recursos para el municipio. Sin embargo, también podría abrirle la puerta a acuerdos burocráticos.

Justamente eso se está rumoreando en los círculos políticos tras la decisión de Yáñez de designar como secretario de Gobierno a Cristian Buitrago, el excandidato a la Alcaldía de una iglesia cristiana, que tiene fama de buen funcionario pero que fue secretario de planeación en la Alcaldía anterior, donde mandaba Ramiro Suárez, como cuota de los Cristo.

Habrá que ver si esas relaciones le ayudan a mejorar en ejecución. El reto de Yáñez será encontrar el balance entre el conocimiento que personas como Buitrago, con cancha en lo público, le puedan dar y mantener su bandera anticorrupción. 

 

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