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Por Tatiana Duque · 12 de Febrero de 2021

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La llamada entre el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y el presidente Iván Duque ocurrirá en los próximos días, probablemente la próxima semana. Así se lo confirmó a La Silla Vacía un alto funcionario del Gobierno Duque que ha estado pendiente de la situación.

 

El contacto, que ha venido trabajando tanto Palacio y la Cancillería con la Casa Blanca y el Departamento de Estado desde inicios de año, ocurrirá entonces tres meses después de la confirmación de la victoria de Biden en las elecciones; y poco más de un mes que esté en el cargo.

La demora no tiene precedentes en la relación contemporánea de Estados Unidos y Colombia.

Según una tradición diplomática que resalta los estrechos lazos entre los dos países, en los últimos 20 años el mandatario colombiano estaba entre los primeros en la lista de llamadas del Presidente electo norteamericano.

En el 2004, George Bush y Álvaro Uribe hablaron 10 días después de la reelección del republicano; en la reelección de Barack Obama en 2012, éste habló con Juan Manuel Santos dos días después de su triunfo; y con Trump, la llamada se realizó tres días después en noviembre de 2016.

Por eso los 97 días que han pasado desde que Duque felicitó a Joe Biden por su victoria han parecido eternos.

Una señal que, leída en clave diplomática, sugiere que la nueva administración estadounidense sí resintió la injerencia del partido de Duque, el Centro Democrático, en las elecciones en la Florida, a favor de Donald Trump.

La llamada con Duque de Biden llegaría luego de que el Presidente norteamericano, ya posesionado, hablara con sus principales aliados, como las potencias de Reino Unido (23 de enero), Francia (24 de enero) y Alemania (25 de enero); e incluso después de haberlo hecho con líderes hostiles hacia las políticas norteamericanas como el de China, Xi Jinping (el 10 de febrero); y Vladimir Putin de Rusia (el 26 de enero).

Así las cosas, si la llamada ‘no se cae’, en los próximos días Duque será el quinto presidente latinoamericano en hablar con Biden, luego de haberlo hecho ya con Andrés Manuel López Obrador (el 23 de enero) de México; Sebastián Piñera de Chile; Carlos Alvarado de Costa Rica y Alberto Fernández de Argentina. Todos hablaron con Biden antes de la posesión, el 6 de enero.

El primer contacto de Colombia con la administración Biden ocurrió el 29 de enero, 23 días después de su posesión, cuando la canciller Claudia Blum habló con el secretario de Estado, Anthony Blinken.

En esa conversación, el funcionario norteamericano “expresó el firme apoyo de Estados Unidos a la paz en Colombia.  Se comprometió a colaborar estrechamente con el gobierno colombiano para extender los beneficios de la paz a todo el país”, según comunicó la Embajada de Estados Unidos.

Eso, sumado a que Biden designó como encargado de América Latina en el Departamento de Estado a un diplomático que conoce muy bien al país, como lo es Brian A. Nichols; y que uno de sus asesores en política exterior al colomboamericano Juan González, anticipan el giro de la visión norteamericana sobre Colombia, que como contamos podría ser una buena noticia para temas relacionados a la Paz y no tanto para Duque.

Precisamente, la comunicación entre presidentes ocurriría luego de que fuera publicado el informe de la ONG, Human Rights Watch, muy influyente con políticos demócratas y la Casa Blanca, en el que critica la política de protección a líderes sociales en Colombia bajo el gobierno Duque.

De hecho, Ned Price, vocero del departamento de Estado, mostró ayer su preocupación por los hallazgos y dijo que “disminuir esta violencia e investigar estos crímenes es una prioridad para Estados Unidos y Colombia, y es un asunto que le hemos planteado al gobierno colombiano”.

Pero también ocurrirá tras el espaldarazo público que hizo Estados Unidos a la ambiciosa política que lanzó Duque para regularizar a cerca de un millón de migrantes venezolanos.

“No fue una política para darle un guiño a Biden”, nos dijeron en la Casa de Nariño, al respecto de esta propuesta, que como contamos, tácitamente muestra que la política hacia un cerco diplomático en Venezuela que había impulsado Duque, ya había perdido impulso.

En diplomacia los detalles cuentan. En este caso, más allá de la tardanza, la llamada entre ambos presidentes marcará el inicio, a viva voz, del nuevo tono de las relaciones del principal aliado de Colombia en el mundo.

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