Uso de cookies

La Silla Vacía usa Cookies para mejorar la experiencia de nuestros usuarios. Al continuar navegando acepta nuestra política.

listo

Por Juanita Vélez · 11 de Junio de 2019

8733

1

El Centro Democrático está cuajando alianzas con varios de los partidos con los que el presidente Iván Duque no ha logrado armar su pacto nacional en el Congreso. Eso a pesar de que su apuesta principal es tener candidatos propios, porque la realidad política está llevando a que busque ir en llave con otros partidos, muchas veces apoyando aspirantes ajenos.

Con eso esperan mejorar los resultados de 2015, cuando con candidatos propios solo ganaron la gobernación de Casanare y las alcaldías capitales de Leticia en Amazonas, Puerto Carreño en Vichada y Florencia en Caquetá, y lograron estar en la alianza ganadora de Tolima (aunque después se alejaron).

La decisión es ir con un candidato ganador, así sea ajeno, y no cerrarse a mantener uno propio con pocas opciones, como pasó en 2015 con Pacho Santos en Bogotá, Andrés Guerra en Antioquia, Milla Romero en Norte de Santander o el general Leonardo Barrero en Cauca.

La estrategia uribista

La intención principal del Centro Democrático es tener candidatos propios en todas las elecciones. Según nos explicó su directora, Nubia Stella Martínez, lo ideal es que sean personas que vengan del partido pero, si no, puede ser con quienes quieran entrar a él para irlo fortaleciendo. “No queremos avales oportunistas. El compromiso es que queden”, dijo.

 

En principio, solo si no encuentran a nadie que encaje en esas líneas, buscan un candidato ajeno para darle el aval.

Aunque faltan más de cuatro meses para elecciones, y mes y medio para las inscripciones, esa tercera vía ya es realidad en varias regiones del país. Como nos dijo el expresidente Uribe, “he venido insistiendo mucho en que primero miramos el candidato, luego miramos la coalición, así el candidato no sea de aquí”.  

“Todos nuestros candidatos saben que no descartamos alianzas y también saben que el expresidente Uribe los acompaña hasta el final”, nos dijo Martínez. “Estamos esperando a ver quienes despegan”, agregó.

Para lograrlo han buscado tener un mensaje unificado, que creen que fue su éxito en el plebiscito de 2016.

“Lo que yo le escucho mucho al presidente es que en el plebiscito todos nos sabíamos bien el mensaje y éramos multiplicadores, mientras en las primeras regionales no teníamos un discurso claro”, dijo Martínez a La Silla.

Eso lo repite el expresidente Uribe en los ‘Talleres democráticos’ que está liderando por todo el país para plantear la estrategia, y está en el folleto que recuerda a los candidatos que deben reiterar principios ideológicos (seguridad democrática, cohesión social, austeridad o confianza inversionista), compromisos del uribismo (lucha contra la corrupción y reformas al Acuerdo de Paz) y del gobierno Duque (como aterrizar en lo local el Plan de Desarrollo).

Pero incluso con mensaje unificado, la realidad política los tiene hablando de alianzas, o incluso ya entregando avales a personas de otros partidos.

La unidad nacional uribista

El caso más extremo de renuncia a tener candidatos propios, que lleven ese mensaje unificado, se da donde es claro que no tendrían fuerza para ganar. Eso significa que el uribismo va a terminar haciendo campaña junto con los caciques tradicionales que fueron sus rivales, como parte de la Unidad Nacional santista, en las elecciones de 2014 y 2015.

El ejemplo más visible es el aval que entregó el mismo Uribe a la charista Elsa Noguera (exministra de Juan Manuel Santos) para la Gobernación del Atlántico, como parte de un pacto con todos los partidos tradicionales. Para la alcaldía de Barranquilla también van con el charista Jaime Pumarejo.

Pero ese caso no es el único.

También se ve en Nariño, donde no van con candidatos propios y Uribe impulsa una alianza con los parlamentarios conservadores, los de La U, algunos liberales y gente de Cambio Radical, que busca quitarle el poder a la izquierda.

En Sucre, el uribismo se sumó al grupo del alcalde liberal de Sincelejo, Jacobo Quessep para enfrentarse a la alianza de Yahir Acuña y Mario Fernández (exliberal, ahora en Cambio), tanto a alcaldía como a gobernación.

En otras regiones el Centro Democrático sí tiene candidato pero está buscando alianzas con otros partidos.

En Cauca, por ejemplo, tienen precandidatos muy débiles para la alcaldía de Popayán y para Gobernación están buscando una alianza en la que participan la senadora Paloma Valencia, diputados y concejales payaneses liberales, además de bases de la U.

En Cesar van con Claudia Margarita Zuleta, que a su vez tiene el respaldo del Partido Liberal y de los representantes Cristian Moreno (de la U), Eloy ‘Chichi’ Quintero (Cambio Radical) y un sector de los godos.

En Boyacá tienen de candidato a Guillermo “Mono” Sánchez y según nos dijo el cacique político Ciro Ramírez, “estamos conversando con otros partidos, pero todo en torno al Mono”. En concreto, nos dijo que han buscado sumar a gente del partido Liberal, de Cambio Radical, de La U y del Partido Conservador.

También en Cúcuta quieren tener candidato propio a la alcaldía, pero su representante Juan Pablo Celis se está moviendo para luego tener un solo candidato alianza que incluiría al liberal presidente de la Cámara Alejandro Chacón. Igual en Gobernación, para la que avalaron a Juan Carlos García, pero según cuatro fuentes del partido, no están casados con él y están abiertos a sumarse a otras campañas.

Lo mismo pasa en Santander, donde la aspiración de Jorge Cote no ha despegado y busca que lo coavalen otros partidos; o en Huila, donde avalaron para la Gobernación al empresario piscícola Manuel Macías, pero no ha despegado y hay bases del partido con el candidato conservador Carlos Ramiro Chávarro.

Igual en Valle, donde llevan a la alcaldía al concejal Roberto Rodríguez y a la gobernación al empresario Francisco Lourido. Pero no tienen la fuerza suficiente para ganar solos, por lo que no descartan hacer alianzas o incluso apoyar a otro candidato, algo que ya se está cocinando para la alcaldía, donde el uribismo está a punto de irse para la campaña de Roberto ‘el Chontico’ Ortíz, empresario del chance y excandidato a la Alcaldía liberal que va por firmas.

O en Bogotá, donde su candidata Ángela Garzón ha dicho abiertamente que le apuesta a una encuesta con los candidatos de centro derecha, Miguel Uribe, del Partido Liberal, y posiblemente David Luna (si es que finalmente se lanza y no se va con Carlos Fernando Galán).

Incluso en lugares donde todo indica que van con candidato hasta el final, es a cambio de su apoyo para otra campaña a otro cargo.

Los enroques

El caso más llamativo es Antioquia, la tierra de Uribe. Allá el Centro Democrático va por la Gobernación con Andrés Guerra, a quien escogieron por encuesta y fue su fallido candidato en 2015 (sacó el 29 por ciento de los votos).

Esa decisión la abre campo a la alianza que Uribe quiere hacer con el grupo del alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez. Allí el candidato oficial es Alfredo Ramos, pero once fuentes del partido nos dijeron que quieren contar con ‘Fico’  y por eso se sabe abiertamente que la intención es apoyar a Santiago Gómez, el de ‘Fico’ a la Alcaldía, y a cambio, que ellos apoyen a Guerra a la Gobernación.

Esto demuestra que, ni siquiera en su tierra, el Centro Democrático se cree capaz de llegar solo al poder.

En Córdoba, que también es tierra consentida del expresidente, van con Salim Ghisays para la Alcaldía de Montería. Él es el candidato del grupo del alcalde Marcos Daniel Pineda (Conservador), que irá por firmas, y para la gobernación, aunque llevan candidato propio pues le dieron el aval a Carlos Gómez (viejo militante de Cambio Radical), lo lanzan con el apoyo del grupo del alcalde Pineda.

Algo parecido se ve en Caldas, donde van con Camilo Gaviria a la gobernación, con alianza con los liberales que llevan a Jorge Hernán Mesa a la alcaldía, en una alianza que se cocinó desde las elecciones presidenciales de 2018, cuando el senador liberal Mario Castaño apoyó de lleno a Duque y trabajó en Caldas de la mano de Adriana Gutiérrez, jefe del uribismo en el departamento.

En departamentos grandes como Cundinamarca (van con Wilson Flórez) o Meta (van con Nohora Tovar), no pinta ese panorama pues van solos  y no han hablado de alianzas. De resto, en la práctica el uribismo será una fuerza más en el juego de coaliciones que marca la gran mayoría de carreras electorales, lo que tiene algunos efectos.

Los efectos

Esa decisión de hacer alianzas revive una vez más las tensiones entre el ala más pragmática del uribismo, que ve con buenos ojos las coaliciones, y el ala de los ideológicos que tienden a limitar esos acuerdos con los partidos que hacen parte de su coalición, integrada por los cristianos de Colombia Justa Libres y el Mira, y los conservadores.

Más allá de esas tensiones, lograr esa suerte de “unidad nacional local” en la mayoría de regiones puede facilitar la tarea de Duque de armar una coalición nacional con la que pueda contar para que le aprueben sus reformas en el Congreso, porque varios políticos tradicionales con asiento allí van a haber hecho campaña con el uribismo, e incluso pueden tener cuotas en administraciones del Centro Democrático.

Otro efecto de esas alianzas es que profundicen en lo local la división que planteó la campaña del plebiscito de 2016 entre el Sí y el No,  pues varias de las coaliciones que está buscando el Centro Democrático están movidas bajo la lógica de evitar que ganen candidatos de izquierda, como pasa en Nariño, Cauca o Bogotá.

Comentarios (1)

Lupita Gómez

11 de Junio

1 Seguidores

Una evidencia más de que los tales partidos no existen, pues lo que existe so...+ ver más

Una evidencia más de que los tales partidos no existen, pues lo que existe son consorcios o uniones temporales para explotar algún proyecto, en este caso una marrana que se llama Estado.

Pero hay varios tipos de marranas, están las nacionales, las departamentales, las municipales y se dan sociedades aparte. Por ejemplo, para atacar la marrana Atlántico, Char y Name son socios, pero no en otras.

CONTEXTO

Las historias más vistas en La Silla Vacia