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Por Juan Manuel Flórez Arias · 09 de Febrero de 2021

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El choque entre Álvaro Uribe y el alcalde Daniel Quintero viene escalando en las últimas semanas, hasta el punto que el domingo el Expresidente propuso que el Gobierno Nacional asumiera el control de Empresas Públicas de Medellín (EPM).

Pero el trasfondo de la disputa va más allá de la coyuntura de Medellín y del afán de visibilidad del Alcalde. Se trata de una batalla por el corazón de Antioquia para el 2022.

A un año de las elecciones presidenciales y legislativas, y luego de la derrota del uribismo en 2019 en Alcaldía y Gobernación, la confrontación con Quintero por EPM es un camino que le puede ayudar a Uribe a recuperarse en su bastión electoral.

Es un terreno que necesita para mantener la Casa de Nariño, sobre todo dada la poca fuerza que tiene el uribismo en Bogotá, donde perdió tanto en primera como en segunda vuelta con Gustavo Petro en 2018.

En contraste, uno de cada cinco votos que llevaron a Iván Duque a la Presidencia los obtuvo en Antioquia. Duque ganó en este departamento por una diferencia de más de 50 puntos porcentuales y le sacó 1,2 millones de votos de ventaja al candidato de izquierda.  

Sin embargo, el triunfo de Quintero un año después por encima del candidato uribista Alfredo Ramos mostró que la victoria de las presidenciales era endeble. El uribismo también perdió la gobernación, donde Aníbal Gaviria derrotó a Andrés Guerra.

La situación en Antioquia tampoco le es indiferente a Petro, quien requiere ganar espacio en este departamento incluso para llegar a la segunda vuelta, sobre todo si le toca enfrentarse al antioqueño Sergio Fajardo

Sin ser cercano a Quintero, el líder de la Colombia Humana mantiene buenas relaciones con el Alcalde. Éste lo apoyó en la segunda vuelta presidencial en 2018 y uno de sus asesores, que pidió no ser nombrado para hablar con mayor libertad, le dijo a La Silla que Petro encontró en la disputa por EPM una forma de hablarle a las bases populares de la ciudad, “apelando a la antioqueñidad y al deseo de los ciudadanos de defender su empresa (EPM)”.

Una disputa aplazada para el uribismo

El despido del gerente de EPM Álvaro Rendón por parte de Quintero fue, de algún modo, la campanada de inicio para una pelea que Uribe quería dar desde hace más de un año.

Un concejal del Centro Democrático Alfredo Ramos y el senador José Obdulio Gaviria le dijeron a La Silla que Uribe quiso que el Partido se declarara en oposición desde el principio del gobierno de Quintero, pero en su momento la bancada optó por la independencia.

Luego de la primera crisis de EPM en agosto del año pasado, cuando renunció la junta directiva, fue la presión de Uribe la que llevó a que la bancada en el Concejo se pasara a la oposición, pese a que varios de los miembros mantuvieron vínculos con la Alcaldía y siguieron votando alineados con esta.

Ahora hay un apoyo cada vez más visible de figuras de peso dentro del uribismo paisa a la revocatoria, que en un inicio comenzó liderado por figuras de segunda línea cercanas al Centro Democrático.

Según el senador José Obdulio Gaviria, esta situación estaba avisada desde la derrota del uribismo en 2019, cuando Uribe calificó a Quintero como  un “agente de Petro en Medellín”. 

“Quintero se camufló con expresiones de independencia, pero traía todas las posiciones de izquierda contrarias a nuestro modo de hacer la política”, dijo Gaviria.

En la misma línea, el exministro Fabio Valencia Cossio, líder de una de las casas políticas del uribismo en Antioquia, le dijo a La Silla que la disputa actual “tiene connotaciones no solo desde el punto de vista administrativo sino desde el punto de vista político. Es un eslabón que hace parte de una discusión nacional: las tendencias que representa el Alcalde, muy del corte de Petro, son las que confrontaremos en la Presidencia”.

Petro: 'Si Antioquia cambia, Colombia cambia'

Antioquia también es estratégica para Petro por varias razones: en primer lugar, para evitar un escenario como el de 2018, en el que parte de su derrota en segunda vuelta se decidió por la votación de Duque en el departamento. 

Acortar esa distancia será aún más clave para su aspiración en 2022. Por un lado, porque si Álex Char juega del lado del uribismo, como ya se prevé, la fuerza que desplegó Petro en el Caribe en las últimas presidenciales podría verse mermada. Y por otro, si Claudia López logra conservar su favorabilidad en las encuestas, al candidato de la Colombia Humana tendrá problemas para ampliar su espacio en Bogotá dada la oposición que ha hecho en su contra. 

En segundo lugar, porque sus dos principales rivales políticos, Álvaro Uribe y Sergio Fajardo, son antioqueños, exgobernadores y exalcaldes de Medellín, y con vínculos con los últimos gobiernos en la región. 

Petro ha señalado a Uribe y a Fajardo como los responsables de los problemas de EPM, en especial por su relación con las administraciones encargadas del proyecto Hidroituango, cuya crisis en 2018 aún tiene efectos sobre la empresa y por la cual la Contraloría le imputó cargos a Fajardo. 

 

Dado este contexto, Petro ha aprovechado la disputa alrededor de EPM para hablarle a los sectores populares de Antioquia. Uno de sus asesores le dijo a La Silla que la idea es que “la discusión deje de ser de noticiero, de unos personajes políticos peleando, y que la antioqueñidad empiece a pensar en la pérdida de su empresa. Eso genera un espacio de reflexión que nos puede ayudar a conquistar algunos municipios de Antioquia y parte de Medellín para 2022”.

Petro dejó claro ese propósito desde las elecciones regionales de 2019, con la consigna “Si Antioquia cambia, Colombia cambia”.

En esas elecciones no apoyó directamente a Quintero, aunque como contamos sí le hizo un guiño. De hecho, La Silla supo por el testimonio de uno de los asesores de Petro que él y Quintero se reunieron durante la campaña y el entonces candidato le pidió a Petro no apoyarlo públicamente. 

Después de la victoria de Quintero, Petro le ha mostrado su apoyo en redes sociales. Otras figuras de Colombia Humana, como la representante María José Pizarro, también han expresado su cercanía con gestiones de la Alcaldía como la creación de la Secretaría de No Violencia el año pasado.

La pelea actual de Medellín, y la posición que Petro ha asumido en ella, puede ayudarle a conectar con un sector de Antioquia que el propio Quintero aprovechó: el de los votantes antiuribistas que, como contamos, también hicieron parte de las protestas contra el gobierno de Iván Duque en noviembre de 2019.

La coyuntura, por lo tanto, va más allá de lo local y la capital de Antioquia se perfila como uno de los laboratorios de las elecciones de 2022 y, como no es sorpresa, estará marcado por la radicalización de las posturas.

¿Quién tiene las de ganar?

De entrada, en esta pelea, Iván Duque tiene las de perder pues intensifica sus tensiones con el uribismo paisa, como se vio ayer después de que el Presidente rechazara la propuesta de Uribe de intervenir EPM.

La pregunta es si Uribe tiene las de ganar.

Para Juan Carlos Arenas, profesor del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia, es una apuesta que puede ser efectiva electoralmente para ambos bandos, pero Uribe empieza con ventaja “porque ya tiene montado el discurso del miedo, solo tienen que ponerle el rostro del Alcalde, asociarlo a Petro, y decir que el mal manejo de EPM es un riesgo hacia el socialismo”.

En la otra orilla, según Arenas, el énfasis de Petro está en “despersonalizar el asunto, dada su baja aceptación en Antioquia, y apelar a los intereses de los ciudadanos y a la ambigüedad de que en Medellín la gente siente orgullo de los éxitos empresariales de EPM, pero resentimiento por los altos cobros de los servicios públicos y la desigualdad de la ciudad”. 

Es decir, la estrategia de Petro, según el académico, lo obliga a hacer un giro adicional: el de ocultar su nombre, que lo pone en mayor desventaja frente a Uribe.

El Expresidente tiene un punto a favor adicional y es que la discusión se da sobre una de las bases del regionalismo paisa. 

“Hay dos cosas que uno no puede tocar en Medellín: EPM y el Metro. Por eso es tan estratégico Uribe al enfocar su discurso en que hay que defender Antioquia de personas que están llegando de otras partes de Colombia”, dice Lina Guisao, politóloga de la Universidad Nacional y coordinadora en Medellín de la organización de discusión pública El Derecho a No Obedecer.

Arenas opina que quien sale más afectado es Fajardo, y esto explicaría en parte su silencio sobre el tema. “Si dice algo, puede asumir el costo político por estar implicado en la investigación sobre los sobrecostos de Hidroituango”.

La pelea en torno a EPM le agrega un factor a las elecciones de 2022 que las diferencia de las de 2018. Aunque los nombres de los candidatos más opcionados se mantienen, esta vez Antioquia, el territorio seguro del uribismo, estará en disputa.

 Y aunque Uribe empieza con ventaja, el énfasis que le está dando a esta confrontación muestra que, lejos de dar esta plaza por ganada, tiene como prioridad asegurarse de no perderla.

 

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