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Por Jineth Prieto · 10 de Noviembre de 2020

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La semana pasada, en una reunión con la bancada del Centro Democrático, el expresidente Álvaro Uribe Vélez tiró línea sobre 2022: dejó claro que su propuesta de referendo es el punto de partida y que la meta es tender el camino para acercarse a otras fuerzas para tener un candidato sólido de derecha. Es decir, repetir la unión de 2018, pero esta vez sumando de frente a políticos tradicionales desde el día uno. 

Dijo que la tarea inicial de los congresistas es lograr que otros partidos y movimientos se sumen al referendo con el que, entre otras, quiere modificar o eliminar la Justicia Especial para la Paz, JEP, y unificar o reducir las altas cortes.

Así, adelanta la campaña y empieza a foguear sus propios precandidatos, como explicamos, y ambienta el camino para una consulta interpartidista que repita el efecto de 2018, cuando quienes se midieron a través de ese mecanismo y ganaron, Gustavo Petro e Iván Duque, fueron los que pasaron a la segunda vuelta.

El giro sustancial es que hace dos años hicieron campaña contra los partidos tradicionales, cuyas prácticas alineó con la manera de hacer política de Juan Manuel Santos y estaban concentrados en la campaña de Germán Vargas Lleras.  Esta vez será con ellos.

“Ojo con 2022”

Aunque en el Centro Democrático no se ha hablado formalmente de los detalles de la campaña, el expresidente Álvaro Uribe ha empezado a marcar las líneas generales. Y no van tanto en el sentido de defender al Presidente que él impulsó y su gobierno, como en el de armar la estrategia para volver a ganar.

 

En público trazó el manual con los puntos gruesos de su agenda y echó a rodar la idea del referendo, y en privado empezó a tirar línea sobre la manera en la que debe moverse el partido.

En una reunión virtual a la que asistió la semana pasada la bancada completa en el Congreso y directivos como José Felix Lafaurie, Sergio Araújo, la directora del partido Nubia Stella Martínez, y Óscar Iván Zuluaga, hablaron de la estrategia para apalancar el referendo como corazón de la precampaña.

“La meta es 2022. El referendo puede que pase o no, pero el efecto inmediato es un termómetro que va a permitir ver las candidaturas y no solo del Centro Democrático, sino de otros partidos”, nos aseguró  uno de los congresistas que asistió, pero que pidió la reserva de su nombre para ahorrarse problemas en el partido.

Eso es tan claro que mientras no han definido cuáles de los 13 temas iniciales mantendrán -La Silla supo que esperan que sean unos seis, para facilitar su comunicación-  ni está completamente claro un cronograma para sacarlo adelante ni hay un apoyo oficial de Duque, ya está la directriz política de qué hacer con él.

“El mensaje es que este no es un tema del Centro Democrático, sino de una gran coalición en torno a la propuesta del referendo”, dijo a La Silla otro de los congresistas. 

Ese congresista y otros dos, así como un directivo del Centro Democrático, nos contaron por aparte que el mensaje del Expresidente fue que buscaran aliados en otros partidos políticos.

“Cada uno tiene unos amigos en varios lados. Es buscarlos y empezar a conversar”, nos aseguró otra fuente.

La idea es buscar acercamientos con el Partido Conservador y los movimientos cristianos, que ya fueron aliados en 2018, y con Cambio Radical y con La U, que estuvieron con Vargas.

Los últimos dos partidos terminaron siendo parte del gobierno uribista de Duque después de que les dio dio participación en el gabinete (La U tiene el Ministerio de Trabajo, y Cambio Radical el de Salud), y empezaron a funcionar como parte de su coalición en el Congreso.

Por eso, en el uribismo creen que pueden acercarse para las elecciones, pero no es tan claro que el referendo sirva como pegante para eso.

Y es que tender esos puentes no será fácil porque, como contamos, el borrador de referendo refleja una agenda uribista purasangre que ofrece pocos puntos de encuentro con partidos que defendieron el acuerdo de paz y congresistas que se eligieron en 2018 lejos de banderas como eliminar la JEP o quitarle los dientes.

El giro

Como el referendo está más claro como mecanismo de unión y de campaña, que como propuesta de reformas porque es poco viable, todavía hay espacio para lograr esa unión. Una unión que aterrizaría en una nueva consulta de la derecha, que Uribe quiere que sea más amplia que la exitosa de 2018.

De su lado, en la baraja de precandidatos están las senadoras Paola Holguín y Paloma Valencia, el exministro Rafael Nieto, y recientemente el representante Edward Rodríguez.  Aún no se sabe si el ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo, y el embajador en Washington, Francisco Santos, van a renunciar para sumarse.

Para ellos, y otros aspirantes que surjan, el apoyo al referendo es algo así como la primera prueba.

“El referendo es un complemento de la acción política, como lo fue el plebiscito en 2016... Es como una primaria, quien logre más fondos, más presencia en los medios, y mayor aceptación tomará la ventaja”, explicó a La Silla el senador José Obdulio Gaviria.

No es claro cuál de ellos sería capaz de lograrlo ni a quién le dé Uribe su guiño, pues además de eso quedaría igual la duda de quién puede generar más simpatía por fuera del uribismo.

Será un factor clave a juzgar por la estrategia de sumar más fuerzas y porque fue uno de los criterios para que el elegido en 2018 fuera Iván Duque, quien producía menos resistencias que sus competidores en el centro del espectro político.

En el partido dicen que la llegada de políticos tradicionales a la campaña de Duque para la segunda vuelta fue clave en su victoria, y las demás fuerzas se están acomodando para que en 2022 la pelea se de entre grandes coaliciones construidas en consultas.

Eso porque en 2018 les fue mejor a las que optaron por ese mecanismo que a las armadas a punta de acuerdos, ya sea burocráticos como en el caso de Germán Vargas Lleras, o más ideológicos, como en el de la entonces llamada Coalición Colombia.

Por eso en la centro izquierda, como contamos, ya hay un acuerdo de hacer una consulta; y La Silla confirmó que en los partidos tradicionales varios están pensando en medirse en consultas interpartidistas antes de la primera vuelta para tener un candidato viable, el camino que se plantea, por ejemplo, la baronesa Dilian Francisca Toro, ahora presidenta de la U. 

Para el uribismo, esa estrategia tiene la ventaja de arrancar eventualmente con más aliados, pero le quita la bandera que tuvo en 2018 de ser una fuerza que va contra la política tradicional, la que compra votos o depende de la mermelada, los favores, los puestos y los contratos. 

Por un lado, porque Duque aceptó darle burocracia a varios partidos para lograr gobernabilidad (de hecho, no ha vuelto a usar el discurso contra la mermelada) y porque está lidiando con la ‘ñeñepolítica’, un escándalo por presunta entrada irregular de plata a su campaña.

Y por otro, porque solo puede sumar fuerzas si se alía con las fuerzas de los barones tradicionales que hasta ahora se han sumado a la coalición de gobierno.

Lo difícil

Como contamos en esta historia y nos lo ratificaron cuatro fuentes por aparte en esta reportería, los puntos inamovibles en el referendo uribista son los relacionados con la justicia y eso plantea de entrada diferencias muy difíciles de superar con La U y Cambio Radical (con los conservadores, que ya estaban en 2018 y hay más puentes, no).

Mientras la directora de La U, Dilian Francisca Toro, es una defensora del acuerdo de La Habana; Germán Vargas Lleras, jefe de Cambio Radical, escribió una columna este fin de semana respaldando la JEP.

Hoy Uribe dijo en entrevista en El Tiempo que en todo caso podría considerar que se hablara no de derogar la JEP pero sí de crear una sala especial para militares e impedir que los exguerrilleros de las Farc implicados en delitos de lesa humanidad no pudieran llegar al Congreso, y que por esa vía esperaría un mayor respaldo. Algo que muestra que su intención está en conseguir apoyos más allá de la derecha.

Toro y una fuente de Cambio Radical que tiene como saberlo, coinciden en que el uribismo no los ha buscado para hacer acercamientos con miras a 2022, y también en que sí están viendo una consulta interpartidista antes de primera vuelta, pero no la plantearon necesariamente en torno al uribismo. 

Toro dice que su partido quiere alejarse de los extremos; y la alta fuente de Cambio dice que Alex Char podría ser “una ficha interesante en una consulta con el uribismo” pero que el exalcalde de Barranquilla no ha oficializado su intención de ir a las urnas en 2022 (se espera su anuncio en los próximos meses).

Y es que aliarse con el uribismo ya no es tan interesante como en 2018 porque significaría defender el legado de Duque cuando sus banderas se han quedado cortas y perdieron la que puede ser más importante para el electorado en el futuro, que es la seguridad; y aliarse con un Expresidente visible pero con una investigación formal en la Fiscalía y cada vez menos popular -la Gallup Poll más reciente, de octubre, registró que la imagen negativa de Uribe es de 61 puntos-. 

Al final, una gran pregunta estratégica es si unirse al uribismo desde antes de primera vuelta para enfrentarse a Petro, quien ya tiene asegurada su candidatura con el aval de la UP, descartando la posibilidad de que otra candidatura fuerte pase a segunda vuelta: o si solo hacerlo si se enfrentan a Petro en una segunda vuelta.

“Más que una consulta de derecha que fue el escenario de 2018, lo que es probable que exista es una consulta anti-Petro que recogerá a los partidos tradicionales y a la derecha”, explicó a La Silla el analista político, Carlos Suárez, miembro de nuestra red de expertos y quien ha asesorado campañas nacionales y locales.

Para saber si se da esa consulta o si los partidos tradicionales calculan que no es necesario, todavía falta tiempo. Un tiempo en el que el referendo uribista ayudará a decantar las alianzas y en el que los uribistas, si Uribe no cambia el plan, buscarán tender el camino para lograr esa consulta.

CONTEXTO

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