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Por Julián Huertas · 02 de Octubre de 2019

Congresistas y directivos de La U en un congreso del partido en Girardot en febrero de 2019.

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De haber ganado hace cuatro años 11 gobernaciones y dos alcaldías capitales (algunas de ellas en alianza), el Partido de La U pasará en las elecciones de este octubre a una disminución similar a la que se vio el año pasado de legislativas, en las que cayó de ser la colectividad más votada del país con 21 senadores a sacar apenas 14, y de 37 a 25 representantes.

Su única gran apuesta será mantener la Gobernación del Valle en cabeza de Clara Luz Roldán, la heredera de la actual mandataria, la baronesa Dilian Francisca Toro.

La razón: su naturaleza de partido de caciques tradicionales, sin liderazgos ni ideología alguna, y el haber quedado sin Presidente lo llevó a terminar en un aguacero de alianzas en las que está de segundo y a apostar apenas con 11 candidatos propios a alcaldías capitales y siete a gobernaciones.

La U nació para que Álvaro Uribe se reeligiera, reinó dos periodos con Juan Manuel Santos, pero, tras el retorno del uribismo en cabeza de Iván Duque, quedó por fuera del poder, con sus congresistas especialmente afectados por la política de no mermelada (cupos indicativos) de Duque, que tanto les sirvió para aceitar sus maquinarias con Santos.   

Sin Primer Mandatario no es muy claro qué representa ni hacia dónde va, pues sus miembros se debaten entre exsantistas queriendo volver al redil uribista y liberales y amigos del Acuerdo de Paz.

Sin candidatos propios 

Aparte de los candidatos propios que lleva a las alcaldías de Leticia, Arauca, Cartagena, Tunja, Yopal, Popayán, Valledupar, Inírida, Villavicencio, Mocoa y Mitú. Y a las gobernaciones de Casanare, Guainía y Guaviare, la apuesta grande de La U en estas elecciones será en alianzas.

El partido lleva 20 candidatos en alianzas a gobernaciones,  por ejemplo, apoyan a Aníbal Gaviria en Antioquia, a Vicente Blel en Bolívar y a Silvano Serrano en Norte de Santander.

Y 12 en alianzas a alcaldías, como por ejemplo en Bucaramanga a Claudia Lucero López; a Aristides Herrera en Santa Marta y a Germán Chamorro en Pasto.

Eso es significativo porque, así ganen con esas cartas, al ir con otras colectividades el botín burocrático de estos entes (con los que se alimentan las maquinarias de los caciques) se reduce.

Pero, además, si alguno de esos mandatarios llega a tener un lío y a caerse, La U no quedaría con el control de esas credenciales necesariamente.

Aurelio Iragorri, director de La U, nos explicó el por qué de esta movida: “La única forma de ganar hoy en día una Gobernación es con alianzas con varios partidos”.

En parte porque lo ideológico de los partidos acabó siendo secundario o prácticamente nulo en las elecciones regionales, pues a diferencia de Bogotá y de otras ciudades grandes, el voto de opinión no es un factor tan decisivo y porque los partidos han estado en una crisis de identidad, que se reflejó en las presidenciales. 

Y porque, según Iragorri, los candidatos en muchos casos se lanzaron por firmas y luego fueron a tocar las puertas de varios partidos y acabaron conglomerandose todos alrededor de un sólo candidato, con la presión encima de que si no coavalaban acaban era perdiendo contra el candidato de más logos. 

Por eso, las alianzas resaltan a un candidato que tiene detrás el músculo financiero de varios partidos, lo que le da más manejo y la capacidad de incidir mucho más que un candidato que se lanzó sólo por firmas o que sólo tiene el aval de un partido pequeño. 

En todo caso, es un fenómeno que no sólo aplica para La U sino a todos los partidos, como hemos contado.  

“Los partidos dejaron de lado su ideología y se han convertido en fábricas de avales, por eso los ganadores de estas elecciones serán los caciques y no los logos de los partidos”, le afirmó a La Silla el senador Roy Barreras

Este cambio en el panorama frente al que vivieron en La U en las regionales de hace cuatro años ya tiene pensando a algunos de sus políticos, justamente en el tema burocrático.

“Es posible que ningún partido vaya a controlar por la lógica de estas regionales, en la que muchos avalaron y si nos entregan una secretaría pues sería algo mínimo”, le dijo a La Silla una congresista de La U que pidió no ser citada.

Para la entrega de los avales de gobernaciones y sus capitales se conformó un comité en el que estaban la senadora Maritza Martínez, los senadores Roy Barreras y José David Name, las representantes a la Cámara Mónica María Raigoza de Antioquia y Marta Villalba del Atlántico, el representante Jorge Eliecer Tamayo y el quemado al Senado, Alfredo Molina, ambos de Cundinamarca..

Además, tenía voz y voto Iragorri, aunque nos aseguró que sólo hizo parte de algunas de esas reuniones de entrega de avales, que fueron en total 65. .

Como es usual, primó en muchos casos la voz del congresista más votado del partido en la respectiva ciudad o departamento.

Un partido roto

El partido está roto, como contamos, desde que Santos empezó a perder poder y debido a que no fueron capaces de poner un candidato presidencial. 

A eso se sumó la debacle de las legislativas, en las que pasaron de ser el partido más votado de Colombia a ocupar el cuarto puesto y perder peso en el Congreso.

A la hora de definir si se declaraban gobiernistas o independientes frente al Gobierno de Duque, la bancada mostró sus duras diferencias. 

Catorce de los 39 congresistas votaron a favor de irse a la independencia, entre ellos los senadores Roy Barreras y Armando Benedetti y otros que durante la coalición santista del Congreso fueron de la clase A y duros defensores del Acuerdo de Paz. 

De hecho, Barreras le aseguró a La Silla que ha considerado dejar el partido y que, cuando los 14 congresistas quisieron volverse independientes, se planteó la idea de irse, pero para eso debían tener mayorías y no las tenían. 

La pelea de Barreras fue tal que en estas elecciones locales prefirió migrar sus candidatos a Colombia Renaciente (el partido afro del santismo) que quedarse en el partido, otro asunto que ayuda a entender la situación de La U hoy.

Hoy el partido está reventado y en el Congreso dejaron de reunirse y de tomar decisiones de bancada, como lo han evidenciado votaciones como la de las objeciones presidenciales a la Jurisdicción Especial de Paz JEP. 

Un Senador que nos habló fuera de micrófonos opinó que la esperanza de revivir como colectividad está en que, por ejemplo, logren poner un candidato presidencial fuerte en 2022, un asunto que se ve bien borroso teniendo en cuenta los pocos líderes con vocación nacional que allí militan.

Mientras se sabe si el deseo de ese congresista tiene sentido, por ahora, este 27 de octubre de comicios, el otrora rey de la coalición de Gobierno ratificará su pérdida de peso electoral. 

Contexto

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