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Por Juanita León · 04 de Octubre de 2020

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Las cifras que publicó esta semana el Dane sobre el mercado laboral muestran que un porcentaje de los empleos perdidos por el covid ya lograron reactivarse, pero también que la recuperación será muy desigual, y que los que ya la estaban pasando mal la pasarán peor.

Pero más allá de la crisis actual, hay todo un debate por darse alrededor del empleo y de cómo prepararse para el futuro tecnológico que se ha acelerado con la pandemia.

Para alimentarlo, La Silla entrevistó para nuestro podcast El Futuro del Futuro a María Luz Rodríguez, una de las personas que más ha pensado sobre cómo cambiará la forma cómo trabajamos.

Rodríguez es doctora en Derecho, profesora titular del Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social en la Universidad de Castilla-La Mancha y fue viceministra de Trabajo en España durante la crisis económica de 2008. Ha investigado sobre el impacto de la tecnología en el mundo del trabajo y acaba de publicar un libro que se llama “Humanos y Robots: empleo y condiciones de trabajo en la era tecnológica”.

En esta entrevista, editada para mayor claridad, ella alerta sobre lo que ya deberíamos estar haciendo para tener mejores empleos en el futuro.

La Silla Vacía: El covid ha golpeado el empleo en todo el mundo y ha acelerado la digitalización. ¿Cómo cambiará esta crisis el mundo laboral de manera estructural?

María Luz Rodríguez: Acaba de ser publicado un informe de la Organización Internacional del Trabajo que dice que, durante la pandemia, ya se han perdido más de 34 millones de empleos en Latinoamérica.

Pero como me pide que mire más allá de la pandemia, y hable de cambios estructurales, yo creo que cuando nos recuperemos de esta situación quedarán en evidencia algunos aprendizajes.

El primero es que la pandemia ha golpeado más fuerte en aquellos países donde hay un alto nivel de precariedad y de informalidad en el empleo. De empleo sin derechos, si queremos llamarlo así.

Y uno de los primeros aprendizajes para el futuro es que necesitamos tener empleos formales y necesitamos tener empleos estables. Porque así los shocks económicos, y los shocks como la pandemia, golpean con menos intensidad.

El segundo es que pensábamos que todos nuestros debates sobre el futuro del trabajo pasaban por la tecnología, por los robots, por la inteligencia artificial. Yo misma llevo investigando mucho tiempo el impacto de la tecnología en el mundo del trabajo. Pero durante esta pandemia ha quedado claro que el trabajo humano sigue siendo imprescindible.

Nuestra vida durante este tiempo y nuestro bienestar ha reposado sobre el trabajo humano, sobre el trabajo de aquellas personas que cuidan a otras personas, pero también que cuidan los bienes que necesitan otras personas.

Estoy refiriéndome al trabajo del personal sanitario, pero también de los cuidadores, del personal del comercio, de aquellos repartidores que han ido por las calles repartiendo bienes.

Teníamos muy descuidados los trabajos humanos, y creo que esta pandemia nos ha enseñado a volver a poner el trabajo humano en el centro del debate. Porque el trabajo humano sigue siendo imprescindible en el presente y va a seguir siendo imprescindible en el futuro.

Y un último elemento es la propia tecnología.

En esta pandemia, hemos descubierto que la socialización de las personas, pero sobre todo, que las cuotas de actividad económica y actividad administrativa que hemos mantenido, lo hemos hecho gracias a la tecnología.

Así que si me permite resumir: más formalización del trabajo, el trabajo humano en el centro del debate sobre el mercado de trabajo y la tecnología como principal vector económico.

L.S.V.: En Colombia la informalidad abunda. ¿Alguna tendencia apunta a que el trabajo vaya a ser más estable en el futuro?

M.L.R.: Algunos países de Latinoamérica están haciendo esfuerzos considerables por ir limitando la informalidad en el empleo que ha caracterizado habitualmente esos países. Aquí la tecnología puede ayudar.

Y luego, las políticas públicas son, desde luego, muy necesarias. No solo las legislaciones laborales, sino también las que tienen que ver con el control de las normas laborales.

En muchos países latinoamericanos, las instituciones laborales como la Inspección de Trabajo, son débiles o vulnerables. Acompañar una legislación que apueste por el trabajo decente, con instituciones sólidas que permitan controlar que las normas laborales se cumplen, permitiría avanzar hacia una mayor formalización del empleo en Latinoamérica y a lo largo del mundo.

L.S.V.: ¿En qué forma puede ayudar la tecnología?

M.L.R.: Las plataformas digitales pueden hacer una trazabilidad completa del trabajo que se realiza: permiten saber quién trabaja, cuánto trabaja, y cuánto gana por ese trabajo. Y esa trazabilidad que permite la tecnología que hoy tenemos y que antes no teníamos, podría ser un elemento muy importante, especialmente en los países latinoamericanos donde hay un alto nivel de informalidad, para formalizar de alguna forma, para hacer aflorar a la luz muchos de los empleos que hoy no han aflorado todavía.

L.S.V.: Concretamente, a qué se refiere cuando habla de plataformas digitales.

M.L.R.: Me refiero a Uber, por ejemplo, donde una parte importante de los taxis, y una parte importante de personas que conducen y que transportan a otras personas, lo hacen a través de una plataforma.

Pero también me refiero a plataformas a través de las cuáles uno puede encontrar una persona que cuide de una persona mayor, o de plataformas que nos pueden proveer de una persona que limpie nuestros hogares, y también a plataformas donde podemos entrar, como Amazon Mechanical Turk, o como App World, donde podemos solicitar que alguien nos diseñe una página web.

También plataformas a través de las que podamos comprar cosas de segunda mano, o plataformas a través de las que ahora ya hacemos pagos, o plataformas a través de las que alquilamos nuestros domicilios, o a través de las que vemos televisión o escuchamos música.

L.S.V.: ¿En el futuro, entonces, mucha gente no tendrá un jefe sino que trabajará para una plataforma digital?

M.L.R.: No se sabe cómo va a ser, pero desde luego las plataformas digitales están llamadas a tener un papel central en el desarrollo económico de todos los países del mundo. Es un fenómeno global.

La plataforma tiene aspectos de riesgo, pero también aspectos positivos que debemos contemplar. Personas que no pueden acceder a puestos de trabajo o que viven en lugares donde no llega la economía que llamamos convencional, con una línea de wifi, con una buena formación en inglés, una buena formación en algunas de las materias que en este momento se pueden realizar a través de las plataformas, puede obtener trabajos que antes no estaban accesibles para una parte importante de la población.

Y sí, nos plantean un futuro donde el empleador es alguien que no vemos. Pero nos plantea un futuro donde sin ver a ese empleador, sin conocerlo personalmente, sí podemos tener un empleo y un salario.

Yo no sé qué porcentaje de mercado de trabajo ocuparán, no lo sabe nadie, pero sí tendrán un papel relevante en el desarrollo económico, y en las oportunidades de empleo de zonas y de personas que hoy tienen menos acceso al empleo convencional.

L.S.V.: ¿En qué sectores podrían crearse nuevos empleos en la próxima década?

M.L.R.: Yo no creo en el determinismo tecnológico. Como sociedades podemos tener un debate público y una decisión pública sobre cómo queremos que se desarrolle el empleo en el futuro tecnológico.

Pondré un ejemplo de lo que quiero decir: no podemos aspirar a tener un fuerte desarrollo tecnológico si no hay inversión en ciencia y tecnología en el país. Ese es un elemento central de cómo será el futuro.

Pero tampoco podemos aspirar a tener un futuro donde se creen empleos tecnológicos, si la población trabajadora no tiene formación en competencias digitales para acceder a los puestos de trabajo tecnológicos. El futuro se diseña desde hoy, desde el presente, con estas políticas públicas.

La tecnología marcará que haya puestos de trabajo que hoy no existen, y que se podrán crear a partir del desarrollo tecnológico de los distintos países.

Por ejemplo, hace unos años nadie hubiera pensado que hubiéramos necesitado especialistas en ciberseguridad; o que hubiéramos necesitado en las distintas economías especialistas de software o especialistas en la creación y en el análisis de datos; ingenieros que son los que nutren los algoritmos que luego, a su vez, nutren los distintos empleos digitales.

Todos estos nuevos empleos son empleos que no son del futuro, son ya del presente, porque la tecnología ya permite crear estos nuevos empleos.

También, y esto es muy importante, empleos más clásicos que se han desarrollado siempre, pero en los que la tecnología va a tener un papel esencial.

L.S.V.: ¿Cómo cuáles?

M.L.R.: Pondré dos ejemplos de profesiones que pueden desarrollarse a través de la tecnología: médicos, personal sanitario, jueces, abogados, empleos de los de siempre, que pueden desarrollarse ahora con el complemento de la tecnología, porque a través de la inteligencia artificial o a través de los algoritmos sea más sencillo realizar ese tipo de trabajos.

Y por otra parte, cada vez más, la tecnología está permitiendo crear plataformas digitales para trabajos que se han desarrollado siempre: trabajos de empleo del hogar familiar, trabajos vinculados al cuidado de los domicilios, a los servicios de fontaneros, electricistas, cuidadoras y cuidadores de personas.

Tener un conocimiento de cómo se maneja una plataforma, un conocimiento de cómo se accede a una app para poder rastrear un puesto de trabajo, es muy importante.

Así que prácticamente, en toda la escala de empleos del presente y del futuro, la tecnología va a tener un papel muy, muy importante.

L.S.V.: ¿Qué pasará con el empleo en aquellos países que no inviertan en ciencia y tecnología, en formación tecnológica y en inglés para sus ciudadanos?

M.L.R.: El mundo al que vamos es un mundo profundamente tecnológico. No es que sea el futuro, es que es el presente. Todos tenemos un celular, o todos tenemos un ordenador, o todos tenemos una plataforma a través de la que oímos música u operamos.

Si los gobiernos no hacen una política de formación para adaptar su población trabajadora a estos requerimientos de la tecnología, que son globales, que están aquí, puede pasar que haya una especie de división del trabajo en el mundo y que los trabajos tecnológicos se ubiquen en aquellos países cuya población trabajadora esté preparada para ellos. Porque la tecnología permite ubicarlos en cualquier país del mundo.

El problema es que los empleos del top tecnológico son económicamente muy importantes, y por lo tanto, mejor pagados. Son empleos socialmente muy valorados.

Aquellos otros empleos de escala no tecnológica son empleos más precarios, peor valorados socialmente, y por lo tanto, son empleos que producen condiciones de trabajo que no son dignas del trabajo decente.

Así que si las poblaciones y los países no invierten en ciencia, y no invierten en formación de su población trabajadora, en esa división que se está produciendo de trabajo en el mundo, podemos estar expuestos a que haya países ganadores y países perdedores.

L.S.V.: Hablando de ganadores y perdedores, usted escribió un libro que se titula Humanos y Robots. ¿Los robots trabajarán para nosotros, o nosotros para ellos?

M.L.R.: Como decía antes, no creo en el determinismo tecnológico. El futuro será lo que queramos que sea: tenemos pendiente un gran debate sobre el papel de la tecnología en nuestras vidas y en nuestros trabajos, y tenemos que tomar decisiones sobre ello.

Si yo tuviera que verlo más allá de este necesario debate, yo creo que el trabajo de los robots, la inteligencia artificial, los algoritmos, vendrá a completar el trabajo humano, no a sustituirlo.

Para mí el trabajo humano es irremplazable. Complementarán en aquellos aspectos que puedan ser automatizados. Pero la inteligencia humana, la capacidad de empatía humana, la capacidad de pensamiento abstracto humano, la capacidad del planteamiento de las preguntas para encontrar las respuestas es, al menos hoy, irreemplazable por la máquina.

Así que, ¿cómo veo yo el futuro? Creo que el futuro tendrá mucha tecnología, un desarrollo tecnológico muy importante, pero complementará al humano y no reemplazará al humano.

Lo que sucede es que tenemos que transitar hacia entonces. Y en esa transición, hay dos políticas que sí que tenemos que demandar para que realmente suceda eso de que el trabajo robótico complementa al humano, y no lo reemplaza.

El primero es la formación. A veces nuestros modelos educativos nos educan para ser robots.

L.S.V.: ¿Cómo así?

M.L.R.: Nos enseñan a memorizar, y los robots memorizan más rápido y más barato. En cambio, no fortalecen las competencias humanas que solo tenemos nosotros. El pensamiento abstracto, el pensamiento crítico, la capacidad de trabajar en momentos de incertidumbre. Nuestros sistemas educativos no fortalecen eso.

Así que educación y formación, y para la transición, rentas. Para aquellas personas que no puedan seguir ese camino, necesitamos políticas de rentas para que nadie se quede atrás.

Yo veo un futuro donde los humanos sean complementados por los robots, y donde quizá entre todos tengamos, además de nuestros tiempos de trabajo, más tiempo para ser humanos, más tiempo libre, más tiempo para el disfrute humano.

Porque la tecnología también puede hacer trabajos que hoy hacemos los humanos, que son muy pesados, que son muy penosos, y que si los hace la tecnología, podemos ganar en tiempo de placer y de ocio que hoy estamos invirtiendo en el trabajo.

L.S.V.: Hoy trabajamos ocho horas diarias, algunos más. ¿En el futuro vamos a trabajar menos?

M.L.R.: Pues tal como está avanzando la tecnología, deberíamos ser capaces de trabajar menos horas. En 1936, Keynes habló del paro tecnológico y dijo que con el desarrollo tecnológico, los humanos íbamos a trabajar 15 horas a la semana.

Hoy parece que la predicción de Keynes no se ha cumplido. Pero si dividimos el número de horas de trabajo por el número de humanos que están en nuestro planeta, estamos muy cerca de trabajar 15 horas a la semana. Lo que sucede es que el tiempo de trabajo, también el trabajo, pero sobre todo el tiempo de trabajo, tiene una distribución irregular.

Si tuviéramos una buena política de desarrollo tecnológico, lo lógico sería trabajar menos horas y lo lógico, también, sería distribuir mejor los rendimientos económicos de ese trabajo. Y ese es un elemento que pocas veces se plantea.

No es tanto cómo distribuir el tiempo, sino cómo distribuir los beneficios para que lleguen a todos y no se distribuyan de manera desigual.

L.S.V.: Hablando de desigualdades, hoy el empleo asociado al cuidado, realizado principalmente por mujeres, es poco o nada remunerado. ¿Cambiará en el futuro?

M.L.R.: Si, hay dos temas de género que son muy importantes: hay que tener especial cuidado con que el desarrollo tecnológico no genere nuevas brechas entre hombres y mujeres. Y lo digo porque casi todas las personas que tienen estudios y que realizan estudios que tienen que ver con la tecnología, son varones.

Si los trabajos tecnológicos van a ser los mejor pagados, y las mujeres no estudian tecnología, ahí podemos tener un nuevo elemento de diferenciación entre hombres y mujeres que intensifique aún más las diferencias. Así que ahí tenemos que tener una atención especial.

Pero también, el trabajo de cuidados habitualmente lo realizan las mujeres. Habitualmente es un trabajo no pagado. Es un trabajo muy valioso, porque de ello depende nuestra vida y nuestro bienestar, pero es un trabajo poco valorado socialmente. Yo creo que, como sociedades, debemos replantearnos en el presente y en el futuro del trabajo el papel de la economía de los cuidados.

Primero, porque necesitamos reproducirnos como sociedades. Y porque sin cuidado, somos una sociedad mucho peor. Sin cuidados, no hay vida. Así que deberíamos ser conscientes como sociedades de poner el trabajo de cuidados de las mujeres en el centro del debate sobre el futuro del trabajo.

L.S.V.: ¿Cree que el empleo que hoy preocupa tanto a la gente con el tiempo va a dejar de ser una preocupación tan central en la vida de las personas?

M.L.R.: El empleo, lo decía Hannah Arendt, es algo algo más que ganarse la vida. Mientras el empleo siga siendo no solamente cómo ganarme la vida para mañana, sino cómo participar en la sociedad, cómo ganar autonomía, cómo emanciparse en esta sociedad, yo creo que tenemos mucho camino del empleo humano por delante.

Solo que tenemos que hacer lo posible para que el empleo sea un empleo digno, porque el trabajo sea trabajo decente. Y ahí las reflexiones políticas, y las reflexiones en las sociedades democráticas son fundamentales.

Lo que nos falta es llevar a la agenda pública y al debate público que el empleo sigue siendo fundamental para millones de personas en nuestros países y en el mundo entero.

L.S.V.: ¿Eso es independiente de la renta básica universal?

M.L.R.: Sí, es independiente de la renta básica universal. Yo sigo creyendo en el empleo como principal canal de participación social, pero si la tecnología avanza y va haciendo perder los empleos, tendremos que plantearnos algún modelo de rentas para distribuir mejor los beneficios de la actividad económica.

Así que podemos hablar de los dos temas. Podemos hablar del empleo como un elemento central en la vida de las personas, pero también de si, llegado el momento, tendremos que distribuir mejor los beneficios de la actividad económica a través de una renta universal.

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