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Por Juan Manuel Flórez Arias · 03 de Diciembre de 2020

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El 13 de noviembre, mientras acompañaba al presidente Iván Duque en su agenda en Antioquia, el alcalde de Medellín, Daniel Quintero, se acercó al senador del Centro Democrático Santiago Valencia y le hizo una propuesta: que el proyecto que estaba tramitando en el Congreso, que busca que Medellín deje de ser un municipio y se convierta en un distrito de ciencia y tecnología, incluyera a los otros 9 municipios del Área Metropolitana del Valle de Aburrá.

“Fue una extraordinaria idea que me dio el alcalde. Me dijo que sería bueno incluir eso en la Constitución, pero eso no me parece muy elegante porque ahí estaríamos creando otra entidad territorial, y la idea no es esa. La contrapropuesta que le hice fue que los municipios pudieran acceder a los beneficios del distrito de ciencia y tecnología sin modificar el ordenamiento territorial. Me dijo que prefería que eso quedara en la Constitución, pero le pareció bien”, le dijo Valencia a La Silla.

Dos semanas después, cuando en una entrevista del diario El Colombiano le preguntaron sobre un estudio del año pasado que recomendaba crear cuatro comunas más en Medellín, Quintero aprovechó la ocasión.

Aunque Valencia ya le había dicho que la fusión de municipios no estaría en su proyecto, lanzó su idea original: “Que en ese proyecto de reforma constitucional el distrito no sea solo Medellín sino todo el Aburrá y que la inclusión de los municipios se dé cuando así lo quieran después de 2030 o 2032, de modo que tengamos elecciones para el alcalde de la ciudad metropolitana”, dijo.

El domingo vio el titular en la portada del periódico: “Daniel Quintero propone que en el Valle de Aburrá haya un solo alcalde”. 

 

La idea fue tema de debate en redes todo el día y el alcalde lo mantuvo al día siguiente, este lunes, en su viaje a Bogotá para firmar el acuerdo de cofinanciación del Metro de la 80 con el Gobierno: “La gente no sabe cuándo pasa de Medellín a Bello, por ejemplo. Somos una sola ciudad con 4 millones de habitantes”, dijo en Semana.

No es la primera vez que Quintero atrae los reflectores con una propuesta formulada en un par de líneas, y sobre la que no tiene control: en julio envió una carta al embajador de Cuba solicitando “una brigada médica con la capacidad de atender 600 unidades de cuidados intensivos”. Sin embargo, el Gobierno le respondió que los alcaldes no tienen la potestad de hacer esas peticiones.

Antes de posesionarse, en 2019 cuando fue invitado junto con el resto de alcaldes electos a la Casa de Nariño en noviembre del año pasado, también desató un debate mediático al proponerle al presidente Iván Duque una Asamblea Nacional Constituyente, en medio de la coyuntura del Paro Nacional.

Ambos casos son ejemplos de una estrategia que Quintero domina desde antes de llegar a la Alcaldía: lanzar ideas, viables o inviables sin distinción, en el momento indicado. “Es un gran tiempista. Cuando tira un globito es porque sabe lo que puede pasar”, nos dijo uno de sus asesores.

El arte de lanzar globos

El 24 de noviembre de 2019, con su propuesta de una constituyente en su primera visita a la Casa de Nariño, el alcalde de Medellín se robó el protagonismo de la reunión de empalme de Duque con los mandatarios locales electos.

Medios como Semana, El Tiempo, El Colombiano, El Espectador, Blu Radio, entre otros, dedicaron artículos al tema. En contraste, otros alcaldes solo aparecieron en notas que reseñaban la reunión en general

La propuesta de la constituyente no fue improvisada. 

 

El representante verde Mauricio Toro, quien trabajó con Quintero cuando este fue gerente de Innpulsa entre 2015 y 2016 -una entidad adscrita al Ministerio de Industria y Turismo enfocada en la innovación-, le dijo a La Silla “desde que lo conocí tenía en sus archivos un documento con 100 o 150 puntos de las cosas que había que cambiar en la Constitución. Decía que no se podían hacer 100 reformas, que tocaba hacer una constituyente”.

En la misma línea, en un encuentro de jóvenes en Cartagena en 2016, auspiciado por el Instituto de Pensamiento Liberal, propuso que esas reformas se hicieran mediante votaciones en redes sociales. 

Aunque llevaba tiempo considerando la idea, Quintero tuvo impacto al elegir el momento para lanzarlo siendo alcalde electo. Lo mismo pasó con el caso de los médicos cubanos, que generó, además de un llamado de la Cancillería “a respetar los conductos oficiales”, un debate mediático sobre esas brigadas médicas que incluso involucró a Estados Unidos, que a través de su embajada compartió un mensaje del secretario de Estado, Mike Pompeo, en el que las califica como “explotación”.

Toro recuerda que en Innpulsa Quintero dio la pelea para cambiar la forma de entregar los recursos públicos a los emprendedores. Antes había unos requisitos estrictos que filtraban a los aspirantes que competían por los estímulos económicos. Quintero invirtió ese proceso: primero se escuchan las propuestas y, entre las ideas que gusten, se verifica que cumplan los requisitos.

“Él lanzaba ideas todo el tiempo y ejecutaba las que fueran reventando. Tenía la lógica de los emprendimientos: de 10 ideas solo 1 da utilidad”, dice Toro.

Consultado por La Silla, uno de los asesores de Quintero coincide en que esa es la mirada del alcalde, que se concreta en su estrategia de comunicación: “¿Qué lo valoriza a usted en la política? Congregar gente en torno a un tema. Ese es el ejercicio para avanzar. Si se queda callado no está en el espectro político”.

Como alcalde, Quintero ha combinado su hábito de emprendedor de lanzar ideas a riesgo, con el sentido de la oportunidad del político. El último ejemplo es la idea del distrito.

Colgarle un apellido a Medellín

El Secretario de Gobierno de Medellín, Esteban Restrepo, le dijo a La Silla que “no se han hecho estudios” sobre los beneficios de la unificación de los 10 municipios del Valle de Aburrá en un distrito. 

“Creo que es más una idea. El tema está en idear desde ya, porque en el futuro se van a tomar decisiones en las que, si uno de los municipios no contempla a los otros, se va a crear una desgobernanza en este territorio conurbado”, dijo Restrepo.

Esta lectura es distinta a la de la profesora María Eugenia Ramos, profesora del posgrado en Planes de Desarrollo de la Universidad Eafit y quien este año lideró una investigación con la Cámara de Comercio de Medellín sobre los distritos en Colombia.

“Bajo la figura jurídica que hoy existe, la ley 1617 de 2013 (que aplica para todos los distritos con excepción de Bogotá), convertirse en distrito no le da ninguna ventaja a Medellín ni a cualquier municipio que no sea portuario”, le dijo la docente a La Silla.

Según su investigación, salvo beneficios como las tasas especiales para el mantenimiento de bienes patrimoniales que pueden cobrar distritos como Cartagena, Santa Marta, y los otros regidos por la ley de 2013, el cambio no implica necesariamente que accedan a más recursos; por el contrario, les trae obligaciones como la de destinar el 10 por ciento del presupuesto a un fondo para las localidades.

Además, su investigación para la Cámara concluye que la articulación entre los municipios ya la hace el Área Metropolitana, “impulsando procesos de aglomeración industrial por medio de la conformación de clústeres y del desarrollo de normativas comunes en asuntos ambientales”.

El senador Valencia explicó a La Silla que por eso descartaron un primer proyecto que buscaba convertir a Medellín en distrito bajo la ley 1617, que presentó en diciembre de 2019 la bancada del Centro Democrático.

El de ahora, que presentaron el 20 de julio, también aplica solo para Medellín y busca reformar la Constitución para incluirla como distrito especial de ciencia y tecnología, con un parágrafo que especifica que no estará obligada “a efectuar ajustes administrativos que aumenten sus costos”.

Los beneficios, explica Valencia, serán definidos por una ley posterior. “Este acto legislativo de alguna forma es para colgarle el apellido. Eso sirve mucho porque genera una lupa mundial. Luego nos tendremos que sentar cuando vayamos en la segunda vuelta para definir la ley que queremos”, le dijo a La Silla. 

Ese apellido nuevo sería “distrito especial de ciencia y tecnología e innovación” y sus beneficios aún no existen, pues sería una figura distinta a las que ya están reglamentadas para Bogotá, por un lado, y para el resto de distritos por otro.

Para la profesora Ramos, esta propuesta tampoco tiene estudios que prueben sus ventajas: “No tiene sentido. Es como si dijeran: ‘primero creamos el distrito y luego vemos qué hacemos con él'”, dice.

Además de las ventajas, lo otro que está en duda sobre el proyecto de Quintero es qué pasos propone para llevarlo a cabo en el Congreso. Santiago Bedoya, gerente de proyectos estratégicos de la alcaldía, nos dijo que “en estos momentos estamos en articulación con la bancada del Centro Democrático para la consolidación de la propuesta. Sin embargo, aún no hemos avanzado mucho en el tema de la visión Metropolitana porque estamos haciendo estudios jurídicos de su viabilidad”.

Pero al consultarle al senador Valencia y a otros cuatro congresistas -uno más del Centro Democrático, uno del Partido Verde y dos del Partido Liberal- sobre si apostarían por la propuesta de Quintero, todos dijeron que no la convertirían en un proyecto.

“La idea es buena como ejercicio académico”, dijo uno de los congresistas, los cuales prefirieron no ser citados para no contradecir directamente al alcalde. Otro respondió: “Yo no me metería en esa vaca loca”. Y un tercero lo vio inviable porque “las fuerzas políticas de los municipios se le atravesarían a eso. Cada uno quiere ser rey en su propio feudo”.

Así, la propuesta del distrito con un único alcalde de Quintero parece seguir su lógica de elegir el momento para dar un golpe mediático.

A veces con propuestas de fondo, como la demanda contra los contratistas de Hidroituango, que desató una crisis de poder en Medellín. Otras, como en esta ocasión, con ideas que luego de llamar la atención permanecen en la opinión tanto como un globo tarda en perderse de vista en el aire.

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