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Por Juan Manuel Flórez Arias · 25 de Noviembre de 2020

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Hace un mes, la alianza que se enfrentó al uribismo en 2018 y obtuvo 8 millones de votos en la segunda vuelta presidencial sufrió una ruptura: la representante Ángela María Robledo, excandidata a la Vicepresidencia, anunció que no había lugar para ella en el movimiento Colombia Humana, liderado por el senador Gustavo Petro.

Ella comenzó a distanciarse en las elecciones regionales del año pasado, cuando Petro apoyó a Hollman Morris, una de sus figuras más cercanas, como candidato a la alcaldía de Bogotá, sin tener en cuenta las denuncias de violencia intrafamiliar y acoso sexual en su contra.  

Robledo y un sector amplio de mujeres del movimiento consideraron que ese aval iba en contra de los postulados feministas que defendía la Colombia Humana y terminaron apoyando la candidatura de la hoy alcaldesa Claudia López. 

Aunque la razón de su salida ahora está más ligada a que quiere aspirar a ser Presidente y Petro ya es el candidato de facto de la Colombia Humana, el anuncio oficial de Robledo hace un mes abrió un debate interno más amplio sobre cuál es el nivel de decisión de las mujeres dentro del movimiento y si este sigue representando una agenda feminista que desde 2018 había liderado Robledo.

Una pregunta que puede ser clave en las elecciones presidenciales de 2022 y que fue motivada en parte por los ataques que Ángela Robledo sufrió por parte de un sector de simpatizantes de Colombia Humana cuando anunció su distancia del movimiento hace un mes y fue acusada, entre otras cosas, de traidora y de uribista.

Como respuesta a los ataques a Robledo, Petro destacó la figura de su exfórmula a la Presidencia y dijo que nadie debía criticarla por su decisión de salir del movimiento. 

Aunque, también, hizo un comentario que fue criticado por varias feministas por su condescendencia: “Angela María Robledo es una mujer valiosa y democrática, la invitamos a una campaña mágica que creo nunca olvidará. Está en su derecho de aspirar a la presidencia, creo que debería esperar como debería haber aceptado la candidatura a la alcaldía de Bogotá que le propusimos”, dijo.

Finalmente, el 2 de noviembre, en medio de más cuestionamientos de mujeres afines a la Colombia Humana -como la socióloga Sara Tufano, que en su columna de El Tiempo preguntó por qué no hubo un proceso democrático para escoger a Morris- y de llamados al diálogo de otras mujeres como la concejal por Bogotá Susana Muhamad, Petro propuso “elaborar un protocolo para las campañas y para el movimiento contra el acoso sexual y la violencia, que sea ejemplo para el conjunto de la sociedad”.

El proceso, que recién comienza, ha revelado las tensiones entre dos sectores de mujeres en el progresismo.

Por un lado, están las que apoyaron a Morris en la campaña el año pasado, que por el momento están coordinando la construcción de un protocolo “no inquisitivo contra los hombres”  y organizaron un primer conversatorio el 14 de noviembre.

Por el otro, están las mujeres que rechazaron la candidatura de Morris, las cuales han cuestionado, entre otras cosas, que el protocolo tenga entre sus promotoras a mujeres como la abogada Cielo Rusinque, quien hizo parte del colectivo de abogados constituidos para asumir la defensa del profesor Fabián Sanabria por acusaciones de acoso sexual.

 

Aunque la discusión es más amplia, el primer punto de desencuentro y el mayor hasta ahora es ese: si un acusado de violencia intrafamiliar y acoso sexual podrá volver a ser candidato de la Colombia Humana. 

De la respuesta, puede depender que el movimiento de Petro mantenga entre sus consignas la agenda feminista, o que otras mujeres que la representen sigan el camino de Robledo hacia otros proyectos políticos.

La herida abierta

Las circunstancias en las que Hollman Morris se convirtió en candidato de Colombia Humana en 2019 siguen siendo debatidas.

En una columna del pasado 10 de noviembre, en respuesta a las preguntas de Sara Tufano, Petro dijo que su primera opción como candidata fue Ángela Robledo, quien en ese momento se había quedado sin su curul en la Cámara de Representantes. Pero ella no aceptó. 

También señaló que su movimiento se acercó a la candidata verde Claudia López y que llegaron a un acuerdo sobre que el metro de Bogotá debía ser subterráneo, una promesa que Petro insiste López le incumplió (ella dice que nunca llegaron a ese acuerdo). Según el líder de Colombia Humana, su movimiento no podía quedarse sin candidato. 

“A esa altura, prácticamente una semana antes de la inscripción, solo quedaba un candidato con ganas de impulsar el programa de la Colombia Humana (...) Por eso Morris y por eso su alta votación”, escribió Petro.

Esta lectura es respaldada por Cielo Rusinque, una de las mujeres que ha estado más activa en la creación del protocolo contra la violencia de género: “Mucha gente lo ha visto como una decisión arbitraria, pero lo cierto es que fueron las condiciones que se dieron”.

Según Robledo, que tiene otra versión sobre lo de Claudia, si Morris fue la única opción, fue por culpa de la estructura de la Colombia Humana. 

“Eso muestra las carencias de no tener una mínima organización. Colombia Humana es la figura de Petro y una cantidad de ciudadanía, miles y miles de personas, que lo siguen y lo quieren”.

Para la columnista Sara Tufano la elección de Morris plantea varias preguntas: "¿Por qué no había otras opciones? ¿Cómo así que un proyecto político que casi gana la presidencia un año después se encuentra con que tiene muy pocos cuadros políticos para disputar la Alcaldía de la principal ciudad del país?”.

Las dudas confluyen en torno a la forma en la que se toman las decisiones en el que en 2018 fue el segundo movimiento político del país. 

“Colombia Humana es un proyecto en construcción, muy avanzado a nivel político y filosófico, pero a nivel organizativo está muy en pañales”, le dijo a La Silla la concejal del movimiento y cabeza de lista en 2019, Ana Teresa Bernal, quien agregó que el protocolo “no puede quedarse en la discusión de Hollman. Hasta ahora nadie ha demostrado que él haya agredido a una mujer”.

Ante esa carencia, el protocolo se presenta, según nos dijeron mujeres de ambos sectores, como una oportunidad para democratizar las decisiones en el movimiento. Aunque, también, como un espacio en el que se ponen a prueba anteriores rupturas.

La difícil sutura

Uno de los puntos por resolver frente al protocolo, para empezar, es si será solo uno. 

Si bien la primera conversación del 14 de noviembre fue coordinada por Cielo Rusinque y Laura Martínez, y una fuente cercana a Petro le dijo a La Silla que ellas están al frente el tema, “junto con otras mujeres”, la representante de la coalición Decentes María José Pizarro considera que no existe el título de coordinadoras del protocolo.

“Ellas no están coordinando el protocolo, sino una de sus rutas. Esta no es una discusión sobre si mi protocolo es el ungido por Petro o no. Nosotras vamos a construir un camino diferente y el próximo viernes esperamos que empiece a ser una realidad”, le dijo a La Silla la representante a la Cámara.

Una de las diferencias de su propuesta, dijo Pizarro, es el tema de las candidaturas de los acusados de acoso sexual: “No se puede imponer de forma abusiva como candidato a alguien que ha actuado de manera abusiva contra las mujeres. Eso no es inquisidor, es avanzar en una sociedad equitativa e igualitaria. Entiendo que existe la presunción de inocencia en la justicia, pero nosotras no somos la justicia, ¿mientras tanto qué vamos a hacer? Ese será uno de los puntos que debemos discutir”.

Para Laura Martínez, una de las que ha comenzado a coordinar esta conversación, el protocolo debe considerar la violencia en general: “No podemos hablar sólo de violencia contra la mujer, cuando vemos que hay violencia contra todo el mundo. Debemos enfocarnos en el tema de la violencia, para luego abordar el tema del género. Las mujeres del territorio, las lideresas de los barrios, tienen otro sentir distinto al que tenemos en Bogotá cuando se habla de violencia contra la mujer: es una violencia que sufren hombres y mujeres”.

Según Martínez, algunas de las mujeres que se distanciaron el año pasado “no están escuchando lo que queremos hacer. Creen que esto es para limpiarle la cara a Hollman y no es así”. Tanto Martínez como Rusinque han tenido varios choques en redes con figuras críticas de cómo está siendo llevado el protocolo.

Otro punto de discusión es cuál es el rol que los líderes hombres de Colombia Humana deben tener en la conversación. Rusinque le dijo a La Silla que el proceso “lo estamos haciendo las mujeres del movimiento y nadie está dándonos lineamientos. Ellos (los líderes hombres del partido) tienen total interés, ganas de aprender y reconocen que no son quienes deben pronunciarse”.

Algunos hombres de Colombia Humana han sido interpelados por mujeres sobre sus posiciones, como fue el caso de Gustavo Bolívar, quien publicó una columna el pasado fin de semana respondiendo las preguntas que la exmiembro de Colombia Humana, Juana Afanador (quien se retiró del movimiento tras la elección de Morris como candidato) le formuló a él y a otros congresistas. 

En esta Bolívar se definió como un “alumno de feminismos” y dijo además que “los episodios de las últimas semanas en los que bandos opuestos se enfrentan por las redes sociales, descarnadamente, no son un buen síntoma”.

Petro, según nos dijo una de sus personas cercanas quien prefirió no ser citada, “está muy pensativo frente al tema, callado. Cualquier cosa que diga sabe que va a estar cruzada por la crítica”.

El 14 de noviembre, publicó un mensaje en el que puso a disposición la plataforma colombiahumana.co para la discusión: “Hermanas, para la configuración del protocolo contra el acoso y la igualdad de la mujer, en Colombia Humana, usen todos los escenarios que quieran”.

El mensaje refleja la prevención que algunas mujeres afines a Colombia Humana, o que se alejaron el año pasado por el tema de la Alcaldía, tiene aún con el líder del movimiento cuando se trata de temas de igualdad. 

María Mercedes Maldonado, exsecretaria en la alcaldía de Petro y quien hasta el año pasado era una de sus personas de confianza, se rio en redes del término “hermanas” usado por Petro

Lo que está en juego con esta discusión, más que intentar que vuelvan las figuras que ya se han alejado de Colombia Humana en estos dos años, es si logrará mantener en el movimiento a mujeres clave que permanecen activas pero son críticas de lo que pasó en las elecciones a la Alcaldía, como María José Pizarro.

Para Tufano, es posible que esta discusión logre, entre otras muchas cosas, que “el sector que apoyó a Morris, que sacó a muchas feministas del movimiento, se reduzca a una pequeña minoría y que la agenda feminista ocupe un lugar preponderante en el movimiento y en el debate público".

Lo claro es que la ruptura generada cuando Petro eligió a Morris en contra de la voluntad de muchas mujeres de su movimiento sigue abierta, y la discusión actual del protocolo será la que determine si la Colombia Humana logra ponerle una sutura a la herida.

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