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Por Juanita Vélez · 15 de Mayo de 2019

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Hoy, hace dos años, La Silla Vacía llegó al sur convencida de que este país es, sobre todo, sus regiones y de que para poder contarlas hay que recorrerlas y entenderlas bien.

Nacimos como la quinta hermana de las patas regionales. Primero fue la mayor, La Silla Caribe, luego La Silla Santandereana, después La Silla Pacífico, luego La Silla Cachaca y en mayo de 2017, nosotros, La Silla Sur.

Con los mismos criterios de independencia, relación horizontal con las audiencias y nuestra máxima de contar todo lo que sabemos y saber todo lo que contamos, abrimos La Silla Sur con mucha felicidad en Neiva, para cubrir las movidas de poder en Huila, Caquetá, Putumayo y Amazonas.

Dos años después, aquí estamos y aquí nos quedamos. Gracias a los usuarios y amigos que nos han acogido, logramos abrir una oficina en la Universidad Corhuila a los siete meses de llegar a Neiva y hoy seguimos ahí.

Para celebrar, les traemos este top que resume lo que han sido estos dos maravillosos años para nosotros:

 

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El mayor desafío

Cuando creamos La Sur, en mayo de 2017, apenas cinco meses después de la firma del Acuerdo de Paz entre las Farc y el Gobierno Santos, nuestra lógica fue concentrarnos en las historias que contaran cómo se vivía el posconflicto en la retaguardia histórica de las Farc.

Eso ha sido un gran desafío no sólo por lo difícil que ha sido ganar confianza con fuentes de la ex guerrilla, sino por la dificultad de viajar, algunas veces, por problemas de seguridad.

La historia con la que lanzamos esta pata fue ‘El regreso de Iván Márquez al sur’, en la que contamos en detalle las primeras movidas del ex jefe negociador del Acuerdo y de Jesús Santrich, para abonar terreno electoral con concejales, periodistas y sus bases en Huila y Caquetá.

Esa mirada nos ha permitido contar en detalle cómo han ido aterrizando varios puntos del Acuerdo de Paz en lo local: desde la política de sustitución de coca, o el perdón que ha prometido la Farc y que no concretan, hasta la llegada de la Jurisdicción Especial de Paz, JEP, al Huila -uno de los departamentos más golpeados por los falsos positivos y el secuestro político-, los retos de la Comisión de la Verdad, y también cómo ha sido para miles de exguerrilleros pasar del fusil a la vida civil en los espacios de capacitación en Caquetá y Putumayo.

Tristemente, también hemos escrito muchas historias sobre el auge de las disidencias. Desde cómo se multiplicaron las vacunas en sitios de presencia histórica de las Farc, como San Vicente del Caguán, hasta el auge, los planes de coordinación y los golpes a la disidencia que lidera Gentil Duarte en Guaviare, Meta y Caquetá y que es la más grande del país.

Un caso que revela muy bien el desafío que ha sido cubrir este tema es que no pudimos viajar al Guaviare hace un mes para una historia sobre una carretera que Duarte está abriendo cada vez más -pasando por el Parque Chiribiquete y un resguardo indígena- para el negocio del narcotráfico. Las fuentes en terreno que consultamos, nos dijeron que “estábamos locos” si pretendíamos ir hasta la carretera. Aún así, la sacamos (aquí la pueden ver) aunque nos dio lástima porque una historia nunca es igual cuando uno ve todo con sus propios ojos que a través de los de otros.

 
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Las historias que nos dan más orgullo

Hay cinco historias que nos dan mucha felicidad. La primera es una investigación que sacamos este año titulada ‘Los secuestrados del Huila muestran el límite de la JEP con los terceros’, en la que revelamos en detalle las dudas de varios secuestrados del Huila sobre la participación de terceros en sus secuestros, cómo funcionaba esa política tácita de “referir secuestrados” y el desafío que eso significa para la JEP.

También cuando sacamos ‘La Farc, casi en ceros para 2019’, en la que contamos municipio por municipio cómo le fue al naciente partido en sus primeras elecciones a Congreso.

Otras tres historias, más de política menuda, son ‘Macías, el agradecido’, en la que contamos como el hoy presidente del Senado financió su campaña con contribuciones del Centro Democrático y de empresas que salieron beneficiadas de apoyarlo para el Congreso; el seriado de historias sobre los contratistas de la fallida remodelación del Estadio de Neiva (que para nuestra sorpresa fueron muy taquilleras); también cuando el famoso ‘Kapax’ estaba sonando para ser candidato del uribismo al Congreso en Leticia y en esa misma línea, nuestro cubrimiento a la contratación en Amazonas, un departamento olvidado por los medios nacionales.

 
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La mayor satisfacción

Nuestra mayor alegría es que hemos podido contar movidas de poder que los medios locales, quizás por temor, no estaban contando, como qué políticos son los dueños de entidades públicas y cómo las usan en elecciones.

También nos enorgullece que hemos mantenido el mismo equipo desde que nacimos, con Jerson Ortiz y yo, y que a pesar de que nuestros departamentos están entre los menos poblados del país, estamos creciendo como comunidad al punto que el año pasado nos enteramos que en el Panel de Opinión de Cifras & Conceptos, que mide año a año a los medios, La Silla Vacía es el tercer portal web más leído en Huila después de El Tiempo y Semana y el único de los tres que se enfoca exclusivamente en esta zona del país con La Silla Sur.

 

 
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La mayor lección

El enfoque en el posconflicto nos ha permitido contar muchas movidas de poder interesantes sobre el cambio de las Farc de las armas a las urnas, pero también nos ha dejado un mea culpa y es que, por un lado, hay que cubrir a la región más allá de las Farc y por otro, aunque hemos intentado contar más historias sobre medio ambiente, todavía nos falta mucho.

Eso es clave porque hoy la Amazonía es el foco de la deforestación y creemos que a pesar de que sí hemos cubierto el tema, necesitamos hacerlo mucho más.

También creemos que nos toca meterle más fuerza a La Red Sur, nuestra red de expertos de estos cuatro departamentos, que nació en el primer semestre de 2018, y aunque tiene 46 miembros que pueden escribir cuando quieran, en realidad solo lo hacen cinco, a quienes agradecemos mucho su compromiso, sobre todo a Alejandra Ciro, Alirio Calderón y Gonzalo Agudelo.

Lo triste es que casi nadie de nuestros miembros de La Red está escribiendo. Así que ahí tenemos una gran reto, que es hacerle entender a nuestros miembros lo increíble que es tener un espacio en el que desde sus propias voces puedan contar la región y no solo quedarse en temas como el conflicto o el medio ambiente, sino en temas más locales.

 
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La mayor sorpresa

En el más reciente análisis que hacemos cada dos meses con ‘Google Analytics’, nos dimos cuenta de varios datos relevantes que nos sorprendieron y nos sirven para entender mejor nuestra audiencia.

El primero es que aunque de las elecciones presidenciales para acá los usuarios de La Silla han caído, no ocurre lo mismo en La Silla Sur ni en La Silla Pacífico, donde nuestros usuarios se han mantenido. Ahí el reto es crecer el tráfico en las elecciones regionales que se vienen y que serán las primeras que cubriremos en La Sur con un equipo en terreno.

También nos sorprendió que las personas que nos leen y viven en el sur casi se han duplicado en porcentaje, aunque sigue siendo bajito. En 2018 sólo el 9 por ciento de nuestros lectores vivían en Huila, Caquetá, Putumayo y Amazonas, pero en marzo de 2019 pasó a ser el 19 por ciento. Aunque ese crecimiento nos motiva, también es un enorme reto seguir interesando a cada vez más personas de la región en leernos, porque La Sur se piensa como un medio local.

 
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El apoyo clave

Aunque el equipo base de esta pata somos Jerson Ortíz, a quien le agradezco todo su trabajo y que ha demostrado ser un excelente periodista, y yo, La Sur nació por idea de nuestra directora, Juanita León, que lleva años cubriendo el conflicto armado en Colombia y fue el faro para ver esta región de otra forma.

También queremos agradecerle a nuestro editor general, Juan Esteban Lewin, que además de darnos ideas increíbles y enfoques novedosos para cubrir los procesos que cubrimos, es nuestra mano derecha y el que nos ha orientado para mejorar todos los días.

La Sur se debe también a las editoras de todas las regionales, comenzando por Laura Ardila, de La Silla Caribe, que nos ha editado y pillado errores más de una vez; Jineth Prieto, de La Silla Santandereana, que nos leyó nuestro primer confidencial porque teníamos nervios de publicarlo; Tatiana Duque, de La Silla Pacífico, que vive orgullosa de nuestras historias de Amazonas; Sara Ruiz, de La Paisa, que nos manda contactos o temas que le parecen interesantes y el único hombre editor, además de Juanes, dentro del matriarcado, Carlos Hernández, que ha sido una gran fuente para varios de nuestros títulos.

A Eduardo Briceño también le agradecemos su inmenso apoyo en hacer que La Red Sur funcione y crezca; a Jorge Morelo y Adelaida Ávila, por su paciencia con las historias gráficas; y a Natalia Arenas, que fue la primera editora de La Silla Pacífico, y con quien viví y desahogue todas mis angustias de montar una silla de ceros. A la Universidad Corhuila también le agradecemos que nos presta una de sus oficinas para trabajar.

A todo el equipo de La Silla, gracias porque nos han ayudado a crecer y a ver nuestros errores.

 
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Ñapa: La promesa

Las elecciones regionales de octubre serán las primeras que cubre La Silla Sur y queremos que sean una prueba más de que vale la pena apostarle a crear un medio en esta región. Por eso nuestra promesa para ustedes, nuestros usuarios, es meterle toda la ficha a estas elecciones y contarles todo lo que sabemos sobre las movidas de los políticos en Caquetá, Huila, Putumayo y Amazonas, con el mismo rigor e independencia de siempre.

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