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Por Daniela Amaya Rueda · 09 de Julio de 2018

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Tres piñas pequeñas sobre el mostrador de la panadería de la comunidad fariana de La Montañita son el centro de atención de los visitantes. Todo el que entra tiene que ver con ellas.

- ¿Son estas?- pregunta un excombatiente que entra a comprar un cigarrillo.

- Sí. Se ven bien bonitas, ¿no?- responde otra, sonriendo, mientras le pasa un encendedor azul.

- Son las prematuras, parecen sietemesinas. Las otras vienen más grandes- comenta uno más que se une a la conversación.

Es la primera cosecha del cultivo de cuatro hectáreas de piñas oro de miel que los excombatientes de la antigua guerrilla Farc sembraron hace varios meses, después de otros cuantos más de haberse instalado en la vereda Agua Bonita del municipio de La Montañita, Caquetá.

Son las 2 de la tarde y la panadería se llena de turistas colombianos y extranjeros que pasan a comprar agua, paquetes de papas y cigarrillos, luego de un recorrido por el Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación, Etcr, en donde hoy viven 225 excombatientes.

Afuera llueve.

“Tengo una amiga de Portugal y otra de Italia. Vienen de Suiza, México, de muchas partes. Pasan el día y se van. O se quedan días y hasta semanas,” cuenta una ex miliciana que atiende la panadería y que hace cuatro meses tuvo su segundo hijo desde que el conflicto armado entre las Farc y el Gobierno terminó.

“Vienen para un proyecto,” dice después de despedir a otros, con camisetas de la Unión Europea, Federico Montes, el gerente de la cooperativa multiactiva que funciona en el Espacio y excomandante de las Farc. “Vamos a ver si sale. Ojalá,” añade.

A este caserío fariano de techos grises de zinc y de murales revolucionarios llegamos en un mototaxi que rebota durante media hora la trocha ahuecada que va de La Montañita a la vereda Agua Bonita. 

La panadería es uno de los múltiples negocios de la cooperativa, Combuvipac (Cooperativa Multiactiva Para el Buen Vivir y la Paz del Caquetá) que crearon los antiguos integrantes de los frentes 3, 14 y 15 de la exguerrilla cuando llegaron a asentarse como civiles en las montañas en las que en tiempos de guerra se refugiaban de camuflado.

En el monte eran toderos, acá también. Con el millón de pesos que aportaron 200 de ellos cuando llegaron al Espacio (de los 2 millones que les dio el Gobierno para arrancar), jalonaron además de las piñas y de la panadería, una miscelánea, una zapatería, una carpintería, una marranera, proyectos piscícolas y cultivos de yuca, de plátano, de maracuyá y de caña.  

La cooperativa ha logrado un 30 por ciento de autosuficiencia en empleos y producción. En los 14 meses de bancarización (la plata mensual que el Gobierno le da a los exguerrilleros) que les quedan, esperan llegar al 100 por ciento.

La tierra en la que viven ya está a nombre de ellos por un acuerdo de pago a 15 años al que llegaron con el párroco del pueblo, que es el dueño de las tierras.

Cuenta Montes, entre risas, que un general del Ejército, al que no le sonó la idea de que 300 exguerrilleros llegaran a vivir a la vereda, le preguntó un día: “¿Y ustedes cuánto es que se piensan quedar acá?” A lo que él respondió: “Mal contados, mal contados, unos 200 años.”

Cae la noche y la gente se guarda en sus casas a escampar. Algunos ven televisión en un área común, en sillas rimax.  

En el aniversario del día en que dejaron de manera oficial las armas su día comienza antes de que el sol asome. Los gallos, amarrados de una pata a los barrotes de los balcones de las casas, cantan.

Las camionetas parqueadas junto a las casas prefabricadas se encienden. Arranca el día para los que se capacitan para desminar (solo en el Caquetá hay sembradas casi 1.300 minas, la mayoría de las que ellos mismos pusieron años atrás).

Los demás hacen tareas domésticas, abonan la tierra con cal para los cultivos, atienden los negocios de la cooperativa, reciben visitas turísticas y de trabajo o estudian.

Cada ciertos días se reúnen en asamblea para hablar de la cooperativa, del partido y de la coyuntura política.

Cuando hay tiempo ven televisión, juegan fútbol y arreglan la huerta de la casa o las flores en materas hechas con botellas recicladas.

Otros se van a la gallera a probar suerte (un buen gallo luchador puede costar hasta 500 mil).  

Quizás porque sienten que han sacado su reincorporación adelante a pulso y que es poco lo que el Gobierno ha hecho por ellos o lo que esperan que haga, el hecho de que Iván Duque haya ganado, el único candidato a la Presidencia que le haría modificaciones al Acuerdo de paz, no los desvela.

Tienen claros los riesgos. No era el escenario que querían, pero es el que hay y sienten que la vida sigue.

“Ganó el de Uribe y él nos ve como enemigos. No quería que dejáramos las armas y no le gusta este proceso,” comenta una exguerrillera.  

“Nosotros sabíamos que las cosas no iban a ser fáciles, que había riesgos. Cuando a uno le asignan un esquema de seguridad de cuatro escoltas es porque las cosas no están normales,” había dicho Montes la noche anterior en su casa. “Imagínese todo lo que hemos hecho con un 97 por ciento de incumplimiento, esto no nos va a devolver al monte.”

Para los excombatientes el domingo de la segunda vuelta no solo ganó Duque, sino que se conformó una nueva fuerza política de 8 millones de colombianos que votó por Petro y saldrá a las calles a exigir las reformas contenidas en el Acuerdo y que resistirá en el momento en que quieran hacerlo trizas.

Así lo cree Esperanza, la coordinadora de sustitución de cultivos del Caquetá por parte de Farc, que como muchos en el Espacio prefirió mantener su alias a volver a su nombre de civil. “Si él es inteligente lo va a hacer lento, para que no nos demos cuenta. Pero en el campo lo que haga o deje de hacer se va a sentir y la gente va a salir a exigir lo que le prometieron."

Y si no salen o si la oposición interna no es suficiente, confían en que la comunidad internacional también saldrá a defender lo acordado.

Además de las camionetas blancas de Naciones Unidas que visitan periódicamente el Espacio y de los helicópteros que lo sobrevuelan y a veces aterrizan a monitorear, se sienten acompañados por una tribuna internacional de organizaciones de Derechos Humanos, de medios de comunicación y de delegaciones de gobiernos de otros países que han llegado a sus montañas a conocerlos y, en algunos casos, a inventarse proyectos productivos con ellos. 

Que estén construyendo un proyecto de vida compartido a través de la cooperativa (son pocos los que no hacen parte) no es gratuito: en La Montañita le están apostando a una reincorporación colectiva como la que los negociadores de las Farc defendieron en el Acuerdo de La Habana con la idea de ‘movilizarse’ como organización hacia la lucha política y no de ‘desmovilizarse’ como individuos.

Por eso mismo creen que lo que intentará el próximo gobierno (y de hecho piensan que lo ha intentado el actual a través de la Agencia para la Reincorporación y la Normalización, ARN) será dividirlos. Dividirlos entre ellos, a través de proyectos productivos individuales.

Y entre la base y el antiguo Secretariado dándole privilegios a los primeros y castigando a los segundos (como Duque lo insinuó en campaña).

Pero en La Montañita la unión es la que ha probado funcionar. “Hemos sacado esto adelante juntos, sin ayuda del Gobierno, ayer sacamos el primer cultivo de piña oro de miel de calidad.” comenta Betsy Ruiz mientras prepara café en la cocina de su casa.

De las paredes cuelgan afiches y pendones revolucionarios. A un lado el Che, al otro el logo de la Farc, más arriba una cita de José Martí: “Nuestro vino es amargo, pero es nuestro vino.”

“Acá hemos dicho que si entran a llevarse a un jefe, nos vamos todos con él a pagar la pena,” comenta mientras vuelve a sentarse con dos tazas de tinto con azúcar en la mano. “Nadie cometió errores de forma individual sino por estar en la organización.”

Se sienta en un butaco y cubre la taza con las dos manos. Afuera llueve. Sus aretes son de madera barnizada con una rosa roja. El logo del partido Farc. Detrás de ella, en la pared del fondo, hay un pendón de dos metros que dice en el centro “Femenino Insurgente” y abajo “Farianas, mujeres de las Farc EP”.

“Nosotros somos lo que es el jefe y el jefe es lo que somos nosotros”, concluye.

Escampó. Los 20 minutos agendados para la charla política se extendieron y hay que terminar de organizar el bazar del viernes. Las veredas están invitadas y falta gestionar todavía el refajo y el guacamole.

Lo que suceda en Bogotá con el empalme del nuevo gobierno y luego con la posesión de Duque decantará qué tan profundas son las reformas que se le harán al Acuerdo y cómo reaccionarán los sectores que lo han apoyado. Mientras tanto, los excombatientes de La Montañita ya firmaron un acta de compromiso para presentarse ante la Jurisdicción Especial de Paz, JEP y su reincorporación sigue. 

Comentarios (5)

Elizabeth Prado

09 de Julio

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Me alegra que estas personas tengan oportunidades, aunque percibo en las declaraciones poco arrepentimiento y más bien una sensación de que la sociedad les debe mucho, 97% más. Independientemente del estado de cumplimiento del acuerdo de paz, hay muchas personas en la zona rural que no solo no tienen subsidios, tierra, ni apoyo internacional, que tal vez al compararse se sientan abandonados.

Me alegra que estas personas tengan oportunidades, aunque percibo en las declaraciones poco arrepentimiento y más bien una sensación de que la sociedad les debe mucho, 97% más. Independientemente del estado de cumplimiento del acuerdo de paz, hay muchas personas en la zona rural que no solo no tienen subsidios, tierra, ni apoyo internacional, que tal vez al compararse se sientan abandonados.

Souther

09 de Julio

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El arrepentimiento debería ser diferente, claro, pero como existe la teoría ...+ ver más

El arrepentimiento debería ser diferente, claro, pero como existe la teoría de que o el Estado es culpable de todo y las FARC son inocentes, y la otra teoría casi idéntica de que las FARC tienen toda la culpa y el Estado es inocente, se necesita un esfuerzo conjunto y bilateral. Se supone que la reconciliación consiste en que todos acepten, no solo unos y los otros no.

Elizabeth Prado

09 de Julio

5 Seguidores

Tal vez. Yo lo pensé desde una perspectiva más individual, en la que una persona reflexiona sobre el rumbo que tomó su vida y el daño que pudo haber causado. En ese sentido, no importa que el otro se arrepienta, sino la reflexión interna de cada cual.

Tal vez. Yo lo pensé desde una perspectiva más individual, en la que una persona reflexiona sobre el rumbo que tomó su vida y el daño que pudo haber causado. En ese sentido, no importa que el otro se arrepienta, sino la reflexión interna de cada cual.

Boris Ackerman

09 de Julio

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Blog Pactoporcolombia boris. Le han causado gran daño a la Sociedad. Sin emab...+ ver más

Blog Pactoporcolombia boris. Le han causado gran daño a la Sociedad. Sin emabargo, de que este Proceso tenga éxito depende no solo la reincorporación de estos 10,000 combatientes y sus 50,000 seguidores, sino, la de muchos otros sectores de la sociedad, sobe todo la Clase Media que no nos hemos expresado por la Mcartizacion a que nos veríamos sometidos.Duque. Pasemos la página.

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