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Por Jerson Ortiz · 28 de Noviembre de 2019

En Neiva se rompieron cinco días seguidos de marchas pacíficas.

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Los disturbios que protagonizaron encapuchados de la Universidad Surcolombiana en Neiva el martes con la Policía y que terminaron con el uniformado Arnoldo Verú gravemente herido, pusieron a la ciudad en el foco nacional porque ese incidente se dio justo después de la muerte del estudiante Dilan Cruz en Bogotá y mostró la otra cara de las marchas.

Como quedó grabado en varios videos que se hicieron virales en redes, a Verú, que no hacía parte del Esmad sino de una cuadrilla de vigilancia que llegó a controlar los bloqueos, le cayó un explosivo en la cara que le lanzó un encapuchado.

Esa cara de la protesta no se había visto en Neiva desde que arrancó el paro del 21N, a diferencia de Bogotá o Cali, que desde ese mismo jueves vivieron episodios de vandalismo.

Por eso, aunque lo que pasó en Neiva no es del todo nuevo porque encapuchados siempre ha habido en la Surcolombiana y salen cada vez que hay un paro estudiantil, lo diferente esta vez es que hay ruidos de que la manifestación estuvo influenciada por colectivos que no son ni de la universidad ni de la ciudad.

La tranquilidad que se rompió

Desde el 21N, Neiva no tuvo un sólo disturbio y marchó pacíficamente, hubo cacerolazos en varios barrios y comunas y los estudiantes de la Universidad Surcolombiana, que han sido un activo grande para las movilizaciones en la ciudad, habían salido a las calles tranquilos.

Pero toda esa calma se rompió el martes.

Sobre las 9 am, cuando se desarrollaba una asamblea de estudiantes, un grupo de 40 encapuchados salió de los bloques más apartados de la institución. Desfilaron con galones de gasolina y unas bolsas. 

Esos encapuchados interrumpieron la asamblea y con micrófono en mano pidieron el acompañamiento de los demás estudiantes. 

“(...) Una cosa es el capucho, otro es el vándalo. El capucho respeta la universidad, construye universidad, apoya al estudiante, el vándalo es un man pagado, que se puso una capucha, un policía, un paramilitar, que quiere hacerle daño a ustedes. Diferenciemos”, inició. 

Y remató: “Hoy queremos hacer un tropel que reivindique las diferentes formas lucha, y sobre todo demostrar que somos más los estudiantes que queremos formación de universidad con conciencia crítica y poder popular. Acompáñenos, aunque sean quédense en la Universidad. Y que no solo hoy sea el día del inconformismo, porque vienen días aún mejores, o peores, dirán”.

Detrás de él, otro encapuchado colgaba un cartel que decía ‘Dilan Cruz nuestra lucha será en tu memoria’. Pero nunca se indentificaron. 

El episodio no solo sorprendió a las autoridades, según nos dijo el alcalde Rodrigo Lara. 

“En seis días no habíamos tenido ningún problema, es muy lamentable que un grupo minoritario, pequeño, le haya puesto un lunar a las manifestaciones pacíficas que se venían dando y que estábamos acompañando brindando las garantías”, nos comentó. 

Estudiantes, administrativos y profesores consultados por La Silla Sur nos dijeron que no saben qué grupo lo convocó ni cómo se organizó de un día para otro. 

Normalmente cuando hay tropel salen panfletos explicando los motivos y un grupo se lo apropia. 

Por ejemplo, en el paro universitario de 2013, salieron colectivos del M-19 y la Juco y se identificaron así a pesar de estar encapuchados. 

Pero esta vez se trató de un grupo de unas 40 personas que salieron a armar la revuelta (la Policía dijo después que fueron en total 150) y que nunca se identificaron como de ningún grupo, algo que resultó sospechoso hasta para los mismos estudiantes.

 

“Hoy no se entregó comunicado, no sabemos quiénes pudieron estar detrás de la organización, todo es muy confuso”, nos dijo un estudiante de derecho. 

“Se supo de tropel solo cuando salieron los capuchos desde los bloques de ingeniería, de abajo, porque el día pintaba normal, de asamblea, pero normal”, nos dijo un estudiante de comunicación social.

Sumado a ese ingrediente, algo que le ha llamado la atención a los cuatro profesores con los que habló La Silla Sur, es que cuando hay tropeles en la universidad, normalmente se corre la voz días antes porque hay infiltrados de estos grupos entre los estudiantes.

Pero esta vez fue una sorpresa.

“La invitación que se ha hecho a la comunidad estudiantil es al debate, al análisis, y en estamos desde hace unas semanas cuando se anunció el paro. Lo de ayer (martes) sorprende porque rompe ese proceso que estábamos acompañando”, nos dijo el profesor Piero Silva.

Y un último elemento que muestra lo novedoso de este brote vandálico es el argumento que dio la misma Policía y que apoyó la Personería y es que las protestas venían hasta ahora totalmente pacíficas, el alcalde Rodrigo Lara (Alianza Verde) no había sacado al Esmad y todo esto se da justo después de la muerte de Dilan Cruz en Bogotá. 

Por eso las primeras hipótesis de la Personería y la Policía es que creen que aunque sí hubo participación de estudiantes, posiblemente hubo coordinación con personas y organizaciones que no son de la ciudad. 

“Vimos personas que parecieran no ser de la ciudad, personas que vinieron a impulsar y a motivar de manera delictiva al personal de estudiantes de Neiva, este comportamiento no se había presentado en Neiva, no es propio de lo que se había hecho”, dijo el coronel Norberto Mujica de la Policía Metropolitana. 

“Lo que pasó no tiene nada que ver con la protesta social, fuimos testigos de un acto de barbaridad, descontextualizado, no tiene nada que ver con las reivindicaciones sociales que se venían reclamando”, dijo el personero Oscar Zúñiga.

Por todo eso, aunque ayer en Neiva marcharon unas 2 mil personas en una nueva jornada de movilizaciones del paro, brillaron por su ausencia los estudiantes de la Surcolombiana porque a raíz de los infiltrados, la Rectoría anunció el cierre de la universidad.

En respuesta, la Mesa Ampliada de Profesores de la Surcolombiana le pidió a las directivas reabrir la institución y permitir el regreso de los estudiantes para fortalecer las asambleas y el paro nacional. Por ahora no hay respuestas. 

Toda esa zozobra ha aumentado más por el caso de Verú. 

El policía herido

A Arnoldo Verú le estalló un explosivo en la cara cuando un grupo de 20 uniformados policías de vigilancia protegidos con un casco y un escudo intentaban correr a los encapuchados que habían salido a bloquear la salida de Neiva a Bogotá.

La escena quedó grabada en los celulares de los medios locales que transmitían en vivo, y en las cámaras de agentes de la Sijin que hacían el registro de la manifestación. 

Aunque de inmediato el Ministerio de Defensa y la Policía Nacional salieron a reprochar el hecho señalando a los encapuchados, el senador Gustavo Petro y el representante David Racero, promotores del paro nacional, retomaron esas imágenes pero sembrando la duda de si el explosivo había sido lanzado por la misma Policía. 

Esa idea la empezaron a mover estudiantes y líderes del paro en la ciudad. Jairo Losada, secretario del sindicato de profesores, dijo que las autoridades debían investigar bien el hecho porque de ser como lo planteó Petro, lo que se estaría buscando es deslegitimar el paro. 

Sin embargo, ayer se conocieron otras imágenes que confirman que el artefacto sí lo lanzó un encapuchado que tenía un overol azul y al que la Policía ahora busca con una recompensa de 20 millones de pesos. 

Mientras tanto el policía Verú completa dos días en el Hospital Universitario con pronóstico reservado después de haber sido sometido a dos cirugías.

Aunque el episodio sigue en investigación, las autoridades no descartan que este caso esté conectado a su hipótesis de que se trata de gente de afuera de la ciudad.

“Estamos haciendo todo un trabajo de investigación para entender el contexto de la situación, desde el mismo momento de la obstrucción de vías y el momento del lanzamiento de los artefactos por parte de este grupo de personas que actuaron con cierta división de trabajo, lograron generar zozobra, y agredir a un miembro de la fuerza pública”, dijo Justino Hernández, director seccional de la Fiscalía. 

Si eso llegara a comprobarse, estaríamos hablando de un fenómeno completamente nuevo en una ciudad que hasta el martes fue ejemplo de protesta pacífica. 
 

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