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Por LaSillaVacia.com | Jerson Ortiz · 25 de Febrero de 2019

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Con el Estado Mayor de las Farc dando sus versiones libres ante la Sala de Reconocimiento de la Jurisdicción Especial de Paz, JEP, varios ex secuestrados del Huila están a la espera de una verdad que hasta ahora ha sido muy esquiva: saber si políticos o empresarios recomendaron sus nombres y ayudaron de alguna manera a que la guerrilla se los llevara por años al monte.

Esos terceros, que el investigador Luis Jorge Garay describe como los hombres ‘grises’, por ser personas que viven en la legalidad pero son puentes con los ilegales, no están obligados a ir a la JEP.

Pueden ir si quieren, en caso de que una avalancha de confesiones de ex combatientes cree los incentivos para que se acojan y obtengan los beneficios de una pena reducida en la JEP, antes de que la Fiscalía -que según la sentencia de la Corte Constitucional sobre la ley estatutaria de la JEP, debe priorizar estos casos- los investigue. Como esos delitos no prescriben, no hay Fiscal que les pueda dar ‘garantías’ de que no les va a pasar nada.

Por eso, la ilusión de ex secuestrados como Orlando Beltrán, Consuelo González y Jorge Eduardo Géchem, que eran del Partido Liberal cuando las Farc se los llevaron y ya hablaron ante la Sala de Reconocimiento, y de empresarios que también estuvieron en cautiverio como Aníbal Rodríguez, es que la JEP les resuelva esa duda, entre tantas otras. 

El primer lío es que el cerebro detrás de sus secuestros es ‘El Paisa’, ex comandante de la columna móvil Teófilo Forero, que no ha aparecido, tiene un incidente de incumplimiento abierto en la JEP y está citado el próximo 18 de marzo a dar su versión. La esperanza para estas víctimas es que no deje la silla vacía.

El golpe a los políticos liberales

Era mediados de 2001 y la campaña para las elecciones a Congreso, que serían en marzo del año siguiente, se estaba calentando. Al tiempo, las negociaciones del Caguán entre las Farc y el gobierno de Andrés Pastrana estaban en crisis.

 

El Gobierno y la guerrilla acababan de firmar un acuerdo humanitario en el que las Farc se comprometían a liberar 42 soldados y policías enfermos y a cambio, el Gobierno debía sacar de la cárcel a 15 guerrilleros.

Pero a pesar de ese compromiso y en el marco de la estrategia de seguir engordando la bolsa para presionar al Gobierno, Manuel Marulanda y el Mono Jojoy mantuvieron la orden de secuestrar políticos.  

Uno de los blancos de esa estrategia de secuestro político fue el Huila, departamento vecino a la zona de distensión en San Vicente del Caguán, Caquetá.

Un mes después de la firma del acuerdo humanitario, las Farc secuestraron a cuatro congresistas huilenses, tres de ellos del Partido Liberal.

El 26 de julio de 2001 la Teófilo Forero se tomó el edificio Miraflores, en pleno centro de Neiva, y entre las 15 personas que secuestró, se llevó a Gloria Polanco y sus dos hijos. Su esposo, el ex gobernador Jaime Lozada (que tiempo después asesinaron las Farc), decidió lanzar el nombre de ella al Senado en 2002 por el Partido Conservador y quedó elegida estando secuestrada.

Polanco salió libre en febrero de 2008 y en noviembre del año pasado habló en la JEP, pero quiso que su testimonio fuera privado.

Un mes después de su secuestro, el 28 de agosto de 2001, el turno fue para el representante liberal Orlando Beltrán. La Teófilo se lo llevó de su finca ‘El Rubí’, paso obligado entre la Uribe, Meta, y San Vicente del Caguán. Beltrán hacía parte de la comisión de Paz de la Cámara.

“Ellos (las Farc) me dijeron algo que no he podido olvidar y es que además de las órdenes de la dirección de la guerrilla, también tenían contactos con políticos en diferentes regiones que estuvieron de acuerdo con la delincuencia”, dijo Beltrán ante las cámaras y micrófonos de la JEP, cuando fue a dar su testimonio, en octubre del año pasado.

“Nos desaparecieron. Después de nuestros secuestros, ninguno pudo resurgir como quiso políticamente”, nos dijo Beltrán en su casa en Bogotá.

Trece días después de su secuestro, el 10 de septiembre de 2001, la Teófilo se llevó a la también representante liberal huilense Consuelo González de Perdomo, en la carretera entre Pitalito y Neiva.

González también hacía parte de la comisión de paz de la Cámara y había viajado a la zona de distensión a hablar con la cúpula.

El día que se la llevaron, a pesar de que el departamento estaba en alerta por todos los secuestros recientes, no había un solo retén de Policía ni Ejército en la vía, nos dijo González.

Nos contó también que, tiempo después del secuestro, sus dos hijas viajaron a la zona de distensión para confirmar si realmente las Farc la tenía porque no habían recibido pruebas de supervivencia.

“En esa oportunidad, que fue la única que tuvieron de hablar con la guerrilla, las recibe Joaquín Gómez y les dice que alguien del departamento del Huila sugirió mi nombre para que fuera secuestrada”, dijo González a La Silla Sur en su casa en Pitalito.

Aunque González hizo parte de un grupo de víctimas que viajó a La Habana durante la negociación del Acuerdo con las Farc, nunca pudo carear a Gómez para preguntarle a quién se refería.

”En esa oportunidad, que fue la única que tuvieron de hablar con la guerrilla, las recibe Joaquín Gómez y les dice que alguien del departamento del Huila sugirió mi nombre para que fuera secuestrada”

Consuelo González

Esa posiblemente será una pregunta que la Sala de Reconocimiento le hará al ex comandante del bloque sur el próximo 4 de marzo, fecha en la que está citado a dar su versión.

La Silla buscó Gómez, quien, como contamos, es el candidato a la gobernación de La Guajira por la Farc, pero nunca nos respondió.

Cinco meses después del secuestro de Consuelo, el 20 de febrero de 2002, en una operación sin precedentes, la Teófilo secuestró un avión de Aires con 30 personas a bordo para llevarse a Jorge Eduardo Géchem, el único senador liberal huilense de la época y presidente de la comisión de paz en el Senado.

Su secuestro fue el detonante para que el presidente Pastrana decidiera acabar con los diálogos del Caguán.

El caso de Géchem también tiene varios cabos sueltos. Ese día, cuando se iba a montar al avión, no funcionó el detector de metales del aeropuerto Benito Salas de Neiva, lo que permitió que guerrilleros disfrazados de civiles se montaran armados sin problema.

Por esos días, Géchem se estaba cuidando mucho. Estaba advertido, hasta por el Ejército y por sus escoltas, de que era mejor que no viajara mucho por tierra y de que lo estaban persiguiendo.

Durante esos días de campaña en Neiva tenía un conductor provisional, que oyó cuando él llamó a su empleada a decirle que le planchara unas camisas, porque iba a viajar para Bogotá.

“A ese señor nunca más lo volví a ver y a la empleada tampoco”, nos dijo.

Aunque para él su secuestro fue más para que las Farc inflaran la bolsa de negociación con el Gobierno, también tiene sus dudas.

“Si los tres (González, Beltrán y Géchem) estábamos tan comprometidos en el tema de paz, ¿por qué la Farc la emprendió contra nosotros? ¿por qué sobre todo contra el Partido Liberal en el Huila?” se pregunta Géchem, que también ya dio su testimonio ante la JEP el año pasado.

La pregunta por el liberalismo es necesaria.

De acuerdo con el libro ‘Una sociedad secuestrada’ del Centro Nacional de Memoria Histórica, de los 665 funcionarios públicos secuestrados entre 1970 y 2010 y que eran miembros de partidos o grupos políticos, 339, más de la mitad, militaban en el Partido Liberal.

Beltrán, González y Géchem representaban por ese entonces a la clase dirigente del liberalismo, el primero liderando una disidencia llamada ‘Convergencia Popular Civil’, y  Géchem y González como el ala oficialista.

Sus secuestros cambiaron el mapa político del Huila, porque más allá de si hubo o no terceros en sus casos, el vacío que dejaron favoreció políticamente a otros.

Los que siguieron

Para terminar sus periodos en la Cámara, en lugar de Beltrán asumió Carlos Alberto Martín Salinas, que venía de ser alcalde de Pitalito.

Martín Salinas siguió su carrera pública en el Huila y en 2013 llegó a ser secretario general y luego secretario de cultura y turismo en la gobernación de Carlos Mauricio Iriarte.

Por Consuelo González entró el ingeniero Gustavo Montealegre, que había sido concejal y diputado liberal y se había lanzado a la gobernación en 1997, aunque se quemó con 20 mil votos. Sin embargo, esa votación le dio para que quedara como segundo en la lista que encabezaba Consuelo y por eso terminó reemplazándola.

Montealegre, que era del equipo político de Géchem, hizo una especialización en Ciencias Mecánicas en la Universidad Patricio Lumumba de Moscú, Rusia, la misma en la que estudió ingeniería agrícola el ex comandante Joaquín Gómez.

En diciembre de 2001, cuando asumió la curul de González, Montealegre renunció a ser diputado, época en la que lanzó duras críticas contra la zona de distensión, para estar en el Congreso hasta julio de 2002.

Un mes después, Montealegre salió del país en exilio a Australia porque, según dijo, recibió amenazas de paramilitares que lo señalaban de ser militante de izquierda y auxiliador de las Farc.

La Silla Sur habló con Montealegre, que ahora vive en Moscú y que decidió hablar con un medio por primera vez después del exilio.

Nos dijo que en sus tiempos de estudiante en Moscú nunca fue amigo ni conocido de Joaquín Gómez. “Lo vi por mucho tres veces y no pasó más allá del saludo. No tuve nada que ver con él ni con nadie de las Farc”.Dijo también que en noviembre de 2001, tres meses después del secuestro de Consuelo González,"me enteré que era objetivo militar de las Farc porque el gobierno departamental tuvo conocimiento de ello y por eso, por instrucción del gobernador se solicitó al al comandante de la Policía del Huila y a la seccional del DAS  darme la debida protección." 

“Creo que esas amenazas pudieron ser porque yo fui un duro crítico de la zona de distensión”, nos dijo. En 2002 también recibió amenazas de dos bloques de las autodefensas, aunque nos dijo que no sabía por qué lo amenazó ese grupo.

“No he sido un auxiliador de las Farc ni he tenido vinculación alguna con un movimiento de izquierda”, nos dijo. “Si a mi me dan las debidas garantías de que no me va a pasar nada en Colombia, estoy dispuesto a hablar en la JEP”, agregó.

En todo caso, para las elecciones de 2002, sin Géchem, Gónzalez y Beltrán en el ruedo, cambió el mapa político del departamento.

”Si a mi me dan las debidas garantías de que no me va a pasar nada en Colombia, estoy dispuesto a hablar en la JEP”

Gustavo Montealegre

Aunque el nombre de González apareció en el tarjetón a pesar de estar secuestrada porque su esposo así lo pidió, resultaron electos a la Cámara políticos nuevos.

Por el liberalismo oficial Carlos Julio González Villa (actual gobernador), por el movimiento Colombia Siempre, que era otra punta liberal, Luis Enrique Dussán, y por el partido Conservador Gloria Polanco (que estaba secuestrada) y Luis Jairo Ibarra Obando.

Al Senado, ocupando el vacío de Géchem llegaron el conservador Hernán Andrade, que dio el salto desde la Cámara, y el liberal Édgar Artunduaga, que venía de cotizarse políticamente como uno de los periodistas más críticos del gobierno Pastrana.  

Las banderas del liberalismo oficial las tomó Rodrigo Villalba, que después de haber sido ministro de Agricultura de Pastrana entre 1999 y 2002, regresó al Huila para ganar la Gobernación en 2004.

Ese recambio ha dejado interrogantes entre los ex secuestrados.

“Al desaparecer el fuerte del Partido Liberal, sin atreverme a hablar de nombres, se abrieron espacios para otras personas que podrían estar limitados en avanzar dentro del partido. Que quiénes, no me atrevo a decir quiénes, pero es un análisis elemental”, nos dijo González.

Al regresar a la libertad los tres intentaron volver a la política pero con suerte diferente. Géchem y Consuelo se presentaron en las elecciones de 2010 y ganaron una curul en el Senado y Cámara, respectivamente. Pero en las de 2014, cuando también volvió al ruedo Beltrán buscando la Cámara, los tres se quemaron. En las de 2018 mientras Consuelo y Beltrán desistieron y se apartaron, Géchem lo volvió a intentar y volvió a perder. 

Además, otros secuestros a civiles también despertaron dudas similares sobre terceros.

Los civiles, también con dudas

En la toma del edificio de Miraflores, además de Polanco y sus hijos, entre los otros secuestrados estaba Aníbal Rodríguez, un reconocido constructor huilense.

Aunque esa operación la dirigió alias ‘El Paisa’, comandante de la Teófilo, hay dudas sobre quienes  ayudaron con información para montarla.

“Siempre hemos tenido la duda y sabemos que hay terceros que entregaron información porque hay muchos cabos sueltos que no pueden tener explicación por factores de azar”, dijo a La Silla Sur Rodríguez, quien duró tres años, tres meses y cuatro días en poder de las Farc. “Tenían información específica de propiedades mías y valores comerciales de inmuebles que yo le había comentado a una persona y ese valor lo tenía la guerrilla”, agregó.

“Tenemos identificadas personas, en concreto una familia de empresarios de la región, pero no podemos hacer señalamientos sin tener las pruebas suficientes”, nos dijo. “No sé por qué pudieron haber participado, si es que estaban amenazados o si eran colaboradores”.

Por ese entonces era normal en Neiva, como lo confirmamos con una familia a la que le pasó directamente, que las Farc mandaran el mensaje de que si no querían que los secuestraran, tenían que dar el nombre de “secuestrables”, que para la guerrilla era gente con plata.

También había otra modalidad.

Dos personas del Huila que tuvieron familiares secuestrados a finales de los noventas y que nos hablaron bajo la condición de no citarlas, nos contaron por aparte, que además de plata en efectivo, la guerrilla “exigía una lista de referidos, de personas potencialmente secuestrables”, nos dijo una de ellas.

En uno de esos casos, un familiar de un secuestrado nos contó que luego de pagar el rescate en efectivo y mandar un listado de personas que según nos dijo, se inventó, lo liberaron. Pero que después lo volvieron a secuestrar porque “los referidos no salieron buenos”.

Esos “terceros coaccionados”, como los llama el libro ‘Entre colaboración y coacción: Verdad Judicial, actores económicos y conflicto armado en Colombia’ de Dejusticia,  seguramente tendrán incentivos para ir a la Sala a contar que los presionaron para que dieran nombres, en vez de quedarse callados y correr el riesgo de que les abran un proceso en la justicia ordinaria.

El que sí está obligado a ir y que es el que puede resolver en buena medida todos estos casos porque era el comandante de la Teófilo Forero, es ‘El Paisa’, que lleva meses sin darle la cara a la JEP y que si decide quedarse callado, haría que la Farc quede debiendo muchas verdades.

Comentarios (1)

José Saramago ..

25 de Febrero

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