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Por Jerson Ortiz · 30 de Diciembre de 2019

Rodrigo Lara Sánchez, alcalde de Neiva.

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Rodrigo Lara Sánchez llegó a la Alcaldía de Neiva en 2015 (Alianza Verde) con la votación más alta de la historia, 74 mil votos, impulsado por una apuesta alternativa y un discurso contra la corrupción. Con ese masivo respaldo diseñó un programa de gobierno que muchos calificaron de poco ambicioso porque se centró en tres verbos rectores: continuar, mantener y terminar. 

Cuatro años después, los datos dicen que tuvo una gestión aceptable porque le dio continuidad a obras como el sistema estratégico de transporte que le permitió a la ciudad mejorar su infraestructura vial; mantuvo la inversión al sector educativo;  y terminó pendientes de otras administraciones, aunque eso le costó políticamente.

Pero perdió la pelea contra la inseguridad. Los índices no solo demuestran que aumentaron los hurtos y muertes violentas, sino que el intento por poner expolicías al frente de secretarías como Gobierno no dieron el resultado. 

Su paso por la administración más allá de las obras y los números dejó sembrado un mensaje en la manera de concebir lo público: hizo más transparente y abierta la contratación del Municipio, y demostró que sí es posible gobernar sin usar la administración para hacer política electoral.

Un plan de gobierno corto pero aterrizado

La Neiva que entrega Lara es mucho más moderna que la de hace cuatro años. 

Eso se debe, en parte, a la plata y proyectos que le dejaron rodando administraciones anteriores como la de Pedro Suárez o Héctor Aníbal Ramírez, que tenían una mejor capacidad de jalonar recursos en Bogotá, por sus conexiones políticas. 

El mérito de Lara fue meterle la presión y los ojos necesarios para que carreteras, puentes, colegios, centros médicos, entre otros, se hicieran a tiempo y sin exceder recursos. 

Por ejemplo, en estos cuatros años el avance del sistema estratégico de transporte público, Setp, que se aterrizó con un documento Conpes en 2013, pasó del 2 por ciento al 53 por ciento. Eso se ve en la rehabilitación de 33 kilómetros de vías urbanas, y en la construcción de 18 kilómetros más. 

También en la terminación de dos intercambiadores viales, que dejó contratados Suárez en 2015 y costaron más de 60 mil millones de pesos, pero que le van a permitir a la ciudad mejorar su movilidad hacia el oriente y norte de la ciudad.  

Fuera del Setp, rehabilitó 25 kilómetros de carreteras apoyándose en dos estrategias novedosas. Por un lado hizo convenios con el batallón de ingenieros militares del Ejército que le permitió reducir precios en las obras; y por el otro montó una campaña que se llamó ‘Pavimenta tu cuadra’, con la que el Municipio puso materiales y maquinarias y la comunidad la mano de obra para construir calles barriales. 

Ante el nuevo modelo de repartición de regalías que le quitó recursos a municipios productores como Neiva, Lara echó mano de los cerca de 60 mil millones que tenía el municipio ahorrados en el Fonpet (Fondo Nacional de Pensiones de las Entidades Territoriales) y con eso remodeló cerca de 30 colegios de sectores populares, y puso la piedra para construir cuatro más, entre ellos el Claretiano que va a beneficiar a 1.440 estudiantes.

Dejó andando el viejo y anhelado proyecto de la ciudad de tener una planta de tratamiento de aguas residuales, Ptar, para evitar que las aguas negras sigan contaminando el río Magdalena. Terminó los diseños, y dejó radicada ante el Ministerio de Vivienda la propuesta de una planta que puede ser operada con una alianza público-privada. El lío es que cuesta más de 100 mil millones y el municipio no tiene cómo pagarla. 

La propuesta de una circunvalar del oriente, que mejore el tránsito de vehículos de carga, también queda en planos. 

Liquidó la concesión del alumbrado público que tenía Diselecsa desde hace 20 años, y le entregó la operación del servicio a las empresas públicas. También dejó en caja más de 30 mil millones de un empréstito para cambiar las luminarias de la ciudad y pasarlas a luces led. 

No pudo sacar el nuevo Plan de Ordenamiento Territorial, POT, pero los estudios de vulnerabilidad y suelos están listos. A pesar de eso, legalizó 12 asentamientos de viviendas que le van a permitir a más de 7 mil familias empezar a recibir servicios públicos e inversiones públicas.

Pero también se va con lunares. 

La inseguridad, el más grande. Lara planteó una propuesta de zanahoria y garrote para atacar los hurtos y reducir el número de muertes violentas. 

El balance es agridulce. 

 

Inicialmente prometió bajar el promedio de hurto a personas de 564 casos (que fue el promedio entre 2014 y 2015) por cada 100 mil habitantes a 479. Pero al contrario de lo que propuso, las cifras se dispararon. 

Mientras en 2015 se registraron 1.962 denuncias de hurto, en 2016 esa cifra pasó a 2.282 casos, teniendo un incremento del 16 por ciento. La tendencia se mantuvo en 2017 porque se presentaron 2.280 denuncias y la tasa fue de 663 casos por cada 100 mil habitantes. En 2018 según datos del Observatorio del Delito de la Alcaldía, 3063 personas habían denunciado ser víctimas de hurto. 

Las muertes violentas tuvieron tendencias cambiantes. 

Durante el 2015 en Neiva la tasa de homicidios fue de 18 homicidios por cada 100 mil habitantes. Lo que prometió el Alcalde Lara fue bajar la tasa a 17 muertes al terminar su mandato. Eso lo logró hacer en su primer año porque en 2016 se presentaron 61 homicidios y por eso la tasa fue de 17.4 muertes por cada 100 mil habitantes. 

Pero en los años siguientes la variación fue negativa. En 2017 según el informe Forensis de Medicina Legal se registraron 86 homicidios, es decir hubo 24.8 homicidios por cada 100 mil habitantes. Y esa tendencia siguió en 2018 porque en Neiva se presentaron 83 casos de muertes violentas. 

Los pendientes también están en temas de infraestructura.

El más grande, el del estadio de fútbol. Aunque la remodelación del estadio arrancó en 2014 con el gobierno de Pedro Suárez (20 mil millones), tuvo en segundo capítulo con Lara porque comenzando su gobierno él le hizo una adición de plata y tiempo para terminar la obra. 

Ese mismo año, en 2016, se cayó una parte de la tribuna occidental matando a cuatro obreros. Y solo ahí se empezaron a conocer los enredos de la obra que van desde informes de la Contraloría diciendo que lo que se hizo no sirve, hasta investigaciones de la Fiscalía que dicen que el contrato que se adjudicó en 2013 estuvo amarrado para favorecer al ganador. 

Aunque Lara se propuso ponerle fin a ese enredo y para eso le declaró el incumplimiento al contratista y le quitó la obra, termina su periodo sin una salida a la vista. Un estudio de la Universidad Nacional menciona que para habilitar la obra se necesitan unos 60 mil millones de pesos, casi lo mismo que construir uno nuevo. 

En vivienda el saldo es rojo. Lara se comprometió a entregar 4 mil subsidios de vivienda durante el cuatrienio, pero solo alcanzó a dejar legalizados 1.748. El resto, aunque están asignados a proyectos que se están construyendo como Bosques de San Luis, Cuarto Centenario y Villa Marina, quedarán para el registro de la entrante administración. 

Cambió el modelo de juego de la contratación

Lara concluye con una imagen de aceptación y aprobación de más del 50 por ciento, según estudios de Cifras y Conceptos y el Centro Nacional de Consultoría. La misma que la de su antecesor Pedro Suárez. 

Porque además de su capacidad de ejecución, Lara se la jugó por hacer transparente la contratación del municipio.  

Desde el arranque buscó a los contratistas del Municipio reunidos en organizaciones como la Sociedad Colombiana de Ingenieros y Arquitectos, la Cámara de Comercio o la Federación de Comerciantes (Fenalco) capítulo Huila, y les dijo que con él no iban más los pliegos sastre. Es decir, esos pliegos que son hechos a la medida de un determinado contratista.

Eso, porque según reportes del sistema de contratación, en el año 2015, durante  el gobierno de su antecesor Pedro Suárez, en los procesos de licitación pública de la Alcaldía de Neiva se presentaban, en promedio, un máximo de dos oferentes. 

Entonces implementó los pliegos tipo que le recomendaron Colombia Compra Eficiente y el Ministerio de Transporte, en los que se plantean unas reglas de juego generales donde prima la mejor oferta. 

Y con eso los indicadores de participación aumentaron. Para el año 2016 hubo un promedio de 10 oferentes por licitación hasta un máximo de 53; en 2017 el promedio subió a 13.5 y este año terminó en 19. 

Un cambio que contrasta con otras entidades locales. Según un estudio de la Sociedad Colombiana de Ingenieros, en 2017 en las licitaciones de la Gobernación del Huila de Carlos Julio González Villa hubo un promedio de dos oferentes habilitados por cada proceso.

También mostró mano dura porque elevó quejas ante la Superintendencia de Industria y Comercio de supuestos carteles de contratación de empresas locales que se habían unido por debajo de cuerda para no bajar los precios y obligar al Municipio a contratar a costos altos. 

Usó mecanismos como compras públicas y la Bolsa Mercantil para contratar servicios como el programa de alimentación escolar y la compra de maquinarias. 

Sin embargo, no logró llevar ese modelo a las entidades descentralizadas del Municipio como la empresa de salud ‘Carmen Emilia Ospina’, y las empresas públicas de acueducto y alcantarillado, que tienen sistemas de contratación particulares. 

Aunque ya cantó que quiere seguir metido en político, Lara no usó su cargo para meter mano en las elecciones, pese a que estaban en carrera aliados suyos. 

Pensando a futuro

En Colombia es común que los alcaldes y gobernadores aprovechen sus poderes para ayudar a congresistas o montar herederos. Pero Lara termina su mandato sin denuncias o quejas de participación en política. 

No porque no tuviera a quién darle la mano, sino porque el capital político que lo llevó a la Alcaldía fue de opinión y no de estructura, que es más difícil de endosar y disimular. 

En las elecciones de Congreso de 2018, su partido, el Verde, sacó lista propia a la Cámara del Huila pero Lara no dio ningún guiño; su amigo y aliado político, el abogado Diego Muñoz, buscó el Senado pero Lara tampoco apareció. 

Tampoco lo hizo en las presidenciales donde estuvo Sergio Fajardo, con quien arrancó en política.

En las recientes elecciones a Alcaldía hubo dos exfuncionarios suyos de confianza: la arquitecta Cielo Ortiz (exgerente de las empresas públicas) y el abogado Raúl Rivera (exsecretario de Cultura). Y por ninguno metió la mano. 

El resultado, el Verde pasó de cuatro curules en el Concejo a dos, y los sectores tradicionales ganaron la Alcaldía con Gorky Muñoz. 

Lo que está por verse es si ese camino de la legalidad, y lo que hizo como administrador, le van a permitir a Lara mantener unido ese voto de opinión y seguir vivo en política. 

CONTEXTO

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