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Por Juanita Vélez · 13 de Enero de 2019

En Puerto Asís la guerra que parecía irse sin las Farc, sigue igual de viva.

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En Puerto Asís la gente no se sorprende con los muertos que hace tantos años ponen por cuenta del narcotráfico. Pero los veinte tiros que le dispararon en una carretera a finales de octubre del año pasado a Héctor Meneses Yela, más conocido en el bajo mundo como ‘El Guara’, sí los tenía atónitos en este fin de año, cuando La Silla Sur viajó hasta allí, porque dicen que no lo mató el Ejército, ni la Policía y porque hace diez años era el que mandaba aquí.

‘El Guara’ es una leyenda en Puerto Asís. Fue uno de los creadores de la banda criminal ‘La Constru’, que nació en 2006 tras la desmovilización de los paramilitares.

 

Fue por años el enlace de esa banda con el Cartel mexicano de Sinaloa, hasta que la Dijin lo capturó a comienzos de 2011 en Cali mientras cerraba unas transacciones y a finales de ese año la Corte Suprema de Justicia dio luz verde para su extradición a Estados Unidos. Allí duró seis años preso y había vuelto a Putumayo retomar el negocio. Pero no pudo.

En este pueblo, uno de los diez con más coca en el país,  la mayoría de fuentes con las que hablamos creen que lo mató la misma ‘Constru’, aunque el Ejército dice que eso no se ha confirmado.

Lo que no está en duda es que el ex ministro de Defensa Luis Carlos Villegas mintió hace dos años cuando dijo ante todos los micrófonos que habían logrado desmantelar a esta banda.

‘La Constru’ está tan viva que además de controlar el negocio en el casco urbano, financia campañas a la alcaldía y es toda una autoridad en este municipio, que no tiene una sola cámara de seguridad y es el epicentro del narcotráfico porque queda al pie de Ecuador y a orillas del río Putumayo.

Normalmente, la gasolina aquí se acaba a los 20 días del mes. Cuando hay, vale 7700 pesos el galón y cuando ya escasea se trepa a 10 mil pesos.

Para poder sacar la pasta base sin problema, ‘La Constru’ le pagaba un peaje a la guerrilla de las Farc, que se movía en la región, y que por años participó en el negocio incentivando a los campesinos a que cultivaran la hoja en sus zonas de influencia.

Por eso cuando los 600 ex combatientes de esta zona se fueron a vivir al espacio de capacitación de ‘La Carmelita’, en diciembre de 2016, el temor era que alguien más llegara a llenar ese vacío y que en su intento se enfrentara con ‘La Constru’.

Pero no llegó nadie nuevo. Varios ex combatientes del frente 48 (hoy las cifras de inteligencia militar van en que son 86 personas) que no dejaron las armas y ya tenían el conocimiento del negocio y de la alianza con la banda, se quedaron allí y el pacto se mantuvo.

“La disidencia es una subsidiaria de ‘La Constru’. La banda se encarga del casco urbano y la disidencia de la zona rural”, nos dijo un mayor de la Policía que nos habló bajo la condición de no citarlo.

El líder de la disidencia del 48 es Pedro Oberman Goyes Cortés, más conocido como ‘alias Sinaloa’, aunque no tiene nada de mexicano pues nació en Barbacoas, Nariño, y según pudo confirmar La Silla con siete fuentes (entre oficiales, líderes locales y periodistas), no tiene relación con ese cartel, pero sí con el de ‘los Balcanes’, que opera en Europa.

“Luego de la firma de la paz y como ya no se sabía a quién venderle, los campesinos alcanzaron a guardar mucha mercancía, pero ya en el primer semestre del 2017 el 48 comenzó a llamar de nuevo a los presidentes de junta a decirles sus nuevas reglas”, le contaba a La Silla una fuente que trabajó en la Alcaldía y que conoce el territorio. “Aquí los campesinos no les pueden vender a nadie más que a ellos o sino los matan”, agregó.

¿El precio? Si es solo hoja, pagan por la arroba entre 90 mil y 120 mil pesos. Si es pasta base, el kilo está entre 1.700.000 y dos millones.

Aunque la Policía Antinarcóticos tiene 700 hombres haciendo erradicación forzada en el departamento y el Programa Nacional de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito, Pnis, también está operando aquí y hasta agosto del año pasado había 2639 familias recibiendo pagos a cambio de arrancar la hoja, el verdadero negocio está en las hojas que crecen cada vez más grandes al borde de la frontera. Ahí no hay Pnis porque no es seguro entrar, ni Ejército ni Policía suficiente que pueda con este corredor que comprende la mayoría de las 152 veredas del municipio.

A ese complejo panorama se suma que Gentil Duarte, el líder de la disidencia más grande las Farc y que ha logrado un dominio y coordinación importante en el suroriente del país, quiere entrar al negocio en la región. Pero hasta ahora no ha podido.

La entrada del Frente Primero

Una noche a finales de noviembre se fue la luz en Puerto Asís y al otro día, la Casa de la Justicia amaneció con un graffiti que decía ‘Farc EP, Ft: 1”.

Esa mañana hombres del Batallón 27 del Ejército pintaron la pared para borrarlo, pero desde entonces ha cogido más fuerza el rumor de que ese frente, que actúa coordinado con Duarte, quiere entrar a la región, pero hasta ahora no ha logrado acuerdos con el 48.

“Sabemos concretamente de una reunión el 16 de noviembre en zona rural de acá en la que se presentaron como frente primero y le dijeron a la comunidad que no los querían ver hablando con Ejército o Policía. Ya hay una persona que le tocó salir de allí porque lo denunció y ahora vive en el casco urbano”, le detalló a La Silla una fuente oficial que nos pidió no citarlo por seguridad.

“Hoy hay un intento de posicionamiento del frente primero. Sabemos que alias ‘Cadete’ estuvo en Piñuña Blanco y en Puerto Caicedo. Se presentan como “la nueva organización” y quieren copar el territorio”, dijo a La Silla un líder de la Mesa Regional de Organizaciones Sociales de Putumayo, Meros, que conoce el territorio.

El temor que se le ve en los ojos a todas las fuentes con las que hablamos es que el frente primero insista en entrar, así el 48 no los deje. “Si eso pasa serán los muertos los que avisen”, dice este líder.

Hasta noviembre del año pasado, de acuerdo con el último censo delictivo de la Fiscalía, Puerto Asís era el segundo municipio de Putumayo después de Puerto Leguízamo, donde más han aumentado los homicidios. En lo corrido del 2018 había 36 casos reportados, versus 23 del 2017. La guerra que parecía irse sin las Farc, sigue igual de viva.

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