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Por Jerson Ortiz · 12 de Agosto de 2018

Germán Arenas, Jairo Figueroa y Dubán García, reporteros de Mocoa amenazados de muerte.

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El mismo día que la Fiscalía anunció que tenía identificados a los autores de las amenazas de los periodistas nacionales Luis Carlos Vélez y María Jimena Duzán, en Mocoa, Putumayo, fueron amenazados otros tres periodistas: Jairo Figueroa, Germán Arenas y Duván García. “Hola parásito ya casi le llega la hora de morir sapo hp (Sic) sabemos sus movimientos y así estés encerrado te llegaremos(...)”, les dijeron.

Fue el segundo mensaje intimidatorio que recibieron en sus cuentas de Facebook en menos de una semana. En el primero les habían dado una semana para salir de la ciudad porque si no les iban a “pegar la matada mas grande del año”.

“Eso no nos había pasado ni en las peores épocas del conflicto en Putumayo cuando habían paras y guerrilla”, le dijo el periodista Germán Arenas a La Silla Sur.

Estas amenazas empañan el esfuerzo de hacer periodismo que están haciendo los medios y comunicadores de Mocoa luego de que el año pasado se quedaran sin emisoras ni pautas comerciales por cuenta de la avalancha que se llevó medio ciudad.

Además ratifica lo difícil que resulta intentar hacer periodismo en departamentos apartados con marcados rasgos rurales, presencia de grupos armados ilegales y poco apoyo institucional.  

Las amenazas

Los mensajes de muerte contra Germán Arenas y Duván García, que trabajan en la emisora comunitaria La Primera (que fue una de las tres que se crearon después de la avalancha), y Jairo Figueroa de la emisora La Reina, comenzaron el miércoles 1 de agosto.  

Ese día a los tres les escribieron desde una cuenta en Facebook que tiene el nombre de Carlos Ramírez, que dice pertenecer a la Águilas Negras (una escuadra paramilitar que según la inteligencia del Ejército no existe), para decirles que los van a matar “por ser sapos y lambones con la Policía y el Ejército”. 

Ante el clima de incertidumbre que se vive con el asesinato de líderes sociales y las amenazas a otros periodistas del país, de inmediato pusieron la denuncia, le informaron a la Policía y pidieron un Consejo de Seguridad.

En el Consejo que se hizo el viernes 3 de agosto, la Policía y el Ejército se comprometieron a ponerles un acompañamiento mientras la Dijin encuentra a los responsables y la Unidad Nacional de Protección les hace un estudio de riesgos y les da un esquema de protección.

Y aunque eso calmó los ánimos por el momento, el miércoles pasado volvió la zozobra porque les enviaron otro mensaje, ya desde otro perfil con el nombre de Carlos López, en el que les decían que se les había acabado el plazo para salir de Mocoa. “Les ha llagado (Sic) su hora y lo saben-- nosotros si existimos y como se metieron con nosotros los vamos a acabar”. 

Con este último mensaje, el periodista Arenas, que también es corresponsal de la Fundación para la Libertad de Prensa y de la agencia Colprensa, decidió no volver a la emisora La Primera para hacer los noticieros de las 6 de la mañana y las 12 del medio día.

“Al menos hasta que no nos digan quién está detrás, trataré de trabajar desde la casa”,dice.

 

Eso aunque ya tiene el acompañamiento de las autoridades.

Su colega Jairo Figueroa, que también es corresponsal de Caracol Televisión, dice que no dejará que lo callen. “Reiniciar una nueva vida por fuera sería muy complicado; aquí nos vamos a quedar, no nos vamos a dejar amedrentar tampoco”, manifestó el reportero.

Mientras que Duván García, que apoya a Red Más Noticias, señaló que aunque contempló la idea de salir de Mocoa, aspira seguir presentando las noticias de La Primera a las 7 de la mañana. “Una cosa es lo que piensa uno de seguir, y otra cosa es cuando las amenazas la conocen los familiares de uno. Es difícil pero trataré de seguir ahí mientras se den las condiciones”, dice.

¿Quiénes están detrás?

Los tres periodistas amenazados manejan fuentes y agendas similares. Cuentan cómo va la reconstrucción de Mocoa, qué hacen las administraciones locales, cubren la Asamblea y el Concejo, reciben las denuncias de los barrios, pero también registran las noticias de orden público.

Por eso la primera hipótesis que han manejado las autoridades es que las amenazas pueden estar relacionadas con la información que los tres reporteros han difundido sobre los operativos que adelantan el Ejército y la Policía para capturar a miembros de las dos disidencias de las Farc que hay en el departamento(Frente Primero y 48), las bandas de narcotraficantes como la Constru, y otros grupos delincuenciales que manejan el microtráfico.

Cómo lo ha contado La Silla, Putumayo es un departamento clave para la cadena de narcotráfico no solo de las disidencias de las Farc, sino de otros grupos que siempre han hecho presencia.

“Estos días hubo muchas capturas, hace un tiempo cogieron a un jefe de finanzas de La Constru. Son hechos que uno cuenta porque son resultados, pero sin sobredimensionar lo que hacen la Policía o el Ejército. Uno cumple con informar, con difundir lo que ocurre”, comenta el periodista García.

Como son informaciones que también manejan otros medios, desde las asociaciones de periodistas de la región creen que las investigaciones no se deben limitar sólo a esos temas.

“Si fuera por contar los positivos del Ejército y la Policía pues tendrían que amenazarnos a todos los periodistas del Putumayo”, dice Julián Andrade, de la Asociación de Periodistas de Putumayo.

Germán Arenas, que está en el departamento desde el año 2000, dice que este tipo de amenazas son inéditas y que ni siquiera en el apogeo del conflicto armado se sintieron tan vulnerables.

“Lo que está claro es que hay interés de alguien o de algún grupo criminal de generar caos en Mocoa”, comenta.

El de Mocoa no es el primer intento por callar la prensa en el sur del país. Hace un año contamos que a los periodistas judiciales de Caquetá también los habían amenazado por denunciar y cubrir temas relacionados con grupos delincuenciales.

Por eso, el llamado de los tres periodistas de Putumayo es que las investigaciones den pronto con resultados. “Así como dieron con los que amenazaron a Vanessa de la Torre, a Luís Carlos Vélez o Jimena Duzán, ojalá acá la Fiscalía también actúe rápido”, añade García.

Si eso no ocurre pronto y las amenazas continúan el panorama del periodismo putumayense se tornará más preocupante.

Saliendo del barro

La avalancha que se registró en Mocoa el 31 de marzo de 2017 acabó con la vida de más de 300 personas, dejó heridas a otras 500 y dejó afectadas a los más de 90 mil habitantes.

Y también enterró parte del periodismo que se hacía allá.

Según documentó la Fundación para Libertad de Prensa (Flip) doce periodistas locales lo perdieron todo ese día. El barro se les tragó 8 consolas, 12 computadores, 7 portátiles,  9 grabadoras, 13 cámaras, 18 micrófonos y discos duros, memorias usb, lentes y televisores.

Sin esos medios algunos no tuvieron cómo trabajar por un tiempo. Y los que pudieron seguir al aire se quedaron sin pauta publicitaria porque el comercio también quedó en crisis.

Por eso un año y medio después de la avalancha, en medio de la reconstrucción de Mocoa y con tres emisoras comunitarias que habilitó el Ministerio de Comunicaciones, el periodismo de Mocoa, que intenta salir del barro, recibe como una bofetada estas amenazas.

“Lo único que pedimos es que nos digan quiénes son los responsables de esta zozobra, y que la UNP haga los estudios de riesgo y nos diga si nos van a dar una cauchera, un perro, o un esquema de seguridad. Solo pedimos garantías para ejercer el oficio”, concluye Arenas

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