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Por Juanita Vélez · 13 de Noviembre de 2019

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Además de las tres advertencias que recibió el Ejército sobre reclutamiento de menores en la zona del bombardeo que tumbó al Ministro de Defensa, hay una prueba directa de que los militares estaban al tanto del reclutamiento de menores de edad por la disidencia de ‘Cucho’.

El 22 de agosto, seis días antes del bombardeo, el general Germán López Guerrero, comandante de la Sexta División del Ejército, encargada del Caquetá, salió en las redes sociales del Ejército a hablar de una operación en la vereda La Chipa de Puerto Rico, en la que capturaron a seis integrantes de la disidencia del 62, la que lideraba ‘Cucho’. 

Dijo que uno de los capturados quedó herido y que había “dos menores de edad que son recuperados del conflicto”. 

En otra publicación de ese mismo día, el Ejército agrega “una vez individualizados, se logra establecer que dentro de los cinco capturados (sin contar al herido) habían dos menores de edad, quienes fueron entregados al Instituto del Bienestar de Familiar”. 

Es decir, mostró como un logro sacar a esos menores de las filas de la disidencia.

Aunque el bombardeo que llevó a la renuncia de Botero fue en la vereda Aguas Claras II de San Vicente, y este operativo fue en Puerto Rico, los militares encargados de combatir la disidencia de Cucho sabían que las denuncias de reclutamiento de menores eran ciertas. 

Por eso, más allá del argumento del exministro de Defensa, Guillermo Botero, de que ni su cartera ni las Fuerzas Militares sabían de la presencia de menores en el campamento bombardeado en concreto, era previsible que cualquier bombardeo podía afectar a menores reclutados. 

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