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Por Jerson Ortiz | Juanita Vélez · 07 de Junio de 2019

Álvaro Pacheco, gobernador de Caquetá.

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Con su decisión de condenar a siete años y medio de cárcel por nexos con paramilitares al gobernador de Caquetá Álvaro Pacheco, del Partido Liberal, la Corte Suprema de Justicia no sólo le da un duro golpe a las apuestas electorales del liberalismo a pocos meses de las elecciones regionales. También revive el fantasma de la parapolítica en una región que padeció como pocas el conflicto armado.

Eso puede ser un papayazo para la Farc, que al medirse por primera vez en unas locales, puede alimentar el discurso de que la guerrilla no fue la única responsable en el conflicto. Como nos dijo un miembro del partido en Caquetá “es una situación muy favorable. Mientras algunos se rasgan las vestiduras diciendo que no podemos participar en política por haber tenido las armas, otros que eran procesados por sus vínculos con los paras llegan a ser gobernadores y ahora los tumban”.

“Los actores armados no son solo los que cargan el fusil. También los que los patrocinan en el poder”, agregó.

También es un papayazo para el uribismo local, que pinta para ser el principal competidor del ‘Pachequismo’ para ganar la Gobernación, aunque están divididos, como lo contamos en esta historia.

La decisión

Hoy la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, con ponencia del magistrado huilense Eyder Patiño, encontró nuevos elementos que confirmarían la relación que tuvo Pacheco con grupos paramilitares en Caquetá en la campaña a la Gobernación de 2007, y que un juez de Florencia había desestimado en un fallo de primera instancia.

 

El proceso contra Pacheco arrancó en 2013 cuando la Corte ordenó su captura porque según varios exparamilitares él tuvo el apoyo económico y logístico de ellos para ganar la Gobernación en 2007, cosa que al final no logró porque perdió contra Luis Francisco Cuéllar Carvajal de la ASI (secuestrado y asesinado por las Farc en 2009).

En ese momento Pacheco cumplía su tercer año como representante a la Cámara por Caquetá. Sin embargo, decidió renunciar a su fuero constitucional para no ser juzgado por la Corte sino por la justicia ordinaria.

El 20 de marzo de 2015, un juez del circuito especializado de Florencia lo dejó en libertad porque, en su concepto, las pruebas que presentó la Fiscalía eran contradictorias e insuficientes.

Con ese tanque de oxígeno se lanzó a la Gobernación por el Partido Liberal en octubre de ese año y ganó con más de 42 mil votos.

Ahora con su recaptura, la Corte sacude el tablero político en Caquetá y deja otros efectos.

El golpe al liberalismo

Pacheco se había convertido en un superpoderoso del Sur y referente del partido Liberal en esta región porque con esas banderas llegó a ser alcalde de Florencia entre 2001 y 2003, representante a la Cámara entre 2008 y 2013 y gobernador entre 2016 y 2019.

Con esa trayectoria política armó una estructura regional propia que llevó en 2014 al abogado Harry González a la Cámara de Representantes. La comunicadora Gilma Díaz, esposa de Pacheco, hace parte de su Unidad de Trabajo Legislativo de González.

Ese mismo equipo es el que está buscando mantener el control de la Gobernación en las elecciones de octubre.

Como contamos, había tres precandidatos de la línea de Pacheco: el ingeniero Diego Ramírez, el administrador de empresas Oscar Rojas (ambos trabajaron con él en cargos importantes) y el diputado César Torres. Los tres se midieron en una encuesta para tener su aval y el del partido Liberal.

El ganador de ese casting fue el diputado César Torres, quien se había convertido en una de las puntas de lanza de Pacheco en la Asamblea Departamental.

Lo que va empezar a despejarse es qué tanto puede afectar la recaptura de Pacheco las aspiraciones de Torres, que se la ha venido jugando con un discurso de continuismo para garantizar la terminación de las obras que dejó andando el Gobernador, como la construcción de las carreteras a Solita, Morelia y Valparaíso. (Adjudicadas en licitaciones cuestionadas porque se presentaron pocos proponentes y algunos de ellos están bajo el radar de las autoridades).

Además, en el partidor por la Gobernación están otras fuerzas políticas con peso en el departamento. Por un lado, el ganadero Arnulfo Gasca, que fue el rival de Pacheco hace cuatro años y está impulsado por las bases conservadoras y un sector del uribismo, y por el otro, el ingeniero James Urrego, que será la carta oficial del Centro Democrático.

El panorama también le puede abrir espacios a los sectores alternativos. Hace una semana el Polo Democrático planteó una convergencia entre independientes y puso sobre la mesa la aspiración del exalcalde de San Vicente del Caguán, Domingo Emilio Pérez.

Además de nublarle el panorama al liberalismo, hay otros efectos más simbólicos.

El fantasma

Se trata de un gobernador condenado por nexos con el paramilitarismo en un departamento que padeció con sangre el horror de esa guerra.

Como lo detalla el Centro Nacional de Memoria Histórica en este informe publicado en 2017 y también  Verdad Abierta, los paramilitares tuvieron tres grandes incursiones al departamento.

La primera fue hacia finales de los años 80 en los Llanos del Yarí a cargo de grupos financiados por el narcotraficante Gonzalo Rodríguez Gacha ‘El Mexicano’; la segunda ola fue entre 1997 y 1998 cuando emisarios de Carlos Castaño llevaron hombres de las Accu al sur del departamento, primero bajo el mando de Antonio Londoño Jaramillo alias ‘Rafa Putumayo’ y luego bajo el comando de alias ‘José María’ y ‘La Guagua’.

Finalmente, desde mayo de 2001 y hasta febrero de 2006, hombres del Bloque Central Bolívar se explayaron por varios municipios del sur de Caquetá como Florencia, Morelia, Albania, Curillo, Valparaíso y Solita, con el objetivo de expandir el negocio del narcotráfico.

“Estas estructuras paramilitares tuvieron un gran centro de tortura y muerte en la inspección de Puerto Torres, en el municipio de Belén de los Andaquíes y llevaron a cabo acciones de terror en la zona sur y en la zona norte del departamento con el fin de socavar los territorios históricos de la guerrilla de las Farc, lo que llevó a una degradación del conflicto que aún hoy se mantiene”, dice el informe.

Por eso ese fantasma del paramilitarismo cobra vida en este caso, pues recuerda sus alianzas con políticos.

Lo que viene

Pacheco es el segundo Gobernador elegido para el periodo 2016-2019 condenado en el Sur. El primero fue Manuel Carebilla, de Amazonas, que fue condenado por corrupción, como detallamos en esta historia.  

Aunque el caso de Carebilla desató una crisis institucional en ese departamento porque entre su detención y el fallo condenatorio pasaron dos años, y solo hasta ese momento el Gobierno pudo convocar a unas elecciones atípicas para elegir al que va a terminar el periodo, en el caso de Caquetá no será necesario convocar a elecciones.

Esto porque ya se cumplieron dos tercios del periodo. Lo que viene ahora es que apenas Pacheco sea apartado del cargo, el partido Liberal, que fue el lo avaló, le debe presentar una terna al presidente Iván Duque para que escoja quién debe terminar el periodo y mientras tanto nombrar a un encargado.

Por su parte Pacheco deberá presentarse a las autoridades para cumplir su condena en una cárcel (no procede domiciliaria según dice el fallo) que aunque es de 90 meses pasará a ser de 70 porque le van a descontar los 20 meses que ya estuvo detenido en el primer momento del proceso.

Además, tiene una “impugnación especial”, que es el equivalente a una apelación cuando el juzgado había exonerado y luego la Sala Penal de la Corte es quien condena.

CONTEXTO

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