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Por Jerson Ortiz · 09 de Diciembre de 2019

La vía se adjudicó en 2015 pero apenas tiene un avance del 5 por ciento.

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Tres semanas después de que el presidente Iván Duque anunció en Pitalito que una empresa china se iba a hacer cargo de la carretera Neiva-Mocoa (clave porque conecta al sur con el centro del país), en la Agencia Nacional de Infraestructura, ANI, aún no hay un papel firmado que diga que va a ser así, ni que las obras se van a reanudar pronto. 

Eso a pesar de que un trino del senador uribista Ernesto Macías, quien anunció que las obras iban a arrancar de inmediato.

Aunque es un lío que heredó del gobierno Santos que fue el que adjudicó esa obra, el gobierno Duque viene diciendo desde diciembre del año pasado que empresas francesas y consorcios locales están interesados en asumir la vía, pero hasta ahora ningún anuncio prosperó. 

Las condiciones en las que está el proyecto hacen que la negociación con los chinos pinte difícil, pero no imposible. 

Una obra en líos

La 4G Neiva-Mocoa, que contempla la intervención de 456 kilómetros entre Neiva y Santana, Putumayo, y que debía estar lista al finalizar el 2019, está parada y solo tiene un 5 por ciento de avance porque el consorcio que se la ganó en 2015, Aliadas, quebró. 

Su principal socio, Carlos Solarte, se vino a pique porque salió salpicado en el escándalo de Odebrecht y como los bancos y fondos de inversión le cerraron las puertas , no encontró cómo financiar la obra, avaluada en unos 2 billones de pesos.  

Para que no le declararan la caducidad del contrato, que le originaría a él sanciones económicas e inhabilidades para seguir contratando, y a la ANI volver a sacar una licitación que se podía demorar varios meses, desde finales del gobierno Santos, a Solarte le dieron la oportunidad de conseguir un socio que asumiera la obra.

Y ahí empezó el tire y afloje que ya lleva más de un año.

Además de que hay que actualizar los precios y cantidades de la obra que se definieron en 2015, la empresa que asuma debe pagar las multas de incumplimiento de Aliadas, que rondan los 25 mil millones de pesos. 

También debe arrancar con obras prioritarias como la construcción de unos viaductos en el sector de Pericongo, entre Altamira y Pitalito, que según la ANI cuestan unos 46 mil millones de pesos.

Lo que de entrada supone que si los chinos llegan a un acuerdo deben hacerlo poniendo mucha plata sobre la mesa.

Esas cuentas son las que se están haciendo desde que el presidente Duque anunció la noticia en Pitalito. 

Desde la oficina de comunicaciones de la ANI nos respondieron que el plan con el que la empresa china quiere entrar es confidencial. Que todo se está trabajando desde unas mesas de negociación, y que no hay fecha tentativa para definir si hay luz verde o no. 

Lo de anunciar algo y que no se haga una realidad, al menos con esta carretera, no es nuevo.

En enero de este año la Ministra de Transportes dijo en una cumbre de gobernadores en el Huila que iba a liquidar el contrato con Aliadas y que mientras tanto le iban a girar una plata al Invias para que arreglara tramos críticos de la carretera.

En febrero la vicepresidenta, Martha Lucía Ramírez, dijo en Mocoa que la francesa Eiffage quería asumir la obra. Y en junio la ANI dijo que una oferta del empresario paisa William Vélez sería la solución. 

Ninguna de los tres anuncios terminó en algo. 

Un funcionario de la ANI nos dijo fuera de micrófonos que lo de Eiffage y Vélez no funcionó porque “los números no daban”. 

Ahora con los chinos el Gobierno promete que la va a destrabar. 

Los chinos que desembarcan en Colombia

La empresa que anunció Duque es la CCA Colombia Corp, una empresa filial de China Construction America, que a su vez hace parte de State Construction Engineering Corp. Ltd. (Cscec), que opera en Norteamérica y Sudamérica, Europa, Asia, África y Oceanía.

CCA Colombia Corp está constituida en Panamá, pero en Colombia opera con el nombre de CCA Civil Colombia SAS, registrada en la Cámara de Comercio de Bogotá en julio de 2016. 

A China Construction America no se le conocen obras en Colombia pero sí en países vecinos.

 

Por ejemplo, en Panamá tiene una obra pública y otra privada. 

La pública es la construcción del centro de convenciones Amador, un proyecto que asumió en 2016 después de que el contratista original quebró. Allá hizo alianza con la local Construcciones Civiles Generales S.A. (Cocige), y se comprometió a poner la plata para terminar la obra. 

Aunque debían entregarla en febrero de este año, aún no ha terminado. 

La privada es un complejo comercial que se llama ‘Dao Panamá’ que incluye edificios de oficinas, residencias y centros comerciales. 

En Argentina es donde  tiene un proyecto similar al de la carretera Neiva-Mocoa. 

Se trata de la construcción y administración de una carretera entre Luján y Santa Roja, que el gobierno de Mauricio Macri le adjudicó en junio del año pasado bajo el modelo de participación público-privada. 

Es el mismo esquema de concesión de acá, en el que se le entrega la construcción y mantenimiento de una vía a cambio del recaudo de los peajes por un tiempo determinado. 

Allá la CCA se juntó con la local Green B SA. Y ya lograron el cierre financiero, es decir demostraron cómo van a financiar la obra. Eso, en parte porque la empresa china logró conseguir el apoyo estatal de Beijing para armar un consorcio de bancos que les van a prestar los mil millones de dólares que les va a costar el proyecto. 

Esa es su carta de presentación para aterrizar en Colombia, aunque eso no asegura que vaya a asumir la vía Neiva-Mocoa.

Por eso está por verse si lo de ahora no termina en un cuento chino. 

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