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Por Juanita Vélez · 19 de Diciembre de 2019

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El sur del país, región clave para el posconflicto y en la que el uribismo tenía terreno asegurado tras el triunfo del No en el plebiscito de 2016, el poder cambió este año. La reconfiguración de las elecciones regionales se nota en varios aspectos poco evidentes y más profundos que enumeramos aquí.

 

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El sur pasó de fortín a desierto para el uribismo

El uribismo arrancó el año en el sur posicionado por las presidenciales. Iván Duque ganó en 52 de los 68 municipios de la región (37 del Huila, 12 de Caquetá, uno en Putumayo y dos en Amazonas) contando tres capitales: Neiva, Florencia y Leticia. En Huila alcanzó 300 mil votos, una cifra a la que no había llegado ningún candidato en el departamento.

Pero todo ese terreno abonado, que venía de atrás porque aquí ganó el No en el plebiscito de 2016, terminó sin dar frutos con el golpe de las elecciones regionales de octubre, pues las principales apuestas del uribismo perdieron.

La derrota más fue la de Caquetá, porque pasaron de tener las dos alcaldías más importantes (Florencia y San Vicente del Caguán) a perderlas. En la Gobernación quedaron de terceros con James Urrego, quien, como revelamos en La Silla Sur, resultó metido en la suspensión del registrador delegado para las elecciones en Florencia por denuncias de cuadrarle votos a él.

En Huila la derrota también fue estruendosa. Manuel Macías, su candidato a la Gobernación, quedó de terceras con apenas el ocho por ciento de la votación, a pesar de tener el respaldo del único senador uribista del departamento, Ernesto Macías. Tampoco ganó el otro sector del uribismo, encabezado por el representante Álvaro Hernán Prada, porque a pesar de poner todos sus huevos en la canasta del candidato Carlos Ramiro Chávarro, ganó el excongresista liberal Luis Enrique Dussán.

Ni la mamá de Prada, Lucy Artunduaga, candidata a la alcaldía de Gigante y que copió su programa de Gobierno, ganó.

 

 
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El antiuribismo terminó de ganar el espacio que aprovecharon alternativos

Como lo veníamos detallando en nuestro análisis de transformación de poder del año pasado, así como el uribismo venía creciendo con la victoria de Duque, también lo hizo el voto alternativo o antiuribista, especialmente en los sectores urbanos.

Con ese antecedente, los candidatos alternativos, que le hicieron el quite a las tradicionales maquinarias, ganaron en unos casos y en otros, quedaron de segundos, confirmando un cambio de poder en la región que apenas arranca a establecerse.

En Caquetá, por ejemplo, la alcaldía de Florencia la ganó Luis Antonio Ruiz Cicery, conocido como ‘Coco’. Con esa carta de los Verdes, la centro-izquierda logró quedarse por primera vez con ese cargo impulsado por su posicionamiento en tres elecciones seguidas, pero también por el crecimiento del voto de izquierda, más el lastre que cargaba la administración del uribista Andres Mauricio Perdomo.

En Putumayo, aunque no ganó, sorprendió la candidatura a la Gobernación de Andrés Cancimance, que nunca se había hecho contar en las urnas, era la carta de Petro y aún así quedó de segundo con cerca de 30 mil votos, 8 mil menos que el ganador Buanerges Rosero, de la ASI. Cancimance le ganó a pesos pesados que tenían el apoyo de las maquinarias tradicionales como Leandro Romo (Liberal, U y Cambio Radical), John Molina (Conservador) y el cuestionado Jorge Coral, azul, pero avalado por ADA.

Con el estreno del estatuto de oposición, Cancimance aceptó una silla en la asamblea departamental.

 

 
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Gentil Duarte siguió creciendo y amplió sus tentáculos al Pacífico

La disidencia de Gentil Duarte, la más grande de todo el país, siguió creciendo y consolidándose en el sur, en especial en Guaviare, Meta y Caquetá.

Sin embargo, el cambio de este año es que entró a Putumayo, donde, como detallamos a finales del año pasado, Duarte quería entrar, pero no había logrado un pacto con la disidencia del frente 48 de las Farc, que opera sobre todo en Puerto Asís y tiene un pacto con la banda criminal ‘La Constru’.

El pacto nunca se concretó, pero Duarte sí puso un pie en el departamento. Lo hizo, en concreto, desde que en marzo de este año alias ‘Sinaloa’, cabeza del 48, fue asesinado por sus propios hombres y desde entonces, esa disidencia estuvo de capa caída y con divisiones internas. Desde ahí, la disidencia de Duarte comenzó a hacerse sentir en Puerto Asís y el rumor sin confirmar es que hay al menos un pacto de no pisarse mangueras con ‘la Constru’.

A eso se suma que como explicamos en esta historia, Duarte dio los primeros pasos para entrar a Cauca y por medio de su aliado Iván Mordisco llegó hasta Nariño.

 

 
 
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La Farc mostró que no era el ‘Ejército del pueblo’ en su retaguardia

En Caquetá y Putumayo, zonas históricas de Farc, el partido no ganó nada en sus primeras elecciones regionales, que eran su principal apuesta.

Como contamos en La Silla Sur, para el concejo de Florencia, su única apuesta fue Carlos Patiño, un caleño que no hacía parte de los cuadros clandestinos del partido ni era ex guerrillero, pero se quemó; en San Vicente del Caguán, llevaban lista de coalición con Colombia Humana, UP y Polo no quedaron.

Tampoco lograron traducir en votos su presencia en lugares donde muchos de ellos viven en el sur, como lo son los antiguos espacios territoriales de capacitación como San José del Guaviare (Guaviare), Agua Bonita y Miravalle (Caquetá) o La Pradera (Puerto Asís).

Ni siquiera en los municipios del sur donde para las elecciones de Congreso el año pasado sacaron más del diez por ciento del censo electoral, que fueron Valle del Guamuez, en Putumayo y Uribe, en Meta, lograron traducir estos votos en triunfos.

Lograron, eso sí, victorias aisladas y de gente que, a pesar de tener relación con ellos, no se avalaron por el partido de la rosa. Es el caso del médico Edgardo Figueroa, que ganó la alcaldía de Puerto Caicedo, venía de ser ayudante de la guerrilla porque les atendía heridas cuando lo necesitaban, pero se avaló por la ASI.

Todo eso muestra que la apuesta de Farc de que en estas regionales consolidaran un poder de abajo hacia arriba, comenzando por concejos y asambleas, arrancó en ceros en el sur, que es donde más base social tenían, y muestra lo difícil que será para ellos asegurar su personería jurídica de aquí a 2026, que es hasta cuando tienen las curules fijas en el Congreso.

 

 
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Los cuestionados y varias maquinarias salieron castigadas…..

Las palizas más claras las tuvieron los candidatos que arrastraban investigaciones desde antes de arrancar campaña.

Así le pasó al exalcalde de Neiva, Pedro Hernán Suárez, que se lanzó a la Asamblea del Huila por el Partido Liberal, a pesar de que hace un año fue capturado por el escándalo de la fallida remodelación del estadio de fútbol, y de que en plena campaña la Procuraduría le impuso una sanción por irregularidades administrativas.

Tampoco ganaron los concejales detenidos el año pasado porque supuestamente torcieron las elecciones de contralor y personera en 2015. Se quedaron sin repetir los liberales Juan Carlos Ramón y Luis Eduardo Penagos; Deiby Martínez (Cambio Radical) y Dolcey Andrade (Mais). Lo mismo con los que buscaron dar el salto a la Asamblea, que fueron Marco Carrasquilla (Conservador) y Roberto Escobar (la U). También salieron golpeadas, aunque no derrotadas, algunas casas políticas cuestionadas.

Por ejemplo, la casa de los hermanos González Villa perdió su fortín, la gobernación, al apostarle a Carlos Ramiro Chávarro, aunque se mantuvo poderosa con la alcaldía, porque ganaron Gorky Muñoz.

Y el electo alcalde ya les comenzó a mostrar su agradecimiento con puestos, como quedó demostrado con el nombramiento de la abogada Gloria Constanza Vanegas, de la entraña de los hermanos, como gerente de las empresas públicas de Neiva.

En Caquetá también salió derrotada la casa Pacheco, cuyo jefe, el exgobernador liberal Álvaro Pacheco, condenado por paramilitarismo, terminó salpicando de mala suerte a su ficha a la Gobernación, César Torres, quien a pesar de tener toda la maquinaria de la gobernación y el apoyo del representante liberal Harry González, perdió contra el polémico ganadero Arnulfo Gasca.

 

 
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Aunque no todas

Algunos cuestionados ganaron. En Neiva, la victoria del exconcejal liberal Gorky Muñoz, es también una victoria de la cuestionada casa González Villa, como explicamos arriba. Pero además, Muñoz tiene varios cuestionamientos por demandas civiles y laborales que tienen que ver con supuestas irregularidades en un plan de vivienda que él ha promovido y gestionado porque unas personas que se quieren retirar de ese plan dicen que no les están devolviendo lo que invirtieron.

Además en su campaña contó con el apoyo de más de 120 candidatos al Concejo (son 263), entre ellos al menos cinco de los que fueron capturados el año pasado por la Fiscalía por torcer un concurso para elegir contralor y personero.

Pese a que Luis Enrique Dussán, elegido gobernador del Huila, no tiene ninguna investigación encima, sí recibió el apoyo de estructuras cuestionadas, como la del exalcalde de Neiva, Pedro Hernán Suárez, investigado por el escándalo del estadio; y también selló alianzas con los exgobernadores conservadores Jaime Bravo y Juan Cárdenas, ambos con cuestionamientos penales. Eso sin contar la maquinaria liberal, que le endosó el exsenador Rodrigo Villalba, y que se aceitó sobre todo en el Banco Agrario con varios nombramientos para esa casa.

En Caquetá el triunfo del polémico y cuestionado ganadero Arnulfo Gasca, sobre quien pesan señalamientos sin pruebas de narcotráfico, pero quien estuvo preso por eso y salió libre, también muestra que no todos los cuestionados salieron golpeados en las regionales.

Y el electo alcalde ya les comenzó a mostrar su agradecimiento con puestos, como quedó demostrado con el nombramiento de la abogada Gloria Constanza Vanegas, de la entraña de los hermanos, como gerente de las empresas públicas de Neiva.

En Caquetá también salió derrotada la casa Pacheco, cuyo jefe, el exgobernador liberal Álvaro Pacheco, condenado por paramilitarismo, terminó salpicando de mala suerte a su ficha a la Gobernación, César Torres, quien a pesar de tener toda la maquinaria de la gobernación y el apoyo del representante liberal Harry González, perdió contra el polémico ganadero Arnulfo Gasca.

 

 
 
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El Acuerdo de Paz no fue un tema electoral ni sirvió para ganar en su zona clave

Otra transformación grande de poder es que, pese a que en 2016 la promesa de la firma del Acuerdo, era que los liderazgos fruto de lo pactado agarraran vuelo en terreno, eso no pasó. No sólo porque las pocas candidaturas de Farc no despegaron, sino porque tampoco los candidatos que usaron como bandera defender puntos del Acuerdo como los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial, Pdets, o la sustitución de coca, ganaron en las urnas, salvo muy contadas excepciones. Eso muestra que el Acuerdo no sólo no fue un tema de campaña, sino que tampoco fue rentable electoralmente.

 

 
 
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La resistencia ambiental ganó fuerza

Desde el año pasado cuando se creó la ‘Alianza Campesina del Guaviare y Sur del Meta’, que crearon las juntas de acción comunal de Cachicamo, Guaviare, la estrategia ‘Artemisa’, con la que el Gobierno Duque ha buscado hacerle frente a la deforestación, no arrancó bien, en parte por la resistencia de estas comunidades, que viven en una zona clave para la disidencia de Gentil Duarte.

Ese ejemplo local evidencia algo más amplio y es que el sur, luego del proceso de paz, se convirtió en una región foco de grandes multinacionales que vieron en esta zona una oportunidad para expandir sus negocios y por eso, en lo local, las mesas por la defensa del agua en Caquetá o la resistencia a los proyectos minero-energéticos en Putumayo ha ganado una fuerza que se potenció con el paro nacional (que incluye dentro de sus peticiones la de cero fracking).

Eso, sumado a que Duque ha anunciado el regreso del glifosato, ha potenciado el activismo ambiental aún más en esta zona, como pasó en Putumayo donde este año un candidato comenzó a recoger firmas para hacer una consulta popular contra el químico; y también ha hecho que entre esas iniciativas locales haya conversaciones para pensar un movimiento más amplio de la Amazonía, para defender el territorio.

 

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