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Por Jerson Ortiz | Juanita Vélez · 27 de Diciembre de 2018

Las elecciones a Congreso y Presidencia sacudieron el tablero y varias organizaciones sociales y movimientos ganaron protagonismo.

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Este año en los departamentos de Huila, Caquetá, Putumayo y Amazonas el poder se rebarajó. Las elecciones a Congreso y Presidencia sacudieron el tablero y varias organizaciones sociales y movimientos ganaron protagonismo. Estos son los diez cambios más grandes en el poder de la región.

 

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El uribismo fue el que más creció.

El uribismo se recargó en el Sur este año con las elecciones de Congreso y Presidencia. No solo logró que la campaña de Iván Duque fuera la más votada en Huila, Caquetá y Amazonas con un discurso de mano dura y de lucha contra el fantasma del castrochavismo, sino que se fortaleció en el Congreso.

Duque ganó en 52 de los 68 municipios (37 del Huila, 12 de Caquetá, 1 de Putumayo y dos de Amazonas) contando tres capitales: Neiva, Florencia y Leticia. El caso del Huila fue el más destacado porque tocó la barrera de los 300 mil votos, una cifra a la que nunca había llegado ningún candidato.

Eso se debió a que ganó en los 37 municipios con el fervor uribista pero también con el apoyo de movimientos de centro-derecha como el conservatismo y las iglesias cristianas. Ese impulso también se vio en Congreso. El CD pasó de tener uno a tres representantes a la Cámara en Huila (Álvaro Hernán Prada), Caquetá (Edwin Valdez) y Amazonas (Yénica Acosta), quitándole dos curules a partidos tradicionales como el Conservador y el Liberal. Y mantuvo la curul en el Senado con el huilense Ernesto Macías, quien además logró ganar la presidencia del Congreso con las mayorías.

 

 
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Pero el antiuribismo también ganó espacio.

Así como el uribismo creció en Presidencia, también lo hizo el voto alternativo o antiuribista, especialmente en los sectores urbanos.

La ventaja de más de 30 puntos porcentuales que le sacó Iván Duque a Gustavo Petro sumados todos los municipios del Huila, se acortó a 11 puntos cuando solo se revisan los datos de Neiva, la capital de Huila. El recorte en Neiva se explica porque Petro ganó en puestos de votación masivos como los del colegio Inem, Promoción Social y San Miguel Arcángel de la Comuna Uno, en el norte de la ciudad. Allá la balanza quedó 9.671 votos para el de la Colombia Humana contra los 7.700 que sacó el candidato del uribismo. Eso gracias al refuerzo de una base multicolor que se armó después de la primera vuelta con dirigentes y concejales de la Alianza Verde, Polo y hasta La U, que estuvieron con Sergio Fajardo.

Eso también se vio en Putumayo, un departamento que le sigue costando conquistar a la derecha. Allá la participación de la segunda vuelta fue las más alta a Presidencia en las últimas tres elecciones, porque votaron el 51 por ciento de los ciudadanos habilitados (112.577 de 219.520), 4 puntos más que en primera vuelta. Y la mayoría de esos votos (el 70 por ciento) fueron para el candidato que se le enfrentó al uribismo, Gustavo Petro. Allá se organizó una base multicolor que recogió a líderes campesinos, cocaleros, indígenas y representantes de sectores liberales, que se movió pueblo a pueblo conquistando votos para el de la Colombia Humana.

 

 
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La disidencia de Gentil Duarte creció

En el sur del país, la disidencia de Gentil Duarte ha logrado expandirse desde el sur del Meta hasta Caquetá y más recientemente logró acuerdos con la disidencia de las Farc en Arauca para sacar la coca. Esa expansión, sumada a un discurso político en el que se muestran como las “verdaderas Farc” y al hecho de que quieren retomar el trabajo de bases con manuales de convivencia, hacen que Duarte haya logrado consolidar aún más su poder y dominio territorial en la región.

 

 
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El poder que tenía las Farc en armas no lo tienen en las urnas

El naciente partido Farc sufrió un duro golpe este año. En las elecciones a Congreso sacaron 52 mil votos, una cifra muy por debajo del umbral (que es tres por ciento) y con la cual, si no tuvieran las 10 curules fijas que les dio el Acuerdo, no les alcanzaría para poner ni un senador.

Aunque se pensaba que en el sur tendrían una votación alta porque fue por años su retaguardia, sólo en Valle del Guamuez en Putumayo y en Uribe, Meta, sacaron más del diez por ciento de la votación total de cada municipio. Es decir, allí tienen con qué pelear en las elecciones locales del año entrante, que son las que más les importan, para poner mínimo un concejal, dependiendo de las alianzas que hagan o de los rivales políticos que enfrenten.

Uribe es el único municipio en el que la Farc sacó más del 20 por ciento de la votación. Fue el segundo partido más votado después del Liberal, así que ahí tienen con qué competir por la alcaldía el año entrante. Pero más allá de ese caso, su votación demostró ser muy dispersa. En muchos sitios sacaron de a un voto y apenas en 98 de los 1122 municipios que tiene el país sacaron más de 100 votos en cada uno. Por cuenta de esos factores, sumados a la ausencia de Iván Márquez y ‘El Paisa’, líderes del partido en la región, la fuerza electoral que se pensaba que tenían por ahora no se ve.

 

 
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Los González Villa mantuvieron su teflón

La casa González Villa apostó duro en las elecciones de este año y le pegó a dos de tres objetivos y por eso mantuvo su teflón.

Fracasó con la campaña a la Presidencia de Vargas Lleras en la que la exgobernadora Cielo González Villa fue la coordinadora regional. Ella fue la que ayudó a recoger más de 100 firmas para avalar al exvicepresidente, pero esas firmas no se vieron después en votos. Como contamos, en el Huila el candidato Vargas sacó 17 mil votos, casi los mismos votos de un diputado, a pesar que desde la Gobernación que dirige Carlos Julio González Villa había instrucciones para apoyarlo, y que el mismo Vargas había hecho tres visitas al departamento para despertar apoyos contando que como vicepresidente trajo casas y vías a la región.

Para este clan familia las buenas llegaron con las elecciones de Congreso. Lograron poner a funcionar su maquinaria para que la lista de Cambio Radical a la Cámara del Huila fuera la segunda más votada con 59 mil votos (por encima de la Liberal y del Centro Democrático), que le permitieron ganar por primera vez una curul con el abogado Julio César Triana, aliado político de Cielo y Carlos Julio. De paso empujaron para que Rodrigo Lara Restrepo diera el salto al Senado, porque allá el expresidente de la Cámara sacó 22.651 votos, casi la mitad de los que sacó toda la lista, superando así la meta de los 20 mil con los que los González Villa se le habían comprometido.

 

 
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Los Liberales sobrevivieron con maquinarias

Aunque perdieron una de las cuatro curules a la Cámara que tenían en el Sur, los liberales lograron sobrevivir al lastre de la cuestionada consulta liberal y de ser aliado del saliente gobierno de Juan Manuel Santos.

La curul que perdieron está en Amazonas. Allá se quería reelegir Eduar Benjumea pero la credencial no le bastó para ganarle el pulso a Yénica Acosta del Centro Democrático y a Harold Valencia de La U.

En Huila, Flora Perdomo, impulsada por la maquinaria del Banco Agrario, logró mantenerse con más de 22 mil votos. En Caquetá, Harry González, apoyado por la maquinaria de la Gobernación de Álvaro Pacheco, se reeligió con 23 mil votos. En Putumayo el liberalismo mantuvo su curul, pero en manos del abogado Carlos Ardila, pupilo del exministro Guillermo Rivera, que ahora ya no hace parte del liberalismo oficial. Por su parte el senador Rodrigo Villalba volvió a demostrar que entre los rojos siempre será uno de los fijos por su fortaleza en el Sur donde sacó 40 mil de los 62 mil votos.

 

 
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Los cocaleros se quedaron con los crespos hechos

Los cocaleros agrupados en la Coordinadora Nacional de Cultivadores de Coca, Amapola y Marihuana, Coccam, venían empoderados desde el año pasado porque se volvieron los dueños del micrófono para negociar la sustitución con el Gobierno y arrancaron el año con apuestas a Congreso como el candidato Yule Anzueta en Putumayo.

Sin embargo, lo terminaron muy diferente. La sustitución está empantanada por los retrasos en los pagos y porque el Gobierno Duque ya dijo que retomará a la aspersión aérea. Por cuenta de eso, los cocaleros han amenazado con irse paro sumando entre sus razones que Duque ya dijo que no va a firmar más acuerdos de sustitución que los que ya hay. Así que aunque los cocaleros lograron empoderarse y ganar interlocución gracias al Acuerdo, terminan el año sin lograr consolidar sus apuestas electorales y con una incertidumbre frente a su futuro con este gobierno.

 

 
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La resistencia ambiental ganó fuerza

Al ser la región que más ha sufrido los estragos de la deforestación, el sur del país también se convirtió en un foco de resistencia ambiental este año.

En abril la Corte Suprema de Justicia sacó una sentencia en la que le puso un plazo de cuatro meses al Gobierno para presentar un plan de acción para frenar la tala de árboles en la Amazonía. Además, le ordenó a la Presidencia, al ministerio de Ambiente y al de Desarrollo Rural formular en un plazo de cinco meses, con participación de las comunidades en los territorios, de los 25 jóvenes accionantes de la tutela por la cual sacaron la sentencia y de grupos científicos de investigación, firmar un “pacto intergeneracional por la vida del Amazonas” en el que las generaciones presentes se comprometan con las generaciones futuras para reducir la deforestación a cero.

Además de esa tutela que logró que la Corte avanzara más que el Gobierno en proteger esta región, el Concejo de Mocoa, Putumayo, aprobó un acuerdo que prohíbe la minería en ese municipio a pesar de que hace tres meses la Corte Constitucional devolvió el eje de la política minero energética a la Nación al limitar las consultas populares en los municipios.

En 2018 también se creó en el sur del Meta y Guaviare una ‘Alianza Campesina’ contra la deforestación que ya va en Guardia Campesina y que crearon las juntas de acción comunal de la región para hacerle frente a la deforestación y frenar la estrategia de judicialización que lanzó la Fiscalía para los que talen árboles. El argumento de los campesinos que conformaron esta alianza es que la Fiscalía está judicializando a los pequeños campesinos en vez de los grandes colonos que han llegado al territorio y que según ellos, son los responsables de las grandes talas. Todos estos ejemplos muestran que este año el activismo ambiental ganó protagonismo.

 

 
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Los Verdes perdieron impulso

El impulso que traía la Alianza Verde en el Sur con las regionales de 2015 donde había ganado la Gobernación de Putumayo con Sorrel Aroca, la Alcaldía de Neiva con Rodrigo Lara Sánchez, cuatro curules en las Asamblea de Huila y Putumayo, y decenas de concejales, se quedó con las elecciones de Congreso.

Para armar esas listas a Cámara y Senado, el Verde se apoyó en organizaciones sociales como los cocaleros, sectores campesinos y dirigentes cívicos. En Putumayo el candidato a la Cámara, Yule Anzueta, miembro de la Mesa Regional de Organizaciones Sociales del departamento, Meros y de la Coordinadora Nacional de Cultivadores de Coca, Amapola y Marihuana, Coccam, se quemó con 5829 votos. En el Huila la apuesta era el exconcejal Mateo Trujillo, que se había posicionado en la opinión pública por hacerle contrapeso al alcalde Rodrigo Lara Sánchez, y por destapar varios escándalos de corrupción. Pero ese peso no se vio en el tarjetón porque sacó 10.800 y la lista verde no alcanzó el umbral.

Ese fracaso en las legislativas se puede explicar por la falta de estructuras y de candidaturas de más peso, porque en la primera vuelta Sergio Fajardo pudo sacar una votación aceptable y cercana a la de Petro en Huila y Caquetá. En Huila, donde la lista de la Coalición sacó 28 mil votos a Cámara, Fajardo sacó 77 mil votos, apenas 18 mil menos que Petro. En Caquetá el exgobernador de Antioquia llegó a los 21 mil votos frente a los 30 mil de Petro. Caso contrario al de Putumayo donde la Gobernación está en manos de los verdes. Allá Fajardo no alcanzó ni los 10 mil votos, en parte porque la base verde se fue con Petro y porque a la gobernadora Sorrel Aroca no le ha ido bien en su gestión.

 

 
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Los cacaos regionales ganaron poder con Duque

Como se la jugaron por Duque desde la primera vuelta los grandes y medianos empresarios de Huila y Caquetá esperan seguir ganando terreno en los próximos años.

En el caso del Huila ‘el de Uribe’ tuvo el respaldo de la mayor parte de los piscicultores, empezando por dos de los cacaos del sector que son militantes del Centro Democrático, ellos son Eugenio Silva y Manuel Macías. Cacaos de la construcción como Diego Ospina Duque, gerente de las constructoras Pro Huila y Neiva la Nueva, que han desarrollado proyectos de urbanización en el sur de Neiva y son dueños de más del 80 por ciento de los terrenos del sur de la ciudad, también dijeron presente. Lo mismo pasó con los arroceros, que producen el 14 por ciento del arroz del país.

Los hermanos Aníbal y Rafael Vicente Roa, dueños de la organización Roa Florhuila, la compañía más grande del Huila con ventas por más de 1.34 billones de pesos también mandaron fichas allá. Con Duque también se movieron comercializadores de café, dueños de trilladoras, y caficultores especialmente del sur que históricamente le han votado a Uribe. Además, para la segunda vuelta llegaron dirigentes cafeteros como Octavio oliveros y Jesús Sánchez, que en la primera habían estado con Fajardo. 

Muestra de todo ese apoyo empresarial se vio en la reunión en plaza pública que hizo en Neiva en la primera semana de mayo. Ese día la empresa Flota Huila puso buses para mover la gente al evento, y empresas de seguridad como Laos y de gaseosas como Cóndor llevaron a sus empleados a que escucharan el discurso del candidato de la derecha.  En Caquetá empresarios ganaderos reconocidos como el exgobernador Juan Carlos Claros o Luis Alberto Perdomo (papá del alcalde de Florencia Andrés Mauricio Perdomo, del Centro Democrático), no solo movieron votos sino que hicieron parte de los cuadros regionales de la campaña de Duque.

 

 

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