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Por Jineth Prieto · 28 de Octubre de 2019

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Anoche con 110 mil votos, Jairo Tomás Yáñez Rodríguez, un empresario de 64 años que aterrizó en la Alianza Verde luego de buscar fallidamente el aval del Centro Democrático, se convirtió en el alcalde electo de Cúcuta. 

Su triunfo no solo fue sorpresivo hasta dentro de su misma campaña donde calculaban 30 mil votos, sino que se convirtió en una declaración electoral del voto de opinión en las locales y en una derrota estruendosa para los políticos tradicionales del departamento.

Con su llegada al primer cargo de la capital de Norte, el principal derrotado es el condenado exalcalde Ramiro Suárez Corzo, quien durante los últimos cuatro años mandó vía Skype desde La Picota.

El palo electoral

Jairo Yáñez es un outsider de la política en Cúcuta que este año decidió incursionar en la arena electoral como uno de los candidatos del sector empresarial. 

Inicialmente entró en la baraja del uribismo porque se lo sugirió Milla Romero, una de las líderes del uribismo en Norte y su amiga personal, pero se apartó cuando el partido les pidió a los precandidatos que pagaran una encuesta para definir al ungido. 

Eso, no solo por lo que costaba, sino porque al final la sensación en ese momento era que el uribismo no iba a jugar en serio en las elecciones y que estaba fogueando a sus precandidatos para quemarlos. 

En la recta final de la precampaña y cuando se esperaba que quedara por fuera de la carrera, aterrizó en la Alianza Verde vía Jorge Maldonado, un empresario dueño de la cadena de restaurantes Rodizzio y 2x1 Pizza en Cúcuta y Bucaramanga, y que es una de las caras del fajardismo en Norte. 

“Con Maldonado y Francisco Cuadros nos sentamos a discutir qué candidato podría tener el respaldo de nosotros y Maldonado puso sobre la mesa el nombre de Jairo, nos gustó el perfil e hicimos las consultas”, el explicó a La Silla Edward Varón, líder de Compromiso Ciudadano y concejal electo de Cúcuta por los verdes.

Luego de presentar el perfil tanto Fajardo, como los congresistas Juanita Goebertus y Antanas Mockus, le dieron el guiño, y entró en la última semana a Alianza Verde como la cara de ese partido a la Alcaldía.

Su candidatura tuvo un bajo perfil durante la mayoría del tiempo de la campaña y, según nos contaron tres fuentes de adentro que estuvieron detrás de la estrategia, se disparó a 13 días de la elección. 

Los hechos que la apalancaron, según sus propios cálculos, fueron tres. 

Un hackeo a su página a la que le borraron todas las fotos y que terminó generando desde la campaña una publicación masiva de imágenes de los mejores momentos de la correría, y de paso solidaridad en redes sociales.

El rechazo público al apoyo de Alianza Verde a la candidatura del ahora mandatario departamental electo, Silvano Serrano, quien llegó con el impulso del suspendido gobernador William Villamizar.

Y las dos apariciones que tuvo junto al exalcalde de Bucaramanga Rodolfo Hernández, actualmente investigado por un escándalo sobre la fallida adjudicación del contrato de las basuras, y quien se convirtió en una revelación electoral en Santander este domingo.

“Esos hechos ocurrieron muy seguido, se sumaron y le dieron un mayor impacto a la campaña”, le dijo a La Silla Eliza Montoya, estratega de la campaña.

Luego con otro video con Hernández donde salió recomendándolo y pidiendo directamente que derrotaran la injerencia del condenado Ramiro Suárez en Cúcuta; así como el debate organizado por Caracol TV y La Opinión, en donde criticó de frente a quienes veía como sus principales contendores, terminó teniendo más eco.

Sin embargo, dentro de la campaña no se esperaban que el resultado final alcanzara los 110 mil votos. 

 

La sorpresa

La campaña de Yáñez le apuntó a tres tipos de público: el abstencionista, el joven y el de opinión.

Para conquistarlos, su grupo de estrategas integrado por un equipo de jóvenes cucuteños entre los 22  y 26 años, lo posicionaron como ‘el viejito del megáfono’.

Además, lo pusieron a hacer maratones de volanteo, a caminar por varios barrios y a hacer campaña a pie.

Esa idea caló en redes sociales, pero como fue poco mediática -solo se gastó $90 millones en los tres meses-, estuvo fuera del radar de los políticos locales. 

Tanto, que incluso para los mismos integrantes de su equipo, la expectativa estaba puesta en alcanzar una votación importante que no incluía ganar.

“Los cálculos internos hablaban de 30 mil votos. Eso era lo que todos esperaban”, nos dijo una fuente de adentro.

Las cuentas internas eran muy similares a las de las demás campañas.

Según nos dijeron en dos, sí notaron la crecida de Yáñez la última semana, pero no que iba a resultar de esa manera.

La razón de esa lectura estaba en que el voto del bloque antiramirista estaba fraccionado en 11 candidatos, mientras que la maquinaria estaba en su mayoría con Jorge Acevedo, quien era el candidato del condenado exalcalde Suárez. 

Como contó La Silla, ese panorama fue el que motivó varias reuniones entre toda esa baraja de aspirantes para buscar una eventual alianza con miras a asegurar las posibilidades de acabar con el ramirismo en el poder. 

Sin embargo, ninguna cuajó y por eso dentro de las cuentas estaba que Acevedo ganaría sin mayor problema debido a que la votación iba a quedar repartida entre los minoritarios. 

La sorpresa en el conteo fue grande porque en total los 11 candidatos de ese bloque sumaron 220 mil votos y, de esos, la mitad los sacó Yáñez, mientras que Acevedo cerró con 90 mil.

Es decir, además de que los pequeños le sacaron más del doble, el que ganó lo hizo por una votación superior a la que obtuvo César Rojas, el candidato del condenado Ramiro, hace cuatro años.

Varios factores adicionales pesaron para que Yáñez tomara ventaja sobre Acevedo, quien en todo caso solo perdió por 20 mil votos (los mismos por los que en 2015 se quemó). 

El primero tuvo que ver con que las maquinarias cambiaron el modus operandi y, como contamos en nuestra crónica en vivo, decidieron no pagar el día de la elección, que era lo que normalmente hacían.

(Lo hicieron por dos razones: primero porque circularon versiones de que el CTI iba a estar pendiente de la plata que se moviera en campaña y eso puso en alerta a unas estructuras, y segundo porque querían evitar que la plata se la quedaran los líderes y no votaran por ellos).

“Eso no funciona así aquí. Para tener los votos hay que pagar. Trabajar fiado solo lo hacen los contratistas y los funcionarios, no los que estamos en los barrios”, nos contó un líder que ayer movió votos en Atalaya, el sector más popular de Cúcuta. 

Y segundo porque ante la ausencia de la plata corriendo en los puestos de votación como era costumbre, los candidatos a Concejo y Asamblea que sí repartieron dinero lo movieron por su lado y no exigían el voto para Alcaldía.

Así que al final el impulso que Yáñez había logrado por su cuenta; sumado a la falta de aceite de las maquinarias el día electoral le abrieron el camino. 

El efecto

Que Yáñez se haya elegido como Alcalde de Cúcuta tiene tres efectos visibles.

El primero y más contundente es la derrota a las maquinarias, pero principalmente al condenado Ramiro Suárez Corzo. 

No solo porque él era hasta ahora el político más poderoso de Cúcuta, sino porque sin la injerencia en la Alcaldía queda huérfano de fortín. 

Algo que es particularmente duro para él en estos momentos, porque se queda sin una fuerza contundente para apalancar congresista en las legislativas de 2022.

Y aún cuando es probable que elija al menos a tres concejales de su cuerda -Carlos García Alicastro y Nelson Ovalles en la lista de Cambio, y Mario Figueroa en la de Colombia Renaciente-, así como un diputado -José Luis Duarte-, no tendrá juego.

El segundo efecto es el golpe al resto de las maquinarias. 

Como había contado La Silla, además del grupo de Suárez, Acevedo tenía detrás el respaldo del grupo del representante Wilmer Carrillo y el del senador Édgar Díaz, principalmente, y todos terminan sin poder en la capital. 

Incluso la derrota de esas maquinarias impacta de paso a todas las demás, porque lo que normalmente pasaba era que las fuerzas que perdían les daban participación para asegurar gobernabilidad.

Y el tercer efecto tiene que ver con el estrene formal del voto alternativo en Cúcuta.

Como lo había contado La Silla, uno de los hechos que se jugaría ayer estaba en la fuerza del voto fajardista, que había sacado 102 mil votos el año pasado, y en si mostraba que tenía como arraigarse.

Al cierre de las urnas, los resultados superaron las presidenciales por poco más de 8 mil votos y mostraron que el sector alternativo tiene pista en Norte de Santander, donde hasta ahora no existía precedente de la victoria de una campaña completamente alejada de los sectores de poder tradicionales.

Por ejemplo, el condenado Ramiro Suárez tuvo un porcentaje de opinión en la victoria de César Rojas hace cuatro años pero movió plata y estructura para elegirse.

"Lo que vimos fue el voto rechazo a los políticos tradicionales en Cúcuta", nos dijo un político del departamento.

Pero más allá de su triunfo, Yáñez deberá tener dentro de sus cuentas que no la tendrá fácil una vez se posesione.

Además de que recibirá una Alcaldía endeudada y con varios contratos cuestionados andando, entrará con la desventaja de que desconoce lo público, y de que su equipo más cercano tampoco tiene experiencia en ese sector.

También con que es probable que llegue a gobernar con Martín Parra en la Personería y Martha María Reyes en la Contraloría, las dos fichas que quiere dejar la saliente administración en esos cargos.

Así que Yáñez estrena una nueva ola electoral en Cúcuta, pero deberá saber cómo surfearla para evitar que sea flor de un solo día. 

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