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Por Jineth Prieto | Ana León · 29 de Marzo de 2018

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Desde hace tres semanas en el Catatumbo volvió a estallar la guerra. El ELN y el EPL, las dos guerrillas que tras la desmovilización de las Farc se quedaron con el control del narcotráfico en esa subregión de Norte de Santander, están en medio de un enfrentamiento que tiene sitiados a los municipios en los que ejercen dominio.

Ahora el temor es que esa guerra escale y se convierta en una nueva versión del enfrentamiento entre las Farc y el ELN que del 2005 al 2010 aterrorizó Arauca.

El quiebre

La guerra que se desató entre el ELN y el EPL en el Catatumbo estaba cantada desde que las Farc se replegaron para desmovilizarse. 

 

Como se preveía en ese momento, los espacios que ese grupo dejó libres, no fueron copados por el Estado y en su lugar esas dos guerrillas empezaron a avanzar y a expandir su dominio en los 11 municipios que hacen parte de esa subregión de Norte de Santander. 

Los incentivos eran varios, además de entrar a dominar rutas de coca que antes coordinaba la anterior guerrilla, podían aumentar su pie de fuerza, incrementar su base social y torcer el status quo a su favor. 

Por eso, los primeros brotes de diferencias entre el ELN y el EPL, como contó La Silla en su momento, sucedieron en 2016 cuando las Farc empezó a concentrarse.

La tensa calma se mantuvo durante casi todo el año pasado debido a que las dos guerrillas, aún con esos precedentes mantuvieron los acuerdos que históricamente permitieron que llevaran la fiesta en paz, y que fueran conocidos como aliados.

El punto de quiebre de la relación estuvo en el cese al fuego bilateral que el ELN acordó por tres meses y que inició en octubre pasado. 

Dos fuentes, una de Inteligencia del Ejército y otra de la zona que conoce al detalle la movida de las guerrillas, le dijeron a La Silla que fue ahí cuando el EPL empezó a expandirse indiscriminadamente y a pasar por encima de los acuerdos con el ELN. 

“El EPL se corrió hacia la frontera cuando su ubicación principal estaba en el alto Catatumbo”, dijo una de esas fuentes.

La misma fuente del Ejército y dos más del sector humanitario, además nos contaron que para tratar de frenar la disputa comandantes de las dos guerrillas se reunieron pero finalmente no llegaron a acuerdos.

“Hubo unas reuniones antes de finalizar el año y otra después de que comenzó este año, pero nada pasó, no avanzaron y contrario a eso todo escaló”, nos explicó la fuente de esas fuentes. “Eso es algo muy preocupante”.

Los episodios que terminaron de caldear los ánimos fueron dos.

El primero tuvo que ver con el ataque  del ELN a una canoa en la que resultaron heridos dos indígenas Barí, entre esos un cacique.

Sobre lo que detonó ese ataque aún no ha claridad.

Mientras que una versión dice que el ELN abrió fuego a la canoa porque tenía información de que en ella había militantes del EPL, otra de lo que habla es de que el ELN ordenó a los tripulantes de la canoa orillarse y como no lo hicieron les disparó sin percartarse de que había indígenas en ella. 

Tras ese ataque, el EPL emitió un comunicado rechazando lo que había sucedido, y dio a conocer que el ELN le había desarmado a seis guerrilleros. 

El segundo episodio nos lo relató un defensor de derechos humanos que dice saberlo de primera mano porque habló con las comunidades que fueron testigo, pero no nos dio detalles del lugar en el que sucedió para protegerlos.

Según la versión que nos entregó, en respuesta al desarme de sus guerrilleros, el EPL hizo lo mismo con 10 integrantes del ELN, les quitaron los uniformes y los fusiles, y los dejaron en una zona rural.

“Eso desencadenó una reacción fuerte del ELN y es toda la guerra que hemos visto en los últimos 20 días”, explicó.

La guerra

De tres semanas para acá, el ELN emprendió una ofensiva contra el EPL que, según cifras oficiales, solo ha dejado bajas en el lado de la segunda guerrilla (16 muertos y 7 heridos).

El último episodio fue el 14 de marzo en el corregimiento de San Pablo en Teorama, una zona totalmente dominada por esos grupos. 

Según la información que se conoció en ese momento, ese día los líderes de las dos guerrillas se reunieron para buscar un punto de encuentro, pero debido a la falta de acuerdos concluyeron en un enfrentamiento directo. 

Ese día murieron 6 de los guerrilleros del EPL, los 10 restantes han sido ubicados por comisiones del ELN que los han buscado casa a casa.

Como todo está dado para que el problema siga creciendo, el temor más grande en el Catatumbo es que se repitan los alcances de la guerra entre las Farc y el ELN que se vivió en Arauca hace ocho años y que durante cinco (del 2005 al 2010) sitió a los habitantes de ese departamento con una oleada de terror.

Según cifras oficiales, mientras que el ELN tiene 500 hombres armados en el Catatumbo, el EPL tiene un poco más de 400, lo que hace que la escalada del conflicto pueda tener implicaciones muy grandes. 

El temor que despierta el EPL es grande en el Catatumbo porque producto de los repetitivos cambios de mando (luego de la muerte de Megateo en 2015 en combate, ha tenido tres comandantes más y actualmente está bajo la dirección de alias ‘Pepe’ en lo político y alias ‘Pácora’ en lo militar), su doctrina se ha degradado.

Además, el crecimiento exponencial de su pie de fuerza en su mayoría está compuesto por jóvenes de menos de 25 años, cuyo entrenamiento militar y político es mínimo. 

Esas dos características, según cuatro fuentes de la zona, ha provocado que algunos guerrilleros del EPL hayan generado conflictos dentro de las mismas comunidades

“El Catatumbo se caracteriza por ausencia de Estado, por eso las comunidades hacen asambleas populares y tienen códigos sociales que entre ellos acogen y respetan y las guerrillas también deben hacerlo”, nos dijo uno de ellos. “Al parecer el EPL no ha respetado eso del todo y ha llegado a amenazar gente porque sí”.

Adicional a esas amenazas que afectan a población civil, también está el hecho de que el EPL está intentando copar espacios políticamente y tratando de ampliar su base su social convocando líderes y citando a reuniones. 

Como el ELN está intentando contener esa avanzada, los que asistan, así sea por obligación, pueden volverse objetivos militares, tal y como sucedió en Arauca cuando esa guerrilla se enfrentó con las Farc.

“Entre el Catatumbo la sensación que nos ha dejado el enfrentamiento es que la pelea es más por las bases que por las rutas de la coca y la economía”, explicó a La Silla un personero de la región.

El tercer ingrediente de la disputa es la disidencia del frente 33 de las Farc, que es el que operaba en el Catatumbo. 

Aún no es oficial su conformación y no ha sido formalmente reconocida por el Ejército porque no se ha atribuido un acto ni se ha presentado como disidencia, pero como contó La Silla hace un mes y como nos lo corrobaron en esta ocasión dos fuentes más, dentro del Catatumbo se da como un hecho la rearmada de una parte de la desmovilizada guerrilla.

Una de las fuentes con las que hablamos en esta ocasión nos contó que presenció un retén en el sector de Versalles en Tibú esta semana.

“Nosotros vimos como 25. Estaba la Farc armada y todo”, relató.

Esa disidencia también se pronunció por el enfrentamiento entre el ELN y el EPL y los llamó al diálogo; sin embargo, no es tan claro el papel que quiere jugar debido a que en estos momentos se está reorganizando y por lo menos por ahora no es un actor con peso.

#SOSCatatumbo

El martes pasado el país vio cómo las comunidades del Catatumbo, lideradas por la iglesia católica y algunas Ongs, literalmente pidieron ayuda. 

Una caravana de motos desfiló desde Tibú hasta El Tarra rechazando los enfrentamientos entre las dos guerrillas, en compañía de autoridades locales y el defensor nacional del Pueblo, Carlos Negret. 

Ese día cientos de personas se reunieron para escribir con sus cuerpos #SOSCatatumbo y centrar la atención de las autoridades sobre lo que está sucediendo en la región.

“Fue representar el miedo puramente”, nos dijo un líder de víctimas de la región. 

Según el mismo líder de víctimas y un personero de la zona, lo más complejo de los enfrentamientos han sido las amenazas que ambos grupos están haciendo tanto a sus bases sociales como a los civiles que creen que son afines a su opuesto.

Por ejemplo, en La Gabarra, un corregimiento de Tibú en donde no se han registrado enfrentamientos, dos líderes nos dijeron que algunas personas se han ido por unos días para evitar que los lleguen a buscar.

“Aquí usted le toca convivir con ellos y en algún momento en algún lugar todos han tenido contacto con los unos o los otros. Eso puede ser suficiente”, nos dijo uno de ellos. 

Más allá de la tensión que vive el Catatumbo en general, la suma de afectados ya va en 20.300, según la ONU, debido a que las guerrillas están restringiendo el tránsito en la región y paralizando el comercio.

Ya hay denuncias de desabastecimiento en varios municipios, y hasta las jornadas educativas de al menos once mil estudiantes están afectadas en El Tarra, Teorama, Convención, El Carmen, Tibú, San Calixto y Hacarí.

Solo en los dos últimos, se han registrado 2.400 desplazados y en Hacarí 600 familias se desplazaron al sector de Mesitas para conformar una suerte de refugio humanitario porque en las zonas rurales los campesinos no se sienten seguros. 

Además, están los heridos que han dejado en medio de los enfrentamientos, como dos civiles que fueron víctimas de balas perdidas en San Pablo, Teorama, cuando las guerrillas se enfrentaron tras la reunión fallida.

Así que por ahora el posconflicto en el Catatumbo sigue en el papel. En su lugar el temor crece por el que podría ser el inicio de una nueva ola de terror en la región.

CONTEXTO

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