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Por Jineth Prieto · 08 de Septiembre de 2019

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La granada que explotó en la casa de Betsaida Montejo, candidata a la Alcaldía de San Calixto que se avaló por un movimiento con el que recogió firmas,  fue el segundo campanazo de la alerta de los riesgos de la campaña en el Catatumbo.

El primero fue hace dos semanas, cuando disidencias del Frente 33 de las Farc en zona rural de Convención, bajaron del carro a Emiro Ropero, hasta hace dos años conocido como Rubén Zamora en la desmovilizada guerrilla y hoy candidato a la Asamblea de la UP - Colombia Humana, se lo quemaron y desarmaron a su esquema de protección. 

Aunque esos dos han sido los episodios más sonados, no son los únicos. 

En los 9 municipios que conforman la jurisdicción de esa subregión de Norte de Santander en la que comparten territorio el ELN, el EPL y las disidencias del 33, hay tensión por lo que pueda suceder en cualquier momento.

No solo porque hay reportes de amedrentamientos, sino porque las disidencias sí se están moviendo para sabotear el debut electoral del partido de la desmovilizada guerrilla.

Todo cuando un exmando medio de las Farc en el Catatumbo, apareció junto a Iván Márquez en el video en el que anunció su rearme  junto a un puñado de excabecillas; y cuando hay rumores de que el ELN y el EPL pueden agudizar la guerra que se tienen cazada en la previa del llamado a las urnas.

La empoderada de las disidencias

Pocos meses después de que el Frente 33 de las Farc se concentró en Caño Indio, una vereda de Tibú, en el Catatumbo, en esa región empezó a correr la versión de que se estaban armando disidencias.

 

Fue justo cuando la guerra que se declararon el ELN y el EPL por el control de las rutas del narcotráfico y contrabando en la región, estaba en su punto más álgido.

Por eso, el proyecto de los exfarc que decidieron no acogerse al Acuerdo de La Habana tuvo el caldo de cultivo perfecto para crecer. 

Como contó La Silla, la primera vez que se presentó en público esa disidencia fue en julio del año pasado cuando en un comunicado anunció su regreso y le pidió a las otras dos guerrillas que respetaran su regreso.

Desde entonces se ha sabido que cerró acuerdos con el ELN, grupo que le permitió recuperar zonas donde tenían control las antiguas Farc, que empezó a reclutar y a expandirse.

El proyecto ha sido aislado de las demás disidencias que se conformaron en las antiguas retaguardias de esa guerrilla.

Aunque alias Gentil Duarte, el comandante de la disidencia del Frente 7, intentó sumar ese brote a su intento de refundar las Farc y envió a John 40, una de sus manos derechas al Catatumbo, al final no lo logró.

Eso, principalmente porque las disidencias de esa zona ya tenían cerrados tratos con el cartel del Sinaloa, y Duarte quería que hicieran negocios con carteles brasileños, que son los que compran buena parte de la coca que se produce en el sur del país. 

Aún no es claro cuántos hombres están detrás de la disidencia del 33, y extraoficialmente se calcula que son al menos 200 que están repartidos principalmente entre Convención, el Tarra, Hacarí, Teorama y Tibú. 

Sin embargo, en el resto de municipios que integran el Catatumbo hay reportes de que han aparecido.

“Su crecimiento ha sido silencioso pero constante. El Estado dejó el espacio para una consolidación de ese tipo y ahora hay un actor cada vez más fuerte en el Catatumbo”, dijo a La Silla una fuente defensora de los derechos humanos en el Catatumbo.

Sobre su mando ha habido varias versiones.

Inicialmente inteligencia militar identificó a las disidencias de esa región como varios grupos que no operaban en conjunto y que tenían líneas de mando diferentes en cada zona del Catatumbo porque se trataba de estructuras interesadas en recuperar rutas del narcotráfico con intereses particulares.

Pero más adelante le atribuyeron la cabeza de mando a Jhon Catatumbo, quien fuera el jefe de las milicias de las Farc en la región, y de quien hasta ese entonces no se tenían muchos detalles.

Y aunque su accionar político hasta ahora ha sido reducido (en elecciones se ha limitado a comunicados contra corrupción electoral) y por eso había tomado fuerza la versión de que estaban aislados y de que su interés era netamente el narcotráfico, La Silla confirmó con cinco fuentes en terreno, dos de las cuales son de adentro de Farc, que sí se están moviendo y que lo están haciendo de cara a la campaña de octubre.

La campaña del 33

De la movida política de las disidencias en el Catatumbo todas las fuentes con las que hablamos coincidieron en dos cosas.

La primera que están enfocados en el debut político del partido Farc y de sus excombatientes, y la segunda que su objetivo está más en las bases que en los candidatos.

Hasta ahora, Emiro Ropero, antes conocido con el alias de Rubén Zamora, y quien está en la lista de Colombia Humana -UP a la Asamblea, es el único que ha reportado una acción directa contra él.

Eso, La Silla lo corroboró no solo con fuentes del partido, sino con cinco candidatos que están avalados directamente por Farc allí, quienes en todos los casos nos dijeron que hasta esta semana habían podido hacer campaña con normalidad.

Sin embargo, la historia cambia cuando se habla de las bases.

Dentro de los estatutos de Farc quedó contemplado que las células, que eran la forma de organización más básica de la antigua guerrilla, pasarían a llamarse comunas.

En la práctica esas estructuras son un eslabón clave para el partido porque les permite ampliar su base política y garantizar participación en todo el territorio, además, son las que concentran la mayoría de excombatientes que pasaron a hacer trabajo político.

También son poco visibles dentro de la estructura porque su papel no es figurar, y son las que se han convertido en los principales blancos de las disidencias.

“Hay temores y muchos rumores. Los rearmados han desmontado comunas. Dicen que la gente no puede estar en el partido”, nos dijo un dirigente político de Farc. 

Eso, según nos dijo esa fuente y otra de adentro del partido, influyó en que la Farc solo terminara presentando en esa región solo listas al Concejo en San Calixto, en el Tarra, en el Carmen. Las dos últimas solo con un candidato.

Los amedrentamientos también pasan por exfarc que ya se formalizaron.

“Ellos sí los están viendo como traidores y como el enemigo. Les quitan la entrada a la región y obviamente eso les ha dificultado enormemente el proceso de reincorporación”, dijo a La Silla una autoridad local que pidió la reserva de su nombre por seguridad.

E incluso tienen que ver con el temor que han levantado las muertes de excombatientes en el Catatumbo (ayer se registraron tres y aún no están claros los móviles). 

Todos esos hechos ya están denunciados formalmente y los conoce la comisión de verificación de la ONU, por lo que en el Catatumbo no hay dudas de que las disidencias tienen desestabilizada una parte de la campaña.

Y aunque aún las disidencias del 33 siguen siendo vistas como un grupo del Catatumbo sin relación con las demás disidencias que se han creado en el país, desde la semana pasada hay razones para pensar que eso podría cambiar.

El eslabón del Catatumbo que apareció con Iván Márquez

Cuando Iván Márquez anunció su rearme junto a un puñado de excabecillas de las Farc, apareció un exmando medio del Frente 33.

Su nombre de pila es Enrique Muñoz, pero en la vida armada fue conocido como el  ‘comandante Villa’ y fue conocido como el comandante de la columna móvil Antonia Santos.

En el primer video apareció de pie detrás de Santrich, y en el segundo sentado en la esquina derecha de la mesa desde la que habla Márquez.

De él es poco lo que se sabe, pero su nombre sonó como el de un potencial disidente hace un año. 

La Opinión contó que inteligencia militar lo vinculó a las disidencias cuando se habló de que ‘Jhon’ era la cabeza de ese grupo en el Catatumbo. 

Según se dijo en ese entonces era una de las cabezas de los rearmados, pero el mismo Villa salió a desmentir esa información a través de un comunicado en el que aseguró que estaba viviendo como campesino en El Tarra, municipio que es conocido como el corazón del Catatumbo. 

Que estuvo allí es cierto. De hecho La Silla confirmó con personas que trabajaron junto a él el año pasado, que hizo parte de comités políticos que apalancaron la estructura política de la candidatura de Gustavo Petro en el Catatumbo.
 
Sobre el momento en el que definitivamente se desligó del proceso de paz, ninguna de las fuentes de adentro de Farc con las que hablamos dijo tenerlo claro. 

En todo caso, la noticia de su cara junto a la de Márquez, Santrich, Romaña, el zarco Aldinever y Walter no tomó por sorpresa a muchos.

No por que lo hubieran vinculado desde hace rato a las disidencias, sino porque desde que se concentró había sido crítico del proceso y de la implementación del Acuerdo, algo que incluso dejó ver en la carta en la que hace un año negó estar vinculado a las disidencias.

“Criticar, decir lo que se piensa y exigir el cumplimiento de lo acordado no acarrea delito alguno ni debe incomodar a alguien que practique la democracia”, dijo en ese entonces

Su aparición es clave porque aunque aún no se sabe si Villa y Jhon están trabajando juntos o si el segundo considere unir el grupo que comanda a la disidencia de Márquez, con él allá todo está dado para que el Catatumbo también esté en la mira del proceso de expansión del exjefe negociador de las Farc en La Habana.

Así que habrá que ver si el factor Villa cambia la dinámica de la disidencia del 33 en la campaña, y más cuando además de ese grupo, el ELN y el EPL tienen encendida una alerta diferente en la región. 

Y encima, la reconfiguración del poder

Como tras el Acuerdo de La Habana el Estado no llegó al Catatumbo y lo que hubo en la práctica fue una reconfiguración del poder ilegal, esa nueva dinámica se convirtió en un nuevo factor de riesgo local.

Mientras que el ELN pasó a ser la guerrilla más poderosa de la zona; el EPL, en medio de la guerra que cazó con el primer grupo por el control de rutas del narcotráfico y el contrabando, está replegado en unos sectores pero buscando maneras de expandirse. 

Eso implica que más allá del crecimiento de las disidencias, en estos momentos hay disputas en todo el Catatumbo y que no es claro el dominio territorial de todos los actores, algo que es particularmente peligroso porque la relativa tranquilidad en la zona estaba la daba en la coordinación de los grupos.

Por ejemplo, hace cuatro años el ELN, EPL y las extintas Farc llegaron a acuerdos sobre candidatos en cada municipio, delimitaron territorios y en algunos casos hicieron alianzas.

“La coordinación siempre fue muy importante. Eso no solo pasaba por el control territorial, sino por apoyos electorales a través de las bases”, dijo a La Silla una fuente del sector de los derechos humanos que hace trabajo de campo en el Catatumbo y que pidió reserva de su nombre por seguridad. 

Una fuente oficial que pidió la reserva de su nombre porque no estaba autorizada a hablar con medios, le contó a La Silla que buena parte de la tensión electoral en el Catatumbo está concentrada en la posibilidad de que el enfrentamiento entre guerrillas escale en cualquier momento.

“Lo que sabemos es que el EPL le está diciendo al ELN que deben acordar reglas y cerrar acuerdos para estas elecciones. Sabemos también que eso no se ha concretado aún, y que si no pasa, en cualquier momento pueden iniciar las acciones contra un aspirante que sea de su línea opuesta”, explicó esa fuente. 

La primera alerta directa fue la del atentado contra Betsaida Montejo en San Calixto, donde apareció una sigla del EPL.

Aunque aún no es claro si ese grupo fue el autor, esa guerrilla salió a negarlo en un comunicado, y de hecho La Silla supo que dentro de las hipótesis que se evalúan está la posibilidad de que haya sido un acto promovido por alguna de las otras campañas, por ahora es muestra de lo frágil que es la tranquilidad de la campaña en la región.

Y más, cuando en Hacarí, uno de los municipios claves para los armados debido a su ubicación, ya se están reportando acciones del ELN con miras a las elecciones y existen denuncias sobre presión de ese grupo a funcionarios y contratistas para intervenir en la campaña.

Ese municipio, el personero Jhon Galvis, lleva varios meses denunciando amenazas en su contra, y según le contó a La Silla, aún no ha recibido respuesta de la Unidad Nacional de Protección.

Además, la Defensoría del Pueblo ya reportó que toda esa subregión de Norte de Santander está en ‘riesgo extremo’ (el más alto), y encendió alarmas por lo que pueda suceder.  

Así que con las disidencias enfocadas en el debut de la Farc ycon el ELN y EPL en medio de la tensión de su propia guerra, el Catatumbo va a las urnas por primera vez luego del Acuerdo de La Habana. 

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