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Por Jineth Prieto · 09 de Octubre de 2019

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Hace cuatro años estalló el fenómeno migratorio en Colombia, y desde entonces el país ha recibido a 1,4 millones de venezolanos que salieron de ese país huyendo del régimen de Nicolás Maduro y de las desastrosas consecuencias económicas de sus políticas.

Aunque el fenómeno le pega directamente a las regiones, el tema está borrado de la campaña local.

Pero eso no obedece a que en las campañas no lo vean como un problema que los candidatos que ganen deberán afrontar, sino a que es más estratégico ignorarlo que darle visibilidad.

Estos son los cuatro factores que tienen por fuera del debate a uno de los fenómenos que más podría impactar al país si Venezuela se termina de desestabilizar:

 

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Es más riesgoso electoralmente hablar de migrantes que ignorarlos 

Abordar la migración juega más en contra a los candidatos que a favor, porque poner el tema en la agenda de la campaña les obliga a tomar posición y ni rechazar ni apadrinar a la población venezolana es popular.

Por un lado, porque aunque en las regiones receptoras hay molestia debido a que la presencia de migrantes les ha puesto más competencia en el mercado laboral y para acceder a servicios de salud y educación, hablar en contra de los migrantes está censurado. 

Por ejemplo, cuando Ángela Hernández, candidata a la Gobernación de Santander, puso una valla en Bucaramanga con el mensaje “Migración sí, pero no así”, medios nacionales posaron la atención sobre ella, y en redes sociales la acusaron de xenófoba.

La ONU, además, le pidió al país que frenara los discursos que incentivaran de alguna manera el rechazo contra los migrantes; y la Procuraduría lanzó una advertencia y anunció investigaciones para candidatos que utilizaran la bandera de la migración como plataforma electoral.

Y aunque lograr un efecto nacionalista como el que promovió Donald Trump en Estados Unidos sería otro camino si un candidato quisiera usar ese discurso, no es tan claro que funcione en Colombia.

Principalmente porque la derecha, que es el ala que ha sido menos tolerante a la recepción de migrantes en el mundo, en el país está en contra del gobierno de Nicolás Maduro y el éxodo en ese país refuerza la idea de que ese mandato va en contravía de la estabilidad de Venezuela y le da gasolina al respaldo de Juan Guaidó como presidente interino.

Por otro lado, porque hablar a favor de la atención a los migrantes quita votos.

“Si usted llega a una zona vulnerable, con los votantes esperando soluciones de empleo, salud y educación, lo menos que puede decir es que dentro de sus prioridades estará atender a otra población”, nos dijo un candidato a la Gobernación de un departamento de frontera. 

Esa sensación la refuerza el hecho de que la imagen desfavorable de los venezolanos que han llegado para quedarse va en aumento, y según la última medición de Gallup, de agosto, bordeaba el 68 por ciento.

Además, esa misma encuesta mostró que el 50 por ciento de los que respondieron las preguntas no estuvo de acuerdo con que el Gobierno acogiera a la población migrante. 

Y si bien esa cifra bajó con respecto a la de junio (alcanzó los 55 puntos), es la segunda más alta desde que se ha hecho la medición; y en todo caso muestra que las posiciones están divididas en dos.

“Meterse en esa discusión es algo que un candidato no puede comprar en campaña”, dijo a La Silla un estratega que asesora campañas en regiones fronterizas.  

Así que la fórmula, que en todos lo casos nos dieron es que era mejor no meter la atención a los migrantes en el debate.

 
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Las narrativas de las campañas son locales

En todas las regiones del país hay uno o varios temas de campaña fuertes y que no está relacionada con la migración, ni siquiera en las zonas más receptoras de la nueva población.

En orden, según el último reporte de Migración Colombia, los venezolanos que llegan a vivir al país se están asentando principalmente en Bogotá, Norte de Santander, La Guajira, Atlántico y Antioquia.

Pero proporcionalmente en los lugares que están generando más impacto no son esos necesariamente ni en ese orden.

Cuando se mira la proporción de la población que representan, Arauca ocupa el primer lugar porque su censo creció en un 27 por ciento, sigue La Guajira con el 19 por ciento, y cierra Norte con un crecimiento del 15 por ciento de habitantes en su territorio. 

En todas esas regiones sumadas viven alrededor de 940 mil de los 1,4 millones de migrantes, pero en todas la discusión de la campaña electoral está centralizada en dinámicas locales que no tienen que ver con ese fenómeno..

Mientras que en Norte de Santander, Antioquia y Arauca la demostración es de maquinarias, en el Atlántico la discusión es por cuánto de ventaja va a ganar la casa Char, y en Bogotá es la pelea entre el petrismo, el peñalosismo y las tercerías, y en La Guajira el debate está centrado en la pelea de los clanes de poder tradicionales del departamento. 

“Eso hace que la migración no sea importante. Los candidatos no están peleando por quién dice más acerca de qué hacer con ellos”, nos explicó un estratega que está detrás de varias campañas en el país.

 
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En lo local ven la migración como un chicharrón que debe resolver Duque

El silencio también obedece a que los gobiernos locales no tienen mucho margen de maniobra para lidiar con la migración, o así lo sienten las campañas. 

Como contó La Silla, el Conpes para atender este fenómeno que presentó el Presidente Iván Duque hace un año se quedó en pañales para atender la crisis porque, aunque anunció casi medio billón de pesos para atender esa población, esa plata no era nueva ni cauterizaba la principal vena rota: la atención en salud.

Solo en Norte de Santander se estima que la deuda al sistema por la atención a migrantes asciende a $45 mil millones, y en el resto del país el estimativo alcanza $250 mil millones. 

Esa plata la tiene que girar la Nación a través del Ministerio de Salud y para cubrir ese hueco que cada vez es más grande incluso está pidiendo cooperación internacional, porque los municipios y departamentos no tienen cómo asumirla.

Además, la ruta de atención que trazó Duque está centralizada en Ministerios y despachos nacionales, y, como lo ha contado La Silla, las administraciones locales no están interesadas en asumir el tema como propio porque sería otra carga para sus finanzas.

Así que más allá de la mejora en las rutas de atención o de la habilitación de centros de atención no pueden hacer nada estructural desde lo local y tampoco está dentro de sus prioridades.

Encima, si pudieran hacerlo, en campaña no sería políticamente rentable decir que plata que se podría ir a atender a la población vulnerable local, sería destinada a la población extranjera, que, entre otras, no pone votos.

Algo que, como contamos en el primer punto, es cada vez más impopular según las mediciones de lleva haciendo Gallup sobre esa posibilidad desde febrero del año pasado.

 
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El fenómeno no ha llegado a un punto incontrolable

Si bien la llegada de migrantes ha ido en aumento, la capacidad del país no se ha desbordado y esa es otra razón por la que ese tema no es prioritario en la campaña.

El último reporte de Migración Colombia señala que en total hay 1,4 millones de venezolanos en el país, y que de ese total 665 mil son irregulares, cifra que ha crecido quince veces en el país, con respecto al primer trimestre de 2018.

Aunque ese incremento es exponencial y muestra que el fenómeno es cada vez más complejo, dado que no ha habido un episodio reciente que genere una migración masiva o algo similar que centre la atención por esta población, tampoco se ha colado en el discurso de la campaña.

Siete fuentes, tres de las cuales están relacionadas de alguna manera con la puja electoral en departamentos de frontera, nos explicaron que la sensación es que la migración es un problema que hay que atender, pero que está estabilizado.

“Se convierte en parte del paisaje y cuando es así es un tema que se cruza transversalmente con la atención social en general. No es necesario hacer un capítulo entero o crear un discurso”, nos dijo una de esas fuentes.

 
 

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