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Por Jineth Prieto · 28 de Marzo de 2019

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Dos licitaciones por poco más de $9 mil millones volvieron a poner los reflectores sobre el Hospital Universitario de Santander, el complejo de salud público más importante del oriente del país. 

Aunque la pelea es de vieja data y está relacionada con el uso de los sindicatos de papel para vincular el personal, en esta ocasión escaló porque tocó un sector que hasta ahora se había mantenido al margen de esa puja: el de los especialistas y subespecialistas.

En estos momentos están andando al menos 15 tutelas y una acción popular promovidas por los mismos médicos que piden que se paren los procesos de contratación y vuelvan a ser convocados con nuevas condiciones.

De esas, ayer una ya fue declarada improcedente en primera instancia, pero otra, que está en manos de un juzgado en San Gil, decretó medidas cautelares y suspendió temporalmente los procesos de selección.

En la mitad está el riesgo de que los pacientes se queden sin atención debido a que entre este viernes y el lunes finalizan los contratos que están vigentes, y en el marco de la pelea el operador actual se negó a adicionar la prestación de los servicios mientras se define el nombre de su reemplazo.

Los contratos

El pasado 7 de marzo el HUS abrió dos licitaciones para asegurar la vinculación de los médicos especialistas y subespecialistas que prestarán servicios durante todo el año en el hospital.

 

Aunque esos procesos estuvieron monopolizados los últimos siete años por la Corporación de Médicos Especialistas, Cormedes, una asociación que agremia alrededor de 130 profesionales de la salud en Santander, solían pasar debajo del radar porque por estar enfocados en personal con un nivel de preparación muy específico no eran fáciles de suplir.

Sin embargo, este año se convirtieron en protagonistas debido a que el gerente del HUS, Julián Niño, decidió cambiar las condiciones bajo las que invertía los poco más de $9 mil millones anuales que cuesta tenerlos prestando servicios.

Básicamente, los cambios de fondo en los nuevos procesos fueron dos.

El primero tuvo que ver con que el hospital restringió la participación a solo sindicatos, algo que de entrada cerró las posibilidades de que el operador actual compitiera.

Además, la decisión es muy controvertido en sí misma porque, como ha contado La Silla, implementa una figura que no tiene que ver con la tradición sindical y funciona en la práctica como una oficina de recursos humanos que, además de intermediar el pago del personal, cobra por hacerlo pese a que no tiene ánimo de lucro (en estos contratos está garantizado el 7 por ciento del valor total).

Según le explicó Niño a La Silla, esa determinación obedeció a que el hospital consideró que esa era la opción que más le servía para “garantizar los derechos laborales de los médicos” porque el actual operador “no estaba pagando los aportes de seguridad social sobre el valor real de lo que se le pagaba a cada especialista” y eso “no puede pasar con los contratos sindicales”

Sin embargo, lo llamativo de esa explicación es que desde que él llegó sabía que eso podía estar sucediendo por una auditoría de la Contraloría que lo había advertido en 2017, y lo había ignorado hasta el punto de que en 2018 suscribió al menos una docena contratos con Cormedes.

El segundo gran cambio tuvo que ver con que el HUS tomó la determinación de no pedirles a los potenciales oferentes que presentaran los títulos de los especialistas con los que trabajarían en caso de ganarse el contrato, ni las cartas de intención que certifican que ellos sí estarían dispuestos a ejecutarlos.
 
Ese cambio fue el resultado de una observación de última hora que hizo un veedor diciendo que de esa manera podían limitar la pluralidad de oferentes, algo que no es tan claro porque si un sindicato oferta es porque tiene el personal disponible. 

En contrapartida, ese requerimiento en este tipo de contratos es clave porque lo que ha pasado históricamente es que el personal es obligado a afiliarse al sindicato a cambio de que le mantengan el contrato.

Pasó en 2012 y 2013 cuando incursionaron los sindicatos de FET, empresa que es de la familia Alvernia (nuevamente lanzó de candidato a la alcaldía de Bucaramanga a Jhan Carlos Alvernia) y tiene a Gestión Integral, DarSalud y Aspmédica (manejan el personal administrativo, misional y de medicina interna), pasó en 2017 cuando al Psiquiátrico San Camilo entró Integrasalud, y pasó el año pasado cuando ese mismo sindicato entró a operar el personal de Radiología en el Universitario sin tenerlo. 

Ambos están pujando por quedarse con la ejecución de esos recursos. Mientras que FET, a través de AspMedica, ofertó en los dos, Integrasalud se presentó para el de medicina subespecializada, que asciende a los $2.962 mil millones. 

“Lo que va a pasar es que una vez le entreguen el contrato al sindicato va a tener que buscar nuestro personal para obligarlo a afiliarse”, dijo a La Silla Julio Cesar Gómez, representante legal de Cormedes.

El problema en este caso es que la pelea ha escalado tanto que por tiempos el HUS corre el riesgo de quedarse sin especialistas los próximos días.

El pulso y el riesgo

Tal y como el HUS había planteado el cronograma de los dos contratos, ambos tendrían que haber entrado en ejecución el 1 de abril. 

Eso le daba el tiempo exacto al hospital para enlazar al nuevo operador con la salida de Cormedes, que prestaba servicios hasta el 31 de marzo.

Sin embargo, debido que una vez se conocieron las condiciones del proceso desde esa corporación empezaron a hacerle contrapeso, los tiempos se corrieron y pusieron en riesgo la prestación de servicio. 

La principal razón, es que paralelo a la pelea interna con el hospital durante la licitación, varios de los asociados de Cormedes y su representante legal implementaron una estrategia jurídica que hoy ya suma dos suspensiones al proceso de contratación.

Además de que interpusieron una acción popular, arrancaron una tutelatón -ya han sido interpuestas 15 acciones- en la que argumentaron que debido a que el hospital cerró los contratos para que solo los sindicatos se presentaran, les estaban vulnerando sus derechos al trabajo, a la libre asociación sindical, al mínimo vital y a la igualdad. 

De esas, siete ya han sido notificadas formalmente al HUS, y hay dos que se están moviendo y cuyos primeros resultados se conocieron ayer. 

La primera fue de un juzgado de Bucaramanga que en primera instancia declaró improcedente una de las tutelas por considerar que ese no era el mecanismo para pedir que se revisara una licitación, porque ya había pasado la etapa de presentación de ofertas, y porque no se probó la vulneración de todos los derechos.

La segunda es de un juzgado en San Gil, que decretó una suspensión de la licitación mientras emite el fallo de primera instancia. 

Como ambas decisiones pueden ser apeladas, y aún están en trámite otras tantas, los tiempos seguirán corriendo. 

Sin embargo, el tema de fondo es que el hospital no tiene mucho tiempo porque los contratos actuales se acaban entre mañana y el lunes de la otra semana y aunque le ofrecieron a Cormedes adicionarlos por poco más de un mes para tener colchón, la corporación se negó. 

Que lo haya hecho puso entre la espada y la pared la prestación de esos servicios porque aunque, según le dijeron en el hospital a La Silla, sacaron invitaciones exprés que deben firmarse mañana (anestesiología) y el lunes (el resto de especialidades), no es claro quién pueda operar.

La razón está en que los especialistas están casados con Cormedes e internamente la petición es que nadie ceda a prestar los servicios a través de otro operador, así que si nadie lo hace, hay un riesgo alto de que el HUS se quede sin el personal que necesita para prestar esos servicios.

Mientras ese riesgo se acrecenta cada vez más con el paso de las horas, lo que queda claro es que -si nada cambia- entre AspMedica e Integrasalud, dos sindicatos con varios cuestionamientos a cuestas, quedará la otra parte de la torta del millonario negocio de la vinculación del personal en el HUS.
 

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