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Por Jineth Prieto · 19 de Febrero de 2019

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Justo cuando se está calentando la campaña para las locales de octubre, el Partido Conservador en Santander se volvió a fracturar. 

La conformación del directorio departamental está en medio de un pulso que tiene enfrentadas las fuerzas del exsenador condenado por la yidispolítica, Iván Díaz Mateus, y la del alcalde de Floridablanca, Héctor Mantilla. 

Si bien la disputa es de vieja data, en esta ocasión es particularmente clave porque lo que resulte mostrará el nombre del nuevo poderoso del conservatismo en la región.

Eso, cuando la casa del excongresista está disminuída y golpeada tras haber perdido la curul que tenía en la Cámara, y la del Alcalde está empoderada y tiene de su lado a la Vicepresidenta Marta Lucía Ramírez.

El enano que se creció

La conformación del directorio departamental suele ser una de las papas calientes de los conservadores en Santander.

 

Aunque la dinámica siempre es la misma y está ligada al dominio de la casa política del condenado exsenador Iván Díaz Mateus en ese partido, y la consecuente molestia de las vertientes más pequeñas porque se sienten desconocidas por él, en esta ocasión la puja arrancó con un ingrediente particular.

Está relacionado con la entrada del grupo del alcalde de Floridablanca, Héctor Mantilla, quien en 2015 pasó de ser uno de los jóvenes del partido con intenciones de buscar figuración escalando, a convertirse en una de las figuras políticas con más fuerza dentro de la derecha regional.

Como contó La Silla, su crecida se originó precisamente en un pulso con Díaz Mateus, quien no le dio cupo en la lista a la Asamblea de ese año porque sintió que con la fuerza electoral que había logrado (luego de impulsar en 2014 la campaña a la Presidencia a la hoy vicepresidenta Marta Lucía Ramírez), le podía quitar la curul a su hermano Luis Eduardo Díaz. 

En ese entonces, Mantilla terminó saliendo del partido, armó rancho aparte recogiendo firmas para la Alcaldía de Floridablanca - el bastión conservador en Santander-, y a la postre le ganó al candidato de Díaz Mateus. 

Con su llegada a ese cargo se empoderó no solo porque Floridablanca es el segundo municipio más importante del área metropolitana de Bucaramanga, sino porque, como lo detallamos en esta historia, ha tejido una red de apoyos que sabe usar.

Aunque desde entonces Mantilla empezó a fortalecer su grupo propio al que llamó Renace Santander (cuando se lanzó se llamaba Renace Floridablanca), en el fondo ha intentado buscar puntos de encuentros con el conservatismo. 

Eso sucedió en la previa de las legislativas del año pasado cuando, como contamos, también en la definición del directorio departamental se sentó a conversar con el presidente del partido, Hernán Andrade, quien trató sin éxito de buscar puntos de encuentro para que no solo llegara su vertiente, sino la casa del exsenador condenado por el carrusel de las Notarías Alirio Villamizar. 

Aunque ese pulso lo terminó ganando Díaz Mateus, al final el resultado fue adverso para él porque perdió la curul que tenía el conservatismo en Santander (pese a que el el resultado subió en casi 8 mil votos) y debilitó aún más el partido en lo local. 

Eso cuando en contrapartida la casa de los Villamizar se matriculó en el uribismo y con Óscar Villamizar puso representante en el Centro Democrático; y Mantilla le apostó a Nubia López, la esposa del controvertido excongresista Fredy Anaya (su socio político), quien se lanzó por el Partido Liberal y también se quedó con una de las siete curules en la Cámara del departamento. 

Encima hubo otros dos hechos que cambiaron el estatus de Mantilla y lo valorizaron dentro del conservatismo local.

El más visible estuvo en la llegada de su madrina política Marta Lucía Ramírez a la Vicepresidencia, porque con ella se hizo a un fuerte aliado en el Palacio que ningún político en Santander tiene en estos momentos.

El otro tuvo que ver con que se congració con el Presidente del partido y le hizo campaña al Senado a su hermana Esperanza Andrade, quien sacó poco más de 3 mil votos solo en ese municipio, cuando esa casa política en 2014 solo obtuvo 397 votos allí.

Con esos pergaminos fue que Mantilla empezó a pelear espacios dentro del conservatismo con miras a las locales de 2019. 

El pulso

Tres fuentes de adentro del conservatismo, una de las cuales lo supo de primera mano, le contaron a La Silla por aparte que la entrada de Mantilla al directorio regional se dio directamente a través de la Vicepresidenta Marta Lucía Ramírez.

“La orden vino de arriba. Buscaron a Hernán para pedirle que se asegurara de que Mantilla esta vez quedaría adentro y que las cargas serían equitativas”, dijo una de esas fuentes a La Silla. Las otras dos nos dieron una versión casi idéntica. 

Esa petición se concretó en enero, cuando el directorio nacional emitió una resolución en la que nombró desde Bogotá a cinco miembros del partido en Santander para que terminaran de conformar el directorio local (es de 15).

Esos órganos son claves porque aunque en el papel deberían estar vigentes solo algunos meses, todo está dado para que sean los que terminen entregando los avales en octubre debido al desgaste que implicaría volver a reorganizar al partido en la previa electoral.

Así las cosas, dos cupos fueron para los diputados en ejercicio -Humberto Rangel y Luis Eduardo Díaz Mateus-; un cupo para el candidato al Senado local con más votación, Jefferson Vega (esposo de la diputada de La U famosa por sus declaraciones homofóbicas, Ángela Hernández, y quien en las legislativas se alió con Díaz Mateus); y un cupo para el candidato a la Cámara con más votación, Isnardo Jaimes.

El quinto lugar fue para el grupo de Mantilla, quien designó a Claudia Ramírez, su exsecretaria privada y quien le maneja su movimiento político.

El acuerdo inicial estuvo en que esos cinco miembros nombraban a otros cinco para mantener la equivalencia en la participación. 

Aunque eso se cumplió y por el lado de Mantilla el segundo designado fue su papá Jairo Mantilla, quien es otra de las caras de su grupo político, la tensión estalló por los cinco miembros restantes que debían poner de consenso.

En esos cargos nombraron a la exsenadora Consuelo Durán de Mustafá, al exalcalde de Piedecuesta Ángel de Jesús Becerra, al dueño del diario El Frente, Rafael Serrano, y las excandidatas a la Cámara Rubiela Vargas y Shirley Jaimes. Todos, salvo las últimas dos, tienen en común que son conservadores de vieja data en Santander.

“A Mantilla no le gustó que todos ellos han sido de la cuerda de Iván en algún momento o lo han apoyado en alguna de sus decisiones”, dijo a La Silla un miembro del grupo político de la Alcalde que pidió no ser citado. 

Si bien esos nombramientos se dieron con nueve de los 10 votos posibles (el único que no asistió fue Jairo Mantilla) y de hecho todos los integrantes posaron para una foto, una vez la resolución fue remitida a Bogotá para que la avalaran, Mantilla intervino. 

“Llamaron a Andrade a decirle que esos no eran los acuerdos. Que Iván otra vez iba a mandar y que así no era el arreglo”, nos detalló una fuente de adentro del directorio nacional.

La petición de Mantilla estuvo en que le dieran al menos tres de esos cinco cupos (que pondría de las provincias) para equilibrar las cargas, algo a lo que Andrade accedió. 

El problema se desató cuando el mismo Andrade llamó a Isnardo Jaimes, quien fue designado como presidente del directorio local, para pedirle que se los entregaran.

“La elección se hizo por consenso. El directorio departamental es autónomo y en la nacional tienen que respetar esa decisión porque se hizo cumpliendo con todo el reglamento”, dijo a La Silla Jefferson Vega.

Por esa razón incluso enviaron una carta a Bogotá pidiéndole a Andrade que no interviniera en la elección y a los demás miembros de ese órgano en Bogotá que mediaran y respetaran las decisiones de las mayorías.

El pulso ya va en la designación de una comisión accidental que desde Bogotá deberá mediar entre los dos sectores para que lleguen a un punto de acuerdo. 

Como todo está dado para que ninguno ceda -la de Díaz Mateus porque siente que la elección fue legítima y la de Mantilla porque de aceptar el directorio como está dice que quedaría en desventaja-, es probable que la decisión se tome directamente en el directorio nacional.

“Por derecha tocaría cortar las diferencias y alguno no va a quedar contento”, nos explicó una directiva del partido que prefirió que no la citáramos para no comprometerse. 

Si eso sucede, el resultado, más allá de la conformación del directorio, mostrará quién es el nuevo mandamás del conservatismo en Santander, y si la hegemonía de la casa Díaz Mateus recibe otro golpe cuando después de las legislativas quedó agonizando. 
 

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