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Por LaSillaVacia.com · 12 de Noviembre de 2018

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En medio de la guerra sin cuartel entre el ELN y el EPL en el Catatumbo, se empezó a cocinar el nacimiento de una nueva organización social regional. 

Aunque ayer todo estaba dado para que se conocieran detalles de su creación frente a los alcaldes y personeros de la región, al final solo llegó el alcalde de Tibú, Alberto Escalante, y el personero de ese municipio, Richard Claro. 

Eso en buena parte porque el origen de la iniciativa no es claro y su arranque está rodeado de sospechas entre los mismos habitantes de la zona.

La misteriosa aparición

Hace 21 días hubo un hecho poco usual para la guerra que está encendida en el Catatumbo, que envuelve el nacimiento de esa organización entre brumas.

 

Un grupo de habitantes del corregimiento de Mesitas, en Hacarí, empezaron a desplazarse hacia Versalles, un corregimiento del sur de Tibú, a hora y media de distancia por trocha. Armaron un campamento entre el salón comunal y la iglesia. 

Lo raro no fue que llegaran a una zona en la que no hay una plomacera cada par de horas, sino que decidieron no dar detalles de lo que están haciendo allí. 

Además, en lugar de presentarse como desplazados por los combates, algo que se ha vivido en el Catatumbo, dijeron que eran líderes comunales que se movilizaban para llamar la atención sobre los enfrentamientos entre el ELN y el EPL. 

Desde entonces han apartado a todo el que llega a preguntarles quiénes son y qué quieren, como pasó con autoridades locales y con organismos de cooperación internacional (que suelen tener más entrada en la zona).

De hecho, nos pasó a nosotros mismos cuando llegamos hasta allá para hacer reportería cuando se cumplían 12 días de su llegada.

Presenciamos cómo le negaban a cualquier persona que preguntara la información sobre sus nombres, de dónde vienen o exacto cuántos están en el campamento. 

Por eso, para ese momento lo único que estaba medianamente claro era que inicialmente llegaron unas 200 personas, que cada día eran menos y que la gran mayoría venían de Hacarí. 

Para entender qué era lo que estaban buscando, ese mismo día llegaron hasta el lugar los alcaldes de Tibú, Alberto Escalante, y Hacarí, Milciades Pinzón.
 
A ellos tampoco les dieron respuestas; los sentaron en el salón comunal y a puerta cerrada les dijeron que querían más inversión para el Catatumbo. 

A nosotros no nos dejaron entrar a esa reunión ni nos permitieron tomar fotos. Como nos ubicamos al lado de la puerta para escuchar lo que decían, en tres ocasiones salieron diferentes hombres a pedir que nos retiraramos. 

En una de ellas nos pidieron el celular. Como nos negamos a entregarlo, nos dijeron que los medios no son bienvenidos y pidieron que saliéramos de la zona, algo que nos negamos a hacer.

A pesar de esas prevenciones y del silencio del asentamiento, con el paso de los días ha empezado a circular información que ha generado dudas entre otros habitantes del Catatumbo. 

El nuevo movimiento

Cuatro fuentes que conocen por dentro el caso de Versalles le dijeron a La Silla que esa movilización busca crear una nueva organización social, similar a varias que hay en la región. 

Por lo poco que se ha podido saber, la idea es que el movimiento se llame ‘líderes sin fronteras’ o ‘comunales sin fronteras’, con las mismas consignas de las de las demás organizaciones: inversión social para el Catatumbo y respeto por los derechos humanos en el marco del conflicto. 

La intención de hacerlo está reflejada en las pancartas que han colgado en el salón comunal de Versalles.

Además, por lo poco que nos dijeron los que accedieron a hablar, la gran mayoría son víctimas del conflicto que han sido desplazados en varias ocasiones y han perdido familiares, propiedades, ganado y cultivos por la guerra.

Sin embargo, hay dos versiones que arrojan ruidos sobre el surgimiento de esa organización. En ellas coinciden fuentes de cinco municipios del Catatumbo con las que hablamos por aparte y que conocen al detalle las lógicas políticas, sociales y militares de la región

La Silla no las pudo confirmar ni pudimos corroborar o descartarlas con los líderes del asentamiento porque no nos quisieron hablar, pero tienen sentido por la dinámica local.

La primera versión es que el nacimiento de esa organización es un camino para estructurar una base social para la disidencia del Frente 33 de las Farc que, como ha contado La Silla, está bajo el mando de alias John 40. 

Eso sería usal en la dinámica del Catatumbo donde, como ha contado La Silla, los grupos buscan tener organizaciones afines con sus postulados políticos para aumentar su control territorial. 

Por ejemplo, la Asociación Campesina del Catatumbo, Ascamcat, es afín a la Farc; el Comité de Integración Social, Cisca, guarda afinidad política con el ELN; y el Movimiento Constituyente Popular, es más cercano ideológicamente al EPL.

La idea encaja en la presencia espacial de la disidencia del 33, que hizo su primer acto armado en Hacarí lanzando granadas a la estación de Policía, por lo que no sería raro que empiecen a establecer sus bases allí.

“Esto muestra que el crecimiento de la disidencia ha sido ignorado por el Estado. Si ya están haciendo trabajo de masas y consolidando base social, es muestra de que todo esto es muy grande otra vez”, dijo a La Silla una fuente que trabaja en derechos humanos en el Catatumbo.

La segunda versión es que el que estaría apalancando la organización social es el llamado EPL, para fortalecer sus bases y compensar el repliegue militar que está viviendo por su guerra con el ELN.

Esa versión tiene fuerza porque la mayoría de los asentados vienen de Mesitas, un corregimiento que históricamente ha sido uno de los ejes de control de ese grupo.

“Hay mucha gente que está amenazada por tener afinidad, amigos o familia en ese grupo, reorganizarse socialmente les podría ayudar”, dijo a La Silla una autoridad local que nos pidió la reserva de su nombre por seguridad.

Un hecho adicional alimenta la posibilidad de que sean grupos armados -ya sea la disidencia del 33 o el EPL- los que estén detrás y es que no es claro cómo se están manteniendo las casi 200 personas del asentamiento.

 

La Silla supo que cuando llegaron grupos de cooperación internacional a ofrecer ayuda humanitaria los líderes de la movilización se negaron a recibirla y dijeron que tenían todo lo que necesitaban, algo que La Silla comprobó. 

En una zona dominada por esos grupos, no es fácil que una organización al margen de ellos y sin apoyo de la cooperación internacional tenga la capacidad de sostener a 200 personas.

Cuando preguntamos en la zona por la fuente de alimentos y demás elementos necesarios, no hubo una sola respuesta.

Los pocos del asentamiento que accedieron a hablar nos dijeron que la comida la pone el padre Edwin Espitia, párroco de Versalles; pero cuando le preguntamos al sacerdote, dijo que no sabía de dónde estaba saliendo la comida.

Después de la publicación de esta historia, enviaron a La Silla vía WhatsApp un escrito firmado por "Juntas de Acción Comunal que luchamos por la vida, la paz, la reconciliación, los DDHH, el DIH, el territorio y la permanencia en él" que dice representar a quienes están en el asentamiento de Versalles, y negaron la veracidad de las versiones sobre las intenciones de grupos armados de establecer una base social. También señalaron que las afirmaciones los ponían en riesgo. Sin embargo, no dieron detalles de cómo se estaban sosteniendo o de la finalidad específica de la movilización.

En todo caso, lo que está sucediendo en Versalles es una de las pruebas del reciclaje de la guerra en el Catatumbo, y justo en uno de sus lugares clave.

La estratégica Mesitas

Mesitas, el corregimiento de Hacarí de siete veredas, ha sido uno de los puntos más estratégicos para las guerrillas en el Catatumbo. 

El corregimiento conecta con El Tarra, Tibú y San Calixto; y desde los tiempos de Megateo era controlado específicamente por el EPL. Por eso, en su choque con el EPL, el ELN empezó a entrar a Hacarí en un conlflicto que sigue vivo y que ha afectado a cientos de campesinos.

Desde que lo hizo, los enfrentamientos entre las dos guerrillas se volvieron más recurrentes en toda la zona rural del municipio y, según reportes de la ONU, ya hay más de mil desplazados en el casco urbano. 

Para el momento en el que los desplazados de Mesitas cumplían 10 días asentados en Versalles, empezó a circular la noticia de que el ELN le había declarado un enfrentamiento de cuatro días sin parar al EPL en Mesitas.

En ese momento varios se devolvieron porque sus familias estaban solas e iban a quedar en medio del fuego cruzado. Los que se quedaron empezaron a enterarse de lo que pasaba por WhatsApp, lo que muestra la coincidencia entre la zona de combates y al surgimiento del asentamiento.

Solo el primer día de enfrentamientos hubo dos muertos del lado del EPL. No se sabe si en los demás hubo más o cuántos cayeron del ELN porque ningún grupo está entregando cuerpos. 

Después del cuarto día corrió la noticia de que el EPL se había replegado y volvió una relativa calma.

Eso, mientras en toda la región hay tensión porque el Ejército se está reforzando con la llegada de 2.500 hombres a través de una Fuerza de Despliegue Rápido, Fudra, que hace dos semanas activó el presidente Iván Duque.

“La llegada de la Fudra va a ser la pepa que le faltaba a la maraca. Todo puede empezar a empeorar y afectar a inocentes si por dar resultados pasan por encima de los campesinos”, dijo a La Silla un líder defensor de derechos humanos que nos pidió no ser citado por seguridad.

En ese panorama, la presencia de organizaciones sociales locales puede ser fundamental, ya sea para proteger los derechos de los campesinos o para definir qué grupo se fortalece en un conflicto que parece no tener fin.

Por eso, está por verse si la delegación de Mesitas que está acampando en Versalles es un nuevo ingrediente de la guerra que el Catatumbo no ha parado de sufrir.

Nota del editor: Después de la publicación de esta historia recibimos un comunicado vía WhatsApp en el que quienes se identificaron como miembros del asentamiento pedían que rectificáramos dos puntos de la historia. Concedimos uno porque en la versión original afirmamos erróneamente que ninguna autoridad llegó al evento del domingo luego de que tres fuentes en terreno nos lo confirmaran al medio día, pero en horas de la tarde sí hizo presencia el Alcalde de Tibú junto al Personero de ese municipio. En el segundo, consideramos que no les asistía razón. Además, como en la comunicación nos daban su versión sobre los señalamientos, la agregamos.

CONTEXTO

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