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Por Jineth Prieto · 02 de Octubre de 2019

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Hace dos semanas al interior de Vanguardia, el diario más leído de Santander, hubo dos movidas que mostraron que en la redacción había ruidos por uso indebido del nombre y del poder del periódico.

Una fue pública, y quedó plasmada en las páginas del diario con un comunicado en el que advirtieron que en la redacción no se cobraba por hacer o dejar de hacer investigaciones y en el que detallaron que constructores del departamento habían sido extorsionados a nombre del periódico.

La otra fue privada y tuvo que ver con que horas antes de esa publicación, la Dirección le notificó a Óscar Jahir Hernández, un abogado especialista en urbanismo que desde julio del año pasado tenía una columna que se publicaba los jueves, que había sido desvinculado de las páginas de opinión.

La Silla confirmó que los dos hechos estuvieron relacionados.

El columnista

Óscar Jahir Hernández pasó de ser un desconocido en los círculos de poder de Santander a un influyente columnista de la región el segundo semestre del año pasado.

 

Su entrada la marcó el inicio del debate del Plan de Ordenamiento Territorial, POT, de Floridablanca, que es clave en el área metropolitana porque allí están concentrados los intereses de varios poderosos de Santander. 

Hernández apareció en escena como el asesor jurídico de la Cámara Colombiana para la Construcción, Camacol, gremio que se metió en la discusión una vez se conoció la formulación de ese proyecto. 

Según tres fuentes que hacen parte de las directivas del gremio, llegó allí por recomendación de Bernardo Gómez, cacao que es dueño de la constructora Conaring y que hace parte del grupo constructor de Domus, y quien a su vez hace parte de la junta directiva de Camacol. 

Según le contó Hernández a La Silla, conoció a Gómez porque siendo jurídico de la Secretaría de Planeación de Girón conoció a personas en común y luego lo terminó asesorando en la resolución de temas urbanísticos relacionados en ese municipio.

Tres fuentes que hicieron parte del proceso en Camacol nos relataron por aparte que el rol de Hernández estuvo enfocado en buscar el sustento jurídico de todas las críticas que tenía ese gremio a la estructuración del POT. 

Al tiempo de esa asesoría, Bernardo Gómez, quien además de la Camacol, integra la Junta Directiva de Vanguardia, también lo recomendó para que se convirtiera en columnista de las páginas de opinión de ese periódico.

“La recomendación era para que alguien experto en temas urbanísticos tuviera un espacio que enriqueciera la discusión sobre este tipo de temas”, nos dijo una de esas fuentes.

En efecto, Hernández arrancó escribiendo sobre temas urbanísticos; sin embargo, como se enfocó en denunciar prácticas indebidas en ese sector se volvió visible.

Sobre todo, porque más allá de hablar en términos generales de presuntos intereses indebidos en el POT de Floridablanca, cazó pelea con el entonces congresista y ahora candidato a la alcaldía de Bucaramanga, Fredy Anaya, así como con el alcalde de ese municipio Héctor Mantilla.

A ambos los acusó de moverse irregularmente en el trámite de ese proyecto para valorizar un predio que aparece a nombre de la ahora congresista liberal, Nubia López, quien es esposa de Anaya, y de varios de los constructores que son cercanos a  ese político. 

Como contó La Silla, después de hacerle un detector de mentiras, al final resultó que Hernández había tenido varias imprecisiones en sus denuncias; pero como, además de ese caso, también empezó a hablar de otros hechos de presunta corrupción en el sector constructor, se volvió un referente en el tema en Santander.   

Los ruidos

Aunque en la carta que le envió Vanguardia a Hernández anunciándole la suspensión de su columna, la explicación fue que la decisión había obedecido a que las directivas querían “crear nuevos espacios propositivos”, La Silla confirmó con dos fuentes de adentro del diario que los móviles fueron otros. 

Según esas versiones, que coincidieron en los detalles, desde marzo de este año al periódico empezaron a llegar denuncias relacionadas con que el columnista estaba usando ese espacio para beneficiarse económicamente.
 
A raíz de ellas, al interior de Vanguardia iniciaron una investigación interna y buscaron a varias personas para verificar si esas denuncias eran ciertas.

Después de varios meses encontraron versiones con un grado de credibilidad alto que dijeron que eso sí estaba sucediendo y aunque les mostraron pruebas no se las entregaron y pidieron que sus nombres no fueran usados.  

Todas esas versiones coincidieron en que los principales indicios públicos que ponían un manto de duda sobre la actuación de Hernández eran dos.

Por un lado, que había anunciado las columnas del año y no tocó varios de los temas de los que dijo iba a escribir; y por otro, que había cambiado su posición pública respecto a contratistas que había cuestionado previamente.

Pero como más allá de eso dentro del periódico no podían usar la carga probatoria contra Hernández, según una de esas fuentes, esa fue la razón por la que en la carta que Vanguardia le envió al columnista no estuvieron descritos los hechos que los llevaron a sacarlo de la página de opinión.

También eso fue lo que motivó que el periódico publicara el comunicado denunciando el uso indebido de su nombre.

La Silla supo por esas dos fuentes y otras cinco más que tenían cómo saberlo, que hubo dos casos sonados sobre las presuntas actuaciones irregulares de Hernández.

Uno fue el de las columnas que había escrito sobre los Valderrama Cordero, un grupo de constructores que el cuatrienio pasado se ganó una serie de licitaciones en la administración del exgobernador y hoy senador de Cambio Radical, Richard Aguilar, en medio de denuncias sobre presuntos direccionamientos. 

El otro fue por reuniones privadas que Hernández sostuvo con el excongresista y ahora candidato a la alcaldía de Bucaramanga, Fredy Anaya, en las que también circularon afirmaciones relacionadas con petición y entrega de plata.

Sobre ambos casos hay versiones encontradas. 

El cruce de versiones en el caso Valco

En septiembre del año pasado, Hernández escribió dos columnas hablando de un proyecto residencial de la Constructora Valderrama y Copetrán en Girón.

Básicamente lo que denunció fue que al proyecto le habían dado vía libre irregularmente porque el alcalde de ese municipio, Jhon Abiud Ramírez, había autorizado un cambio de uso suelo para ese proyecto a través de un trámite que presuntamente vulneraba la ley.

El meollo del asunto estaba en que habían pasado de uso industrial a residencial el lote de la obra a través de una precisión cartográfica en una circular, y según Hernández, eso constituía una irregularidad. 

Aunque el tema dio de qué hablar en su momento, al final no trascendió; sin embargo una nueva columna de Hernández publicada en enero en la que anunció los temas de los que hablaría este año e incluyó a ese grupo constructor generó revuelo.

En ese momento empezó a circular la versión de que Hernández había pedido plata para dejar de hablar de ese proyecto y que se había convertido en asesor de los Valderrama para destrabarlo.

De lo de la asesoría en particular, se lo dijeron a La Silla para esta reportería dos fuentes que trabajan en Planeación de Girón y otras dos cercanas a Hernández, pero precisaron que no tenían cómo probarlo porque fue verbal.

Hernández le negó a La Silla que eso hubiera sido así, así como Ricardo Valderrama, uno de los dueños de la Constructora Valderrama, dijo que no era cierto que él los estuviera ayudando después de denunciar el proyecto.

Sin embargo, Hernández sí le dijo a La Silla que entre febrero y marzo de este año hubo una reunión en la que estuvo él, el alcalde de Girón, Jhon Abiud Ramírez, y Fernando y Ricardo Valderrama, los dueños de la Constructora Valderrama.

Según su versión, en esa reunión el Alcalde le explicó la importancia del proyecto para el municipio, algo que él compartió después de esa conversación y que de hecho hizo explícito la semana pasada en un blog que creó tras su salida; y le pidió que asesorara a ese grupo de constructores, pero él se negó.

Cuando le preguntamos al Mandatario por esa petición de asesoría, dijo que el columnista no estaba diciendo la verdad, además, precisó que, aunque Hernández trabajó en su administración en 2016 como contratista en Planeación, él mismo pidió retirarlo por un conflicto de intereses relacionados con que asesoraba a Luis Eduardo Castillo, empresario dueño del Hotel Punta Diamante, que tiene intereses en lotes en Girón.

En todo caso, ni el Alcalde ni los constructores desmintieron que la reunión de la que habló el columnista hubiera existido y en ambos casos decidieron no hablar sobre ella, por lo que aún no queda claro todo lo que se trató allí.

Además, independientemente de todo el cruce de versiones que hay detrás, lo que sí pasó fue que Hernández dejó de hablar del proyecto y de cuestionarlo pese a que había anunciado que lo haría y a que lo que planeaba decir era que el proyecto era inviable en el corto plazo. 

Las demás dudas

Sobre las reuniones con Anaya solo obtuvimos versiones extraoficiales y la de Hernández, porque el candidato a la Alcaldía de Bucaramanga no nos contestó.

La que llegó a oídos de Vanguardia tuvo que ver con que el aspirante al primer cargo de la capital le había pagado plata a Hernández para dejar de atacarlo en sus columnas.

Hernández conoce a Anaya al menos desde 2007 cuando integró la lista al Concejo de Cambio Radical, y le hizo campaña en su primera aspiración a la Alcaldía de Bucaramanga.

Sobre la versión de la plata  dijo que no era cierta, pero reconoció que se reunió en privado en dos ocasiones con Anaya y que el vehículo fue la excandidata al Senado del uribismo y ahora vicecónsul de Colombia ante la ONU, Leszli Kalli.

Según Hernández, ambos encuentros fueron en la casa de Kalli y en uno se habló de las columnas y Anaya le habría pedido que no se metiera con los hijos; y en otro el tema fue social en el que tocaron varios temas desde políticos hasta personales. 

Así que por lo menos con Anaya, lo claro fue que Hernández pasó de cuestionarlo a departir en espacios privados y sociales con él.

Que Kalli aparecía de intermediaria entre Hernández y protagonistas de sus columnas, La Silla lo supo también por versión de otra fuente.

El alcalde de Floridablanca, Héctor Mantilla, quien fue uno de los protagonista más habituales de las columnas, nos relató que Hernández lo había buscado a través de ella para hablar pero que él se había negado.

Además, detalló que incluso había personas que habían sido protagonistas de los escritos de Hernández -no nos dio nombres- que se habían ofrecido de mediadoras.

“Ellos me dieron a entender que había acuerdo con personas que él había atacado y que había dinero de por medio”, explicó el Alcalde. “Directamente a mí no llegó una propuesta en ese sentido, pero sí me lo dieron a entender”.

Al respecto, Hernández confirmó el nombre de la ahora delegada diplomática del gobierno de Iván Duque dentro de los intermediarios, pero dijo que él no fue el que buscó al Alcalde Mantilla, sino que fue Mantilla quien lo buscó a él.

También señaló al concejal de Floridablanca, Alfredo Tarazona, de buscarlo y de ofrecer por recomendación de Mantilla la financiación de una campaña al Concejo de ese municipio si decidía lanzarse.

El Alcalde Mantilla negó que esa versión fuera cierta y dijo que no tenía sentido dada la seguidilla de columnas en su contra; y el concejal Tarazona, además de afirmar que Hernández estaba mintiendo, precisó que la versión que daba el columnista no tenía sentido porque enviarle ese ofrecimiento era el equivalente a ponerse competencia directa cuando la pelea por las curules del Concejo es reñida.

“No sé con qué intención está diciendo esas mentiras, no son coherentes siquiera”, explicó el concejal a La Silla.

Kalli, por su parte, no nos respondió las preguntas que le enviamos vía WhatsApp.

Pero además de eso, La Silla encontró otra prueba de que Hernández pasó a ser cercano a las personas que denunciaba en sus columnas. 

Tuvimos acceso a un chat de WhatsApp de la semana pasada, entre Emiro José Castro, un exasesor de Mantilla que fue cuestionado por Hernández por favorecerse irregularmente de esa administración y que mojó prensa por protagonizar una extraña redada a la oficina del Alcalde de Santa Marta, y en él hablan de buscar un encuentro con Mantilla.

En la conversación queda claro que Castro propone la reunión, que Hernández no está muy seguro de hacerlo y que ambos se empezaron a hablar en confianza después de publicada la columna contra las prácticas del exasesor de Mantilla.

La Silla no adjunta los pantallazos porque nos dejaron acceder a ellos bajo la condición de reserva, pero Hernández asegura que dejó de escribir de Castro para no “joderte más la vida con tu gente y tus cercanos”.

Así que con la suma de esos hechos y bajo el criterio de que no puede pesar alguna duda sobre sus columnistas, es que Vanguardia decide sacar a Hernández de sus páginas.

La salida

Aunque la salida de Hernández de Vanguardia fue discreta, a los pocos días trascendió.

Primero porque Diana Giraldo, la directora del periódico, salió a aclarar en Twitter que él ya no era columnista debido a que aparecía como panelista de un debate a la Alcaldía de Bucaramanga citado por un canal local y en él se había usado el logo del diario.

Segundo, porque luego de que se hiciera pública su desvinculación, Hernández inició una campaña diciendo que mantendría su columna en un blog personal y le pidió a varios políticos que hicieran un mensaje con su lema “la opinión no está en el medio, está en quien opina”. 

Y tercero porque en las dos semanas en las que La Silla estuvo haciendo reportería para tratar de entender el por qué de su salida y esclarecer los ruidos en torno a su nombre, hizo dos trinos intimidantes.

En la entrevista que le dio a La Silla Hernández reconoció que la primera parte del primer trino tenía que ver con la reportería que estábamos haciendo, porque le había llegado información relacionada con que estamos averiguando sobre él.

Sobre la segunda parte de ese mensaje aseguró que no iba dirigido a La Silla, pero tampoco quiso dar el nombre de la persona a la que se estaba refiriendo, y pese al tono en el que está escrito negó que fuera una amenaza.

En cuanto al segundo trino negó que estuviera tratando de intimidar a alguien con información, pese a que al menos la fotografía de OPL Carga, es muy diciente, dado que familiares de la Directora de Vanguardia, Diana Giraldo, son accionistas de esa empresa.

“Me parecieron bonitas las fotos y por eso las monté”, dijo sobre esas imágenes y su relación con el mensaje. Para ambos trinos aseguró que el objetivo era “desahogarme”.

En cuanto a su salida de Vanguardia dijo a La Silla que más allá de todos los ruidos en torno a su nombre porque tenía cómo explicarlos, lo que generó molestia fue que se encontraba revisando información relacionada con actividades comerciales de empresas que son socias de los familiares de Diana Giraldo.

Hasta ahora, Hernández no ha publicado detalles al respecto, y La Silla supo que por lo menos hasta el momento de su salida de Vanguardia, internamente no conocían ni tenían detalles de las investigaciones que él adelantaba, salvo por las que lo cuestionaron.

Más allá de si las denuncias sobre si pidió o recibió plata son ciertas o no, lo que queda claro es que el columnista que dio de qué hablar el último año en Santander y alcanzó a anunciar que dictaría talleres de periodismo de investigación, sí incurrió en prácticas que van en contravía de ese oficio.

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