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Por Jineth Prieto · 16 de Agosto de 2017

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Mientras que a la Registraduría le queda un mes para revisar las firmas que la semana pasada radicó el comité ‘Sí se puede revocar’ con el fin de llamar a las urnas a los cucuteños para que decidan sobre la continuidad de César Rojas en la Alcaldía, su administración está cruzando por el peor momento desde que se posesionó.

Además de que tiene el desempleo y la inseguridad disparados, su popularidad se fue al suelo y encima está sorteando los embates de la migración venezolana; todo mientras su grupo político está fracturado por dentro y no tiene tan claro que el respaldo que lo llevó a dirigir la capital de Norte en 2015 esté de su lado.

Estos son los cinco factores que podrían ser determinantes en caso de que la Registraduría avale al menos 30 mil de las 45 mil firmas que el comité presentó y con ello le dé un banderazo de salida a la eventual campaña.

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No ha conseguido la plata para cumplir lo que prometió

Aunque cuando llegó a la Alcaldía de Cúcuta, César Rojas recibió el municipio con superávit, como contó La Silla, en su primer año de mandato, no solo volteó el estado de las finanzas de la capital de Norte, sino que cerró el balance de su primer año con un saldo en rojo de alrededor de $30 mil millones.

Con eso se metió un tiro en el pie porque con la deuda cambió la cara financiera de Cúcuta en los bancos, y lo hizo cuando con los bancos está intentado sacar créditos que suman $500 mil millones para apalancar su plan de desarrollo. 

Si bien de esos $500 mil millones, al menos $235 mil millones serían pagados a través de valorización, y los otros $265 mil millones serían diferidos y su respaldo sería la plata que le entra al municipio anualmente para invertir, pese a que se enfocó durante su primer año en ganar liquidez ante la banca y ya se completan ocho meses de su segundo año, aún no ha logrado que lo financien. 

Las consecuencias son varias porque Rojas se comprometió en su plan de desarrollo a construir 29 megaproyectos repartidos entre vías estratégicas y proyectos turísticos que cuestan alrededor de $750 mil millones, y con el segundo año ya en ocaso tiene el reloj corriéndole en contra para dar resultados.

El otro punto que le juega en contra es que aún si logra que la banca le dé la plata, para apalancar parte de la inversión volverá a cobrar valorización y esa medida no solo es impopular en sí misma porque a nadie le gusta entregarle plata al Estado para que la administre, sino porque desde el cierre de la frontera, que esta semana cumple dos años, la economía local se comprimió. 

Esto último puede hacer que el efecto del rechazo por un nuevo cobro de valorización se magnifique y que de paso le meta gasolina a su revocatoria en una eventual campaña; sin embargo, Rojas está contra la espada y la pared porque si se demora más en implementar la contribución el tiempo para cumplir con sus promesas será cada vez más corto.

 
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El desempleo y la inseguridad por las nubes

Los dos son problemas que heredó César Rojas y que no dependen completamente de él. 

 

Por un lado, históricamente Cúcuta ha sido una de las ciudades con altos niveles de desempleo (marcó 16,1 puntos en junio) e informalidad  (bordea el 70 por ciento) en el país y eso en parte se debe a que la dinámica de su economía se basa en el intercambio fronterizo, algo que quedó prácticamente paralizado  hace dos años con el cierre del paso entre los dos países 

Por otro lado, la inseguridad en la capital de Norte, está más ligada al crecimiento de las bandas criminales (Rastrojos y Gaitanistas), que no solo han aumentado su poder en esa ciudad desde que se cerró la frontera dado que se apropiaron de las redes de contrabando, sino que están encargados de redes de microtráfico y reclutando menores de edad.

Aún así uno de los ejes de campaña de Rojas fue la generación de empleo y la factura se la pueden pasar. 

Si bien durante su primer año intentó cumplir esa promesa y a través de un controvertido contrato que sumó $16 mil millones generó 3.500 vacantes nuevas en empleos de medio tiempo para arreglar parques y barrer calles, dado que ya no tiene liquidez financiera no pudo continuar. 

Eso, como contó La Silla, le terminó generando más problemas que réditos. 

Por una parte, dado que los principales beneficiarios fueron los líderes del condenado exalcalde de Cúcuta, Ramiro Suárez, quien a su vez es padrino político de Rojas, le puso en contra a la otra porción de líderes barriales que terminaron desconocidos y que se sienten apartados de la Alcaldía; además, como el empleo era solo de medio tiempo y desde que arrancó el 2017 no lo retoman, los que sí fueron beneficiados se molestaron y fracturaron el grupo político que lo ayudó a elegir. 

Tanto es así, que los que líderes de la ‘mancha amarilla’, como se dio a conocer la maquinaria que eligió a Rojas, circularon audios en Whatsapp pidiendo una revuelta contra el Alcalde impulsada por el propio Ramiro Suárez. 

Dos fuentes políticas, una de las cuales es cercana al grupo de César Rojas, le dijo a La Silla que dentro de la Alcaldía se estaban moviendo con miras a revivir el programa de empleo en septiembre para mantenerlo hasta marzo. 

“La idea es que coincida con las elecciones para que Ramiro tenga más poder de maniobra. Quieren repetir lo que hicieron con el plebiscito”, le dijo a La Silla una de esas fuentes.  

 
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Los embates de la crisis en Venezuela

Aunque la situación de Venezuela no está directamente relacionada con la Alcaldía de Cúcuta, la migración que empezó a aumentar desde que arrancó el año, tiene a la capital de Norte como el principal centro de recepción de venezolanos. 

Como la nueva población flotante en el municipio no solo ha llegado a competir mano de obra, sino que tiene abarrotados los semáforos pidiendo ayuda, y en muchos casos está durmiendo en las calles, la percepción de los cucuteños sobre la administración de Rojas ha ido decreciendo.

Según la última encuesta Pulso País, que fue publicada hace dos semanas, Rojas no solo desplomó su imagen y llegó solo al 16 por ciento de favorabilidad luego de que cayera 31 puntos en comparación con la medición que se hizo dos meses atrás; sino que el 78 por ciento de los encuestados dijo sentir que la ciudad iba por mal camino.

Paradójicamente esa es la antítesis de la administración de su padrino Ramiro Suárez. 

Dado que cuando él llegó al poder la bonanza petrolera de Venezuela tenía disparado el comercio de la frontera y eso a su vez tenía en auge la economía cucuteña, Suárez dirigió una ciudad que estaba en un buen momento, y según tres políticos de Cúcuta, esa es parte de la razón por la que a pesar de tener líos jurídicos y haber sido condenado por su participación en un homicidio,  aún conserva tan buena imagen.

“Esto se puede resumir en que la razón por la que le ha ido mal a César es la misma por la que le fue bien a Ramiro. Así tengan el mismo estilo de Gobierno o uno esté mandando desde la cárcel al otro, esta no es la misma ciudad de hace 10 años”, le dijo a La Silla un político local. 

 
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Con la mitad del Concejo fuera de la coalición

Los líderes no son los únicos con los que César Rojas perdió sus buenas relaciones. La división que tomó forma en el Concejo a inicios de este año se mantiene y hoy 9 de los 19 corporados están del lado opuesto de su administración.

Si bien, como lo contó La Silla, eso en términos de gobernabilidad no le afecta porque cuando estaba en luna de miel con el Concejo logró que le aprobaran los proyectos claves de su administración, y en todo caso aún conserva las mayorías, si se trata de la revocatoria la oposición se puede convertir en un poderoso enemigo. 

En estos momentos, Víctor Suárez, quien llegó como uno de sus aliados, es el único que se ha ido a la oposición directamente; sin embargo, hay otros ocho que se mueven con distancia de la administración. 

En ese grupo se cuentan Bachir Mirep, Nelly Santafe, Oliverio Castellanos, Jaime Marthey, Alexander Salazar, Cesar Torres, Leonardo Jácome y César Abreo, y todos sumados alcanzaron más de 35 mil votos en 2015.

Aunque ninguno se ha pronunciado directamente ni a favor ni en contra de la revocatoria, dado que Rojas no volvió a ir al Concejo,  que sus secretarios ni siquiera asistieron a la mayoría de los debates de control político que citaron después de varios meses de controversia, y que todos se han sentido desconocidos políticamente, si el proceso toma fuerza muchos podrían llegar a empujar, así sea tras bambalinas, la salida de Rojas.

 
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Con la transparencia en entredicho y a la sombra de un condenado

Uno de los principales lunares de la administración de César Rojas ha estado por cuenta de la falta de transparencia en la inversión de la plata de los cucuteños. 

Como hemos contado en La Silla, el Alcalde no solo concesionó el alumbrado público del municipio por 30 años a una de las empresas del emporio del controvertido empresario Alfonso ‘el Turco’ Hilsaca; sino que entregó los $16 mil millones del programa de empleo a una corporación que tiene vasos comunicantes con Opción Ciudadana, y recientemente le adjudicó los estudios del nuevo POT de la ciudad a Rubén Belloso, un contratista conocido por ser allegado al condenado exalcalde Ramiro Suárez.

Cada contrato en su momento ha generado un terremoto político, pero el juego que ha tenido el exalcalde de Cúcuta hoy preso en La Picota, Ramiro Suárez Corzo, en la administración, y cómo desde la cárcel no solo tiene el manejo de la mitad del gabinete, sino de líderes barriales a través de una estructura de enlaces que le sirve para hacer política como si estuviera libre, podría convertirse en otro de los argumentos que eventualmente impulsarían la revocatoria a César Rojas. 

Y es que aunque Suárez Corzo goza de buena imagen en Cúcuta y precisamente por eso es que su grupo político está consolidado, su poder es tan evidente que eso podría aprovecharlo la oposición entre la porción de la ciudad que no es afín a él.

 

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