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Por Jineth Prieto · 07 de Octubre de 2018

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Hoy Cristo José Contreras, el hijo del alcalde de El Carmen, Edwin Contreras, cumple 96 horas de haber sido raptado por extraños mientras se encontraba en su colegio en el corregimiento de Guamalito en el Catatumbo.

En medio de la incertidumbre sobre su estado, los captores y los móviles del secuestro, la cadena de solidaridad que se ha generado en torno a su caso, y los anuncios del presidente Iván Duque de "sanciones severas" para los autores de este hecho, estas son las cinco cosas que por ahora revela lo que ha sucedido.

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Se ratifica que militarizar un territorio no es lo mismo que controlarlo

El Catatumbo hace parte de la jurisdicción de la Segunda División del Ejército, que a su vez tiene delegada la Fuerza de Tarea Vulcano.

Esa unidad fue modernizada en la recta final del Gobierno Santos con un plan que en el caso de la Vulcano se llamó 'plan avalancha' y que incluyó el fortalecimiento en un 150 por ciento de la capacidad armada (pasó de tener 3 mil efectivos a 7.900 equipados y con entrenamiento especial), el traslado de tres batallones especiales energéticos y viales para cuidar el oleoducto de Caño Limón, y el reforzamiento de la seguridad en los cascos urbanos.

Así que lo que está claro es que el Catatumbo está custodiado.

Sin embargo, lo que ha sucedido con el secuestro de Cristo José muestra que esa está lejos de ser la solución.

Primero porque la ausencia de información ha sido tanta que a cuatro días de que el niño hubiera sido raptado nada se ha confirmado sobre el grupo que estaría detrás, y segundo, porque tampoco existe una hipótesis clara de por qué justo al alcalde Edwin Contreras le secuestran a un hijo, y más cuando hace un año también su papá fue víctima de ese delito y en 2016 su carro recibió un atentado y los disparos le dieron en una oreja y un brazo.

La Silla supo que aunque Pablo Beltrán, el jefe de la delegación de los diálogos de paz del ELN, dijo el viernes que ese grupo no tenía al niño porque en esa guerrilla “no se hacen ese tipo de cosas”, aún hay indicios que llevan a pensar que sí podría ser ese grupo.

Una fuente que conoce por dentro lo que está pasando nos contó que uno de los potenciales móviles del secuestro del niño está en que hace cuatro meses hubo cambio de mando del ELN en la zona del Carmen y que el nuevo comandante sentenció que le “iba a dar por donde más le dolía al Alcalde”, debido a que en esa guerrilla creen que el mandatario está entregándole información a la Fuerza Pública para atacarla.

“Al Alcalde le avisaban que corría peligro. Personas de la comunidad se lo decían”, dijo a La Silla esa fuente.

También permanece la duda sobre si el ELN es el autor porque, aunque en El Carmen también hay presencia del EPL, la primera guerrilla siempre ha sido más fuerte allí y ese es un corredor estratégico debido a que conecta con el César y la Serranía del Perijá (por años fue el lugar donde se asentó el Comando Central del ELN) y tiene salida a Venezuela.

El tercer indicio tiene que ver con que el mismo Pablo Beltrán dijo en su intervención que esperaba un comunicado de los frentes que operan en Norte de Santander informando que no tenían al niño y eso, por lo menos hasta anoche, no había ocurrido.

Dado que esa guerrilla no tiene una línea de mando vertical y funciona más bien como una federación, la ausencia de ese comunicado deja muy viva la posibilidad de que sean los autores, sobre todo porque el EPL ya se pronunció diciendo que no estaba detrás.

Sin embargo, como también se contempla la idea de que sea delincuencia común la que tenga al niño en su poder, la baraja de posibilidades está muy abierta.

Si esto último llegara a ser cierto, plantearía un nuevo problema para el Catatumbo porque parte del control que ejercían las guerrillas estaba en que no dejaban proliferar bandas delincuenciales pequeñas, y eso implicaría que los grupos más grandes perdieron dominio territorial y que ni la presencia del Ejército y la Policía ha podido contener otra forma de delincuencia.

Así que aún con toda la militarización del Catatumbo, lo que por ahora ha quedado en evidencia es que el pie de fuerza no garantiza un verdadero control sobre la zona.

 

 
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Ha habido fallas en los protocolos

Además de esa ausencia de información, ha habido fallas estructurales en las líneas de comunicación que han mostrado falencias dentro de los procesos de inteligencia en el Ejército.

Más allá de la salida en falso del presidente Iván Duque anunciando que por información oficial sabía de la liberación de Cristo José, lo que se movió detrás es muy revelador.

Una fuente que lo supo de primera mano nos contó que todo se originó en que al Secretario de Gobierno de El Carmén le hicieron una llamada informándole que el niño ya había sido liberado.

“Luego la información sin confirmar se dispersó llegó al Alcalde, la Personería, la Defensoría, y a la Gobernación y por eso es que salen a hablar de la liberación”, dijo a La Silla esa persona. “Toda la línea de comunicación llega hasta donde el Presidente Duque, quien la recibe del Ejército y por eso hace el anuncio”.

Además, otra fuente, que nos confirmó esa información por aparte, nos relató que, al parecer, esa llamada se juntó con otras con información falsa sobre el paradero del niño y que todas habrían sido usadas por los secuestradores para distraer a las unidades mientras movían al niño.

La Silla supo que todo eso hace parte de las líneas de investigación y que están tratando de esclarecer lo que realmente sucedió con el origen de esas llamadas.

Sin embargo, que información sin confirmar haya escalado hasta Duque, como también sucedió en el caso de Guacho, líder de la disidencia del Frente Oliver Sinisterra en Tumaco, muestra que no existen o que no se están cumpliendo todos los protocolos de información y de inteligencia dentro del Ejército.

 
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La transición de poder en el Catatumbo, degradó aún más el conflicto

La ausencia de información sobre el paradero de Cristo José también muestra que la guerra en el Catatumbo se degradó aún más.

Eso porque aunque esa subregión por décadas ha sido una de las zonas más convulsionadas del país y su territorio ha sido históricamente controlado por grupos armados (ELN, EPL, las antiguas Farc y recientemente la disidencia del Frente 33 de las Farc), lo común es que cuando ocurría un hecho de violencia en pocas horas se tenía claridad del actor y los móviles.

La razón para que eso sucediera obedecía a que, aún sin presencia del Estado, el dominio de esos grupos estaba tan demarcado que el flujo de información era claro entre todos los actores, algo que no solo evitaba enfrentamientos, sino que permitía que cada guerrilla ejerciera autoridad en los habitantes de los sectores en los que tenía injerencia.

Tanto era así, que, en palabras de un defensor de derechos humanos que se conoce al dedal la zona, “si se robaban una gallina en una vereda, en menos de nada el grupo de la zona estaba llamando al culpable para que rindiera cuentas y castigarlo”.

Pero la situación ha venido cambiando en los últimos tres años y la principal explicación está en la transición de poder que se empezó a dar en la región con la salida de las Farc del escenario (desde los tiempos del proceso de paz).

Por ejemplo, fue ese vacío el que inició una guerra entre el ELN y el EPL por el control de las rutas del narcotráfico que antes eran de la guerrilla de Timochenko. Además, en los últimos meses la situación se ha venido complejizando con la creación de la disidencia del Frente 33 de las Farc que está alineada con Gentil Duarte, y que también está reclamando esos espacios.

En medio de esa guerra entre guerrillas, el conflicto ha escalado tanto dentro del Catatumbo que por eso el secuestro de Cristo José es solo el caso más visible.

Hace dos meses la masacre del Tarra en la que fueron asesinadas a plena luz del día siete personas y de la que aún no se han identificado plenamente móviles ni culpables; hace un mes fue el asesinato de Alirio Arena, presidente del Concejo de Convención; y desde que estalló la guerra entre el ELN y el EPL, la siembra de minas antipersona no solo para proteger cultivos ilícitos, sino también como estrategia de guerra.

Eso último no solo ha generado desplazamientos internos, sino que tiene amedrentadas y sitiadas a varias poblaciones del Catatumbo.

“Que no se tenga claridad de ninguno de estos hechos lo que muestra es un proceso de degradación del conflicto armado del Catatumbo”, dijo a La Silla Wilfredo Cañizarez, director de la Fundación Progresar. “Ahora parece que la competencia fuera por salir a decir primero que no lo hicieron y eso evidencia un cambio de dinámica grave”.

 
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El Catatumbo es una papa caliente para Duque

El secuestro de Cristo José volvió a poner los reflectores sobre el Catatumbo, pero, como explicamos en el punto anterior, esta subregión no ha parado de vivir en conflicto.

Aunque el presidente Iván Duque tiene eso claro y de hecho realizó uno de sus primeros talleres ‘Construyendo País’ en Tibú, por lo que se avisora, esta subregión de Norte de Santander será una de sus papas calientes.

No solo por lo convulsionada que está con la guerra entre guerrillas, la presencia de carteles mexicanos y las disidencias; sino porque los proyectos macro que ha anunciado hasta ahora para atacar el problema no son de fondo (como el anuncio de más militarización), o podrían detonar un conflicto social (como el regreso de la aspersión).

Por ejemplo, por la aspersión asociaciones campesinas ya anunciaron que podrían irse a paro en caso de que el Gobierno no reconsidere esa decisión e implemente los planes de sustitución voluntaria. Si lo hacen podrían revivir el escenario del paro 2013 que sitió por 53 días el nororiente del país.

Además, dependiendo de cómo sea el desenlace del secuestro de Cristo José, Duque podrá cobrar su primera gran victoria (luego de las salidas en falso con su liberación y con el episodio de Guacho) o enfrentar un golpe muy grande que incluso podría generarle una crisis.

 

 
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La derecha aprovechó para apalancar su agenda

Aunque desde todos los sectores del país ha habido rechazo por el secuestro de Cristo José, la derecha ha aprovechado esa coyuntura para mover su agenda política.

El rapto, sumado al asesinato de Génesis Rúa, le sirvió al Presidente Iván Duque, a los conservadores y a movimientos cristianos que lo acompañaron en campaña, para retomar la idea de la cadena perpetua para los autores de delitos atroces contra niños.

Si bien esa discusión es de vieja data, y como dijo ayer en su columna de La Silla, Héctor Riveros, en la práctica ya existe en el país porque hay penas que sobrepasan la expectativa de vida del delincuente y, en todo caso, eso no ha disuadido a los victimarios, con esto la derecha se apalanca en la ola de indignación para ponerle motor a una de sus banderas.

En otra movida, el expresidente Álvaro Uribe aprovechó para invitar a marchar “contra la delincuencia”.

Y el viernes promovió dos plantones en Barranquilla y Medellín, este último impulsado por la concejal del Centro Democrático, Nataly Vélez.

Si bien de lo de la marcha no se ha concretado nada aún, con su salida puso a figurar a la derecha como una de las abanderadas de la indignación por el secuestro de Cristo José.

 

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