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Por Jineth Prieto · 24 de Julio de 2018

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Desde que su hijo Óscar Villamizar Meneses se quedó con una de las siete curules de la Cámara en Santander, al exsenador condenado por el ‘carrusel de las Notarías’, Alirio Villamizar Afanador, le cambió el semblante dentro del mapa de poder local.

Aunque hasta ahora no era tan claro qué tan de frente se iba a mover y si su figura volvería a ser una de las protagonistas del entramado político del departamento, una reunión que organizó su grupo el sábado de la semana pasada dejó la sensación de que todo está dado para que reaparezca en el tablero.

La entrega de los avales en el uribismo para 2019 será la que le medirá el aceite a su empoderada.

La reunión

El sábado pasado en la sede de Copetrán en Bucaramanga el grupo del representante uribista Óscar Villamizar organizó una reunión a la que invitó a líderes de todas las provincias de Santander.

 

En el papel ese encuentro fue para agradecerles su apoyo en las legislativas y en la campaña presidencial, y en palabras del nuevo congresista, para generar “estructura de partido”.

Sobre cuántas personas llegaron hay versiones encontradas -nos dijeron que había entre 250 y 600-, pero, lo que sí confirmamos es que sí asistió un grupo de uribistas pura sangre de Santander. 

Por ejemplo, estaba Jaime Clavijo, de la Federación de Ganaderos de Santander; Severiano Cala, uno de los directivos regionales del partido; el diputado Jesús ‘Chucho’ Villar, quien hizo campaña con Villamizar, y la excandidata a al Cámara Bertha Beltrán, quien para las presidenciales terminó acercándose a esa casa política.

“Llegó el momento de pensar como partido y eso es algo que hemos venido haciendo y es una tarea que yo estoy encabezando con Bertha Beltrán y con varios sectores”, dijo a La Silla el Representante uribista.

Aunque lo normal es que Villamizar le apueste a reforzar su grupo en vísperas de las regionales, la reunión terminó levantando ampolla en varios sectores del Centro Democrático por dos razones. 

La primera porque hubo líderes que asistieron pensando que esa era una reunión oficial del partido, algo que para otras tendencias envió el mensaje de que el congresista quiere pasar por encima de ellas y ganar protagonismo cuando el lobby por los avales está a pocos meses de arrancar.

Y la segunda porque, además de los uribistas, en la tarima estuvieron dos políticos cuestionados: el exrepresentante del viejo PIN que perdió la investidura por tener interés indebido en el trámite de un proyecto que beneficiaba a las EPS, Holger Díaz; y el papá de Óscar Villamizar, el exsenador condenado Alirio Villamizar.

Sobre el segundo, el reparo estuvo en que más allá de su presencia como papá del congresista, tuvo tanto protagonismo que fue el que dio el discurso inaugural y eso dejó  la sensación de que -a diferencia de la campaña legislativa, donde se movió tras bambalinas- se reencauchó como actor político luego de varios años fuera del foco del poder. 

De los detalles de lo que habló en micrófonos hay varias versiones.

La que nos dijo el exsenador es que se había limitado a saludar y a agradecer como padre el apoyo a su hijo.

Óscar Villamizar nos aseguró algo similar, pero agregó que había hablado de que “le veía un buen futuro al grupo político” y explicó que si su papá abrió la reunión fue porque le pidió el favor debido a que él se encontraba saludando “uno a uno a los invitados”.

La versión que nos dieron dos fuentes que se mueven en las altas esferas del Centro Democrático en la región fue que Alirio Villamizar también se refirió a la necesidad de armar un equipo y de sentar las bases para fotalecer el partido.

Y la que nos dieron tres asistentes a la reunión que fueron como invitados de las provincias, además incluyó que el mensaje global fue el de la construcción de una fuerza política con miras a 2019.

Más allá de cuál sea la versión real, o incluso si todas ellas lo son en parte, lo que sí pasó fue que la reunión generó la primera fisura postelectoral en el uribismo en Santander. 

Eso principalmente porque a las demás tendencias no les gustó la idea de que un condenado empezara a sacar cabeza por el partido cuando la puja local se empezó a calentar.

El reencauche

Alirio Villamizar es uno de los congresistas más controvertidos que ha tenido Santander en el pasado reciente. 

Se dio a conocer en todo el país en 2009 por ser uno de los capturados por el escándalo de las Notarías que entregó el gobierno del entonces Presidente Álvaro Uribe Vélez a varios congresistas a cambio de que votaran a favor del artículo que permitió su reelección.

La Corte Suprema de Justicia no solo halló que había puesto a una cuota suya en la Notaría 11 de Bucaramanga, que fue creada para que él la manejara; sino que cobró (junto a su esposa María Meneses) por varios años el 50 por ciento de las ganancias de esa entidad. 

Por esos hechos, fue condenado a 9 años de prisión, que por buen comportamiento se redujeron a poco más de cinco años. 

Aunque esa condena significó un golpe tan fuerte para su grupo político que dentro de los círculos políticos de Santander se forjó la idea de que no volvería a surgir, en la práctica jamás desapareció completamente de la escena.

Como suelen hacer los caciques locales, puso a su hijo Óscar Villamizar a figurar e hizo varias movidas tras bambalinas que lo ayudaron a mantenerse.

En 2011 apoyó a la Gobernación de Santander al hoy senador de Cambio Radical, Richard Aguilar (hijo del parapolítico Hugo Aguilar), quien ganó y nombró a su hijo -el ahora Representante- en la Secretaría General del departamento.

En 2014 se terminó acercando a las toldas del viejo PIN y con ese aval lanzó por primera vez a Óscar Villamizar para buscar una curul en el Congreso como fórmula de Doris Vega, esposa del parapolítico Luis Alberto ‘el Tuerto’ Gil, pero la fuerza no le alcanzó y se quemó con 18 mil votos.

En 2015 apoyó en Floridablanca, municipio que fue uno de sus fortines cuando tenía poder, al ahora Alcalde Héctor Mantilla, y en contrapartida él le nombró a su hija Ingrid Villamizar, en la Secretaría de Desarrollo Social.  

Y para las legislativas, aunque intentó volver al conservatismo, al final nada se concretó, y por eso terminó buscando espacio en el Centro Democrático, partido en el que hubo pelea por su llegada, pero en el que al final pesó el derrotero de los votos para entregar avales. 

“Alirio es muy sagaz y eso lo demostró en toda su carrera política”, dijo a La Silla una fuente que ha hecho política con él. “Apenas salió de la cárcel empezó a visitar pueblos para decir que era inocente y así siguió manteniendo a sus bases cercanas a él”.

Sobre todas esas movidas, Alirio Villamizar aseguró que no habían sido dirigidas por él, sino por su hijo, quien aprendió a hacer política a su lado desde muy joven acompañándolo a correrías.

“No tengo aspiración de liderar ningún grupo político, ni de figurar, ni de nada por el estilo. Mi aspiración es ayudarle a mis hijos en lo que yo más pueda”, aseguró.

Aún si fuera así, lo que sí quedó claro en la campaña legislativa fue que aunque no se movió de frente, Alirio Villamizar sí fue clave en la candidatura de su hijo en marzo. 

Óscar Villamizar nos describió su rol como el de un “coordinador” y “consejero”; y Alirio Villamizar nos dijo que lo de coordinador no era cierto y que él solo era un consejero. 

Sin embargo,  cuatro fuentes que estuvieron en la campaña nos hablaron del controvertido exsenador como el motor de toda la logística. 

“Era el que organizaba todo y estaba pendiente llamaba líderes, definía detalles. Él era el que tenía la campaña en la cabeza”, dijo una de esas fuentes. “Si quiere ponerle un nombre, era algo así como el administrador”.

Ese último rasgo concuerda con cómo nos describieron la vida política de Alirio Villamizar tres conservadores de vieja data. 

“El secreto del éxito de él fue el orden. Él tenía muy claro qué tenía y en dónde”, dijo una de esas fuentes. “Tenía lo que realmente se llama una empresa electoral y todo lo que eso implica con un ejército burocrático y de contratistas detrás” 

Eso último no lo pudimos probar, pero lo de metódico sí quedó registrado en su proceso judicial. Precisamente, fue una agenda en la que anotaba cada movimiento de la Notaría la que sirvió de carga probatoria contra él y su esposa. 

Por eso, que Alirio Villamizar hubiera hablado abriendo el evento y enviando el mensaje de que hay que construir equipo, para un sector de los uribistas en Santander fue una muestra de que su papel -en momentos en los que el poder regional entrará en disputa- será más que el de un papá que aconseja. 

El pulso que le medirá el aceite

Una vez Iván Duque se posesione y el uribismo termine de aterrizar en la Presidencia y en el Congreso, en las regiones empezará un pulso por la conformación de los directorios departamentales y municipales. 

Este momento es clave no solo porque cada tendencia está inscribiendo militantes con el fin de asegurar las bases que votarán por los delegados en cada directorio; sino porque de paso mostrará cuáles fuerzas son más poderosas en lo local.

En el caso de los Villamizar, el terreno va bastante avanzado y, según nos contaron dos fuentes de ese grupo, además de la reunión de hace una semana la idea es empezar a visitar municipios para que buscar que las mayorías en los directorios sean de su cuerda.

Aunque los avales solo se entregarán en Bogotá y será Álvaro Uribe el que tendrá la última palabra en la definición de los ungidos, integrar esos órganos es importante porque serán ellos los que emitirán las recomendaciones a los potenciales candidatos y harán las veces de primer filtro.

Esa puja es de largo aliento, pero La Silla supo que el día de la reunión de Copetrán sí hubo al menos una charla sobre avales para el próximo año. 

Un directivo del Centro Democrático que lo sabe de primera mano nos contó que ese día hablaron delegados de Lebrija con Alirio Villamizar porque el segundo quiere que el candidato uribista sea el exalcalde de ese municipio Javier Uribe. 

“Ahora hay una pelea porque Alirio se mantiene en que esa va a ser el candidato, y ese municipio no quieren que sea así y ya estàn llamando a Bogotá para preguntar si es que Alirio va a mandar ahora en el partido”, relató esa fuente. 

Óscar Villamizar negó que esa información fuera cierta y dijo que aunque Javier Uribe sí ha apoyado a su casa política, en esta ocasión no tendrían por qué respaldarlo debido a que él “no estuvo con nosotros”. 

Como seguramente muchos de los líderes de Villamizar buscarán espacio para 2019 en alcaldías, concejos y asambleas, esta es hasta ahora la previa de la pelea interna por los respaldos.

En los próximos meses se sabrá qué tanta injerencia tendrá el condenado Alirio Villamizar en ella.
 

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