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Por Jineth Prieto · 28 de Enero de 2019

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El Grupo Promisión, un holding de inversiones promovido por buena parte de los cacaos de Santander, en los últimos cinco años pasó de ser uno de los proyectos empresariales con más proyección del departamento, a entrar en liquidación.

Varias decisiones que no funcionaron y la inversión en proyectos que no despegaron o se estancaron, terminaron hundiendo el megaproyecto privado, que tiene dentro de sus principales inversiones a Zona Franca Santander.

Con la caída, naufragó la apuesta de desarrollo regional más visible que impulsaron por tres décadas los empresarios más poderosos del departamento. 

El Grupo

El Grupo Promisión nació hace 34 años en Santander. Se creó como parte de una apuesta de los empresarios más poderosos del departamento, que vieron en la capacidad de asociarse una posibilidad para generar desarrollo regional. 

Aunque sus caras son los cacaos de Santander (los más visibles son Alejandro Galvis Ramírez, cabeza de grupo Galvis Ramírez, dueño de Vanguardia Liberal, el periódico más grande de Santander; y Rafael Marín Valencia, cabeza de Marval, una de las constructoras más grandes del país, eran los más poderosos); el Grupo se concibió con la idea de incluir a empresarios de todos los tamaños para que se convirtiera en un gran holding que jalonara la integración de la fuerza productiva de Santander. 

Los objetos eran dos principalmente: identificar potenciales oportunidades de inversión para generarle réditos a sus socios a través de la compra y venta de acciones, y convertirse en una incubadora de empresas innovadoras a través de la inyección de capital. 

La condición era que ninguno de los socios podía tener una participación mayor del 4 por ciento dentro del Grupo. 

Además, el modelo de inversión estaba dado en que Promisión adquiriría máximo el 30 por ciento de las acciones de las empresas en las que se metía, a cambio de tener asientos en las Juntas Directivas.

En total 900 empresarios de varios tamaños en la región decidieron apostarle a la idea.

La disparada ocurrió en 2007 cuando Promisión, después de consolidarse en lo local, empezó a sonar en lo nacional por su participación en negocios millonarios. 

El más conocido ocurrió ese año con la venta de Promisión Tv Cable, empresa de televisión por suscripción, un negocio que para ese entonces empezaba su auge en Colombia, a EPM. La transacción superó los $80 mil millones, de los cuales $25 mil millones fueron para el conglomerado empresarial, que tenía el 30 por ciento de la participación. 

Para esos años, el grupo cruzaba por su época de oro. 

Fue socia de Motorola para traer a Colombia a Avantel, también fue  la cabeza de Terpel, y tenía un puñado de inversiones pequeñas en varias empresas.

Por ejemplo, dentro de su portafolio entraron Promitec (encargada de innovación con enzimas en productos alimenticios), Pretecor (produce postes y trabaja con concreto), y Mediimplantes (produce implantes de columna). También tenía intereses en el sector inmobiliario y financiero.

Por esos años, el Grupo también entró con el 20 por ciento de la construcción del Ecoparque Natura, y empezó a moverse para promover la creación de la Zona Franca en Santander. 

Además de esas participaciones, todas sus cabezas visibles estaban consolidadas dentro de sus propios ramos. 

Mientras Alejandro Galvis era uno de los empresarios de medios de comunicación más grandes del país; Marval con Rafael Marín al frente crecía como espuma y consolidaba todos sus negocios dentro y fuera de Colombia; Adolfo Botero, con Comertex, se proyectaba como uno de los empresarios textiles más robustos; Rafael Ardila con su distribuidora de electrodomésticos Rayco era uno de los más fuertes en su sector en Santander; y Francisco Serrano con Distraves, era uno de los avícolas más exitosos del país. Solo por nombrar algunos. 

“Era como el símil del Sindicato Antioqueño. Algo que era muy importante porque siempre se ha dicho que los santandereanos no somos capaces de asociarnos y Promisión era prueba de lo contrario”, dijo a La Silla un empresario que ha estado en Promisión desde que cumplió dos años de fundada.. 

La imagen que ganó fue tanta que entre 2013 y 2014- cuando el Grupo cumplía 30 años de fundado-  las revistas Dinero y Semana hablaron de Promisión como el proyecto empresarial con más potencial del departamento.

En ese entonces sus directivos les contaron a los dos medios que para 2015 las expectativas estaban dadas en que las empresas en las que participaban elevaran su valor a 350 millones de dólares. También dieron a conocer que la proyección en ventas anuales de todas ellas era de $1,3 billones. 

Sin embargo, otra cosa fue lo que pasó.

La debacle

En la historia de Promisión, como es común en el mundo empresarial, ha habido momentos complicados. 

Por ejemplo, pese a que la creación de Avantel les dio prensa, terminó siendo un desacierto porque el negocio fue mucho menos productivo de lo que esperaban, no conocían el sector, tomaron decisiones desacertadas y terminaron endeudados en bancos.

 

Para cubrir ese pasivo, según nos relató una fuente que ha hecho parte de Promisión desde su creación, tuvieron que vender su participación en Terpel, empresa en la que llegaron a tener el control de la Junta Directiva, y hoy es una de las principales productoras de los derivados de petróleo y gas en el país. 

Sin embargo, nunca habían enfrentado una crisis como la actual.

Sobre su génesis hay varias hipótesis entre los socios, pero en la que cuatro de las cinco fuentes con las que hablamos coincidieron fue en que hubo improvisación a la hora de hacer algunas inversiones.

“Se cometió el error de pensar en el presente y no en el futuro. Hubo falta de información en la toma de algunas decisiones y nos terminamos metiendo en vacas locas porque muchos de los socios estratégicos no funcionaron”, dijo una de esas fuentes a La Silla. 

El caso al que todos hicieron referencia fue Agrotropical, una empresa que se constituyó en 2005 con un capital de $2.250 millones en libros, del cual Promisión puso la mayor parte. 

Su objeto era la siembra de cacao y para eso se aliaron con un socio ecuatoriano que en el papel era el encargado de desarrollar los cultivos en la Jagua de Ibirico en el Cesar y de garantizar su productividad. 

La expectativa era alta porque la siembra fue de alrededor de 300 hectáreas y la experticia del socio extranjero iba a ser la clave para entrar en el mercado ganando. 

De hecho, cuando hasta ahora estaban arrancando capitalizaron la empresa y en sus primeros tres años aumentaron su valor a $17 mil millones para garantizar su funcionamiento; sin embargo, como empezó a pedir tanta planta, en 2009 la escindieron con otra sociedad del mismo nombre y le traspasaron todos los activos con el fin de encontrar más socios capitalistas. 

Pero seis años después, las expectativas solo se quedaron en eso, y ni con toda la plata que le metieron (solo Promisión invirtió al rededor de 11 mil millones a través de capitalizaciones) funcionó. 

Las explicaciones van desde que las condiciones climáticas les jugaron en contra, pasan porque el socio ecuatoriano no fue útil y los dejó solos sin saber qué hacer con esa cantidad de hectáreas sembradas, hasta que el precio del cacao no era bueno cuando se dieron las cosechas.

“Nos metimos en un negocio que no conocíamos a fondo, confiamos en unos socios extranjeros y terminamos perdiendo”, explicó a La Silla un socio que conoció de cerca el proyecto. 

Según los registros financieros de esa empresa, para 2015 los pasivos alcanzaron poco más de $24 mil millones (fueron el doble de 2012) y las utilidades anuales eran de solo $100 millones. 

Además, aunque en 2016 y 2017 disminuyeron las deudas (en los registros de la Cámara no se especifica cómo), la sola operación arrojó pérdidas que oscilaron entre los mil y dos mil millones en esos dos años.

Finalmente el año pasado Promisión logró vender Agrotropical, pero todas las pérdidas que ocasionó sumadas a que al tiempo otras empresas del Grupo se estancaron (como Promitec o Mediimplantes que dan rendimientos pero hace años dejaron de crecer sustancialmente), y a que otras entraron en crisis como la megaconstructora Urbanas (tiene problemas de liquidez), afectaron de fondo el objeto de Promisión.  

“Promisión tenía la idea de engordar empresas y luego venderlas. Eso no pasó. Invertimos en unos proyectos que crecieron al inicio pero que luego se estancaron, el Grupo no reaccionó”, explicó a La Silla uno de los socios.

A ese panorama también se le sumó que la otra gran inversión de Promisión -Zona Franca Santander- ha tenido un despegue lento.

Ese megaproyecto fue impulsado por los cacaos desde hace una década. Era de tal interés para Promisión, que aunque su regla era no tener participación en más del 30 por ciento de cada compañía, alcanzó a tener el 51 por ciento de las acciones en algún momento. A 2016 su participación era del 28,6 por ciento.

Aunque actualmente Zona Franca tiene activos por más de $130 mil millones, las deudas bordean los $88 mil millones y hoy necesita inyección de capital porque no tiene la suficiente liquidez para responder por los créditos que adquirió en bancos para su construcción, por lo que tendrán que buscar la manera de inyectarle plata.

La liquidación

Por lo menos en actas, la idea de liquidar Promisión empezó a ser barajada desde finales de 2016. 

Ese año la empresa en una asamblea le pidió a los socios que votaran para hacer una capitalización por $7 mil millones.

La plata, según explicó el entonces gerente Juan Camilo Montoya, se necesitaba porque tras hacer un balance de las inversiones en la última década (ascendieron a $33 mil millones), había un saldo negativo de retorno de poco más de $7 mil millones. 

También, porque para ese momento las deudas en bancos ascendían a $9.832 millones, más los intereses que se estaban causando.

El panorama también era negativo porque se habló del descalabro de Agrotropical, y de la necesidad de capitalizar empresas más pequeñas. En el caso de Urbanas, constructora en la que tienen el 10 por ciento de las acciones, contemplaron poner su participación a la venta.

En esa reunión, uno de los socios dijo que si era necesario se debería considerar la liquidación porque era probable que la plata solo diera aire por un año, pero al final esa idea no prosperó. 

Al final la capitalización fue mucho menor de lo que proyectaron, y algunos meses después en la Cámara de Comercio Promisión solo registró un aumento del capital de poco más de $2 mil millones, es decir, menos del 30 por ciento de lo que esperaban.

Desde entonces en las actas de Promisión no se dieron cambios sustanciales, y, según los balances que se registraron, la situación no varió mucho desde entonces.

Sin embargo, el 10 de diciembre del año pasado los accionistas se reunieron con el fin de votar por la posibilidad de someterla a un proceso de liquidación. 

Según está registrado en el acta, la decisión se toma porque desde el 2014 inició una caída en los ingresos de Promisión y por esa razón el Grupo no  ha podido “desarrollar su objeto social”.

“Los órganos de administración han venido evaluando la situación financiera actual de la sociedad, así como la perspectiva desalentadora de las inversines, que los lleva a proponer a la Asamblea General de Accionistas su disolución anticipada”, dice en un aparte del reporte.

Aunque la decisión se tomó por unanimidad, eso no significa que este sea el fin definitivo de Promisión.

La razón de fondo está en que aún con todos los problemas, el Grupo aún tiene $40 mil millones en activos, y por ley los socios tendrán tres años para llevar a cabo la liquidación. 

Así que si al cabo de ese tiempo cambia la perspectiva económica o sus integrantes son capaces de reinventar el modelo, podrían parar el proceso, que en todo caso le servirá al Grupo para dejar de pagar algunos impuestos mientras tanto.

“En estos momentos hay un problema de fondo y es que todos los socios tienen apretado el cinturón por sus propias empresas. Hasta que la economía no vuelva a dar respiro no es posible seguir metiéndole plata a Promisión”, nos dijo una de las fuentes de adentro que accedió a darnos detalles.

Por ahora, lo que queda claro es que el gran proyecto de los cacaos de Santander entró a cuidados intensivos. Habrá que ver si este es el inicio del fin o si en medio de la crisis encuentran una luz y lo salvan de hundirse.

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