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Por Jineth Prieto · 13 de Septiembre de 2019

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Esta mañana Juan Guaidó, presidente interino de Venezuela, dio en Blu Radio su versión sobre las fotos en las que aparece con dos excabecillas de los Rastrojos, 'Menor' y 'Brother', el día que cruzó la frontera a Colombia para asistir al Venezuela Aid Live y liderar el 23F.

Según lo que dijo, ese día se tomó cientos de fotografías y no discriminó con quién lo hacía, no tenía conocimiento de que ellos eran cabecillas de los Rastrojos y negó que grupos ilegales lo apoyaran para llegar a Colombia.

Sin embargo, entró por el sector de Guaramito, un corregimiento de la zona rural de Cúcuta que controla esa banda criminal, y no ha dado detalles de cómo hizo para pasar por allí, por lo que persisten dudas sobre qué se movió detrás de su ingreso.

Más cuando para ese entonces era complicado que la zona no estuviera custodiada por ilegales, debido a la alianza que cerró ese grupo con una facción del EPL para narcotraficar a través de ese tramo de la frontera. 

‘El Brother’ y el ‘Menor’

En marzo de este año hubo un quiebre en la estructura de los Rastrojos de la zona.

Wilfrido Torres Gómez, conocido como ‘Necoclí’ y quien era el principal cabecilla, fue capturado por militares venezolanos en ese país. 

 

El anuncio no tuvo mucha trascendencia y se refundió en los titulares de ese día, pero retumbó en la frontera del área metropolitana de Cúcuta.

Eso porque Necoclí era el mandamás en el área rural de Cúcuta y en Puerto Santander, un municipio fronterizo al norte de Cúcuta, y su captura significaba un reacomodo entre los ilegales.

Dos fuentes que nos lo contaron por aparte y que coincidieron en los detalles, nos dijeron que para no perder el control, Necoclí mandó a buscar a Jhon Jairo Durán, alias ‘Menor’ y a Albeiro Lobo alias ‘Brother’ y los puso al frente del grupo. 

A ‘Menor’ le dejó el mando militar y al ‘Brother’ lo encargó de las finanzas.

Aunque inicialmente respetaron la línea de mando, rápidamente empezaron a moverse en función de sus propios intereses.

Eso último, según nos detalló una de las fuentes y reportó Insight Crime en julio, habría llevado a ‘Necoclí’ a armar un ejército con la facción que le era leal para recuperar el poder, lo que desató una guerra interna en esa banda criminal.

El punto álgido de esa disputa fue un enfrentamiento el 18 de junio, en el municipio venezolano Boca de Grita, del estado Táchira.

Allí Necoclí, quien según Insight Crime habría cerrado acuerdos con las autoridades venezolanas para salir de la cárcel con anticipación a cambio de ser funcional a los intereses del Gobierno Maduro, emboscó a sus rivales.

El resultado fue una masacre de la se conocen pocos detalles, más allá de que hubo 12 muertes, y que significó el fin del dominio del ‘Menor’ y el ‘Brother’.

‘Menor’, quien es oriundo de Venezuela, terminó capturado por la Policía de Colombia con cuatro disparos mientras huía con su escolt; ‘el Brother’, que viene de Pelaya en el Cesar, cruzó la frontera y se entregó.

Así que 'el Menor' y 'el Brother' no eran los primeros en la línea de mando de los Rastrojos para el momento en el que Guaidó cruzó la frontera, pero sí eran cabecillas, ejercían poder y se movían como peces en el agua en la zona rural froteriza de Cúcuta y Puerto Santander.

Además, estuvieron con Guaidó porque, como contó La Silla, las imágenes son verdaderas.

La pregunta es si, como planteó Wilfredo Cañizarez, director de la Fundación Progresar -una de las ONG con más credibilidad en el seguimiento al conflicto en Norte- y quien reveló las fotos, los Rastrojos coordinaron con autoridades colombianas para que el líder de la oposición venezolana llegara a Colombia.

La aparición de Guaidó

Juan Guaidó apareció en Colombia el 22 de febrero, el día del concierto de Venezuela Aid Live.

Aunque desde hacía días había expectativa por su llegada al país para ese evento, no era claro cómo lo iba a lograr porque Maduro ordenó operativos para tratar de interceptarlo y porque era muy difícil que pasara desapercibido al cruzar el país de extremo a extremo (partía desde Caracas).

En la frontera en el sector rural de Cúcuta, y particularmente en Puerto Santander, empezó a haber tensión desde el día anterior.

Según le relató Wilfredo Cañizares a La Silla, se enteró de la tensión por líderes locales que le avisaron que los Rastrojos habían decretado toque de queda y tenían prohibido salir hasta para comprar mercado.

“Inicialmente nosotros no entendimos muy bien por qué estaba pasando y los que nos reportaban esa situación tampoco. Hicimos la recomendación de que se resguardaran”, dice Cañizares, quien nos precisó que no había revelado la información antes porque no tuvo pruebas contundentes hasta que obtuvo las fotos.

Luego, según nos detalló, las mismas fuentes de la zona empezaron a reportarle que el toque de queda tenía que ver con la llegada de Guaidó a Colombia. 

La unión de los dos hechos no está probada, pero Guaidó entró a Colombia por el paso de Guaramito, en el extremo norte de la zona rural de Cúcuta, pegada a Puerto Santander.

El primero que lo grabó  ya en Colombia, corriendo en medio del puente que conecta a los corregimientos de Guaramito y Agua Clara, en la zona rural de Cúcuta y a unos 15 minutos de Puerto Santander, fue Felipe Corzo, concejal conservador de la capital de Norte e hijo del exsenador Juan Manuel Corzo.

El concejal le contó a La Silla que la delegación que fue a recoger a Guaidó fue muy pequeña y que él estuvo en ella porque, como vicepresidente del Partido Conservador, hace parte de la Unión de Partidos Latinoamericanos, Upla, organización que trabaja en defensa de las democracias de la región y en la que conoció a varios políticos de Venezuela.

“A mí me llaman para que haga parte de esa delegación. Solo íbamos cuatro personas: Roberto Marrero, dos de sus ayudantes y yo como colombiano”, dijo el concejal. “Cuando faltaban más o menos 10 minutos para llegar y nos avisaron que Guaidó ya estaba a punto de entrar yo avisé a Presidencia, y ellos dispusieron un operativo de seguridad y enviaron un helicóptero”.

Según explicó Corzo, el operativo no duró más de 20 minutos, Guaidó llegó solo con su esposa y su chofer, y jamás vio armados o un movimiento irregular.

“Claro, uno sabe que esa zona es caliente y por eso todo se hizo tan rápido, pero no son ciertas las afirmaciones que señalan que hubo una coordinación. Eso es falso. Nada extraño pasó mientras estuvimos allá”, agregó el concejal.

No obtuvimos más versiones internas, pero en el video que publicó Corzo se puede ver que mientras la delegación corre con Guaidó a través del puente en territorio colombiano, hay varios civiles viendo y grabando lo que está sucediendo. Incluso hay una moto parqueada y otra cruza el puente.

Como esta mañana Guaidó dijo que se tomó cientos de fotos antes de llegar al concierto, y muchas más durante ese evento, y que era difícil “discriminar quién pide una foto”, que aparezcan tantos civiles mientras cruza el puente refuerza su versión y le quita peso al toque de queda denunciado en la zona. 

Además, como las fotos inicialmente las reveló el 3 de septiembre Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional Constituyente de Venezuela, le da aire a su tesis de que hubo intereses políticos en revelarlas.

Sin embargo, no queda claro por qué ‘el Menor’ y ‘el Brother’ estuvieron con Guaidó ni por qué le pidieron una foto.

Y menos por qué dieron la papaya de dejarse ver cuando, según reportes de inteligencia, para ese momento se completaban pocos meses de la alianza de esa banda criminal con una facción del EPL para narcotraficar, algo que les multiplicó aún más los ingresos.

La meca de la frontera

Los Rastrojos son el grupo ilegal más poderoso en la zona rural de Cúcuta y en Puerto Santander.

Como contó La Silla en 2016 cuando visitó ese sector -que tiene uno de los pasos oficiales en la frontera- no hay nada que se mueva sin que ellos sepan.

Aparecieron hace más de una década y en diferentes momentos han tenido enfrentamientos por el control territorial con otras estructuras armadas que se formaron tras la desmovilización paramilitar.

Esos choques reflejan el alto valor de controlar la zona, que es quizás más estratégica de la frontera para la economía ilegal.

Eso porque allí están la mayoría de trochas que conectan a Cúcuta con Venezuela, por las que pasan gasolina en cantidades industriales, carne y todo lo que se puede comercializar desde Venezuela. 

Desde que se cerró el paso vehicular de la frontera por decisión de Maduro, en la zona que controlan los Rastrojos se creó un nuevo mercado con el tránsito de venezolanos hacia los dos lados, desde migrantes que pasan definitivamente a Colombia hasta los que llevan a su país mercancía que les pueden incautar en los puntos formales de control.

Encima, desde mediados del año pasado hicieron una movida clave cuando, según información de inteligencia militar reportada por La Opinión, cerraron un trato con el EPL para disparar el narcotráfico por la zona. 

(Antes de ese acuerdo su fuerte era el microtráfico, pero desde entonces hay reportes de que aumentó la cantidad de la coca sembrada en la zona, de que llega otra desde Tibú y de que el principal comprador es un cartel mexicano).

Aunque con la crisis venezolana la cantidad de coca que se puede sacar por ese país disminuyó, porque el tráfico tanto marítimo como aéreo se fue al piso y la DEA intercepta gran parte de la embarcaciones o vuelos una vez están fuera de ese país, sigue siendo una ruta importante.

“Podemos decir que aquí está la meca de la frontera”, nos dijo una fuente en terreno que nos pidió la reserva de su nombre. 

Aunque en teoría el Estado está -hay estación de Policía y alcaldía-, en la práctica el control que ejerce es muy poco y, como había contado La Silla, hay complicidad de un sector de la fuerzas armadas y autoridades colombianas y de la Guardia venezolana con las estructuras ilegales.

Eso está estrechamente ligado a que los negocios ilegales son más rentables y menos riesgosos en esa zona, porque el control de un solo grupo hace que el riesgo de confrontación sea muy bajo y porque contrabandear está dejando mucha plata.

Solo para darse una idea, este año un galón de gasolina en Venezuela estuvo costando $4 y puesto en Colombia pasaba a valer $7.500. Además, el mercado es enorme porque se calcula que en el área metropolitana de Cúcuta pasan ilegalmente unos de 2 millones de galones anuales (mucho de los cuales provienen de ese lado de la frontera).

Igual pasa con la carne: una res viva en Venezuela cuesta alrededor de $350 mil y en Colombia bordea los $1,5 millones. Además, si ya está lista para vender el precio sube. 

De hecho, la Policía Fiscal y Aduanera, Polfa, no hace operativos contra el contrabando en Puerto Santander y sus alrededores porque el riesgo es muy alto, dado que los habitantes defienden a los ilegales porque representan su principal fuente de ingresos, y porque la respuesta armada de los Rastrojos es muy alta.

“Las operaciones se hacen a través de información de inteligencia y de fuentes que nos alertan y nosotros llegamos a interceptar. No tiene sentido arriesgar la vida de Policías llegando directamente a Puerto Santander”, le detalló a La Silla el coronel Carlos Eduardo Girón, director de la Polfa en Norte de Santander.

Por eso es claro que los Rastrojos controlan Puerto Santander y sus alrededores, y el paso de Guaidó deja la pregunta sobre si una logística como la que lo recogió (con helicóptero incluido) podía ocurrir sin que ese grupo al menos acordara mantenerse al margen.

Como el ‘Menor’ y el ‘Brother’ están recluidos y podrían dar detalles de lo que pasó ese día en Guaramito, aún falta ver qué pueden contar.

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