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Por Jineth Prieto · 20 de Septiembre de 2018

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Aunque aún no se conocen todos los detalles del informe del Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos, Simci, de las Naciones Unidas, los datos que ayer mostraron las cifras gruesas y el comportamiento de la siembra de coca en el último año en Colombia, dejaron ver varias cosas sobre lo que está pasando en el Catatumbo, subregión de Norte de Santander que tiene el 16 por ciento de las hectáreas sembradas en el país. (Para ver las conclusiones nacionales haga clic aquí).

 

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La desbordada de la coca en el Catatumbo fue más expectativa que realidad

Aunque desde mediados de año se empezó a hablar de que el Catatumbo en Norte de Santander destronaría a Nariño en el ranking de los departamentos con más coca sembrada en el país, al final eso no sucedió.

Con 28.244 hectáreas, el departamento siguió ocupando el tercer lugar en la medición detrás de Nariño y Putumayo, regiones que también mantuvieron su puesto en el escalafón.

Si bien esa cifra representa un aumento de poco más de 3.400 hectáreas entre 2016 y 2017, lo que significa que el área con cultivos ilícitos allí aumentó un 14 por ciento en el último año, el resultado también estuvo lejos de ser el más alto del país.

Por ejemplo, con respecto a 2016 Córdoba creció en 79 por ciento, Valle 68 por ciento, Antioquia 55 por ciento, y Bolívar 51 por ciento la cantidad de coca en sus territorios- En contraste, Norte fue el tercer departamento en el que menos aumentó la siembra de coca en comparación con los otros 14 en los que se registró un crecimiento en el número de hectáreas cultivadas.

 
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Donde empezó a funcionar el Pnis, sí disminuyó la coca

Como ha contado La Silla, la implementación del Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos Ilícitos, Pnis, está quedado en el Catatumbo.

Aunque el programa arrancó hace casi un año allí, los avances han sido muy pocos.

Pese a que son 11 municipios los que comprenden esa subregión de Norte de Santander, actualmente el Pnis solo está funcionando en Tibú, en 9 núcleos que suman 2665 familias, pero de esas solo 554 ya han sustituido; y en San Martín de Loba, corregimiento de Sardinata en el que hay acuerdos individuales con 300 familias,

Además, en el núcleo veredal de Caño Indio (Tibú), que es donde debería ir más avanzado el proceso porque comprende la vereda donde se concentró el frente 33 de las extintas Farc, el éxito de la sustitución está en entredicho.

Eso no solo porque los proyectos productivos que eran la fase clave para asegurar que los campesinos hicieran tránsito a la economía legal tardaron tanto que el subsidio bimestral de $2 millones no sirvió como colchón para que los cocaleros se mantuvieran mientras hacían nuevas siembras, sino también porque lo que les llegó no era lo que esperaban.

Sin embargo, y aún con todas las dificultades, los resultados del Simci muestran que las zonas donde entró a funcionar el Pnis los cultivos de coca disminuyeron.

Según el mapa del monitoreo (aún no ha mostrado cifras detalladas por municipio), en las zonas de Tibú y Sardinata en las que hay acuerdos fue donde disminuyó la cantidad de hectáreas sembradas con respecto a 2016.

Eso se debe en parte, a que pese a las dificultades de la implementación, como ha contado La Silla, los campesinos han cumplido en su mayoría el compromiso de no volver a cultivar coca.

También a que, aunque el Estado no ha llegado con toda la inversión que prometió el programa, sí envió Ejército y Policía a monitorear que no haya resiembra en esas zonas.

 

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En los municipios con más conflicto, aumentó la siembra

El mapa de Norte de Santander mostró que en contraste con la reducción que se registró en Tibú y Sardinata en las zonas en las que está en marcha Pnis, en el resto del área de esos municipios y en San Calixto, Hacarí, Teorama y El Tarra se disparó la siembra.

Mientras que en Tibú el área sembrada pasó de 12.787 a 13.685 hectáreas, el Tarra superó a Sardinata (que el año pasado había sido el segundo con más coca en el Catatumbo con 3.847 hectáreas). Según la medición, el primer municipio alcanzó 4.300 hectáreas de coca en su territorio y el segundo cerró con 4.112.

Todos esos municipios tienen en común que dentro de sus territorios ejercen influencia el ELN, el EPL y recientemente las disidencias del Frente 33 de las Farc, que están comandadas por alias John 40.

Mientras que las dos primeras están librando una guerra sin cuartel desde que arrancó el año por el control de las rutas del narcotráfico que dejó la antigua guerrilla de Timochenko, las disidencias están intentando recuperarlas y enlazarlas al proyecto de alias Gentil Duarte, quien quiere refundar las Farc.

Todo atizado por la cada vez más visible presencia del cartel mexicano del Sinaloa, que, como contó La Silla, tiene encendido el mercado de la coca en todo el Catatumbo  y está dinamizando el mercado con el pago en efectivo de la pasta.

 

 
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Donde dominan las bacrim, no hay coca sembrada

Además del Catatumbo, la otra zona neurálgica de Norte de Santander está en Cúcuta, Villa del Rosario y Puerto Santander, donde bandas criminales controlan el narcotráfico y el contrabando.

Aunque esas bandas negocian con la coca que sale del Catatumbo y tienen buena parte del mercado, principalmente en complicidad con policías y soldados corruptos tanto del lado venezolano como colombiano, no han logrado que se empiece a sembrar coca en ese sector.

Además, el monitoreo reveló que la cantidad de coca sembrada al norte de Cúcuta -en límites con Tibú- se mantuvo igual que con respecto a 2016, por lo que por ahora las bandas criminales mantienen su rol de intermediarias en la cadena del narcotráfico.

 

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