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Por Jineth Prieto · 21 de Enero de 2019

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En medio del arranque de la campaña para las elecciones de octubre, en Santander se empezó a cocinar la primera movida que será clave para la disputa de poder local: los partidos más grandes quieren llegar unidos para poner candidatos únicos a la Alcaldía de Bucaramanga y la Gobernación. 

La potencial alianza, que incluiría al Centro Democrático, liberales, Cambio Radical, La U y los conservadores, además de buscar un gana-gana para los dos principales cargos del departamento, tiene como objetivo cerrarle los espacios a los sectores independientes, que este año competirán con un caudal electoral que ya está probado en las urnas.

Los acercamientos

Desde finales del año pasado entre todos los sectores políticos tradicionales de Santander se empezó a barajar la idea de buscar una alianza para llegar unidos a las elecciones de octubre.

Aunque las 14 fuentes con las que hablamos coincidieron en decirnos que por ahora nada se ha concretado, también nos confirmaron que ya han existido conversaciones informales con miras a llevar a cabo el plan. 

 

Las razones para que esté tomando fuerza esa idea son dos.

La primera es que quieren hacerle contrapeso a los candidatos que lanzarán los partidos alternativos, que en las últimas dos elecciones han tomado fuerza en Santander y que este año, con el impulso de Rodolfo Hernández en la Alcaldía de Bucaramanga, pueden terminar de alzar vuelo.

La segunda es que dado el desgaste de los partidos tradicionales y los cuestionamientos que están enfrentando varios de sus militantes, creen que es mejor presentar una sola candidatura  que pueda mimetizar esa condición en la campaña.

Como las caras que presenten a esos dos cargos serán claves, el meollo de la potencial alianza estará en la manera en la que se someterían a ella y los términos y condiciones que operarían en la eventual repartija de poder.

Por ahora, la fórmula en la que han coincidido preliminarmente es que cada partido lleve a cabo sus propios procesos internos y decante su baraja hasta definir candidato único para que los que resulten de ese primer filtro se sometan a algún proceso de selección que concluya con los ungidos para los principales cargos.

Eso, en caso de que se lleve a cabo, le apuntaría a garantizar que los partidos no se fraccionen en el arranque de la campaña, principalmente porque las barajas de precandidatos ya empezaron a tomar forma para la Alcaldía de la capital y la Gobernación.

Sin embargo, es para el último cargo, donde se precipitó la puja con la salida al ruedo de Leonidas Gómez, quien tras renunciar a finales del año pasado al Senado a solo cinco meses de su posesión, anunció su aspiración a la Gobernación por la vertiente de los alternativos.

Mientras que en Cambio Radical están sonando los nombres del controvertido exalcalde de Barranca, Elkin Bueno, y el del exsenador del viejo PIN, Mauricio Aguilar, quien es hijo del parapolítico Hugo Aguilar y hermano del actual senador Richard Aguilar (también estaría considerando irse por firmas); en el liberalismo están en la lista el controvertido empresario y exrepresentante del viejo PIN, Fredy Anaya; el exsecretario de Infraestructura de la Gobernación, Mauricio Mejía; el exsenador Honorio Galvis, el excandidato a la alcaldía de Bucaramanga, Carlos Ibáñez, y el exrepresentante Mario Suárez.  

La última baraja que se armó fue la del Centro Democrático. Hasta ahora está integrada por el diputado Mario Cárdenas, los excandidatos a la Cámara, Iván Aguilar, Luis Fernando ‘Chumi’ Castañeda, y Laureano Tirado, un uribista de extracción conservadora que hace parte del grupo político del actual representante Edwin Ballesteros y que ha trabajado en política al lado del clan Aguilar.

“Cada quien hará sus arreglos internos y luego sí se mirará la unión. Pero a lo que sí hay que apuntarle es a llegar juntos”, nos dijo un congresista que está buscando acuerdos para concretar las alianzas.

Sin embargo, la mayoría de esos nombres tienen en común que cargan con lastre político y enfrentan cuestionamientos por presunta corrupción, por lo que el reto que todos tienen será escoger un candidato que no solo garantice los acuerdos sino que no tenga sombras.

Eso, sobre todo, porque por ahora todo apunta a que la campaña se dará en medio de la narrativa de la lucha contra la corrupción y como nos dijo un senador, “si salimos con alguien con rabo de paja, ni por más unión que tengamos ganamos”.

Y aunque para concretar la unidad de esos partidos aún queda camino por recorrer, La Silla supo que desde adentro del liberalismo varias vertientes ya se han ido moviendo con miras a garantizar su papel protagónico en la contienda.

El plan rojo

Los argumentos que tienen los liberales para buscar un rol principal dentro de la eventual alianza son dos. 

El primero, es que tienen la Gobernación de Santander, y aunque están divididos quieren zanjar las diferencias con miras a moverse en un frente común. 

Sobre eso incluso ya hay avances y varios se han empezado a reunir con miras a buscar acuerdos. 

Por ejemplo, La Silla supo que la semana pasada ya almorzaron los senadores Miguel Ángel Pinto y Jaime Durán. Además, la otra semana ya se programó una reunión de toda la bancada para empezar a poner las cartas sobre la mesa.

El segundo, es que en las legislativas movieron 221 mil votos a la Cámara, y eso, aún con los lastres que cargan la mayoría de caras visibles de ese partido, muestra que tienen una fuerza electoral considerable. 

“Sumados los resultados del liberalismo y del uribismo hay 360 mil votos. Eso muestra por qué esos dos partidos son los llamados a poner candidatos en los dos principales cargos”, dijo a La Silla una fuente liberal.

Hasta ahora hay dos vertientes rojas que han empezado a tender puentes con el Centro Democrático. 

La primera es la del senador Jaime Durán, quien ya habló con el expresidente Álvaro Uribe sobre la posibilidad de hacer una alianza que beneficie a los dos sectores. 

Dos fuentes que lo saben de primera mano le contaron a La Silla que la directriz de Uribe fue que se acercara a hablar con el exrector de la Unab y uribista purasangre, Alberto Montoya, y con la exministra de comunicaciones Martha Pinto de De Hart para ir cerrando brechas.

Esas mismas fuentes nos confirmaron que Durán aún no ha hablado con Montoya porque este último salió del país, pero que quedaron de reunirse a mediados de febrero. Con Pinto de De Hart no logramos comprobar si ha habido acercamientos.

En todo caso, lo que sí nos dijeron fue que Durán intentó mover el nombre del exrepresentante Mario Suárez para la Gobernación, al final esa precandidatura se diluyó porque él no aceptó la postulación; sin embargo, al tiempo se han empezado a considerar otros escenarios. 

Por ejemplo, desde hace unos días se metió al sonajero preelectoral para la Gobernación el nombre de Carlos De Hart Pinto, hijo de Martha Pinto, exviceministro de Desarrollo Empresarial en el primer gobierno de Juan Manuel Santos, y recién nombrado miembro de la junta directiva de la Cámara de Comercio de Bucaramanga como delegado de Presidencia. 

“El nombre es interesante porque es una cara nueva, que no tiene cuestionamientos, y que por venir del lado de los empresarios le quita electorado a Leonidas Gómez. Los demás nombres tienen que jugar con que son muy políticos”, nos explicó una fuente que conoció de la propuesta. Otra nos con las mismas características nos dio una versión muy similar. 

Como el apoyo estaría condicionado a que en contrapartida el uribismo apoye al candidato a la Alcaldía en caso de que el que postulé sea el de la Gobernación, ese escenario a quien favorecería de entrada sería al senador Miguel Ángel Pinto.

La razón está en que, como hemos contado, Pinto quiere lanzar a su esposa Claudia López, quien a su vez es la tía del gobernador Didier Tavera, a la Alcaldía de Bucaramanga.

Sin embargo, esa movida tiene cuatro puntos débiles. 

Si el candidato a la Alcaldía lo pone Pinto, no es tan claro en qué se beneficie Durán, quien terminó distanciado de los Tavera desde que arrancó el cuatrienio porque el Gobernador lo desconoció; además, está el hecho de que Montoya y Pinto de De Hart solo representan una vertiente dentro del Centro Democrático en Santander. 

Eso sin contar con que De Hart aceptó la delegación de Duque en la junta de la Cámara por lo que puede haber debate sobre si está habilitado o no para participar; y con que las demás vertientes tienen sus propias barajas de precandidatos a los dos cargos (faltan definiciones en el lado del representante Óscar Villamizar) y sin ellos contentos se podría reventar la potencial alianza antes de que arranque formalmente la campaña.

La segunda vertiente liberal que se ha empezado a mover es la de la casa Tavera y lo ha hecho a través de Jorge Cote, delegado de Santander en el directorio nacional del uribismo, y de Iván Aguilar.  

Ambos apoyaron al actual Gobernador hace cuatro años contra la voluntad del Centro Democrático, y de hecho en pago a ese apoyo, Aguilar trabajó con la administración de Tavera una parte de su gobierno. 

Eso último hizo que Aguilar se convirtiera en el hijo pródigo del uribismo en Santander, algo que aún genera resistencia dentro del partido, al que regresó para las legislativas cuando fue candidato a la Cámara.

“Didier lo que no quiere es perder y a él le sirve la alianza. Pero esto tiene que jugar pensando en qué candidatos le sirven para no quedar como el que perdió la Gobernación”, explicó a La Silla un político que trabaja de cerca con el grupo del Gobernador.

De hecho, en el uribismo la movida de Aguilar y Cote fue tan conocida, que incluso generó molestia y desde Santander un sector del partido, le pidió a las directivas en Bogotá que pusiera reglas del juego para evitar posiciones dominantes en la entrega de avales.

Lo que se ha propuesto internamente es que el candidato definitivo resulte tras un proceso de eliminación similar al que se sometieron los precandidatos presidenciales de ese partido.

Por eso, aunque el liberalismo madrugó a tender puentes, por ahora todas las expectativas están puestas en las primarias que deberá llevar a cabo cada partido.

Además, porque para asegurar una gran alianza que más allá de rojos y uribistas incluya a La U, a Cambio y a conservadores, también deberán negociar las postulaciones a las demás alcaldías del área metropolitana y a las capitales de provincias.

Las reuniones de cada partido que están planeadas para las próximas semanas serán claves para medirle el aceite a los pulsos internos.

Como lo que tendrán que conciliarse serán los egos de todos los caciques, habrá que ver si las intenciones sobreviven la campaña.
 

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