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Por Jineth Prieto · 16 de Noviembre de 2018

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José Fernando ‘el Gordo’ Bautista, uno de los lobbystas más exitosos del Congreso, decidió dejar de moverse fuera de los reflectores en temporada electoral para salir al ruedo en 2019 y buscar la Alcaldía de Cúcuta.

Con su entrada en la baraja de candidatos, el hombre que fue el pegante de la Unidad Nacional de Santos, que fue uno de los estrategas de la segunda vuelta de la reelección, que apalancó la llegada de Fernando Carrillo a la Procuraduría, y medió para la elección de Felipe Córdoba en la Contraloría, le pone un nuevo ritmo a la precampaña en Norte de Santander.

Eso no solo porque es amigo de parte de la clase política del departamento, sino porque como su carrera la ha hecho en las grandes ligas del poder, tiene a varios súper poderosos de su lado que podrían inclinar la balanza a su favor en la carrera.

El lobbysta

El ‘Gordo’ Bautista es uno de los hombres que suele pasar debajo del radar de los medios, pero que es muy influyente dentro del tejemaneje del poder. 

Aunque creció en Cúcuta, su carrera la ha hecho principalmente en Bogotá donde aprendió a moverse al poco tiempo de haber arrancado en la política regional. 

 

Es en esencia liberal. Viene de una familia que militó en ese partido y que en Norte de Santander es cercana a los Cristo. 

Lo hizo de la mano del excongresista liberal Jorge Cristo Sahium, quien fue asesinado por el ELN y es papá del ex ministro Juan Fernando Cristo y del actual senador Andrés Cristo, que debutó como militante activo del liberalismo.

Desde muy temprano se hizo conocido adentro del partido porque entiende los recovecos de la política, hace aliados, y sabe cómo mover los hilos del poder para conciliar posturas y salirse con su cometido.

Por ejemplo, fue cercano tanto al gavirismo como al samperismo e hizo amigos en los dos lados, que le sirvieron para haber sido Secretario General del partido a sus 30 años. 

Esa cercanía con todos los liberales también le sirvió para tener, muy joven, en cargos diplomáticos y haber tenido varios altos cargos la Nación, entre esos el de Ministro de Comunicaciones en la era Ernesto Samper.

Bautista fue quien concilió el paro del sindicato de Telecom en 1998 a raíz de la Ley 100, cuando logró convencer a los trabajadores que terminaran el paro después de 11 días, y justo antes de las elecciones presidenciales que amenazaban sabotear.

Por ese talante conciliador fue que a mediados de la primera década del 2000, tras una disidencia liberal liderada por Juan Manuel Santos, lo llamaron para que ayudara a fundar el Partido de La U.

En ese entonces fue el mismo Santos, a quien ya había sido cercano, quien lo buscó para que se convirtiera en el secretario general del nuevo partido, apoyara la estrategia de la campaña reeleccionista de Álvaro Uribe en Bogotá, y ayudara a conformar las listas al Congreso, que arrasaron en ese momento.

Cuatro años después, cuando Santos fue el candidato presidencial de La U, nuevamente Bautista fue clave. No solo le coordinó la campaña en la región centro-oriental del país, sino que en la segunda vuelta se encargó de las adhesiones políticas para asegurar la victoria.

Esa es la razón por la que el senador Roy Barreras lo llamó el “arquitecto de la Unidad Nacional”, algo que tomó fuerza cuando en el Congreso de ese momento él se convirtió en el componedor de varias decisiones políticas, entre esas, la elección de Sandra Morelli en la Contraloría, y la presidencia de Senado.

Aunque luego Santos lo nombró como embajador en Venezuela, renunció al poco tiempo debido a que resultó vinculado al controvertido Grupo Nule, para el que trabajó como intermediario de firmas extranjeras que licitaron junto a ellos, justo cuando el escándalo por el carrusel de contratación de Bogotá estaba en auge. 

Desde entonces desapareció del espectro, pero para la segunda vuelta de la reelección de Santos volvió para ayudar en la campaña luego de que perdiera frente a Óscar Iván Zuluaga en la primera vuelta. 

La tarea de Bautista fue diseñar la estrategia para voltear los resultados en los departamentos donde Santos había perdido. Todo eso en momentos en los que la campaña fue aceitada con la plata de la corrupta multinacional brasilera Odebrecht.

Luego volvió a figurar cuando fue el lobbysta de la aspiración de Fernando Carrillo a la Procuraduría General.

Como contó La Silla, en esa campaña se encargó de conseguir citas con los senadores, contar diariamente los votos, y estar atento a las reuniones parlamentarias para reconfirmar los apoyos. La ganó.

En las presidenciales pasadas asesoró a Germán Vargas Lleras en Bogotá, pero se la jugó finalmente con Iván Duque, eso debido a que pese a su cercanía con el santismo no perdió los amigos de vieja data en el uribismo.

Su última movida, según le dijo a La Silla el mismo Bautista, fue la de la elección de Felipe Córdoba en la Contraloría General. En esa campaña los uribistas terminaron cediendo a la movida  de liberales y Cambio para quedarse con ese cargo.

“Bautista guarda buenas relaciones con todos, porque las peleas que casa no son personales”, dijo a La Silla un político que lo conoce hace 30 años y ha trabajado con él.

Todas esas conexiones son su principal carta de presentación.

La reaparición

La última figuración del Gordo Bautista en Cúcuta fue hace 18 años cuando, tras la destitución por irregularidades en contratación de José Gélvez Albarracín, fue nombrado por el entonces gobernador Jorge García-Herreros como Alcalde de la ciudad. 

Llegó a ese cargo porque lo apalancaron todas las relaciones que para ese momento había tejido con el liberalismo y que ya lo habían convertido en Ministro.

Su nombramiento estuvo metido en demandas porque su nominación se hizo en contra de la voluntad del entonces congresista Miguel Ángel Flórez, cabeza y fundador de Apertura Liberal, el partido que le había dado el apoyo más fuerte en campaña a Gélvez.

Por esa razón, tuvo que renunciar a dos meses de que se terminara el encargo, y además contó con una férrea oposición que lo dejó con varias denuncias andando sobre su gestión, pero al final ninguna prosperó.

Aunque después desapareció del escenario regional, y solo hasta ahora vuelve a figurar en Cúcuta, varias cosas favorecen su aspiración. 

Una son sus relaciones relaciones con poderosos, no solo en lo nacional sino con buena parte de la clase política regional. 

Eso por sus orígenes generales, y porque siendo alcalde nombró en varios despachos a políticos que también escalaron y hoy son influyentes en Norte.

Por ejemplo, el hoy presidente de la Cámara, el liberal Alejandro Carlos Chacón, fue su secretario de desarrollo; Carlos Luna, hoy presidente de la Cámara de Comercio de Cúcuta, fue su secretario privado; y Hernando Angarita, una de las manos derechas de Vargas Lleras en Norte, fue su asesor.

De esos, el que tiene votos y es más cercano a él es Chacón. De hecho, en el Norte político es leído como quien sería el aliado estratégico de Bautista en la campaña.

Según le dijo a La Silla Bautista, su intención es lanzarse por firmas, hacer una campaña en “contacto con la gente”, y mostrarse como la antítesis en Cúcuta del condenado exalcalde Ramiro Suárez Corzo, quien es el poder detrás del poder de la administración de César Rojas.

Eso le da entrada porque, como ha contado La Silla, Suárez Corzo ha perdido fuerza entre las bases comunales debido a que César Rojas no ha cumplido con las promesas de empleo y de inversión; además le funciona porque al no matricularse con ningún partido no genera fricciones entre quienes eventualmente podrían apoyarlo. 

Sin embargo, como esta será la primera vez que se medirá en las urnas, y no tiene mucha recordación más allá de los círculos de poder de Norte, la expectativa está dada en cómo capitalizará el apoyo de los líderes comunales de la ciudad.

Sobre todo porque sobre la mesa ya están las aspiraciones de al menos una decena de candidatos que llevan incluso meses haciendo precampaña y sumando respaldo en las comunas, con miras a lograr la bendición de los poderosos locales.

Además, Bautista tiene en contra que aunque dice que va a pelear contra la clase política que representa Suárez, su carrera está cimentada en el apoyo a políticos que también han resultado emproblemados, e incluso él ha tenido sus propias sombras, como la de las relaciones con el Grupo Nule.

Así que será en estos meses cuando se medirá, con su nombre en juego, su capacidad de aterrizar en Cúcuta lo que ha logrado en Bogotá.

“Las lógicas no son las mismas en lo nacional que en lo regional. Aquí puede tener quién lo aprecie pero si no despega en estos meses puede que termine solo”, nos dijo un congresista de Norte que pidió no ser citado. Otro congresista y dos políticos locales que conocen al dedal la dinámica electoral de Cúcuta nos dieron una versión similar.

Su debut electoral será la prueba ácida de esa afirmación.

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