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Por Jineth Prieto | Ana León · 19 de Diciembre de 2019

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César Rojas llegó hace cuatro años a la Alcaldía de Cúcuta montado sobre la popularidad de Ramiro Suárez, el condenado exmandatario de la ciudad que está pagando una pena de 27 años en La Picota por ser el autor intelectual de un homicidio. 

La expectativa de su gobierno estaba centrada en 29 megaobras que consignó en su plan de desarrollo, y en su capacidad de generar empleo, que fue su principal promesa de campaña.

Algo que fue particularmente importante en esa ciudad que es una de las principales receptoras migrantes venezolanos, y que, según el Dane, no solo tiene el segundo índice más alto de desocupación (15,5 por ciento), sino que bordea una informalidad que al cierre del año alcanzó el 77 por ciento y fue la más alta del país.

En el ocaso de su mandato, y luego de haber perdido en su intento por heredarle su administración a Jorge Acevedo, con Jairo Yáñez, un outsider de la política que derrotó a todas las maquinarias del departamento, La Silla le hizo una radiografía a su administración.

Este es su legado.

 

 

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Compartió la silla con el condenado Ramiro

Desde que asumió como el mandatario de Cúcuta, el eje transversal de la administración de César Rojas, fue el condenado Ramiro Suárez.

Además de que la mitad del gabinete -incluidos varios cargos estratégicos como las secretarías de Planeación, Educación, la General y Bienestar Social- quedaron en manos de cuotas suyas; desde entonces quedó claro que todas las decisiones estructurales sobre su mandato estarían mediadas por él. 

Tanto, que, como contó La Silla, había despachos que desconocían sus directrices, e incluso tomaban decisiones consultando a Suárez y no a él.

“Este fue el imperio de Skype”, le dijo a La Silla un político que arrancó siendo cercano a esa administración.

Aunque eso empezó a generar fricciones entre Rojas y Suárez, al final las fisuras no calaron de fondo y los dos continuaron moviéndose unidos en todos los momentos claves del cuatrienio.

Por un lado, electoralmente César Rojas se encargó de mantener aceitados a todos los eslabones de la ‘mancha amarilla’, nombre que adoptó la maquinaria-,  a través de los programas sociales, y fueron unidos en las legislativas y las presidenciales.

Y por otro, además del juego burocrático, administrativamente Ramiro Suárez estuvo detrás de las contrataciones más importantes de la ciudad, entre esas, la del POT, que quedó en manos de un allegado de su hija,y las de todos los empleos que generó la administración de Rojas.

También, le terminó ganando un pulso a Rojas por el presupuesto de la ciudad, y contra su voluntad, logró que el presupuesto de este año aumentara, poniéndole presión con Contraloría y Personería, dos entes que Ramiro Suárez también tenía de su lado. 

Al cierre de su administración y de cara a las locales decidió impulsar candidatos propios diferentes a los de Ramiro y eligió a Carlos Alicastro en el Concejo, además, cerró acuerdos con el diputado entrante Emmerson Meneses, con miras a que su hijo César Ricardo Rojas o él busquen una curul en la Cámara en 2022.

 
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El empleo solo fue para la maquinaria

La principal promesa de campaña de César Rojas para llegar a la Alcaldía de Cúcuta fue la generación de empleo.

La empezó a ejecutar a los pocos meses de posesionarse, pero desde entonces fue cuestionada por dos razones: estuvo pensada para beneficiar a la maquinaria de su grupo político, y su contratación tuvo ruidos de presunta corrupción.

El primer contrato y el más sonado fue el que ejecutó a través de la Corporación América Barí, Cambarí, entidad a la que le adjudicó $16 mil millones, en un proceso que cerró con un solo oferente.

Como reveló La Silla en su momento, esa organización no tenía experiencia y estaba conectada por varios hilos con el grupo de César Rojas, a quien por este contrato la Fiscalía ya lo citó a imputación.

El programa buscaba generar 3.800 empleos de medio tiempo para el mantenimiento de parques, cañadas y en general con el mantenimiento de la ciudad, pero terminó generando resistencia porque los beneficiarios esperaban vinculación de tiempo completo y con al menos un mínimo.

Igual pasó con las demás iniciativas laborales, que luego en su mayoría terminaron en manos de Calidad Total, Corpoces e Innovar (las dos últimas con vasos comunicantes con el congresista Jairo Cristo) para proveer aseadoras y personal administrativo para colegios de la ciudad.

En varias historias contamos, como líderes de ese grupo tenían que asistir a reuniones con Ramiro Suárez, quien a través de Skype prometía la continuidad de los empleos, siempre y cuando fueran fieles a sus directrices electorales.

Por eso, esos grupos terminaron siendo la base de avanzadas para el Sí al plebiscito -Suárez lo apoyó con la expectativa de que le dieran beneficios para salir de la cárcel-; a las aspiraciones de Jairo Cristo y en general de la lista de Cambio Radical a la Cámara; y a la fallida candidatura presidencial de Germán Vargas Lleras.

Además, relatamos en varias historias que las vertientes que no hacían parte del grupo de Rojas y Suárez denunciaron que quedaron por fuera de programas sociales por no responder a sus directrices.

 
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Las finanzas coloreadas de rojo

Para cumplir con sus promesas de campaña César Rojas aumentó el hueco fiscal del municipio. 

Aunque es normal que los alcaldes de endeuden durante su mandato, lo particular fue que Rojas lo hizo cuando las finanzas de Cúcuta estaban en cuidados intensivos debido a que desde 2009 el municipio tuvo que someterse a un plan de saneamiento fiscal producto de las deudas que dejaron los exalcaldes Ramiro Suárez y María Eugenia Riascos.

Para habilitarse la posibilidad de gastar terminó inflando el presupuesto (lo que se recaudaba no era equivalente a las proyecciones) en 2016 y 2017, pero en los dos años Hacienda tuvo que hacer reajustes porque las cifras eran desproporcionadas.

Además lo hizo pese a que cobró valorización y plusvalía -esto le significó un pulso con los constructores- y a que encima pidió préstamos en los bancos.

En 2018, la administración de Rojas volvió a inflar el presupuesto para la vigencia de 2019, esta vez con el objetivo de financiar programas de empleo con los que, como contamos en el punto anterior, el grupo político de Suárez aceitaba su maquinaria electoral. 

En estos momentos no es claro a cuánto asciende el hueco financiero total, por lo que el alcalde electo Jairo Yañez, tendrá que entrar a ejecutar sus promesas de campaña pensando en los bancos y en cómo estabilizar las finanzas del municipio.

 
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No hizo ni la mitad de los megaproyectos que prometió y varios tuvieron sombras de presunta corrupción.

En el plan de desarrollo de Rojas quedaron consignados 29 megaproyectos con los que aspiraba a consagrarse, como su padrino, como un alcalde de obras. 

Sin embargo, de ese total, solo ejecutó 7: las concesiones de alumbrado público y tránsito; el parque Cristo Rey, el cerro del Nazareno, la avenida Gran Colombia, las intersecciones viales de la redoma del Terminal de Transportes y de cuatro vientos, y un programa macro de pavimentación de vías urbanas.

De esos en cuatro, La Silla contó que había ruidos sobre presunta corrupción. 

-La concesión de alumbrado público terminó en manos del súper poderoso ‘Turco’ Hilsaca, quien desde antes que iniciara el proceso se daba como seguro ganador.

- La del Cristo Rey fue adjudicada en una licitación con dos oferentes que tenían parentesco familiar (uno de esos, el ganador, fue el excandidato a la Alcaldía del uribismo Iván Gelvez).

- La concesión de tránsito cerró con único oferente pese a que ofertaba uno de los negocios más apetecidos de una Alcaldía, y hubo denuncias de presuntos direccionamientos. 

-En el Cerro del Nazareno un contratista reveló cómo se manejó irregularmente la plata del proyecto.

Además, los dos proyectos turísticos (Nazareno y Cristo Rey) no resultaron prioritarios y no es tan claro qué tan funcionales sean a largo plazo porque no ofrecen muchos atractivos.

 
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La recuperación del espacio público casi en ceros

La invasión del espacio público en el centro de la ciudad fue otro fracaso de César Rojas. 

La expectativa era alta porque, aun cuando ese es un problema heredado, Ramiro Suárez durante su administración logró el despeje de la avenida sexta, una de las zonas más críticas por invasión.

Y si bien Rojas tuvo que lidiar con un aumento desaforado de vendedores ambulantes, en buena medida por la migración venezolana (según la misma Alcaldía para 2016 eran cerca de 1.500 vendedores y actualmente hay cerca de 5 mil) y con ello el aumento de la informalidad en esa ciudad, las medidas que anunció o implementó no funcionaron.

En 2016 dijo que iba a dar subsidios y estudio a quiénes se reubicaran en centros comerciales del centro de la ciudad y en la central de abastos pero finalmente no se materializó (en parte porque esa alternativa no ha funcionado en administraciones anteriores). 

Luego decidió implementar operativos de control con la Policía pero los ambulantes cerraron ese año con una protesta en las calles. 

Los operativos continuaron en 2017, 2018 y 2019 pero como no hubo política la ocupación volvía gradualmente.

Sin soluciones definitivas, incluso a pesar de que los vendedores ambulantes ganaron una tutela en 2018 que ordenó su reubicación digna y definitiva, así como una caracterización real de cuántos y quiénes eran, Rojas solo alcanzó a poner en marcha lo segundo. 

 

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