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Por Jineth Prieto · 12 de Septiembre de 2018

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En menos de un mes en la Cámara de Comercio de Cúcuta abrirá formalmente la temporada electoral y con ella se pondrán en juego 6 de los 9 puestos que los empresarios definen directamente en la Junta Directiva de esa entidad. 

Ese pulso suele pasar de agache en Norte de Santander, pero es uno de los escenarios en los que se mueve más poder en la región. 

No solo porque la Cámara maneja $14 mil millones anuales de presupuesto, tiene injerencia en la mayoría de municipios de Norte, y es una entidad que pone en una posición de poder regional a sus directivos debido a que enlaza al sector público con el privado; sino también porque en la capital de Norte ha estado permeada por manejos políticos.

Con la llegada de Iván Duque a la Presidencia (quien pondrá los otros 3 cupos) todo está dado para que en los próximos meses haya un revolcón y cambie la distribución de las cargas, que en los últimos dos años y medio estuvieron inclinadas hacia el sector del exministro del Interior, Juan Fernando Cristo. 

Los súper poderosos

La Junta Directiva de la Cámara de Comercio de Cúcuta es uno de los órganos más poderosos de Norte de Santander, pero que la mayoría del tiempo se mueve debajo del radar.

La mayoría de los miembros tienen en común que son constructores y que al menos una parte de su crecimiento ha estado ligada al sector público.

Y aunque hay varios que llevan años ocupando uno de los asientos, once fuentes de la región -seis empresarios, un periodista y cuatro políticos que conocen la movida privada-, coincidieron en decirle a La Silla que son dos nombres los que han tenido mayor figuración. 

El primero es el de Israel Bahar, un abogado que está en la industria del reciclaje con una empresa llamada Recupel S.A.S y que ha estado en la Junta de la Cámara por 14 años; y el segundo es Gonzalo Téllez, un constructor que además tiene ferreterías y concreteras, y que ha sido directivo de esa entidad durante 22 años.

 

Ambos nombres también tienen en común que son del sector de empresarios que se hacen elegir cada cuatro años con planchas que presentan entre los afiliados; y que son muy conocidos fuera de los círculos empresariales y dentro de los políticos. 

Bahar es el que más carrera en lo público ha tenido. 

Inició en la década de los 90 en el grupo del entonces congresista, ahora condenado por tráfico de inmigrantes, Félix Salcedo Baldión, quien hacía parte de la tendencia de la Unidad Liberal dentro del Partido Liberal. 

Con él alcanzó a ser candidato al Concejo de Cúcuta en el 92, pero a la mitad de la campaña se retiró. En ese momento entró al grupo de Miguel Ángel Flórez (condenado varios años después siendo congresista por un escándalo de corrupción), y gracias a su respaldo lo nombraron Personero de Cúcuta. 

Esa cercanía también le sirvió para que a inicios de la década del 2000 el entonces alcalde, Manuel Guillermo Mora, lo designara en la dirección del Área Metropolitana de Cúcuta durante todo su gobierno.

Más adelante, Bahar se distanció de de Flórez y entró de lleno al grupo de Mora, que en ese entonces también estaba integrado por el controvertido Ramiro Suárez Corzo, quien luego se elegiría Alcalde y años más adelante terminaría condenado a 27 años de prisión por ser el autor intelectual de un homicidio.

Aunque para ese momento ya era una ficha reconocida de ese sector político, una vez Mora terminó su periodo y Suárez Corzo se posesionó, Bahar dejó de aparecer en lo público y se metió de lleno al sector privado.

Eso lo pudo hacer con facilidad porque además de su actividad en lo público, también era reconocido como un empresario gracias a Recupel, firma de su propiedad que está dedicada a comprar y vender material reciclable. Desde entonces ha estado en la Junta Directiva de la Cámara. 

Aún con su desaparición de los reflectores, Bahar volvió a sonar a los pocos años cuando, según contó El Tiempo en ese momento, se destapó que él había comprado el 70 por ciento de las acciones del Cúcuta Deportivo -equipo del que el condenado Ramiro Suárez era dueño- en una transacción cuestionada.

Por su parte, Gonzalo Téllez es reconocido como un contratista de Norte de Santander. 

Su empresa más famosa es Concretos y Morteros y todas las fuentes con las que hablamos coincidieron en decirnos que políticamente fue muy cercano al excongresista Carlos Augusto ‘tuto’ Celis, quien se hizo en las huestes liberales.

Tanto Téllez como Bahar tienen fama dentro de la misma Cámara de turnarse el poder en la Junta (ambos han sido presidentes de ese órgano en diferentes ocasiones), algo en lo que les ha ayudado el hecho de que tienen burocracia adentro. 

“Son cargos estratégicos que como tienen contacto con los afiliados les ayuda a tejer una red de relaciones muy importante que usan en temporada electoral”, explicó a La Silla una fuente de la Cámara que conoce muy bien el manejo de esa entidad por dentro. 

Una versión muy similar nos dieron otras tres fuentes de adentro de la Cámara. 

Además, La Silla supo que en la Junta de julio pasado Omar Quintero, quien entró en representación de Odicco -una de las constructoras grandes del departamento-, denunció el uso político de los contratistas y de los funcionarios de la Cámara a favor de un sector en particular. 

Tres fuentes nos confirmaron que Quintero no señaló con nombre propio al miembro de la Junta que lo estaba haciendo y que cuando le pidieron pruebas no aportó ninguna más allá de su palabra, pero que era un secreto a voces que el manejo lo tenían Téllez y Bahar.

A los dos superpoderosos empresarios también les ha jugado a favor que aunque actualmente no figuran directamente en política, sí tienen buenas relaciones con todo ese sector en el departamento y eso les ha ayudado a mantener el statu quo en la balanza. 

“Son como una bisagra entre los políticos y empresarios dentro de la Cámara. A ellos les interesa tener buenas relaciones con todos porque tienen intereses en lo público porque la mayoría son constructores”, dijo a La Silla un empresario de la región. “Entonces aún cuando los políticos ponen sus cuotas lo hacen es para tener una figuración, pero no necesariamente para tener poder de decisión”.

Por ejemplo, los tres delegados actuales del Gobierno en la Junta: Francisco Yáñez (un constructor de la cuerda de Manuel Guillermo Mora), Amilcar Mirep (un empresario del sector hotelero de la cuerda del exministro liberal, Juan Fernando Cristo) y Álvaro Salgar (un constructor que también viene de cuerda liberal que hace parte del grupo de los dueños de La Opinión) están plegados al grupo de Téllez y Bahar. 

De hecho, los dos solo tienen un voto en la oposición, que es el del empresario uribista del sector de las tecnologías, Francisco Pabón.

Bahar le dijo a La Silla que ninguna de las afirmaciones sobre su poder en la Cámara eran ciertas y que él es simplemente un empresario que se ha mantenido en la Junta por su labor. Por su parte, Gonzalo Téllez, quien es el actual presidente de la Junta, no contestó las llamadas ni los mensajes que le dejamos.

En todo caso, como en octubre se abre nuevamente el calendario electoral y con el cambio de gobierno la posición dominante que ambos han tenido puede cambiar, los ánimos están encendidos. 

Las elecciones y la balanza

Para definir los nombres de los seis asientos que los empresarios tienen en la Cámara hay campaña.

Los interesados en elegirse buscan a los afiliados (son los que pueden votar), hacen reuniones, los invitan a cenar y les entregan regalos, hasta que los convencen de darles el voto.

“Es lo mismo que una campaña política tradicional, solo que a menor escala”, dijo a La Silla un miembro de la Junta.

Según el calendario electoral, toda la puja arrancará el 1 de octubre cuando se abra el plazo de inscripción para las planchas, y finalizará el 6 de diciembre con la elección.

Cuatro fuentes de adentro nos contaron que todo está dado para que los mismos se lancen, salvo Gonzalo Téllez, quien por estar enfermo estaría contemplando la posibilidad de  conformar la plancha con su hijo o un delegado suyo.

Las mismas fuentes y otras dos de adentro, dieron por descontado que los que están iban a permanecer en la Junta porque cada empresario, en palabras de una de las personas que nos habló, “ya tiene su grupito de votos y sabe que le alcanza para elegirse”. 

Sin embargo, la pregunta de fondo es qué va a pasar con los cupos que pone Presidencia, porque dado que la hegemonía de Bahar y Téllez tiene a un sector cansado, lo que resulte de las designaciones puede cambiar la distribución de poder.

Por ahora, La Silla supo que lo que se está planteando en el lado del uribismo es la posibilidad de que los tres cupos sean ocupados por delegados del representante Juan Pablo Celis, de la senadora Milla Romero, del concejal de Cúcuta, Juan Carlos Capacho, y que incluso se estaba barajando la posibilidad de darle cabida al senador conservador Juan Carlos García. 

“De nombres no se ha hablado pero esa sería la reparticiòn. El compromiso sería que tendrían que nombrar a gente verdaderamente empresaria, no a cualquiera que sea de ellos”, dijo a La Silla un empresario uribista. 

Esa fuente y dos más de las mismas características, además nos contaron que esperaban que esa fuera la retribución de Iván Duque por el apoyo que los empresarios le dieron a su campaña y que ayudó a que Norte de Santander se convirtiera en el departamento más uribista de todo el país.

“Aquí se conformó una gran alianza empresarial, y nosotros financiamos campañas de Senado, de Cámara y las dos vueltas presidenciales”, no explicó una de esas personas. “Tenemos como pedir que la Cámara vuelva a ser empresarial”.

Esa idea ha ido tomando más fuerza porque en los últimos años ha crecido la sensación de que con la llegada a la Presidencia Ejecutiva de Carlos Luna, quien se quedó con el cargo como cuota del exministro Cristo, la Cámara pasó de transitar en la delgada línea entre política y empresarios, a ser vista como un fortín de los primeros

Sobre todo porque hay varios ruidos sobre la contratación de la entidad que hasta ahora habían pasado de agache.

La eclipsada de Luna

Hace casi tres años la designación en la Presidencia Ejecutiva de la Cámara de Comercio de Cúcuta de Carlos Luna tuvo dos lecturas. 

Una, que era la de los que defendían la decisión, es que aunque Luna había sido candidato a la Alcaldía de los Cristo y estaba jugando de frente en la política, era un empresario con trayectoria que había estado en la junta y al frente de la Comisión Regional de Competitividad de Norte. 

La otra, que era la de los que estaban en contra, es que esa había sido la trinchera a la que había entrado con facilidad el entonces ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, aprovechando su condición de alto funcionario y que los empresarios suelen ser permisivos con los gobierno de turno, para ubicar a su ficha luego de la derrota en las elecciones a la Alcaldía de Cúcuta.

Lo segundo tomó mucha fuerza fuera de la Cámara porque aunque tradicionalmente han existido relaciones entre empresarios y políticos, nunca había sucedido que un recién quemado llegara a un cargo reservado para empresarios y menos con un perfil que ni siquiera incluía el grado profesional, cuando a sus antecesores se les había pedido como mínimo el manejo de un segundo idioma.

Desde entonces, un sector de los empresarios siente que la Cámara se politizó, porque Beatriz Vélez pasó de ser directiva del grupo político de los Cristo a liderar uno de los cluster (a La Silla le hablaron de más nombramientos, pero no nos dieron nombres específicos y no encontramos otros que respondieran a esas características); y encima empezó a haber denuncias sobre la contratación. 

La Silla supo que ha habido quejas por el manejo de varios contratos en la Cámara; sin embargo, el que más ha dado de qué hablar es un convenio de poco más de $1.400 millones que esa entidad firmó con el programa de Proyectos de Transformación Productiva del Ministerio de Agricultura, para desarrollar siembras de cacao en el Catatumbo.

Aunque el programa debía beneficiar a 143 familias en diferentes municipios de esa subregión con asistencia y asesoría agropecuaria, y tenía un año de plazo de ejecución que finalizaban el próximo mes, el proyecto nunca avanzó. 

El lío está en que a la Cámara le desembolsaron alrededor de $400 millones de anticipo para ejecutar el programa y buena parte de esa plata se gastó sin que se registraran avances. 

La Silla conoció el último informe de la interventoría (en manos de la Universidad de Antioquia) y en él se detalla que a junio de este año el proyecto solo tenía un avance de ejecución que bordeaba el 5 por ciento en solo dos de los ítems, y que los restantes estaban en 0, que la Cámara cambió el perfil de talleristas y modificó los beneficiarios. 

Por eso está pidiendo que se liquide el contrato y que la Cámara devuelva lo que le anticiparon y lo que se gastó, que incluye honorarios a diferentes talleristas que no impartieron ninguna clase ni asesoría.

En la Cámara la excusa ha estado en la dificultad de acceder al Catatumbo por el orden público, sin embargo, el argumento no ha sido tenido en cuenta porque el proyecto, aún con esa dificultad, debía tener más avances.

Precisamente, ese episodio puso en la cuerda floja a Luna y, de hecho, dos fuentes de adentro nos contaron que en la Junta ya ha habido intentos de sacarlo pero que ninguno ha prosperado porque Cristo tiene injerencia en dos de los votos de Presidencia, y eso menos el voto de Francisco Pabón, que está en la oposición, deja al bloque de Bahar sin los 7 votos que necesita para pedirle la renuncia.

La explicación para que Pabón no se mueva, según nos contaron cuatro empresarios por aparte, está en que sacar a Luna no es funcional para el sector uribista (al que él pertenece) porque en estos momentos la ventaja la tienen Bahar y Téllez, quienes siguen con las mayorías y en esa medida podrían volver a nombrar a alguien de su línea.

El revolcón se espera para finales de año, cuando la nueva Junta se posesione.

Como se da por descontado que los 3 asientos de Presidencia quedarán al lado del uribismo, y en todo caso, los empresarios no casan pelea con los gobiernos de turno, es probable que la salida de Luna cuaje y que la Cámara vuelva a las épocas en las que caminaba por la delgada línea que separa el poder empresarial y político.

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