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Por Sara Lopera · 03 de Octubre de 2018

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Esta semana los caficultores esperan el desembolso de los 100 mil millones de pesos que les prometió el presidente Iván Duque para afrontar la crisis por el precio del café, y ya está todo dispuesto para entregarlo en la cosecha que empieza este mes.

La noticia, lejos de apaciguar el descontento del gremio, ha sido el detonante para que resuenen más sus exigencias; y que el senador Álvaro Uribe se haya puesto del lado crítico al gobierno de su ahijado político le echa más leña al fuego.

El descontento con el incentivo es porque las condiciones que fijó el Gobierno no les asegura a los cafeteros que recuperen todo lo que invierten en la producción.

La ayuda sólo aplica cuando las cooperativas de la Federación Nacional de Cafeteros compren cada carga de 125 kilos de café a menos de 700 mil pesos, pero los cafeteros alegan que producirla cuesta unos 760 mil pesos.

Las quejas vienen, por una parte, del movimiento Dignidad Cafetera, que convocó a un plantón el lunes pasado para protestar por la medida entre otras cosas, y que tiene vínculos con políticos de izquierda.

Y por otra, de la voz institucional de los caficultores, la Federación Nacional de Cafeteros, que manifestó en un comunicado que las condiciones que fijó el Gobierno no corresponden a sus necesidades.

A esa causa, además, se suman Álvaro Uribe y por lo menos parte del Centro Democrático, que coinciden con la Federación y en parte con la Dignidad, lo que marca un terreno político difícil para el Gobierno y parecido al que enfrentó la administración pasada, con críticas de las que eran las oposiciones de izquierda y derecha.

Causa cafetera, munición uribista

El comunicado de la Federación muestra que el precio que estableció el Ministerio de Agricultura para entregar el incentivo no responde a lo que ellos estaban pidiendo, con el argumento de que el costo de producción de 760 mil pesos viene de un estudio que realizaron durante tres años en dos mil fincas cafeteras.

“En ningún momento hubo concertación (al definir el precio). Fue una imposición del Gobierno que desconoció los estudios hechos por la institución”, le dijo a La Silla Paisa Jaime Vargas, miembro del Comité departamental de cafeteros Antioquia. Eso mismo lo confirmó un miembro del Congreso Nacional de Cafeteros del Magdalena.

El lunes, cuando varios campesinos salieron a protestar, Uribe trinó alineado con los caficultores.

Alejandro Corrales, senador uribista de Risaralda que viene de ser directivo cafetero y está en desacuerdo con esa medida, le explicó a La Silla que el malestar de Uribe tiene nombre propio: Nicolás Pérez, asesor del Ministro de Hacienda en el Comité Nacional de Cafeteros.

Según Corrales, Pérez desconoció el informe de la Federación y desinformó al Gobierno, lo que produjo que éste confiara en un costo de producción mucho más bajo que el real. “Los ministros están mal asesorados”, dijo para referirse a que Pérez estaría usando estudios viejos o informes parciales en vez de utilizar el nuevo reporte de la Federación que, según la entidad, es el más preciso.

Pérez es asesor del Ministerio en ese Comité desde el 2011, estuvo allí durante casi todo el gobierno de Juan Manuel Santos y, según el senador Corrales, fue quien ocasionó el paro de 2013 por llamar mentirosos a los cafeteros y desconocer los costos de producción en ese momento. Eso último es lo mismo que, según el senador, estaría haciendo ahora.

Efectivamente, el asesor del Gobierno fue uno de los que negoció con los cafeteros durante el paro de abril de 2013, del que salió el Programa de Protección del Ingreso Cafetero, un flotador de 1,3 billones que consistía en entregar a los caficultores 145 mil pesos por carga cuando el precio estuviera por debajo de los 700 mil.

La medida, parecida a la que comienza a funcionar esta semana, se acabó a finales del 2014 y no solucionó de fondo la crisis porque el precio siguió caído en el mercado y los costos de producción no bajaron. Por eso, un año después la Federación estaba pidiendo reactivarla.

El Ministro de Agricultura, Andrés Valencia, le dijo a La Silla que uno de los criterios para fijar el costo que dispara la ayuda fue el informe general que presentó el Congreso Cafetero de la Federación en diciembre de 2017, donde dicen que el costo de producción para ese año fue de 620 mil pesos (ver página 7). Es decir, un informe anterior al estudio que, según alegan Uribe y los caficultores, debió tener en cuenta el Gobierno.

Por su parte, el jefe de prensa del Ministerio de Hacienda nos dijo de manera oficial que parece extraño ese aumento de la cifra en tan poco tiempo. “Frente a los estudios de la Federación, el Gobierno tiene varias reservas sobre la metodología y representatividad de los datos”, explicó.

Añadió que no fue Nicolás Pérez quien definió los términos del incentivo, sino el mismo Gobierno.

Además de esa pelea que muestra que una cosa es el Centro Democrático que apoya el reclamo cafetero y otra el Gobierno, en Dignidad Cafetera, tienen más quejas.

Las otras piedras que lleva el río

Dignidad Cafetera, el movimiento que surgió con el paro del 2013, está promoviendo la movilización en las calles.

“Este es solo el comienzo”, le dijo a La Silla Óscar Gutiérrez, cabeza del movimiento y amigo personal y aliado del senador polista Jorge Robledo, para explicar que el plantón del lunes, que no tuvo una participación masiva, fue un primer aviso al Gobierno.

Además de protestar contra el incentivo al unísono de la Federación y el uribismo, cinco de las siete fuentes de Dignidad Cafetera que consultamos coinciden en reclamar un fondo de estabilización de precio interno que les asegure, a largo plazo, que sus ingresos no van a depender del precio del dólar.

El precio internacional del café suave -del que Colombia es el primer productor mundial- completó 23 meses cayendo; en noviembre de 2016 estaba a 160 centavos de dólar por libra y este año ha llegado a estar a 95,4 centavos.

Por eso, el movimiento hizo otro plantón en la embajada de la Unión Europea el mes pasado, y le envió una carta al presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, manifestando que ese precio les produce pérdidas. Todo con la intención de que la Organización Internacional del Café, que sesionaba en el momento, tenga en cuenta la situación de los caficultores y llegue a pactos internacionales para evitar su bancarrota.

Mientras esa improbable decisión se define afuera, en Colombia el senador Ernesto Macías y el representante Rubén Darío Molano, ambos uribistas (y el segundo ex dirigente cafetero de Cundinamarca) presentaron un proyecto de ley para crear un fondo de estabilización en septiembre de 2017.

En el año que ha pasado solo ha superado su primer debate del Senado, pero tiene posibilidades de salir adelante porque crear ese fondo fue una de las promesas de Duque en campaña, y porque superó su primer debate con votos de todo el espectro político, de hecho su ponente fue el exsenador verde Antonio Navarro.

Por ahora, el Ministerio de Hacienda nos dijo que el Gobierno no tiene presupuestado más apoyos económicos aparte de los 100 mil millones que ya dispuso.

Las exigencias de las Dignidades también van dirigidas a reducir los gastos de la Federación, un reclamo que inició Carlos López, vocero en Quindío, al difundir por redes sociales y medios de comunicación que el Gerente se gana 100 millones de pesos mensuales.

La Silla Paisa consultó a la Federación para corroborar esa información pero nos dijeron que, como entidad privada, no está en la obligación de revelar sueldos. También dijeron oficialmente que es normal que en tiempos de crisis algunos caficultores hagan ese tipo de reclamos.

Los voceros también dicen que los 6 centavos de dólar por libra que aportan los caficultores al Fondo Nacional del Café, que administra la Federación, no se ven reflejados en lo que debe financiar ese fondo como asistencia técnica, garantía de que las cooperativas cafeteras les compran siempre su producción, renovación de cafetales con fertilizantes o investigación.

“Haría más yo con esos 6 centavos, aportándolos directamente a mi seguridad social, que lo que hace la Federación con ellos”, dice Luis Gonzaga, vocero del movimiento en Caldas.

César Rolando Bohorquez, miembro electo del Congreso Nacional Cafetero en Quindío, dice que defiende la institución cafetera pero que no se siente representado por quienes la lideran. “Los costos burocráticos en Bogotá son muy altos y realmente aquí no pasa nada, llevamos cinco años produciendo a pérdida”, resume.

Así las cosas, con Dignidad Cafetera en las calles y la Federación inconforme con la última decisión de Gobierno, más el empujón uribista, el salvavidas que lanzó Duque en campaña se desinfla. El fondo de estabilización, de origen uribista y que ven con buenos ojos desde la izquierda, puede ser la salida de una situación que tiene al Gobierno en un sánduche, como el que desgastó en su momento a Santos.

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