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Por Sara Ruiz · 22 de Diciembre de 2019

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En el Cementerio Universal, que por décadas ha albergado a los pobres y a los NN de Medellín, un grupo de exguerrilleros de las Farc despidieron a Manuel Antonio Benítez, asesinado hace una semana en la carretera que conduce desde Ituango a la vereda donde se asientan 70 familias que ya completan tres años en la vida civil.

En ese mismo espacio territorial, el de Santa Lucía, hay tres exguerrilleros confinados que necesitan salir, pero se sienten encerrados. Creen que los van a matar.

La semana pasada, días antes del asesinato de Manuel Antonio, llegaron dos farianos a la capital. Estaban amenazados, según supo La Silla Paisa de una fuente que lo sabe de primera mano y nos pidió no mencionar por seguridad.

En medio de la zozobra, a seis horas en carro, los reciben sus compañeros del Partido en Medellín, la ciudad que le dijo No al Acuerdo de La Habana. Ellos ya tienen un plan de reincorporación colectiva en marcha. 

Algo que contrasta con lo que está pasando en Bogotá, donde algunos mandos medios están armando rancho aparte a la Farc para armar sus propios proyectos financiados por el Gobierno Nacional.
 

La tensión a tres años de la paz

“El asesinato de Manuel Antonio es muy simbólico porque logró paralizarnos”, le comentó a La Silla Jesús Mario Rojas ‘Marcos Urbano’, consejero del partido Farc en el Área Metropolitana y exjefe de milicias en Medellín.

“La consecuencia es que mucha gente se puede ir del territorio”, nos dijo Gustavo López, ‘Agustín’, encargado del Etcr de Santa Lucía, en Ituango.

Esa muerte no solo suspendió la celebración de la Navidad que Farc tenía planeada en Medellín con sancocho y marranada. También la del papá y tocayo del asesinado, Manuel Antonio Benítez, ‘el Flaco’, excomandante del frente 18, excandidato a la Congreso y a la Asamblea y miembro de la Dirección Nacional del Partido.

“No descartamos que el asesinato del compañero pueda ser un ataque contra su papá por ser líder de excombatientes”, nos comentó una fuente muy cercana a la dirigencia de la exguerrilla en Medellín. 

Manuel Antonio hijo era uno de los 130 socios de la cooperativa Coemprender, del Etcr de Santa Lucía, que apalanca dos proyectos de reincorporación: uno de instalación de internet de fibra óptica, y otro, más grande, de ganadería. 

Lo dos proyectos hacen parte de los siete que aprobó el Consejo Nacional de Reincorporación en Antioquia, y de los cuatro que están pendientes del desembolso de ocho millones de pesos por desmovilizado que se haya metido a ellos, que debe girar el Gobierno Nacional para apalancarlos. 

El de ganadería recibió la semana pasada un predio de 400 hectáreas de ONG y organismos internacionales.

Son buenas noticias que el luto opacó.

‘Agustín’ nos cuenta que los compañeros de Manuel Antonio tienen miedo de visitar el ganado: les toca pasar por una carretera en la que hay tanto disidentes del 18 como Clan del Golfo, que pelean por el corredor estratégico de hombres, droga y armas que es el Nudo de Paramillo.

Un posible desplazamiento desde ese Etcr, donde además siembran café, ají y hacen pan, es lo que más temen los exguerrilleros.

Ese temor ya se cocinaba luego de las malas noticias de este año, como la recaptura de Jesús Santrich, la desaparición de Iván Márquez y el vídeo de ellos dos anunciando una nueva guerrilla.

Tienen miedo porque creen que si abandonan sus Etcr, el Estado y los medios dejarían de poner la mirada en esas zonas y se perderían oportunidades de desarrollo, nos explicó una fuente que vigila de cerca el proceso y nos habló por fuera de micrófonos porque no está autorizado para dar declaraciones.

El contraejemplo es Dabeiba, a ocho horas en carro desde Ituango. Allí, a comienzos de noviembre, siete empresas vinculadas al tanque de pensamiento privado Proantioquia donaron un terreno para proyectos agrícolas y de conservación de la naturaleza.

La segunda razón por la que temen es el futuro de la reincorporación: muchos excombatientes pueden quedarse sin nada qué hacer allá y tendrían que desplazarse a ciudades como Medellín, a buscar suerte. 

Eso ya está pasando.

El coordinador del Partido en el área metropolitana ‘Marcos Urbano’ calcula que solo de Ituango hay unos 50 exguerrilleros en Medellín. Son una quinta parte de los 240 que tenía registrados la Agencia de Reincorporación y Normalización ARN, al 30 de noviembre.

No solo Ituango, donde han ocurrido 11 de los 19 asesinatos de exguerrilleros en Antioquia luego del Acuerdo de Paz, tiene esos líos para la reincorporación. 

En la vereda de Mandé, Urrao, hay 86 exguerrilleros agrupados; y en La Blanquita, en Frontino, son 55. Casi todos son del antiguo frente 34 de las Farc y les está pasando algo parecido.

Llegaron allí luego de salir de Vidrí, Vigía del Fuerte, uno de los dos Etcr que el Gobierno Nacional suprimió a mediados del 2018 porque se fue quedando sola debido a las dificultades de acceso a la zona.

El excomandante del 34, Jesús Hernández, ‘Ezequiel’, aterrizó en Medellín poco antes de que lo cerraran porque allí no había mucho qué hacer. 

“Los que estamos en Medellín somos desarraigados. Nadie pensaba en quedarse aquí, porque somos campesinos”, dice, y recuerda que estaría cumpliendo 40 años de guerrillero si la Farc siguiera en el monte.

Él hace parte de la Instancia Tripartita de Seguridad y Protección, con la ONU y la Fuerza Pública, y dice que, además de Ituango, le preocupa la zona limítrofe con Chocó donde están sus compañeros del frente, pues queda a horas en mula del casco urbano de Urrao, el más cercano, y el ELN y el Clan del Golfo merodean la zona desde hace meses.

‘Ezequiel’, radicado en Medellín hace dos años, coordina un proyecto de reincorporación en el que participan 37 personas que vienen de Vidrí, La Blanquita y Mandé, de Ituango, y de otras regiones.

Ese proyecto está dentro de la cooperativa multiactiva Tejiendo Paz, Cotepaz, con 104 asociados del Valle de Aburrá.

La idea es vender productos saludables como chontaduro deshidratado y borojó. Luego añadir otros productos que se produzcan en zonas donde están los Etcr, como piña y miel. 

“Origen”, se llamaría la marca del proyecto, que están terminando de estructurar de la mano de Ruta N y la ARN para presentarlo en enero.

Con eso esperan recibir en marzo los ocho millones de pesos que entrega el Gobierno una sola vez, y que están dentro de uno de los puntos en los que Iván Duque más ha avanzado, como contó La Silla.

‘Ezequiel’ cree firmemente que “va a llegar más gente a Medellín”, y por eso apalancar ese tipo de proyectos contemplados en el Acuerdo de La Habana es necesario. 

El Gobierno Nacional aprobó la semana pasada el de un taller de mantenimiento y reparación de motos, del que hacen parte otros 16 exguerrilleros, también de Cotepaz, y esperan el desembolso de los ocho millones en los próximos tres meses. Mientras tanto, están buscando un local.

Eso es solo una muestra de la reincorporación que se está cocinando en Medellín.

La reincorporación en la ciudad del No

‘Sucerquia’ nos cuenta que militó en el frente 18 y se agrupó en el Etcr de Santa Lucía. Se desplazó a Medellín hace casi un año porque asesinaron a su hermano en la finca en que trabajaban juntos, vecina a la cabecera municipal de Ituango.

Él también es asociado de Cotepaz, y pertenece a un grupo de excombatientes que está formulando un operador de turismo que ofrece el servicio de recorrer las zonas de Medellín donde Farc tuvo influencia en sus inicios, y visitar los Etcr de Antioquia. 

En la capital, por estos días, están vendiendo como pan caliente anchetas con café Paramillo, que producen los excombatientes allá en Ituango.

Los paquetes, envueltos en papel celofán y adornados con una tarjeta de feliz navidad a nombre de la cooperativa Cotepaz, incluyen botellas de cerveza artesanal La Roja, que mandan a traer desde el Etcr de Icononzo, Tolima.

“Una amiga nos preguntó si vendíamos anchetas, y las empezamos a hacer. Nos ayudaron a difundir la publicidad por redes sociales y empezamos a venderlas a domicilio”, nos contó el presidente de la cooperativa, Juan Pablo Patiño ‘Juan Prometeo’, un ex mando medio del bloque Efraín Guzmán. 

En una semana vendieron 30 cajas de La Roja (unas 700 cervezas) y se les acabó el café Paramillo. Mandaron a traer La Esperanza, que producen exguerrilleros en Buenos Aires, Cauca. A cinco días de la Navidad, ya se les había terminado. 

El que lleva los domicilios es John López, ‘Calvin’, quien hizo parte de las milicias urbanas de las Farc. Él pagó una condena de 12 años por el carro bomba que puso su bloque en la Cuarta Brigada del Ejército, en agosto de 1998. Ahora es electricista y es el representante legal de Cotepaz.

Los lugares a los que ‘Calvin’ más anchetas lleva son El Poblado, Laureles, Envigado. Casi todos los clientes son jóvenes, profesionales, y viven en conjuntos residenciales, nos cuenta.

Los lleva él porque los otros miembros de cooperativa, aunque saben conducir moto, no conocen bien las direcciones y se confunden cuando llegan a uno de esos sitios.

“Un compañero se paró en el citófono y no sabía cómo tocarlo. La señora estaba ahí, pero se quedó esperando la ancheta. Nunca la recibió”, cuenta.

Los ingresos de Cotepaz vienen de los 700 mil pesos que reciben los 104 excombatientes socios, y de la venta de unas 50 cajas mensuales de La Roja, nos contó ‘Prometeo’.

Los clientes más frecuentes son activistas del Sí a la Paz e integrantes de movimientos sociales y ONG, como Marta Inés Villa, directora de la Corporación Región, Jenny Giraldo, su presidenta y comunicadora del movimiento de mujeres Estamos Listas, y Alejandro López, director de la cooperativa Confiar.

Justamente Confiar ha respaldado todo el proceso de reincorporación en las regiones, ha asesorado y capacitado grupos de reincorporados para administrar sus cooperativas, más que todo en Antioquia y Chocó.

“Ahorita compré las anchetas porque es lo que están haciendo por Navidad, pero siempre hago un pedido de diez cervezas para mantener en la nevera y darle a las visitas”, nos contó Jenny.

Con esas ventas, Cotepaz contrató un estudio de diseño para crear la marca ‘Trochas Comunes’, y sacaron el primer lote de camisetas estampadas, que esperan que el Consejo Nacional de Reincorporación apruebe en el primer trimestre del próximo año.

La meta es montar un taller-tienda en el Centro de Medellín, que ellos mismos hagan la serigrafía, y que diseñadores amigos donen los estampados. Los dibujos de ese primer lote los donó Juan Diego Bedoya, un diseñador gráfico que también fue activista del Sí, y ahora lo es del Paro Nacional.

Así es como las Farc en Antioquia cierra su tercer año de haber dejado las armas: con la máxima tensión en Ituango, uno de los íconos del posconflicto, pero con avances de reincorporación en una ciudad que antes les dijo No, pero ya les está abriendo las puertas.

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