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Por Sara Ruiz · 24 de Octubre de 2018

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En medio del debate nacional sobre el regreso del glifosato para erradicar la coca, el gobernador Luis Pérez ya arrancó a usarlo en Antioquia, noticia que lleva generando titulares de prensa las últimas dos semanas.

Así como esa noticia, que no muestra hasta ahora resultados porque la Gobernación decidió no contar dónde está asperjando exactamente por seguridad -según le dijo a La Silla Lina De Los Ríos, la gerente del programa- las decisiones de Pérez dan bombo, pero no se ven.

El Gobernador anunció la erradicación luego de la reciente publicación de cifras oficiales de cultivos de coca que mostraron que en el departamento crecieron más rápido que el promedio nacional.

Son cifras que chocan con sus logros, pues según la Secretaría de Gobierno, durante el 2017 erradicó 7 mil hectáreas, más de la mitad de las que reportó el Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos (Simci) en diciembre de ese año, lo que implicaría que hay una resiembra alarmante, o que alguna de las dos cifras es errada. A eso se suma que 12 municipios donde Pérez erradicó no registran coca en el Simci, como contamos.

Esa es una prueba de que al Gobernador de Antioquia le gusta presentar medidas equiparables a las del Gobierno Nacional, que reflejen su eslogan “Piensa en grande” y su autoimagen de “visionario”. Pero también muestra que una cosa es pensar en grande y otra lograr en grande, o por lo menos probar que cumplió las ambiciosas metas.

Le queda un año y dos meses para hacerlo.

Las drogas, el caballo de batalla reciente

Pérez propuso asperjar con glifosato en un evento con la Fuerza Pública el 21 de septiembre. Lo hizo al día siguiente de que la Ministra de Justicia presentara el informe de cultivos del Simci, con datos atrasados más de nueve meses, algo que el Gobernador criticó.

“Es vergonzoso que el gobierno nacional tenga un sistema de información caduco, vetusto, inútil. Eso (el Simci) no sirve para nada”, dijo en rueda de prensa. “Estamos luchando como lo hacía Don Quijote contra los molinos de viento. O como Olafo, en sus tiras cómicas, que cada vez que actuaba no era eficiente y hacía las cosas al revés”. Eso no solo por la demora del Simci de publicar sus datos sino porque a su juicio la erradicación manual es obsoleta e ineficiente.

Por eso, y como prueba de que piensa en grande, a finales del 2017 abrió su propio programa de erradicación, llamado “Antioquia libre de coca” y que organiza la erradicación forzosa que hacen más de 3 mil policías y soldados.

Según anunció en su relanzamiento el mes pasado, a esa fecha llevaba más de 8 mil hectáreas de matas arrancadas a mano. Es decir, por su cuenta habría eliminado más del 60 por ciento de los cultivos que el Simci encontró en el departamento, una muestra de que pensar en grande es lograr en grande.

El problema es que, según Lina De Los Ríos, gerente de “Antioquia libre de coca”, no se sabe cómo monitorear la efectividad de lo que se está erradicando. Eso porque Antioquia no tiene un programa de medición de cultivos propios y las cifras oficiales, las del Simci, tardarán meses en salir.

Por eso, en el evento de septiembre Pérez advirtió que “si el Gobierno Nacional no decide hacer un sistema de información sobre el aumento de los sembrados de coca en tiempo real, la Gobernación de Antioquia va a contratar uno con recursos propios”.

En todo caso, para seguir con pasos firmes en el tema, arrancó a asperjar con glifosato.

Para eso consiguió la aprobación del Gobierno, cuadró con la Policía Antinarcóticos un plan en el que la Policía erradica y la Gobernación financia, y contrató la empresa que usó el gobierno Santos para un piloto de aspersión con drones en Tumaco, en junio.

Su meta, según le dijo De Los Ríos a La Silla, es “rescatar a Antioquia de la droga”, y para eso comenzó el primer piloto en el Bajo Cauca, de 40 días, con dos drones.

Ese esfuerzo en el frente de drogas, que le ha servido a Pérez para marcar distancia del Gobierno Santos y mostrarse como un visionario que va un paso adelante del de Duque, no es el único que ha emprendido. Otras medidas que ha tomado dejan ese mismo mensaje, pero están todavía más cortas en resultados.

Más rey que reino

Pérez tiene varios proyectos que ha pintado como sus grandes banderas y que aún son invisibles, en parte porque no dependen de su voluntad política.

  • La escuela contra la drogadicción, cerca pero no tanto: desde abril está anunciando que va a crear esa escuela para investigar sobre drogas y tratar a jóvenes adictos.

    Empezó a mover la idea días antes de que el Gobierno Duque revelara su borrador de decreto de dosis mínima, y le sirvió para mostrar que sus movidas están sintonizadas con las del Gobierno pero un paso adelante, como con el glifosato. “Si nosotros no tomamos medidas distintas, nuestro país no tiene futuro”, le dijo a mediados de agosto a la Asamblea, que le dio luz verde a la ordenanza para crear la escuela sin mayores inconvenientes la primera semana de septiembre, la misma en que Presidencia publicó el decreto.

    El problema para Pérez es que su proyecto depende de que el Gobierno le ceda un terreno en el Oriente antioqueño para construir la escuela, y por eso le pidió al presidente Iván Duque públicamente que se lo ayudara a apalancar entregándole el lote. Hasta ahora no hay novedades.
     
  • El ferrocarril de Antioquia, sin plata por ahora: aunque es un viejo símbolo de la pujanza antioqueña, un sueño de más de medio siglo y fue la gran bandera de campaña en 2015, hasta ahora está dejando de estar embolatado.

    Luego de que la Junta le rechazara los diseños, el jueves 18 de octubre la promotora del Ferrocarril firmó un acta de intención de respaldo técnico y económico del gobierno de Canadá, lo cual se traduce en que van a poder terminar los diseños de la segunda etapa, entre Caldas y Barbosa, que vale 2.8 millones de pesos, y van a dejar en prefactibilidad en las otras dos etapas. Luego la Corporación Comercial de Canadá, una agencia que facilita negocios con otros países, le ayudaría a conseguir recursos en ese país, lo cual quiere decir que la plata no es segura por ahora.

    Además, el proyecto necesita que el Gobierno lo incluya en el Plan Nacional de Desarrollo con al menos 1,1 billones de pesos. Eso es porque el Gobernador contaba con la plata que le iba a entrar a Antioquia con el funcionamiento de Hidroituango desde fines de este año pues, al ser dueño de la mitad de la empresa que hace la obra, el departamento tiene la expectativa y el derecho a recibir ese dinero cuando la hidroeléctrica empiece a producir y a vender.

    Pero con la emergencia, eso ocurrirá por pronto en 2021, lo que llevó a Pérez a escalar el reclamo que le hizo a EPM, el socio de la Gobernación en el proyecto y quien lo gerencia, hasta una denuncia penal, y a cobrarle por los retrasos, como contamos.
     
  • La Universidad Digital, aún invisible: es una promesa más, que permitiría que más gente de todos los estratos estudien bachillerato y pregrado por internet, pero hoy no funciona.

    En diciembre de 2017 dijo que esperaba que quedara operando en el primer semestre de este año, designó en marzo como su rector al uribista Darío Montoya, ex director del Sena, y ya hay decanos y contratos andando. Sin embargo, no tiene sede y ni un estudiante matriculado, como ha denunciado el diputado del Polo Luis Peláez.

    Montoya le dijo a La Silla que falta que el Ministerio de Educación les dé el visto bueno a al menos los tres primeros programas para que arranque a operar, y el Gobernador le ha estado metiendo presión al rector para que abra las inscripciones el próximo mes. De lo contrario, dijo, “no nos sirve”.

    Con esa denuncia encima, apenas van a arrancar a construir la sede, y arrancaron a dictar cursos cortos homologables cuando la universidad empiece a operar.
     
  • El ‘central park’ del Valle de Aburrá, a los trancazos: es otra promesa de campaña, que incluye un autódromo por 70 mil millones de pesos, para el cual el Gobernador anunció apenas esta semana que ya había asignado 36 mil, pero le está pidiendo al Gobierno Nacional el resto.

    Falta la aprobación del municipio de Bello, la licencia de construcción del autódromo, su atractivo central de 37 de las 97 hectáreas que ocupa, según le dijo a La Silla el gerente de Indeportes, que lo administra, Hernán Elejalde. Pero más que eso, necesita resolver un lío jurídico en una parte del lote, en el que hay habitantes que reclaman para que no los saquen.

    Si bien puede que el autódromo se empiece a construir, o partes del parque, es difícil que Pérez lo alcance a entregar completo.
     
  • El puerto de Urabá, sin señales de humo: otra de sus grandes promesas desde que llegó a la Gobernación, no ha dado noticias nuevas sobre su financiación desde el año pasado 

    La excepción son los kilómetros de placas huella, que han sido noticia permanente durante su administración, y el túnel de Oriente, que conecta Medellín con el aeropuerto de Rionegro, que es una megaobra que si bien va cinco meses retrasada por cuestiones técnicas, estaría lista para que Pérez la entregue en mayo del otro año.
     

Con esas promesas en el aire, Pérez ha usado otra estrategia para mostrar que no solo piensa en grande sino que hace en grande: ha casado dos grandes peleas que le han ayudado a aterrizar su liderazgo. En ellas, sin embargo, hasta ahora no ha salido triunfante.

Peleas sin suerte

  • Belén de Bajirá, puro ruido: en la vieja disputa fronteriza por ese corregimiento con Chocó, Pérez le armó pelea al entonces Presidente, Juan Manuel Santos, después de que el Igac lo incluyó como territorio chocoano.

    Además de un rifirrafe epistolar que tuvo eco nacional, Pérez movió la opinión pública hasta el punto de recoger un millón de firmas para que el Congreso ayudara a dejar el corregimiento en Antioquia. A pesar de eso, Bajirá quedó en el Chocó, según un fallo del Consejo de Estado. Y, con la llegada de Iván Duque, presidente de sus afectos, Pérez dejó de alegar.
     
  • El choque con EPM y ‘Fico’, de varios rounds: el escándalo que desató hace semanas contra EPM y el alcalde Federico Gutiérrez, presidente de la junta de esta, no solo incluye una denuncia penal, sino que Pérez reveló las conclusiones de un estudio de la Universidad Nacional -que aún no es público- y que mostraría que ocho fallas en la construcción habrían ocasionado la emergencia de Hidroituango.

    Le explicó a la Asamblea, con diapositivas y tubos de plástico para simular la estructura de la presa, en qué se equivocaron los constructores, por qué se derrumbó una de las galería de desviación y cómo “EPM premió a un contratista incompetente”, entre otras cosas que demostrarían que esa empresa fue la responsable de la crisis. Luego le empezó a cobrar por los retrasos, y sacó varios titulares en prensa, aunque el monto no le entra a él directamente, sino a la Junta de Hidroituango, donde participa también EPM, y esta empresa no tiene que empezar a pagar ya, como contamos.

    Lo hizo aún cuando la empresa ha dicho que solo en noviembre -cuando finalice un estudio que contrató con una consultora de obras subterráneas- se va a saber con exactitud qué ocasionó la emergencia, y sin que aún las ías se pronuncien sobre presuntos responsables.

    En todo caso, la pelea sigue y, mientras tanto, Pérez busca cómo reemplazar la plata que no le va a entrar por la demora de Hidroituango para financiar sus megaobras.  

Con todo eso, a Pérez le corre el tiempo para probar que sus metas visionarias, como rescatar a Antioquia de la coca por su cuenta, pueden hacerse realidad, y capitalizarlas para ser Presidente, o al menos evitar que un candidato en unos meses utilice la falta de nueces para hacer campaña.

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Orlando Arroyave

24 de Octubre

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Muchas palabras y pocas acciones. Cuando se lanzó como candidato repartía un "periódico" en que se anunciaba como una mezcla de Gandhi, Mujica y el papa Francisco. El hombre de paz le ha hecho la guerra al proceso de paz; de izquierdas no tiene nada y de Francisco, pues vaya a usted a saber por qué. Luis Pérez es un populista sin vergüenza. No ha hecho nada; pero se debe sentir orgulloso.

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