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Por Sara Lopera · 30 de Octubre de 2019

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El senador y jefe liberal de Caldas Mario Castaño, que ocupa el primer puesto en nuestro ránking de superpoderosos del Eje Cafetero, protagonizó el pasado domingo una de las derrotas más contundentes de la maquinaria en la región.

Aunque en la Asamblea y el Concejo de Manizales su partido logró más curules, Castaño perdió todas las grandes apuestas: no le pudo quitar la Gobernación al actual mandatario Guido Echeverri aliado con su rival Mauricio Lizcano; no mantuvo la alcaldía de Manizales que ganó hace cuatro años con Octavio Cardona; y solo ganó tres alcaldías con candidatos propios de las 14 que pretendía.

El fracaso lo armó un coctel de tres ingredientes:

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El voto de opinión sorpresa en Manizales

El alcalde electo de Manizales Carlos Mario Marín, un joven de 28 años que viene de ser concejal de la ciudad por la Alianza Verde, es una de las sorpresas electorales del domingo.

Le ganó a Jorge Hernán Mesa, el candidato de la continuidad que contaba con toda la maquinaria del alcalde Cardona y el senador Castaño.

Mesa, a diferencia de Marín, es un político veterano que viene de ser congresista conservador, alcalde de Samaná y que se alió con Castaño y el liberalismo desde hace cuatro años. 

La sorpresa fue más que todo por los 75 mil votos que Marín sacó, quedando como el alcalde más votado en la historia de Manizales y cogiéndole una ventaja de 21 mil votos a Mesa.

Mesa sacó casi los mismos 49 mil votos que eligieron en 2015 a Cardona, que no fueron suficientes porque esta vez el rival superó con lejos los 44 mil de La U esa vez. 

Más allá del peso de las maquinarias que movieron votos el domingo, el perfil joven e independiente de Marín logró revolcar el voto de opinión que no había sido tan protagonista en elecciones pasadas. 

“El muchacho (Carlos Mario Marín) salía a la calle, se montaba en las busetas, mientras Mesa no tenía la fuerza de untarse de ciudad, y eso lo castigó”, nos dijo un político liberal y nos pidió no mencionarlo por ser funcionario.

En eso coincidió un corporado del equipo de Castaño: “Mesa no es el perfil de alcalde que prefiere una ciudad de jóvenes. Este pelao Carlos Mario los tenía a ellos y a las redes sociales. Nos cobraron un candidato de edad”. 

Aparte, dentro de esa votación histórica estuvo el ingrediente de la maquinaria: según nos dijeron por aparte el representante de La U Óscar Tulio Lizcano y el diputado de esa cuerda, Henry Gutiérrez, su equipo le puso alrededor de 15 mil votos a Marín en Manizales, una quinta parte del total que sacó.

También fue sorpresa que al delfín uribista Camilo Gaviria, el candidato de Castaño a la Gobernación, lo derrotara con una diferencia de 71 mil votos el gobernador electo Luis Carlos Velásquez, un novato en política que hizo campaña como independiente.

Gaviria cargaba con ser el heredero de su madre, la exsenadora y jefe uribista Adriana Gutiérrez, y su campaña estuvo llena de eventos multitudinarios con tarima organizados por Castaño. Algo que también pesó, según la apreciación del mismo senador Castaño.

“En el país había un voto oculto que no se ve en las encuestas, un voto nuevo que es el de los jóvenes, que es irreverente y se manifestó en muchas ciudades del país. Le dieron una oportunidad generacional y eso no lo supimos leer”, nos dijo el congresista, y nos explicó que su estrategia fue hacer campaña igual al año pasado, como para la Presidencia.

Ese factor, al parecer, sí lo identificó el exsenador Mauricio Lizcano, quien desde inicio de la campaña se la jugó por Velásquez, y más tarde por Marín, pero siendo más prudente, poniéndole toda su estructura sin aparecer en tarimas. 

Esa mezcla de opinión y de la estructura lizcanista hizo que Velásquez le ganara a Gaviria en 19 de los 27 municipios de Caldas, barriendo en Manizales con una diferencia de 53 mil votos.

Por eso, el primer ingrediente del fracaso fue haber escogido unos candidatos que no se ajustaron a la tendencia nacional del voto antipolítico, pero a Castaño también le jugó en contra su imagen, incluso dentro del mismo partido.

 
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La campaña al estilo gamonal 

Una de las razones de que la maquinaria de Castaño no obtuviera todos los votos que esperaba, es que parte de las bases liberales no compartieron la alianza que el Senador pactó con el uribismo sin tenerlos en cuenta.  

“Fue un acuerdo burocrático y no democrático”, nos dijo uno de ellos off the record hace una semana.

Eso, sumado a los videos filtrados de reuniones en municipios donde Castaño, con groserías, regañaba a los militantes por no estar haciéndole campaña de frente a sus candidatos. Algo que hizo más mediático Noticias Uno al publicarlo.

“La grosería de Mario espantó a muchísimos líderes. Eso de que nos ataquen si no estamos con sus ideas, de llegar en helicóptero a los municipios, ese caudillismo, eso ya no funciona”, nos dijo el concejal de Manizales Víctor Cortés, el único de los cinco electos que no hace parte del grupo de Castaño.

“A mucha gente le disgustó la forma en la que le habló Castaño a los militantes, de una manera tan prepotente, desprestigiando el ejercicio político ajeno”, nos dijo el único representante liberal, José Luis Correa.

Fue por eso, principalmente, que Correa rompió relaciones con Castaño, y montó una disidencia que se fue por debajo de la mesa con el candidato de Lizcano a la Gobernación, Velásquez. 

Aunque varios dirigentes liberales del grupo de Castaño nos dijeron la semana pasada que eso no representaba ningún riesgo para ellos, el resultado en las urnas dice lo contrario. 

Por ejemplo, Velásquez ganó en Salamina con una diferencia de 20 puntos frente a Gaviria, y en Chinchiná con una diferencia de 18. 

Las alcaldías de esos dos municipios las ganó el Liberal en coalición con otros partidos, pero ambos candidatos estaban con Correa y sus equipos apoyaron al candidato de Lizcano. 

“Estoy seguro que le pusimos alrededor de 35 mil votos a Velásquez en los municipios”, nos dijo uno de los disidentes liberales que nos pidió no citarlo para evitarse problemas de doble militancia. 

Incluso, sus mismos aliados reconocen que la imagen de Castaño no les favoreció en las urnas. 

“La gente está cansada de la clase política que representa Mario. Esa alianza para mí no fue decorosa, todos acá saben quién es él y los ruidos que tiene. Ese fue un castigo de los caldenses hacia él”, nos dijo un uribista de la línea de Óscar Iván Zuluaga con un puesto clave en la campaña de Gaviria. 

Otro uribista de la cuerda de Adriana Gutiérrez nos dijo que “en campaña le decían a Camilo que no saliera con Uribe porque le restaba imagen, y yo pensaba, ¿cómo van a pensar que es mejor salir al lado de Mario que al lado de Uribe?”. 

Bajo el argumento de que "no se pierde lo que no se tiene", Castaño asegura que el único golpe fue la Alcaldía de Manizales y que como partido crecieron en todo el departamento.  

Y es cierto: en el Concejo de la capital pasaron de tener cuatro a cinco curules, y en la Asamblea sacaron 20 mil votos más que en 2015, quedando con cinco diputados. 

En los municipios también aumentaron las alcaldías rojas: tres con aval liberal único y ocho en coaliciones. 

De esas ocho, más de la mitad se lograron en alianza con el uribismo, un aliado que aunque Castaño creía prometedor, también aportó en el coctel de la derrota.

 
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Un aliado poco estratégico 

El Centro Democrático le aportó poco a Castaño en estas elecciones por dos razones.

La primera es que, aún siendo el partido del Gobierno Nacional, los mismos uribistas están inconformes porque no les han dado participación en las entidades nacionales que hacen presencia en la región. 

Por eso, responsabilizan al propio presidente Iván Duque de seguir siendo un partido sin maquinaria. 

“Uno gobierna con los que lo ayudaron a ganar, pero el presidente no ha querido darnos espacio. El Sena de Caldas sigue siendo de Hernán Penagos, el Icbf de Mauricio Lizcano, y el Centro Democrático no tiene nada a nivel departamental, una Gobernación no se gana sola”, nos dijo un uribista de Caldas que nos pidió no citarlo para no parecer mal perdedor. 

Esa es una queja que tiene el Partido desde que comenzó el mandato de Duque y que hemos contado en La Silla. 

Pero además, como se evidenció el domingo, el Centro Democrático perdió en todo el país sus grandes apuestas, lo que muestra el desgaste de su líder Álvaro Uribe y la baja favorabilidad de Duque. 

“Nuestro coequipero era un uribista en un país donde nadie quiere saber de Álvaro Uribe. La gente ya está mamada del bochinchero, del problemático”, nos dijo el corporado liberal del equipo de Castaño que nos pidió no nombrar.

A eso le suma que la carta para la Gobernación, Camilo Gaviria, hizo campaña vestido de Duque, con su mismo estilo tanto en propuestas como en discurso.

Por ejemplo, organizó su programa de gobierno por pactos, como lo hizo Duque el año pasado, en campaña. 

Una estrategia que tampoco pareció funcionar. 

Nuestra fuente uribista del equipo de Adriana Gutiérrez aceptó que “para nadie es un secreto que el Presidente hoy no es una carta a mostrar, es impopular en las bases de la sociedad y por eso no podíamos ampararnos en su imagen”.

“La gente en Caldas tenía demasiadas expectativas con Iván Duque cuando votaron por él el año pasado, y ninguna se cumplió; y en campaña, la gente relacionó a Gaviria con Duque”, nos dijo el representante liberal Correa. 

Así, esa alianza con la que el senador Castaño pensaba conquistar la alcaldía capital, la Gobernación y acercarse más al Gobierno Nacional, no resultó tan potente como creía.

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