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Por Sara Ruiz · 16 de Junio de 2018

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La paisa es la región del país que parece tener más claro su voto por la derecha. No solo la clase política, sino los ciudadanos de a pie, prueban cada cuatro años que prefieren el uribismo para Presidente.

Más allá del peso que tienen Antioquia y el Eje Cafetero en las elecciones (suman el 19 por ciento del potencial electoral) y que pueden ayudarle a Iván Duque a arrasar, hay varias dinámicas regionales que pueden cambiar gane el que gane. Estas son.

 

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La apuesta por la infraestructura, o despega o se afloja

El panorama que le pinta Duque a la región cafetera y a los antioqueños es de vías y puertos que están en cola hace años.

Su meta es terminar el túnel del Toyo que conecta Medellín con el Occidente antioqueño, y la vía al mar desde el Occidente hasta Urabá. También impulsar tres puertos en la costa urabaense y articular todas esas obras que el presidente Santos deja en marcha con el centro del país.

Además, se comprometió a inyectar los recursos que Medellín le viene pidiendo al Gobierno (1.8 billones de pesos, plata que Santos ha dicho que no tiene, según Federico Gutiérrez) para construir el Tranvía de la 80, la megaobra urbana más importante porque conectaría el Occidente de la ciudad; aunque el candidato no ha dicho cómo.

También prometió meterle la ficha al Aeropuerto del Café, que lleva 13 años intentando despegar y, según la Contraloría, no es sostenible en el tiempo “por la baja demanda de pasajeros en la región" y está en líos de presunto detrimento patrimonial de 66 mil millones de pesos.  Encima, no tiene cierre financiero y requiere una inversión de 300 mil millones de la Nación, según la Secretaría de Planeación de Caldas.

A la región cafetera también le prometió conectarla con el Pacífico a través de la vía Ánimas- Nuquí, entre Caldas y Chocó, y la construcción del puerto de Tribugá, al que llegaría esa vía, que está en el tintero hace diez años, y que potenciaría las inversiones en minería, industria maderera y pesca.

Esos proyectos están incluidos en la agenda de la Región Administrativa y de Planificación del Eje Cafetero que recién aprobó el Congreso y que busca impulsar proyectos comunes entre los tres departamentos en infraestructura, turismo y medio ambiente. Pero depende del Presidente si los proyectos que en el marco de esa cooperación se van a apalancar con el presupuesto general de la Nación, o no.

Petro, en cambio, no ha dicho que quiere concentrarse en ninguna de esas obras.

Le dijo a El Colombiano que quería repensar el Tranvía de la 80 porque veía que los costos son altos y que “con los afanes que implica el hecho de mejorar el aire de Medellín, (…) nos debería llevar a pensar que la electrificación del transporte de Medellín se vuelva una prioridad”.

En un debate en Manizales, frente a una pregunta sobre Aerocafé, dijo que su prioridad sería la línea férrea nacional que conecte el Valle del Cauca con el del Magdalena a través del Eje Cafetero, y, aunque Ángela Robledo ha dicho que es importante ese proyecto, no si la Colombia Humana se comprometería a hacerlo.

Otro proyecto históricamente clave para Antioquia y con el que Duque ha dicho estar de acuerdo -aunque no ha dicho cómo lo impulsaría- es el ferrocarril de Antioquia, que en este momento depende de la plata que le llegue al departamento con Hidroituango, y para el cual Luis Pérez le pedirá al gobierno nacional entre 870 mil millones y 1,2 billones de pesos.

Petro no habla directamente de defender esa obra, pero sí de construir líneas férreas que conecten Medellín con los ríos Cauca y Magdalena; así como una que conecte Chocó con la Guajira, que atravesaría el Urabá antioqueño.

 
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La coordinación local con lo nacional puede ser más fácil o más dura

Si gana, Petro necesita el respaldo alcaldías y gobernaciones en recursos y logística para ejecutar los proyectos, como el de reconvertir el sistema de energía eléctrica a solar o abrir universidades en cada una de las comunas populares de Medellín. Eso sería más complejo si se trata de meterle la mano a proyectos y empresas que no son de envergadura nacional.

Por ejemplo, la Alcaldía de Medellín tiene el proyecto de expandirse con tres ciudadelas universitarias en comunas vulnerables y no necesitan la intervención del Gobierno Nacional para ejecutarse, porque están dentro del Plan de Desarrollo local.

Otro ejemplo es la intervención de la calidad del aire en Medellín.

La Alcaldía tiene el plan de que para diciembre del 2018 estén rodando por la ciudad 500 taxis eléctricos y firmó un pacto de voluntades con los sectores industriales emisores de partículas contaminantes del aire, en que progresivamente se le haría frente a los líos ambientales del Valle de Aburrá, además del monitoreo en tiempo real de la calidad del aire, una propuesta similar a la que tiene Duque para solucionar ese problema.

Petro, en cambio, propone priorizar la conservación de humedales dentro de la ciudad por encima de la urbanización, así como promover “un acuerdo entre municipios, empresas y ciudadanía para mejorar la calidad del combustible e impulsar la movilidad eléctrica”. 

Las condiciones en que lo haría -que no conocemos aún- plantean la pregunta de hasta qué punto las medidas que a nivel local se han tomado por mejorar el aire funcionan para su proyecto en las regiones, y para los sectores económicos que resultan afectados por medidas radicales.

Esos casos muestran cómo sería de complejo un gobierno de Petro en Antioquia, pues sus propuestas afectarían las determinaciones de las instituciones que se han movido con independencia del aparato estatal y que tienen proyectos en marcha financiados en parte por departamentos y alcaldías, como Hidroituango, por ejemplo.

En cambio, si gana Duque, que está inscrito en el Partido que ha sido cercano a los gobernadores y alcaldes de capitales (Luis Pérez se ha ido acercando al uribismo a través de su sobrino, Nicolás Pérez, y con cuotas del Centro Democrático en su administración; Federico Gutiérrez tiene buena relación con los uribistas en general y perteneció al grupo de los ‘Paolos’ antes de lanzarse por firmas a la Alcaldía; a Sigifredo Salazar lo montó a la gobernación de Risaralda una alianza de uribistas y conservadores, al alcalde de Pereira Juan Pablo Gallo, liberal, lo apoyó ese Partido; y Carlos Eduardo Osorio es padrino político del representante electo del Centro Democrático en Quindío), es un respaldo de que tendría una comunicación más directa y cercana con ellos, y eso les permitiría avanzar en la agenda regional.

 
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La minería se podría fortalecer o revolcar

El futuro cercano del sector minero energético, que genera alrededor de 60 mil empleos formales y 180 mil informales en Antioquia, según el Plan de Desarrollo, al que se dedican 250 mil antioqueños, según la Confederación Nacional de Mineros de Colombia, y que en Caldas está presente en 17 de sus 27 municipios; puede continuar tal cual va y ganar más con Duque, o someterse más a la voluntad popular y a una reforma estructural con Petro.

Lo que pase con ese sector en la región es importante porque Antioquia es el primer departamento con más títulos mineros en el país, con el 17 por ciento de su territorio titulado, y el sexto es Caldas, con el 9,6 por ciento, según datos de la Agencia Nacional de Minería.

Duque defiende los intereses de las multinacionales mineras como Continental Gold, que tiene un proyecto aurífero en el Bajo Cauca, Antioquia Gold, con un proyecto en el Nordeste, y Red Eagle mining, en el Norte de Antioquia.

Quiee hacerlo a través de la propuesta de que el Estado "garantice la estabilidad jurídica de los proyectos, advirtiendo que debe prohibirse la explotación en zonas de alto valor ambiental”, y le hace frente a la dificultad que tienen los empresarios de la minería para dialogar con las comunidades y la estimulación de titulación minera y de proyectos con la idea de reformar la Ley de Regalías “para que al menos el 50% se quede en las regiones productoras donde están los proyectos mineros”, como le dijo a la Andi en marzo.

(Según la Ley 1530 de 2012, el 10 por ciento de las regalías del oro les quedan a los departamentos productores, y el 87 por ciento se reparte entre los municipios. Antioquia, por ejemplo, recibió 76 mil millones de pesos en 2016 en regalías por explotación minera).

Sin embargo, en Antioquia, la resistencia comunitaria a la minería no es menor: es el departamento con más consultas populares o proyectos de acuerdo en concejos municipales para frenar la minería.

Para avivar más eso, Petro propone más diálogo con las comunidades y respetar las decisiones de las consultas en contra de ellas; pero por otro lado, con la prohibición de la minería a cielo abierto que quiere implementar, perjudicaría a los mineros pequeños y de subsistencia (barequeros y material de arrastre), que están principalmente en el Norte, Bajo Cauca y Nordeste de Antioquia, y en el Occidente de Caldas, según le explicó a La Silla Luz Stella Ramírez, presidenta de la Confederación Nacional de Mineros de Colombia, que reúne 68 organizaciones mineras a nivel nacional, de las cuales 40 son de Antioquia y el viejo Caldas.

Parte de ese respaldo popular está en el Suroeste antioqueño, en que diez municipios le dijeron No a la minería de oro, o en Pijao, Quindío, pasa igual. Si Petro queda de presidente, las consultas que están el fila como la de Salento y Córdoba (Quindío), pueden prosperar más fácil, poniendo en jaque esa economía que pesa a nivel nacional, a través de la inversión extranjera, y a nivel local, con la minería informal.

 
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Se definirá quién juega ‘de local’

El tablero para el 2019 se empezará a alinear a partir del domingo por la tarde, y le dará un espaldarazo a los candidatos a alcaldías y gobernaciones que hasta ahora están empezando a sonar, que son en su mayoría uribistas.

Si gana Iván Duque, la alianza de los liberales del senador Mario Castaño con el Centro Democrático tomará impulso para la Gobernación de Caldas y la Alcaldía de Manizales, que desde antes de la primera vuelta se viene cocinando, según nos confirmaron dirigentes liberales del departamento.

El Partido de Duque podrá tomar más fuerza también en Risaralda, con senador y representante propios, con el conservador Samy Merheg y los liberales gaviristas moviéndose para una posible alianza; y en Quindío, donde el uribismo es el que más crece a partir de la desinflada del liberalismo con la inhabilidad de la cacica Luz Piedad Valencia y la captura del Alcalde de Armenia por presunta corrupción.

En Antioquia la competencia uribista por la Alcaldía de Medellín se arreciará para recibir la bendición del próximo Presidente. (Hasta ahora suenan para alcalde el saliente senador Alfredo Ramos, el director de Comfenalco Carlos Mario Estrada -quien es enlace de la campaña de Duque con el sector empresarial paisa- y el ex alcalde liberal Aníbal Gaviria -que revivió en la vida pública cantando su voto por Duque-, y para Gobernación el uribista Mauricio Tobón, gerente del Idea, y Andrés Guerra, excandidato y gerente de la campaña de Duque en Antioquia). 

Muestra de ese sacudón de poder de cara al 2019 será la remezón del gabinete de la Gobernación de Antioquia que, según dos fuentes cercanas al exgobernador que consultamos, ocurriría a partir de la próxima semana, cuando pase Ley de Garantías, con cambios de mando en secretarios y gerentes de entes descentralizados, según advierte esta carta que envió Luis Pérez el 12 de julio a la Gerente de infancia, adolescencia y juventud (en que dice que “ninguno de los secretarios ni gerentes de institutos descentralizados” habían cumplido con una instrucción que dio en consejo de gobierno y eso demostraba “desinterés o falta de entendimiento para seguir las instrucciones del Gobernador”).

 
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La fuerza del centro para el 2019

El número de votos en blanco que salgan en la región el domingo serán una báscula para definir el peso del centro; después de los 1,2 millones de votos que sacó Fajardo, su principal promotor, en primera vuelta.

Si bien buena parte de los votos paisas de Fajardo migrarán hacia el uribismo y en menor medida hacia Petro (porque la región tiene una clara tendencia a la derecha), los votos en blanco medirían la capacidad de la fuerza de centro (ni uribista ni petrista) que –como lo espera la Coalición Colombia– será protagonista en las elecciones del próximo año a través de alianzas como la que se armó para la Presidencia, pero que hasta ahora no dan pistas de empezarse a armar.

Así también, un menor margen de diferencia en los resultados entre Duque y Petro en el Eje Cafetero será el primer impulso de nuevas candidaturas de centro-izquierda que le pueden competir al uribismo, que es el que quedaría más fortalecido en la región, sea quien sea el Presidente.

 
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El poder de la Federación Nacional de Cafeteros

Lo que que pase con el sector cafetero en la región es clave porque 94 de los 125 de Antioquia son productores de café, y 25 de los 27 de Caldas, 12 de los 14 de Risaralda y los 12 municipios de Quindío son cafeteros.

Si bien los dos candidatos se han comprometido con mejorar la pensión de los caficultores y fijar el precio del café para que los productores no pierdan -o que más reclama el gremio cafetero- la diferencia es el rol de la Federación Nacional de Cafeteros, que ele compra el café a 80 mil familias productoras de Antioquia y alrededor de 57 mil en Caldas, Risaralda y Quindío, e invierte en el crecimiento del sector con investigación, planes de renovación de cafetales y garantía de compra a través de cooperativas.

Como contamos, Duque encarna los intereses del sector cafetero adscrito a la Federación, porque plantea que a través de sus ministros (tres de ellos están en la junta directiva de la Federación) va a impulsar el fondo de estabilización del café, una reducción de costos de insumos y una forma de pagar deudas del pasado como la Flota Mercante.

Petro quiere hacer lo mismo, pero a la vez “quitar la intermediación de la Federación para potenciar las ventas directas” y estabilizar el precio a través de una conferencia internacional de productores. La idea del candidato puede ser compleja porque no es fácil estabilizar un precio entre cafeteros que no producen lo mismo ni al mismo tiempo sin un intermediario que garantice la compra.

Pero, más allá de eso, si el candidato de la izquierda queda de Presidente, le restaría autoridad a una institución no gubernamental con 90 años de existencia que tiene la rosca de la Nación en sus decisiones, pues le quitaría poder de fijar precios y de ser el puente entre el pequeño caficultor y el mercado nacional e internacional.

 
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El proyecto de seguridad se reforzará, o se reseteará (por ambos lados)

Antioquia es uno de los departamentos más afectados la acción de grupos armados: es la cuna de las Autodefensas Gaitanistas o Clan del Golfo, y de la Oficina de Envigado, las dos estructuras de crimen organizado más fuertes de la región y del país.

En seguridad rural, Petro representaría una continuidad a la estrategia Santos para combatir el crimen organizado, pero en seguridad urbana, sería al revés. La idea de Petro es seguir adelante con el desmonte de las organizaciones de narcotráfico, mientras que rehabilita a quienes consumen droga “con un enfoque de salud pública”.

En su discurso en Chigorodó, en febrero, se dirigió al Clan del Golfo y anunció que “la Colombia Humana abrirá esa puerta para buscar un desmantelamiento pacífico del narcotráfico, que si no es aceptado, será debilitado políticamente y luego golpeable por la Fuerza Pública”.

También pretende apalancar la sustitución de cultivos ilícitos como está inscrita en el Acuerdo de La Habana a través de la concertación con las comunidades, para que sean ellas las que decidan y marquen el paso.

Duque, por su parte, busca desmantelar a las Autodefensas Gaitanistas en cuatro años con el aumento pie de fuerza en las regiones, cooperación con la ciudadanía y erradicación obligatoria. “Como Comandante en Jefe de la Fuerzas Militares quiero asumir la tarea directa de supervisión permanente, hasta que derrotemos el ‘clan del golfo’, como una de las victorias tempranas de nuestra administración”, dice.

En el caso de la seguridad urbana en Medellín, uno de los asuntos prioritarios de la actual administración, Duque representaría su continuidad porque concibe que la manera del alcalde Gutiérrez de hacerle frente a las bandas criminales ha sido “valerosa”.

Mientras tanto, Petro cree que “Medellín es una ciudad bajo extorsión producto de la exclusión social de su juventud, el deterioro de su capacidad industrial y la connivencia entre administraciones y narcotráfico: el pacto con mafias”; y que con la implementación de la jornada única y acceso universal a la educación superior puede ir reduciendo la criminalidad, tal cual piensa hacerlo con el Clan del Golfo en zonas rurales.

 
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La clase obrera y las víctimas, más que todo en Urabá, pueden brillar

Petro tiene un potencial especial en Urabá, una región que en primera vuelta le puso el 30 por ciento de los votos que sacó en Antioquia y donde tiene el apoyo, en zona rural, de trabajadores bananeros que se le zafaron a la decisión de las directivas de Sintrainagro de apoyar a Duque, de jornaleros y plataneros, de maestros en zona urbana de Turbo y Apartadó, y de víctimas.

El candidato de la izquierda también tuvo fuerza en primera vuelta en Pueblo Rico, en los límites entre Risaralda con Chocó, que junto con Mistrató es la zona donde más tiene posibilidad de crecer de la mano de sindicalistas, trabajadores y maestros, según le dijo a La Silla Luis Miguel Henao, uno de los que pusieron a marchar la Colombia Humana en ese departamento.

En las dos zonas de la región donde ganó Petro, la distancia entre ambos candidatos fue mínima: en Pueblo Rico fue de menos de 100 votos (dos puntos porcentuales de diferencia) y en Turbo y Apartadó fue de tres y cuatro puntos porcentuales, respectivamente.

Incluso, en seis de los siete municipios de Urabá en que ganó Duque, Petro fue el segundo, en dos de ellos (Carepa y Chigorodó) con menos de cinco puntos de diferencia, cosa que no pasó en el resto de la región, donde el segundo puesto en casi todos los municipios fue de Fajardo.

Por eso, en Urabá va a estar el rifirrafe más notorio de Antioquia y el Eje entre la clase alta y baja, que es una de las pujas más claras entre las dos opciones de la Presidencia, pues quienes le hacen campaña a Duque son comerciantes, empresarios bananeros, palmicultores y ganaderos interesados en los proyectos de infraestructura y en la baja de impuestos.

Más allá de esa pelea de clases que se vivirá el domingo en la región bananera, habrá una lucha por la reivindicación de las víctimas: los líderes que quedan en Antioquia del exterminio de la Unión Patriótica están concentradas más que todo en Urabá, así como la fuerza del extinto EPL, del Partido Comunista y de excombatientes de las Farc.

También organizaciones de víctimas como la Asociación de Víctimas de Chigorodó (Asovichi), la corporación afro Tierra Prometida, las fundaciones de reclamantes tierras Tierra y Paz y Forjando Futuros (de Gerardo Vega) que reúnen parte de las casi 400 mil víctimas de la región, están moviéndose por la Colombia Humana.

Eso, sin contar las ONG de derechos humanos del departamento que se están moviendo por Petro, como la Organización Indígena de Antioquia, exdirigentes del Instituto Popular de Capacitación, líderes del Salón del Nunca Más en Granada (Oriente antioqueño), y defensores de derechos humanos de las comunas de Medellín, que también pueden hacerse contar en la segunda vuelta.

Los resultados de Urabá mostrarán qué lado de la balanza (el del establecimiento o el de las reivindicaciones sociales) tiene más peso, y los resultados de Petro, que desde la primera vuelta marcaron la diferencia en la región, podrían redistribuir el poder político regional que, como nos dijo José Luis Jaramillo, excandidato a la Gobernación por la Unión Patriótica, pueden hacer que en Antioquia “podamos renacer como un ave fénix”.

 

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