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Por Juan Esteban Mejía · 14 de Diciembre de 2017

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Entre las nuevas y jóvenes caras que habrá en el tarjetón al Senado el próximo 11 de marzo estará la del liberal antioqueño Julián Bedoya. Que su rostro aparezca allí es el resultado de un vertiginoso ascenso en la política, en la que ha escalado golpe a golpe en los últimos seis años.  

“Quienes hemos seguido su trayectoria dentro del Partido decimos que él no tiene hígado. Es capaz de lograr lo que se propone como sea”, dice un dirigente liberal, asombrado por la forma como Bedoya se volvió todo un gamonal en tan poco tiempo.

Aunque anda metido de lleno en política, él suele ser de pocas palabras cuando aparece en público y se muestra reservado en las escasas entrevistas que acepta. Sin embargo, la rapidez con que Bedoya ha acumulado poder le impide pasar desapercibido y su pasado se ha encargado de decir quién es él.

Sobre su historia se sabe que nació el 7 de octubre de 1981 y alguna vez intentó evadir su origen en un programa de televisión cuando dijo que era oriundo de Medellín. El entrevistador lo confrontó porque sabía que era de Cañasgordas, un pueblito ubicado en las lejanas montañas del occidente antioqueño. Bedoya se salió por la tangente y capoteó la contrapregunta diciendo: “Es que los hijos de Cañasgordas somos tan berracos, que nacimos en cualquier parte. ¡Imagínese!”.

En su breve perfil oficial omite un dato mayor. Allí dice que estudió en el colegio José María Córdoba y Derecho en la Universidad de Medellín, pero no hay rastro de su paso por la Escuela General Santander después del bachillerato y antes del pregrado.

En ese lapso, fue cadete de la Policía, pero lo expulsaron de esa institución en el 2000 y no pudo graduarse de subteniente. Su salida se debió a la pérdida de una pistola que le habían asignado para unas prácticas y que luego apareció con sus huellas en la cisterna de un baño.

Bedoya explicó que no pretendía robársela y que por eso le abrieron un proceso “que quedó con muchas dudas y esas dudas las asimilé como una experiencia de vida”.

Después de eso, según sus propias palabras, decidió salir adelante. Entonces fue cuando entró a estudiar Derecho en la Universidad de Medellín y, sin haberse graduado, se dejó seducir por la política. En 2007 se lanzó al Concejo de Medellín, sacó 2.000 votos, se quemó y se fue a trabajar como asistente del concejal Juan David Arteaga, de Cambio Radical. 

Cuatro años después de aquel primer intento en la política, insistió. Entró a militar en el Liberalismo Socialdemócrata, la corriente liberal que encabeza Eugenio Prieto. Según Bedoya, llegó allí por la amistad con él y por “los ideales libertarios y de querer hacer una política distinta”. Sin embargo, tres fuentes que consultamos en el partido Liberal dicen que su aproximación a ese grupo se dio además porque él llegó con suficiente dinero para financiar su campaña a la Asamblea de Antioquia en 2011.

El hecho fue que recibió ese aval y quedó automáticamente inscrito en la Concertación de Matices Liberales. En ella se agrupaban los liberales de Envigado, la Unidad Liberal (liderada por Ramón Elejalde, aliado de la familia de Aníbal Gaviria) y el Liberalismo Social Demócrata, de Prieto. Estos grupos hicieron una suerte de pacto de no agresión que implicaba dejar atrás las diferencias políticas, obrar con coherencia y entender que el fin no justifica los medios.

Con ese apoyo político, Bedoya sacó 25.037 votos, se hizo diputado y luego empezó a romper las reglas de quienes lo habían acogido. Y desde eso no ha dejado de ascender en su carrera política.

Golpes de poder

A la Asamblea de Antioquia llegaron en 2012 cinco liberales de diferentes tendencias. El que más votación tuvo fue Héctor Jaime Garro, de la Unidad Liberal. El segundo fue Adolfo León Palacio, que llenó el vacío de su jefe, César Pérez, condenado dos veces. La tercera votación fue la de Julián Bedoya, del ala socialdemócrata. La cuarta fue para Rigoberto Arroyave, de los bellanitas que encabeza John Jairo Roldán. Y el quinto en número de votos fue Rodrigo Mesa, de los liberales de Envigado.

Tres de esos diputados (Garro, Bedoya y Mesa) hacían parte de aquel pacto de no agresión que se agrupó en la Concertación de Matices Liberales.

En ese ambiente de armonía, los diputados en pleno acordaron que el primer presidente de esa corporación debía ser Garro. Pero vino un tropiezo jurídico. En la Asamblea de Antioquia acostumbraban cambiar la mesa directiva cada seis meses para que todos los diputados tuvieran una tajada de la repartija burocrática. Y justo el 16 enero de 2012, el Tribunal Administrativo de Antioquia sacó un fallo en el que decía que eso era ilegal porque las mesas directivas tenían que durar un año completo.

Ese lío aparentemente se podía resolver prolongando la mesa directiva que acababa de asumir en cabeza de Garro. Pero no fue así. Bedoya se desligó de Matices Liberales y junto con el diputado Adolfo Palacio y los otros liberales, destronaron a Garro y Bedoya se trepó a la presidencia de la Asamblea de Antioquia.

Su jefe, Eugenio Prieto, le recordó aquello de la unidad entre liberales y de que el fin no justifica los medios. Pero Bedoya no hizo caso. “Las órdenes se acabaron”, dijo, y por eso lo expulsaron del Liberalismo Socialdemócrata.

Bedoya dijo en ese entonces: “Aquí marcamos un alto en el camino al interior de la corporación”. Y llamó a sus compañeros a trabajar “de manera tranquila y respetuosa”.

Pero la dicha le duró poco, pues cinco meses después, el Tribunal Administrativo de Antioquia anuló la forma como él saltó a ese puesto y se lo tuvo que devolver a Héctor Jaime Garro.

De todas formas, Bedoya ya había mostrado su ambición.

Luego, ya sin ser presidente, continuó imponiéndose. Antes de terminar el 2012, Bedoya estaba de ponente de un proyecto de ordenanza que autorizaba comprometer vigencias futuras para obras de infraestructura. Su compañero Rodrigo Mesa, también liberal, no estuvo de acuerdo con la propuesta y Bedoya se salió de casillas y lo agredió.

Prieto calificó esa agresión como un “hecho bochornoso” en un medio local.

Entre tanto, se acercaba cada vez más al diputado Adolfo Palacio. Juntos, lograron la hazaña de tumbar al director del noticiero de Teleantioquia, Juan Pablo Barrientos, después de obtener el audio de un consejo de redacción en el que el periodista criticaba a los diputados. Ellos llevaron la grabación a donde la gerente del canal, Selene Botero, y Barrientos tuvo que dejar su puesto. Meses después, el periodista reveló que quien grabó la reunión fue su colega María del Pilar Rodríguez, que trabajaba con él y al mismo tiempo era novia de Julián Bedoya.

La ruta del César

Una fuente que conoce la historia del partido Liberal compara el camino que está siguiendo Julián Bedoya con el que en su momento recorrió el cacique César Pérez, que se mantuvo 20 años en la Cámara de Representantes y varios más en la Asamblea de Antioquia. Con los votos que amasó puso alcaldes, gobernadores, concejales, diputados y congresistas.

Pero su declive empezó en 1998 cuando compartió asiento en la Asamblea de Antioquia con los entonces diputados Eugenio Prieto y Bernardo Alejandro Guerra, el hijo de su exjefe político.

Ese año, Pérez era el presidente de la Asamblea y Prieto y Guerra detectaron pagos de salarios a personas que no iban a trabajar. Entonces los dos lo denunciaron por haber creado una nómina fantasma que finalmente le costó a Pérez una condena de 99 meses de prisión.

Convergencia Liberal se fue extinguiendo poco a poco. Prácticamente, la única ficha de Pérez que sobrevivió fue Adolfo Palacio, su incondicional heredero que, por años, mantuvo con aliento su moribundo proyecto político.

Ahora Palacio es aliado de Bedoya, que alguna vez fue el diputado de Prieto, y es una posibilidad de reencauche de la extinta Convergencia Liberal.

El nombre de esa corriente política quedó en el pasado y Bedoya y Palacio fundaron otra que se llama Renovación Liberal.

Alto vuelo

La primera prueba de ese movimiento fue alcanzar una curul en el Congreso. Bedoya renunció a la Asamblea de Antioquia el 5 de marzo de 2013 y se lanzó a la Cámara. Hizo campaña con Palacio y sumó sus votos, para alcanzar 33.624 con los que se ganó su curul en el 2014.

Sus mayores votaciones fueron en Urabá, Bajo Cauca y el sur del Valle de Aburrá, concretamente en La Estrella, lugares donde César Pérez amasó sus votos alguna vez.

Cuando tomó asiento en la Cámara de Representes fue nombrado presidente de la Comisión de Acusación y se dio a conocer en el resto del país porque él mismo se asignó el proceso del magistrado de la Corte Constitucional Jorge Pretelt. El caso, a pesar de lo espinoso, le permitió quedar bien con el gobierno Santos, que pidió celeridad y Bedoya se comprometió a darle trámite ágil a ese proceso.

Con esa visibilidad y la hazaña de haber escalado hasta ser responsable de investigar uno de los casos de corrupción más sonados de los últimos años, volvió en 2015 al ruedo electoral. Su nuevo movimiento ganó 12 alcaldías, puso al diputado Rubén Callejas y a cerca de 200 concejales en toda Antioquia, según las cuentas que hacen en Renovación Liberal.

Además de ellos, el candidato que apoyó para la gobernación, Luis Pérez, salió elegido, y esto sirvió para tener participación burocrática. Adolfo Palacio encontró puesto allí como secretario de Hacienda después de que se quemó en su aspiración al Concejo de Medellín. Y Juan Diego Echavarría, exalcalde de La Estrella que empezó en la política con César Pérez y ahora hace parte de Renovación Liberal, fue gerente de Municipios.

“No podemos negar que fue todo un fenómeno electoral”, dijo un dirigente del partido Liberal, que prefiere reservar su nombre para no discrepar con Bedoya.

Voz cantante

Con todo lo que ha ascendido en la política, Bedoya es una voz que ahora se hace escuchar dentro del partido Liberal. Eso lo demuestran dos hechos recientes. El primero fue el día de su boda con la periodista María del Pilar Rodríguez, cuando sentó a la misma mesa a César Gaviria y a Juan Fernando Cristo en su fiesta en Medellín, a la que también asistieron Clara Rojas, Luis Pérez, Guillermo Rivera y María Fernanda Cabal.

Y el segundo hecho es la convención liberal del 27 de agosto, cuando casi 500 personas que se encontraban en el Club Censa de Medellín hicieron su voluntad.

Aquella reunión era para elegir nuevo presidente del partido en Antioquia. Según dos fuentes que estuvieron allí, ese día los liberales se dividieron en dos grupos. Uno estaba conformado por los congresistas paisas Iván Agudelo, Óscar Hurtado, Luis Fernando Duque y John Jairo Roldán, y defendían que el nuevo presidente departamental debía ser uno de ellos.

Bedoya fue el único congresista que se salió de ese grupo y se fue a apoyar a las masas, que insistían en que el elegido debía ser alguien que se encontrara haciendo política en el mismo departamento y no en Bogotá.

Cuando los congresistas del primer grupo notaron que eran minoría, alegaron que la decisión no se podía tomar ese mismo día por falta de cuórum. Esto implicaba posponer la elección y entregársela a la Dirección Nacional en Bogotá.

Las masas no apoyaban esa opción porque allá los congresistas tenían más poder que los demás. Fuera de eso, aquel día varios asistentes viajaron desde diferentes municipios hacia Medellín con el único fin de votar para elegir al nuevo presidente departamental. “Cuando estábamos en esa discusión, Bedoya se levantó y dijo: ‘señores, esa elección se hace hoy’ y las masas lo apoyaron. Fue como si la orden estuviera dada”, dijo una fuente que presenció ese momento.

Y así fue. Después de verificar el quórum, la veedora del partido dio vía libre para hacer la votación. El elegido como nuevo presidente de los liberales en Antioquia fue el diputado Luis Carlos Ochoa, del equipo de Eugenio Prieto, que recibió el apoyo de Bedoya a pesar de las diferencias políticas.

Juego de poder

Para ese entonces ya estaba claro que Bedoya quería ser candidato al Senado. Para las próximas elecciones tendrá que disputar votos con otros liberales y su rival será el representante Iván Agudelo, que también quiere ser senador en el periodo que sigue.

Con los resultados de la elección del presidente del partido en Antioquia, Bedoya se llevó un punto al lograr imponer su decisión sobre las intenciones de Agudelo. Pero esta no ha sido la primera vez que logra más poder de convencimiento, pues algunas personas cambien sus preferencias. “El día de la convención vi que algunos concejales que habían recibido el aval de Agudelo tenían camisetas de Bedoya”, nos dijo una fuente que estuvo ese día allí.

Con actual alcalde de Caldas, Carlos Durán, pasó algo similar. “Hicimos acuerdo con él y vino a acompañar el equipo de Julián Bedoya”, dijo una fuente de Renovación Liberal. Luego su hermano, Jorge, fue nombrado Secretario de Participación en la Gobernación de Antioquia, un cargo en el que tiene que estar en contacto con asociaciones comunales en todo el departamento.

Bedoya ha logrado así recoger un cúmulo de seguidores a los que les habla directamente. En la consulta liberal del 19 de noviembre, él se la jugó por Juan Fernando Cristo y un día antes, le envió a su gente un mensaje de voz por WhatsApp. “Soy Julián Bedoya, congresista de la familia de la renovación”, dijo.

En seguida, invitó a sus seguidores a hacer campaña para votar por Cristo y lanzó un comentario que trascendió a los medios como una muestra de la guerra sucia contra el rival, Humberto de la Calle: “No deseo, no quiero, no es de mi interés que nuestro partido se sume a la extrema izquierda colombiana. No quiero apoyar ni deseo que nos apoyen ningún miembro de la guerrilla de las Farc que tanto le han hecho a nuestra patria”.

Después de la consulta, volvió a dirigirse hacia sus seguidores, esta vez en un video, en el que celebró los votos que sacó Cristo en Antioquia a pesar de que fue el perdedor de la jornada.

“Deseo compartirles que continuamos siendo la primera fuerza liberal del departamento de Antioquia”, dijo, y se atribuyó 25.000 votos de los 31.000 que sacó Cristo en el departamento.

Su cálculo se debió a los resultados en los municipios donde ya tiene caudal, que coinciden con algunas zonas donde hace años César Pérez fue un patrón. En esos mismos lugares Bedoya tiene ahora un capital político con el que quiere hacerse senador, junto con Juan Diego Echavarría, su fórmula a la Cámara.

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