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Por Juan Esteban Mejía | Sara Ruiz · 17 de Noviembre de 2017

Santiago Jaramillo, concejal de Medellín por el Centro Democrático.

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“¡Yo soy un loco! ¡Soy felizmente loco!”. Con esa confesión a grito herido en la plenaria del pasado 4 de octubre, Santiago Jaramillo puso los reflectores sobre él mismo. Hasta ese día, poco se sabía de este político que llegó al Concejo de Medellín por el Centro Democrático y que se había quemado en 2007 con Alas Equipo Colombia.

En aquella sesión, se desbordó en insultos y comentarios desmedidos. Generó odios, causó malestares y fue expulsado de su partido. Aún así, sigue ocupando su silla y podrá incidir en la elección de quien administrará el presupuesto de 23 mil millones de pesos que tiene el Concejo de Medellín para 2018. Él dice que se trata de un mito, pero sus declaraciones posteriores han mostrado que aunque le digan loco tiene los pies en la tierra y todo indica que sí podrá definir ese puesto.

Y es que Jaramillo intentó después bajar los ánimos cuando dijo que “sí estoy loco, muy loco, desde niño, estoy loco de amor por Medellín, por los medellinenses, por los sueños, por la fe católica”, y como se hizo célebre y habló desde cabinas de radio nacional, ante cámaras y en conversaciones transmitidas en vivo por canales nacionales, demostró que sabe de lo que habla.

Con cordura

Le hicimos un detector de mentiras exprés y confrontamos con varias fuentes testimoniales y documentales algunas de sus afirmaciones en los medios, y el dictamen es que sabe de qué habla.

Por ejemplo, en una entrevista dijo que las fotomultas son un negocio que lucra privados, concretamente al empresario Hugo Zuluaga. Esto es un hecho comprobable.

En 2006, la Secretaría de Tránsito de Medellín firmó un convenio con UNE para modernizar los sistemas tecnológicos y, por medio de UNE, la empresa Quipux entró a ofrecer sus servicios de tecnología para la Secretaría de Tránsito. Quipux fue creada en 1995 por Hugo Zuluaga. En 2010, como parte de ese convenio, se crearon las fotomultas para obtener dinero. Quipux puso los equipos y recibe parte de las multas que se pagan en Medellín.

El concejal también afirmó que Medellín está inundado de vacunas (extorsiones).

“En el barrio Olaya se están pagando dos mil pesos a la ilegalidad por residir allí (...) Los buses están pagando alrededor de un millón de pesos quincenales (…) Todos los locales comerciales del centro de Medellín pagan 50, 100, 150, 300 mil y más”. Según políticos y estudiosos del conflicto, este es un hecho comprobable.

Las extorsiones o cuotas de seguridad que cobran algunos grupos armados en Medellín son un problema generalizado, aunque por la falta de denuncias no es posible establecer la cifra total de víctimas.

En este sentido, la exposición que tuvo el concejal Jaramillo sirvió para exhibir en medios nacionales temas que se han quedado en debates locales, pero sus afirmaciones han sido opacadas por la forma como él las dice.

A un concejal liberal lo llamó ‘gatúbela’. A un político que perdió un ojo en un accidente le dijo ‘tuerto’. A un periodista que quiso interrogarlo le tocó la cara como un gesto ofensivo. Al senador Álvaro Uribe le dijo que fueran juntos al ‘loquero’. Y en varios videos aparece haciéndole insultos con las manos a otros concejales y al alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez.

Por eso, visto desde afuera Jaramillo parece una rueda suelta. Sin embargo, es parte del engranaje del Concejo.

No se va

El comportamiento de Jaramillo se volvió un tema recurrente en el Concejo y la Alcaldía, tanto así que, en un almuerzo, el alcalde les dijo a los concejales que atendieran el caso.

La sugerencia fue acompañar al concejal y a su familia y procurar evitar que se deteriore la imagen del Concejo, ahora que hasta los medios nacionales estaban al tanto de la situación. Pero poco se ha hecho hasta ahora

El comité de ética del Centro Democrático hizo lo propio y el pasado 2 de noviembre lo expulsó, entre otras cosas, porque “se ha hecho indigno de representar al partido”. Sin embargo, Jaramillo sigue ocupando su silla y el presidente del Concejo, Jesús Aníbal Echeverri, dice que nada puede hacer.

En una carta que les envío al resto de concejales de Medellín, les explicó que el fallo que recibió del comité de ética no es suficiente para decirle a Jaramillo que se vaya. Según dijo, el partido tiene que enviarle un certificado que le exija ejecutar la decisión, lo que demorará la salida de Jaramillo.

Mientras tanto, Jaramillo sigue gozando de los beneficios de los acuerdos políticos que hicieron los concejales desde cuando se posesionaron en 2016 y aún puede hacer su último acto de poder como concejal, si Echeverri no la quita la credencial en las próximas dos semanas.

Sigue con derechos

Según el pacto de los concejales, en 2018 la presidenta será la liberal Aura Marleny Arcila, la vicepresidenta primera será Luz María Múnera (del Polo) y el vicepresidente segundo será Jaime Cuartas (de los verdes). Y el secretario general, encargado de administrar los 23.000 millones de pesos del presupuesto anual del Concejo, le corresponde al Centro Democrático. Dentro de la bancada se definió, desde entonces, que lo elegiría Jaramillo.

El 15 de noviembre se abrió la convocatoria del concurso para elegirlo. Se presentaron once aspirantes para el primer paso, un examen teórico que se hizo este miércoles 15 y que solo superaron tres aspirantes.

Esos tres pasan a entrevista con una sicóloga y luego a una audiencia para exponer sus planes. Finalmente, los concejales votarán el 28 de noviembre para elegir al nuevo secretario.

Pero el ruido arrancó el mismo 15, cuando dos aspirantes que hacen parte del equipo del concejal Bernardo Guerra declinaron antes del examen por razones que explicaron en una constancia que presentaron oficialmente ante el Concejo.

“Ante la información conocida esta mañana, según la cual, los voceros de la mayoría de las bancadas de la corporación se reunieron y decidieron elegir a uno de los aspirantes, manifiestamente promovido por el concejal Santiago Jaramillo, hacemos constar que no presentamos los exámenes previstos según la convocatoria”, dicen.

El candidato al que se refieren, según tres concejales y uno de los candidatos a la secretaría, es el abogado Jorge Lopera, que tiene el aval de la representante y exconcejal de Medellín Regina Zuluaga, también del Centro Democrático, y quien ha trabajado desde 2008 en el Concejo, recientemente con Rober Bohórquez, de Cambio Radical.

Sin embargo, Jaramillo dijo que él no es su candidato y que, si tuviera oportunidad de nombrar a alguien, elegiría a una mujer.

Además, él y el presidente del Concejo negaron la existencia del pacto entre bancadas pese a que en ocasiones anteriores ése ha sido el criterio para elegir la mesa directiva del Concejo de Medellín.

Precisamente, hace un año Caracol Radio informó que gracias a ese pacto, el mismo Echeverri llegó a la presidencia y fueron elegidos como vicepresidente primero John Jaime Moncada (conservador) y como vicepresidente segundo Norman Harry Posada (del Centro Democrático). La secretaria general, Leonor Gaviria, fue elegida en el cargo después de un concurso, pero con el visto bueno de los conservadores.

Además, dos concejales que pidieron reserva confirmaron que el arreglo efectivamente fue así. Incluso una concejal, refiriéndose a Jaramillo, dijo: “hay que respetarle el acuerdo al muchacho”.

Eso todavía puede pasar, pues Jaramillo seguirá siendo concejal por ahora. Sin embargo, esa situación ha creado tensiones en una coalición que hasta ahora funcionaba como un reloj y en la que no habían aparecido proncunciamientos como el de los dos aspirantes de Guerra.

Y es que en los dos últimos años los 20 concejales de la coalición de gobierno se distinguían por trabajar sincronizados en la elección de sus directivos y en los proyectos que proponía la Alcaldía, con esta elección entran en una disputa por poder con denuncias, señalamientos y rumores.

Es un hecho que hubo un momento de ruptura. Si hay que ponerle fecha, sería aquel 4 de octubre, cuando en la plenaria el concejal Jaramillo encendió su ráfaga de críticas e insultos que le dieron protagonismo nacional y que ahora tiene la elección del secretario general como primera pelea intestina.

Contexto

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