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Por Sara Ruiz · 16 de Octubre de 2019

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Una de las propuestas más llamativas de la campaña en Medellín es la del candidato a la Alcaldía Daniel Quintero: diseñar la primera línea de metro con tramos subterráneos en el país. 

Según su plan de gobierno, esa línea atravesaría el Valle de Aburrá de Sur a Norte, de Sabaneta a Bello, y tendría dos tramos subterráneos en El Poblado y el Centro. Es una propuesta ambiciosa porque propone solucionar líos futuros de movilidad en el Valle de Aburrá.

Más allá de que un metro subterráneo recuerda la pelea entre Petro y Peñalosa en Bogotá, este no está contemplado en los planes del Metro, la empresa que opera y administra el transporte público masivo en el Valle de Aburrá, que tiene otras soluciones planteadas para los tramos en los que Quintero propone el metro. 

Por eso y otros motivos, sus planes son difíciles de hacer, por lo que calificamos esta propuesta como carreta, y con ella continuamos con nuestra serie del Carretómetro.

 

El Carretómetro evalúa dos aspectos de las propuestas de los candidatos: si son muy ambiciosas y si son logrables. Para eso dibujamos un plano que cruza ambas variables y, después de investigar a profundidad sobre el tema, permite obtener cuatro resultados: las que son ambiciosas y logrables las calificamos como Transformadoras; las que son ambiciosas, pero no logrables, las calificamos como Carreta. Las que son poco ambiciosas y logrables, como Humo. Y las que son poco ambiciosas y además de eso no son logrables, les damos un Pfff.

La meta del candidato es dejar listos los estudios de factibilidad técnica y financiera, pero al asegurar que serán de un metro subterráneo se monta en el caballo sin antes ensillarlo.

Una propuesta apresurada

Quintero propone dos tramos subterráneos en el Centro que “evitarán la compra de predios costosos y la parálisis de la ciudad durante el tiempo de construcción, así como reducirá los imprevistos”.

Usualmente se determina qué tecnología o medio de transporte se va a utilizar en los corredores de transporte masivo -metro, BRT (bus rapid transit como Metroplús), tranvía, tren ligero, etcétera- y el modo -si es elevado, subterráneo o a nivel-, luego de varios pasos.

Estos son, por lo menos, revisar el contexto socio económico en el que se desarrollaría el costo-beneficio del proyecto, su impacto, relevancia y un análisis de demanda actual y de futuro, según la Guía de Análisis costo-beneficio para proyectos de inversión de la Unión Europea. 

Con eso, asegurar que el tren tendría tramos subterráneos es apresurado porque no hay estudios que señalen esa necesidad.

La cuesta arriba

El candidato explicó a La Silla Paisa que su idea es actualizar el plan rector del Metro, algo que puede hacer si logra convencer a la Junta Directiva de la entidad, y eso es complicado por tres cosas.

  • Primero, porque rompe el conducto regular.

    El Metro tiene un plan rector que les tira línea a los municipios del Valle de Aburrá sobre cómo expandir la infraestructura de movilidad a 2030, que traza 16 líneas ya avanzadas en estructuración y estudios, como el corredor de la 80 o la línea F del Metro, que sería parte del trayecto del Ferrocarril de Antioquia. 

    Ambos proyectos ya están radicados en el Ministerio de Hacienda y el segundo está priorizado en el Plan Nacional de Desarrollo, lo que significa el Gobierno va a destinar recursos para estos.

    Justamente del plan rector han salido las banderas en movilidad de los últimos alcaldes, pues estos eligen entre esos proyectos cuál priorizar.

    El actual alcalde Federico Gutiérrez, incluyó en su plan de desarrollo la construcción del metrocable Picacho y los diseños del tranvía de La 80, por ejemplo. Aníbal Gaviria consiguió la plata y construyó el Tranvía de Ayacucho; y Alonso Salazar hizo los diseños de esa línea.
    Con esos antecedentes y el trabajo detrás del plan rector, es difícil que la junta se pliegue al proyecto, sin estudios, de Quintero. Especialmente cuando otras líneas están más adelantadas y por lo tanto se pueden implementar antes.
     
  • Segundo, porque ya hay líneas en construcción o con estudios avanzados.

    En su plan de gobierno, el candidato dice que el recorrido “iniciará en Sabaneta, continuará por Envigado, pasará por la avenida el Poblado, el Centro, subirá a Robledo y continuará por Castilla, Doce de Octubre y el municipio de Bello (la ruta puede cambiar por consideraciones técnicas o financieras)”.

    Por el mismo tramo entre Castilla y la comuna 1 de Bello pasará el metrocable Picacho, que arrancará a funcionar en 2020, y se conectaría con Bello y el tren ligero de la Avenida 80 a través del corredor de la Avenida 65, que también pasa por Robledo. Aparte, el Metro está haciendo los estudios de caracterización (que incluyen definir los trazados y delimitar el área de influencia) del corredor San Germán, que atraviesa Robledo desde el centro de Medellín en la estación Parque Berrío, de la línea A del metro.

    Para el tramo del sur, que pasa por Sabaneta, Envigado y el Poblado, existe el corredor de Metroplús que atraviesa Envigado desde Sabaneta hasta El Poblado, que ya está en fase de construcción. El corredor que conecta a Envigado con la troncal de Metroplús de la Avenida Oriental, está en fase de caracterización, y el que atraviesa el Centro desde El Poblado hasta la Catedral Metropolitana está en fase de diseño.

    Es decir, que Quintero no solo tendría que empezar de cero unos estudios, sino lograr que la junta apruebe priorizarlos sobre  otros que ya están en curso desde hace años, y que son el punto de partida para el sistema de transporte público de Medellín.
  • Tercero, tendría que poner de su lado a uribistas.

    Aunque el Metro es 50 por ciento del municipio de Medellín y 50 por ciento del Departamento de Antioquia, la Nación tiene la mitad de la Junta Directiva debido a la deuda que estos tienen con ella por la construcción del Metro (5.7 billones de pesos). Por eso, el presidente Iván Duque tiene cinco delegados, y la Gobernación y la Alcaldía tienen dos delegados cada una.

    Los cinco representantes de Presidencia son cacaos uribistas, como Juan Rafael Arango, gerente de la campaña de Duque en Antioquia; el bananero Nicolás Echavarría y Javier Muñoz, quienes estuvieron en la Junta del Metro cuando Uribe era presidente; y Guillermo Ricardo Vélez, embajador en China del Expresidente.

    Eso le podría poner aún más trabas al proyecto del rival del candidato del Centro Democrático en Medellín, Alfredo Ramos.

    El siguiente paso a dar es convencer a otros municipios de la relevancia del proyecto.

    El plan rector del Metro está articulado con el Plan Maestro de Movilidad del Área Metropolitana, que define y orienta programas y proyectos de movilidad claves para los diez municipios del Valle de Aburrá. Ese estudio está justamente en revisión dentro de la Junta de la entidad.

    Según nos explicó un funcionario experto en Planeación que nos pidió no nombrarlo porque no quiere ni puede dar declaraciones frente a propuestas de campaña política, “como presidente de la Junta Metropolitana, el alcalde podría evaluar un nuevo trazado. Se haría una evaluación técnica y revisar si es viable o no”.

Igual, luego Quintero tendría luego que arrancar con los estudios de caracterización, prefactibilidad y factibilidad, en lo que podría tardar por muy poco tres años, con lo que necesitaría que se alinearan todos los astros para poder cumplir su promesa.

Eso porque los antecedentes muestran plazos mucho más largos: el tren ligero de la Avenida 80 está en etapa de factibilidad, y hace por lo menos diez años arrancaron sus estudios; los estudios del tranvía de Ayacucho -más corto, con apenas 4,2 kilómetros- arrancaron en 2009, y se empezó a construir en el 2013.

Ambos proyectos estaban metidos en el plan rector del Metro desde 2006.

Incluso, si la administración de Quintero alcanza a terminar los estudios, dependerá de la voluntad política del siguiente alcalde salir a buscar financiación para ese corredor.

El chicharrón le quedaría al alcalde sucesor

El plan de Quintero dice que “al igual que con el Metro de Bogotá, la Nación deberá financiar el 70 por ciento del proyecto”.

Ese es otro lío porque hay dos proyectos de movilidad en el Valle de Aburrá que esperan recursos del Gobierno Nacional para arrancar.

Para el tren ligero de la 80, el alcalde Gutiérrez espera el 70 por ciento de la financiación, y para el Ferrocarril de Antioquia, Luis Pérez pide el 60 por ciento, bajo la Ley de Metros.

Eso quiere decir que, en este momento, Medellín y Antioquia le están pidiendo a la Nación 3.3 billones de pesos para dos corredores de movilidad en el Valle de Aburrá. 

Con eso, así Quintero demuestre que su tren con tramos subterráneos es viable, seguirá estando lejos que sea una realidad pues no depende de él que se haga, sino de un futuro alcalde y de otro Presidente.

Contexto

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