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Por Sara Lopera | Sara Ruiz · 29 de Diciembre de 2019

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Este año las elecciones locales marcaron cambios de poder regional que le dan paso a un cuatrienio que pinta distinto por el ascenso de los alternativos, la pérdida de poder del uribismo y el papel de los políticos tradicionales que no desaparecieron y apoyaron candidatos bajo cuerda. 

Estos son los principales cambios del poder del 2019 en Antioquia y el Eje Cafetero. 

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El medio regional más grande recibió golpes y se lo quedó su dueño más político

Este año hubo un sacudón histórico para El Colombiano, el periódico más influyente de Antioquia y quizás el medio regional más grande del país. 

Los Hernández le vendieron su mitad de la empresa a los Gómez Martínez, sus socios por 90 años. 

Esa decisión venía cocinándose por lo menos desde 2012, porque los Hernández se han concentrado más en sus otros negocios privados y los Gómez, que han tenido mayor vocación de poder y son cercanos a la casa política de Fabio Valencia Cossio, a Álvaro Uribe y al Centro Democrático (entre ellos está el exministro Juan Gómez, que milita en ese partido, y la exdirectora del diario Ana Mercedes Gómez, que fue senadora uribista), quedaron como únicos dueños del medio.

La venta trajo transformaciones internas: a la junta directiva entraron tres expertos en marketing e innovación; salió el presidente por 25 años, Luis Miguel de Bedout, que hace parte de la familia Hernández; y renunció la directora Martha Ortiz, quien heredó el cargo de su tía Ana Mercedes hace siete años.

La salida de Ortiz fue un resultado de una división entre las familias de los siete hermanos Gómez, según nos contaron por aparte dos fuentes muy cercanas a ellos y al periódico, y que lo saben de primera mano: unos no estaban de acuerdo con que como directora estuviera tomando distancia de la línea editorial conservadora, otros respaldaban esa dirección más digital e institucional que le dio al periódico. 

Esa movida ocurrió en medio de dos escándalos por denuncias: una por el manejo del medio a una denuncia de abuso sexual de un editor hacia una reportera; y otra del periodista Germán Jiménez por presunto acoso laboral por parte de Ortiz.

El periódico está en una transición mientras arma una estrategia a futuro, en la que las dos partes de la familia Gómez se pusieron de acuerdo en dejar a Ortiz como directora y nombrar como gerente a Pablo Gómez Mora, hijo de Juan Gómez y ex vicepresidente de Estrategia y Desarrollo de ETB.

Por todo eso, el año que viene será clave para El Colombiano, que puede inclinarse más a la derecha justo a la llegada de un alcalde antiuribista, Daniel Quintero, y con un gobierno nacional uribista y desprestigiado.

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Hidroituango se recupera lento, pero EPM se aporreó más

EPM comenzó el 2019 con su credibilidad aporreada, luego de que su megaproyecto Hidroituango se enredara a inicios del 2018, generando una crisis humanitaria en varios municipios e inundando el corazón del proyecto, la casa de máquinas.

Pero en parte logró mostrar que el proyecto sigue siendo viable; para fines de diciembre, según le dijo el gerente Jorge Londoño a Portafolio, ya revisaron el 85 por ciento de la casa de máquinas y han encontrado solo un 20 por ciento de daños, por lo que asegura que en 2024 estará funcionando todo el proyecto. 

Además, a inicios de mes entró el primer pago de la póliza de Mapfre, por 150 millones de dólares. 

Pero sigue sin saber cuánto es el sobrecosto, y siguen llegando los coletazos por los retrasos, además de la ola de críticas por ruidos y cuestionamientos por presuntos malos manejos. 

Por ejemplo, en noviembre, la Contraloría General anunció la apertura de un proceso de responsabilidad fiscal contra 34 personas por presunto detrimento patrimonial de 4,1 billones de pesos, por inversiones sin justificar y retrasos en la entrada en operación de Hidroituango. 

Esa investigación incluye a pesos pesados de Antioquia como el exalcalde de Medellín y gobernador electo Aníbal Gaviria, el exalcalde Alonso Salazar, el excandidato presidencial Sergio Fajardo y el exgobernador Luis Alfredo Ramos; así como los gerentes de EPM en las últimas cuatro administraciones. 

Además, en noviembre la Creg informó que le impondrá una multa por 42,2 millones de dólares por el retraso de la obra; y está en la cuerda floja el adelanto del pago del cargo por confiabilidad (una plata que entrega el Gobierno por garantizar la energía) con el que contaba EPM.

Encima, este año hubo continuas fallas en la prestación de servicio del agua en Medellín, que maneja EPM; por redes sociales, usuarios de varias comunas de la ciudad, como La América y El Poblado, se quejaron continuamente porque les cortaron el servicio y recibieron agua turbia durante varios días. 

A esas críticas la empresa respondió que el agua seguía siendo segura para el consumo e invirtió 200 mil millones en la modernización de una de sus plantas.

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La política alternativa ganó espacio

Varios triunfos en las elecciones locales de octubre dieron sorpresas y trajeron cambios históricos en la política de las regiones que cubrimos. Los dos ejemplos más visibles son los alcaldes electos de Medellín y Manizales, Daniel Quintero, del movimiento Independientes; y Carlos Mario Marín, de la Alianza Verde. 

Los dos representan una forma de hacer política que cada vez toma más fuerza: la que lideran jóvenes y se hace por redes sociales. 

Ambos hicieron campaña con la bandera de independencia, y aunque también recibieron respaldo de políticos tradicionales bajo cuerda, sus votaciones históricas se las ganaron a punta de opinión. 

Ese nuevo poder también se reflejó en el aumento de la cuota alternativa en concejos y asambleas. 

Por ejemplo, el primer movimiento de mujeres Estamos Listas, que logró poner una concejal en Medellín a punta de voluntarias que hicieron campaña por meses; o la coalición alternativa (Polo, Verde, UP y Colombia Humana) que logró por primera vez un espacio en las asambleas de Risaralda y Quindío. 

O pequeños quijotes que ganaron alcaldías de municipios más pequeños, como el verde Rodrigo Toro que le quitó al clan de los Merheg la alcaldía de Santa Rosa de Cabal (Risaralda), o el polista Jose Vicente Young en La Tebaida (Quindío), que desbancó al Partido Liberal y a Cambio Radical.

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El bastión uribista ya no lo es tanto

La caída de la popularidad del senador Álvaro Uribe es una de las transformaciones del poder más visibles en todo el país, pero mucho más en Medellín porque es la capital del departamento en el que se hizo como político y uno de los grandes bastiones que ha catapultado sus ideas a nivel nacional con votos, como pasó cuando arrasó allí el No en el plebiscito o cuando Antioquia le puso casi dos millones de votos a Iván Duque el año pasado. 

Pero las elecciones locales refrendaron que Medellín ya no es tan uribista: perdió el favorito y uribista Alfredo Ramos, que hizo campaña con las mismas banderas de Duque y con el apoyo de su papá, el exgobernador en juicio por parapolítica Luis Alfredo Ramos.

En cambio, ganó Daniel Quintero, un exfuncionario de Juan Manuel Santos, que votó por el Sí en el plebiscito de 2016 y le hizo campaña a Gustavo Petro en la segunda vuelta presidencial. 

Eso se refrendó mucho más con la movilización nacional del 21 de noviembre, en el que hubo una marcha pintada de todos los colores -no solo movimientos de izquierda que suelen liderar las marchas- protestando en contra del gobierno que apoya Uribe.

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El descontento mostró fuerza

El 2019 cerró con una amplia manifestación nacional en contra del gobierno Duque, que en lo local mostró un movimiento social mucho más fuerte que el de los años anteriores. 

En Antioquia, las calles se llenaron de personas más allá de los movimientos de izquierda y universitarios, que son los que suelen mover las marchas. Y sucedieron cosas que nunca antes habían pasado, como que los municipios del sur del Valle de Aburrá hicieran plantones en sus parques principales y se unieran para salir a marchar. 

También pasó en el Eje Cafetero, donde los primeros siete días de paro estuvieron encendidos, con actividades diarias y multitudinarias.

Aunque el paro se aguó con la entrada de la fiestas decembrinas, la región mostró que tiene gasolina para las movilizaciones que se vengan en el 2020.

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Los políticos tradicionales perdieron popularidad y protagonismo

Aunque en campaña se preveía que las maquinarias y las casas políticas tradicionales iban a entrar en jaque, en varios casos de la región se camuflaron detrás de candidatos que abanderaron discursos de independencia.

Así ganó, por ejemplo, Aníbal Gaviria la Gobernación de Antioquia: recogió firmas por un movimiento ciudadano, pero contó con la maquinaria de los liberales, La U, Cambio Radical y hasta con la de los godos, que tenían candidato propio. 

Otro caso es el del exsenador de La U, Mauricio Lizcano, en Caldas. Alejado de tarimas y de eventos políticos, respaldó con toda su estructura al gobernador electo Luis Carlos Velásquez y al alcalde de la capital Carlos Mario Marín.

Algo parecido sucedió en Quindío, donde se esperaba la derrota de las maquinarias por los escándalos de corrupción que protagonizaron en 2018; pero, a falta de un candidato alternativo fuerte, estas se unieron y lograron ganar la Gobernación. 

Con el electo Roberto Jairo Jaramillo ganó el grupo liberal de la exalcaldesa de Armenia condenada por corrupción Luz Piedad Valencia, pues todos sus aliados le hicieron campaña; y también el representante de Cambio Radical Atilano Giraldo, que en el pasado apadrinó a la exgobernadora inhabilitada por corrupción Sandra Paola Hurtado. 

El perfil de los políticos tradicionales también fue más bajo a la hora de comprar votos, como evidenciamos en Medellín y Armenia, donde fueron más precavidos con la plata y utilizaron eslabones más bajos de la cadena para repartirla, como contamos en esta investigación

Todo esto evidencia una transformación, casi por necesidad, de los políticos tradicionales para mantenerse vigentes.

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Mario Castaño perdió fuerza en Caldas

El año pasado, el senador liberal se conviritó en el gran barón electoral de Caldas luego de saltar de la Cámara al Senado duplicando sus votos y al quedar como jefe del partido en el departamento. 

Por eso, muchos daban por ganadora la alianza que hizo este año con el uribismo para intentar quitarle la Gobernación al lizcanismo, con el delfín Camilo Gaviria, y para mantener la Alcaldía de Manizales, ahora con Jorge Hernán Mesa. 

Pero se quedó sin el pan y sin el queso, y sus candidatos fueron arrasados en las urnas. Como contamos, ese fracaso lo determinó en gran parte que el Senador hizo campaña tradicional.

Además, quedó en la mira de la Corte Suprema luego de que la Fiscalía condenara un fotógrafo de Ibagué por corrupción al sufragante, y este aceptara que lo hizo para favorecer a Castaño en las elecciones al Congreso del 2018. 

Con eso, su poder quedó mermado y se debilitará más desde el primero de enero del 2020.

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El reino de los Merheg en Risaralda quedó cojeando

Uno de los grandes cambios es que el cuestionado clan político de los Merheg perdió la Gobernación de Risaralda.

Aunque le metieron la ficha al candidato godo Diego Naranjo para que le heredara el cargo a Sigifredo Salazar, y se volvieron a aliar con el liberalismo del alcalde de Pereira, Juan Pablo Gallo, no les alcanzó y les ganó el exgobernador Víctor Manuel Tamayo. 

Esa desinflada se debe a los ruidos de corrupción que contamos aquí. 

También perdieron una de las alcaldías importantes que lograron hace cuatro años: Santa Rosa de Cabal, el tercer municipio del departamento; el verde Rodrigo Toro desbancó a su candidato César Franco.

Pero la derrota no es total porque siguen teniendo poder a través del alcalde electo de Pereira, Carlos Maya, a quien también apoyaron; y de Juliana Enciso, la esposa del exsenador investigado por parapolítica Habib Merheg, que se montó en la Asamblea como la más votada del Partido Conservador.

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Los viejos aliados del exsenador inhabilitado Carlos Enrique Soto retomaron poder

El excongresista de La U Carlos Enrique Soto, que estaba desinflado desde el 2015 cuando los Merheg y los liberales le quitaron la alcaldía con Juan Pablo Gallo (la tenía hacía tres períodos) y desde el 2017 cuando perdió su investidura por tráfico de influencia, volvió a abrirse cancha luego de las elecciones de octubre. 

Eso es porque el gobernador electo Víctor Manuel Tamayo estuvo rodeado por sus viejos aliados. Por ejemplo, una de las personas claves de la campaña fue Israel Londoño, el candidato de Soto en 2015 a la Alcaldía de Pereira. 

Londoño estaba como candidato a la Alcaldía este año pero desertó para unirse al equipo de Tamayo. Jesús María Hernández, otro viejo aliado de Soto, también se lanzó a la Alcaldía y se le unió al Gobernador electo faltando un mes para las elecciones.

Las mayorías de La U estuvieron con Tamayo; y aunque Soto ya no preside el partido en Risaralda, como nos contó un dirigente del partido en campaña: “A Soto lo consultamos constantemente y lo escuchamos para tomar decisiones”.

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