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Por Sara Ruiz · 27 de Diciembre de 2018

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Las elecciones legislativas y presidenciales no fueron las únicas que marcaron cambios de poder regional en el 2018. La corrupción les sacudió el piso a varios súper poderosos, y el regreso del uribismo está reorganizando el tablero de la política menuda local que antes era santista.

Estas son las movidas de este año que marcaron un antes y un después en la región paisa.

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El orgullo antioqueño quedó en la cuerda floja

El revés de uno de los proyectos de ingeniería más grandes de la historia del país, que es Hidroituango, quebró una de las bases del orgullo antioqueño, por dos frentes distintos.

Uno de esos, el sueño de región de tener una hidroeléctrica que venía pensándose hacía años, que se convirtió en un peligro y una incertidumbre.

Hidroituango pasó este año de ser una megaobra a punto de inaugurarse a una amenaza que afectó comunidades campesinas de municipios a la orilla del Cauca en Antioquia y la sabana caribe. Una emergencia que, aunque ya no tiene riesgo de desborde, aún no se sabe de qué tamaño es y cómo golpearía el bolsillo de Medellín y Antioquia. Ni la oferta energética del país.

El segundo es la credibilidad en una de las empresas de servicios públicos más grandes y queridas, que es EPM, dueña y a la vez contratista del proyecto.

Que la empresa usara un polígrafo con sus empleados para descubrir si les estaban filtrando o no información a los medios y a concejales; que vendieran las acciones de ISA para mantener su liquidez mientras mantenían las transferencias del 2019 al municipio de Medellín; y los ruidos de presunta corrupción que atizaron algunos sectores políticos alternativos, incluso en el Congreso, aporrearon la reputación de una empresa que los antioqueños han percibido como tacita de plata por más de 50 años y, por ahí derecho, a los súper contratistas de la presa (Argos, Conconcreto), que son parte del súper poderoso GEA.

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El uribismo se puso de moda entre santistas

Si bien en la región paisa Álvaro Uribe es santo de devoción, con el triunfo de Duque en las presidenciales algunos políticos santistas se fueron para el uribismo.

El caso más contundente este año fue el del gobernador de Antioquia, Luis Pérez, quien pasó de ser gerente regional de la campaña de Juan Manuel Santos en 2014, aglutinador de los partidos de la Unidad Nacional para las locales del 2015, y competencia de la ficha del uribismo; a mostrarse como seguidor de Iván Duque y  perfilarse como presidenciable uribista para 2022.

En Caldas, por ejemplo, el senador caldense Mario Castaño, liberal, se alió con el Centro Democrático en cabeza de Adriana Gutiérrez, y le movió la maquinaria en los municipios para la segunda vuelta; y el grupo el del representante Óscar Tulio Lizcano -cuyo hijo, el exsenador Mauricio, le había apostado a Vargas Lleras- se acercó al uribismo en las presidenciales junto con Juan Felipe Lemos, hoy senador.

En Risaralda lo mismo pasó con el exsenador destituido Carlos Enrique Soto, de la U, quien le hizo campaña a Iván Duque en presidenciales luego de quedarse sin representación en el Congreso.

En Antioquia lo mismo pasó con el conservador Juan Diego Gómez, quien estuvo desde la primera vuelta con el uribismo; o con Iván Darío Agudelo, senador y otrora cara visible del grupo de la Universidad de Medellín, que acercó a la campaña uribista en la segunda vuelta, junto con otros liberales quemados como Luis Fernando Duque y Oscar Hurtado.

 

 
3

Las disidencias y los Caparrapos alborotaron el posconflicto

Luego de que la exguerrilla de las Farc dejara las armas, el Clan del Golfo había quedado con el control casi total del negocio del narcotráfico en las regiones antioqueñas Norte y Bajo Cauca.

Hasta que a ese grupo le salió una disidencia, los Caparrapos, de los que se escuchaba hablar desde 2017, pero se hicieron sentir más este año, desplazando familias enteras desde Cáceres y Tarazá.

Por otro lado, desde el Nudo de Paramillo se empezaron a fortalecer las disidencias del otrora frente 36 de las Farc, al mando de alias Cabuyo, y se juntaron con algunos hombres que pertenecían al 18, de Ituango, y empezaron a pelear contra el Clan del Golfo el monopolio de cultivos, las rutas que unen al Bajo Cauca con Urabá y -con refuerzo de los Pachelly, grupo del Valle de Aburrá- el microtráfico.

Fuentes de la Fuerza Pública y la Defensoría insisten en que hay alianza entre disidencias y Caparrapos, y que incluso ya subieron hasta Córdoba.

Esa guerra que estalló este año se ha llevado por delante vidas de líderes y campesinos, ha costado desplazamientos, extorsiones y amenazas; y el fortalecimiento de esos grupos dejó uno de los eventos más violentos, que fue el asesinato de tres geólogos de la minera Continental Gold en el Norte de Antioquia.

 
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En el Quindío, la robadera tumbó a las cacicas

En el 2017, el poder en Quindío estaba partido en dos. El de ‘Toto’ Pareja, hombre detrás de la exgobernadora vargasllerista Sandra Paola Hurtado; y el de Luz Piedad Valencia, cabeza del liberalismo que había puesto alcalde de Armenia y apalancado gobernador.

Este año, ambas casas políticas cayeron por el barranco.

La primera, con una inhabilidad de la Procuraduría por 12 años contra Hurtado por firmar seis contratos sin tener la capacidad para ejecutarlos cuando era Gobernadora. Luego se quemó a la Cámara. Y se requemó con Vargas Lleras, la fuerza que hace cuatro años había demostrado el triunfo del senador bogotano Germán Varón Cotrino en ese departamento.

Por el otro lado, el robo de 12 mil millones de pesos de plata de valorización durante la alcaldía de Luz Piedad Valencia hizo meter a la cárcel a esa cacica electoral, luego de también quemarse al Senado. El lío dejó a Armenia sin alcalde, quien había llegado al cargo como equipo de Valencia, quien se habría apropiado de parte de esa plata.

Más adelante, en agosto, la Fiscalía capturó a una de las fórmulas de Luz Piedad Valencia a Cámara, el chancero Anuar Oyola; a quien estuvo acompañando en campaña el nuevo alcalde de Armenia, Oscar Castellanos.

Y en diciembre, reventó otro caso de cobro de coimas, pero en la Gobernación de Hurtado, presuntamente para financiar la campaña a la Gobernación de quien iba a ser la continuidad de su administración, Sandra Milena Gómez.

Todo eso ha terminado en un desinfle con los partidos tradicionales del Quindío, por parte hasta de los mismos políticos, como contamos. Eso puede reconfigurar el mapa electoral para el 2019, y le sirve de oportunidad a los uribistas y del Mira (que tienen representante y senadora, respectivamente) y a los fajardistas, que ganaron la primera vuelta presidencial justamente con la bandera anticorrupción.

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El clan Merheg se desinfló

Así como a la clase política quindiana, el senador Samy Merheg, heredero del parapolítico Habib Merheg, este año le cayeron encima ruidos corrupción de políticos de su cuerda.

En mayo condenaron una ficha suya en la Alcaldía de Pereira, Jhon Jairo Lemus, por robarse la plata que iba destinada a programas para adultos mayores en el municipio; y en septiembre capturaron al alcalde de Dosquebradas, también ficha suya, por irregularidades en contratos por más de mil millones de pesos.

Eso podría golpearlo de cara a las elecciones del 2019, más cuando no es cercano al gobierno Duque, que en Risaralda está de moda.

Adicionalmente, su hermano Habib regresó al país para acogerse a la JEP, y las verdades que salgan sobre su relación con el paramilitarismo puede pegarle aún más duro a su fortín político.

La cereza del pastel es que el candidato que quiere Samy Merheg para la Gobernación, Francisco Valencia, no es el que todo el Partido Conservador desea.

Por eso hay un rifirrafe con el Gobernador, Sigifredo Salazar, y el representante a la Cámara Juan Carlos Rivera, quienes tienen otros precandidatos y sienten que Merheg les está imponiendo al suyo, le djo a La Silla una fuente de ese equipo político, y como lo han contado medios locales.

 
6

Los alternativos empezaron a contar como fuerza

Con las elecciones presidenciales, más la consulta anticorrupción, los partidos de centro izquierda como el Polo Democrático y la Alianza Verde, más el movimiento de Fajardo, Compromiso Ciudadano, cogieron un impulso que nunca antes habían tenido en la región.

Eso se vio más que todo en Caldas, Risaralda y Quindío. La Coalición Colombia pintó de verdeamarillo a Manizales, Pereira y Armenia en la primera vuelta.

Tres meses después, en la Consulta Anticorrupción que impulsaron más que todo los verdes, el Polo y el petrismo, los tres departamentos estuvieron dentro de los 12 donde la Consulta Anticorrupción pasó el umbral de votos.

Este año los departamentos cafeteros demostraron que puede mover más la anticorrupción que el uribismo, que es la fuerza de opinión que en las presidenciales siempre se impone, e incluso le hizo campaña de oposición a la Consulta.

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