Uso de cookies

La Silla Vacía usa Cookies para mejorar la experiencia de nuestros usuarios. Al continuar navegando acepta nuestra política.

listo

Por Sara Ruiz · 24 de Noviembre de 2019

10341

3

El 21N, el día que decenas de miles de personas salieron a la calle y vistieron a Medellín de festivo, y en que los medios nacionales pusieron los ojos en la ciudad por su “buen comportamiento”, probó más que cualquier cosa que la capital de Antioquia, que catapultó a la Presidencia al hombre más poderoso del país, Álvaro Uribe, ya no es tan uribista.

Un fenómeno que empezó a asomarse desde las elecciones de 2015, cuando el Expresidente estaba más cerca de poner alcalde y no lo logró, y que aterrizó este año con la victoria inesperada del exliberal Daniel Quintero, hace un mes.

El precedente que sentó el paro

La multitud reunida en la Plaza de las Luces, a las 10 de la mañana del jueves, superó con creces a las dos marchas más grandes que ha habido en Medellín en los últimos años y que también se concentraron ahí.

La del “No más desgobierno”, organizada por el Centro Democrático contra Juan Manuel Santos el 2 de abril de 2016; y la que defendía los Acuerdos de La Habana, del 7 de octubre de ese mismo año, después de que ganó el No en el plebiscito.

Como nos dijo Jorge Giraldo, quien fue hasta hace poco decano de la Escuela de Humanidades de la Universidad Eafit, se trata de la segunda marcha más grande en lo que va del siglo, después de la del 4 de febrero de 2008, que convocó el uribismo contra la entonces guerrilla de Las Farc.

No solo fue grande por la cantidad de gente que fue, sino porque reunió diversos sectores sociales, y porque la protesta se destacó por pacífica frente a otras zonas del país.

El cacerolazo que arrancó en Cali en la tarde del jueves llegó, a eso de las 9, hasta zonas de Medellín de estratos medio-bajo, como el barrio Boston, Buenos Aires y El Chagualo, y otros más altos como La América, Los Colores, la Loma de los Bernal, Ciudad del Río y Santa María de Los Ángeles.

El ruido de las ollas se repitió el viernes 22 por la noche, con dos concentraciones. Una en el Parque de los Deseos, que se convirtió en una marcha que se desplegó a otros barrios al oriente y el centro; y otra en el Parque de El Poblado, que caminó hasta el Parque Lleras, vecino de la zona rosa de estrato seis.

Ayer, sábado, también resonaron las ollas en la emblemática Comuna 13 -que ha padecido el conflicto urbano desde hace décadas-, también en el corregimiento de Santa Elena, en El Poblado y de nuevo en el Parque de los Deseos.

A esa tranquilidad se sumó que, a pesar del precedente de violencia que tiene Medellín, con bandas criminales en el grueso de los barrios de la ciudad y cifras altas de homicidios y robos, el pánico por amenazas de vandalismo en Cali y Bogotá no se repitió en la ciudad.

Al contrario, los videos de gente armada en sus balcones lista para disparar en Cali contrastaron con las de los estudiantes pasando por el viaducto del Metroplús, cantando, sin romper un solo vidrio; y acercándose a los carros para invitarlos a unirse al cacerolazo solo cuando el semáforo se ponía en rojo, y cruzando la calle solo por las cebras.

Así, la mano dura que el alcalde Federico Gutiérrez preparó para el jueves se quedó sin mucho qué hacer.

Pese al despliegue preventivo de más de 600 policías, y a los enfrentamientos de la noche del jueves de encapuchados con el Esmad en el puente de Barranquilla, al lado de la Universidad de Antioquia, el Metro no sufrió daños, los manifestantes no dejaron infiltrar vándalos e intentaron limpiar con alcohol y trapos los grafitis que alcanzaron a pintar en la calle. 

Pero más que todo eso, el 21N en Medellín fue un fenómeno particular porque hace tres años esa fue la única capital grande donde ganó el No a los Acuerdos con la exguerrilla de Farc; y en elecciones presidenciales arrasó en todas las comunas Iván Duque, contra quien iban las protestas de esta semana.

Es la capital que siempre vota por el candidato uribista a la Presidencia, y en la cual, en las últimas locales, Andrés Guerra fue el más votado a la Gobernación y el partido que ganó más curules al Concejo y la Asamblea fue el Centro Democrático.

Es la ciudad donde un abogado de ultraderecha, Jaime Restrepo ‘El Patriota’, anunció que armaría un “grupo civil antidisturbios” -que, por cierto, ni se hizo notar el jueves-, y donde hace cinco meses un grupo de hombres rompió y quemó una bandera del orgullo gay.

Pero Medellín también es la ciudad en que hace menos de un mes un exfuncionario de Juan Manuel Santos que hizo carrera en Bogotá, que votó por el Sí en el plebiscito de 2016, le hizo campaña a Gustavo Petro en la segunda vuelta presidencial y se avaló por un movimiento llamado ‘Independientes’, Daniel Quintero, le ganó a un uribista 2.0, hijo de un uribista 1.0, Alfredo Ramos, y también a la ficha de ‘Fico’, su alcalde popular, Santiago Gómez.

Un resultado sorpresa en el país porque la campaña de Ramos pintaba fuerte, y parecía que por fin Álvaro Uribe, como senador y padrino político del Presidente, iba a poner alcalde en una de las ciudades donde más devotos tiene.

La continuación del triunfo “Independiente”

El paro de jueves en Medellín reunió gente de todo tipo, de varios estratos y oficios: profesores, periodistas, estudiantes, artistas, barristas, amas de casa, activistas, funcionarios y hasta empleadas domésticas.

Eran sobre todo jóvenes y con diversas causas como bandera, más que todo la defensa del medio ambiente, de los líderes sociales y de los niños; el rechazo a las reformas tributaria y laboral y los abusos de la fuerza pública.

La causa que más repetía la gente cuando le preguntábamos sus razones para marchar es el carácter y las decisiones del presidente Iván Duque, “que van en contra de la realidad de país que tenemos”, como nos dijo Jauder Cardona, un productor audiovisual de 29 años que marchó.

O como nos dijo Sofía, una estudiante de Psicología de 21 años: “Me mueve la tristeza, el enojo, la inconformidad, la misantropía que siento hacia los mandatarios y personas con más poder político en el país. Se me dificulta creer y permitir que personas como ellos (el gobierno) sean tan poco compasivos”.

El perfil del manifestante del jueves pasado es parecido al votante de Quintero: no se veía mucho en campaña -ni en la previa al paro-, pero, el día de elecciones -y de la marcha- salió a relucir: joven, de todo tipo de estrato, con ganas de un cambio en la clase política.

Eso puede ser en parte, como contamos en esta historia, porque una de las razones de peso que hizo salir a votar por Quintero fue el cansancio con Álvaro Uribe en el poder, y los juntó ver a su candidato, Alfredo Ramos, encabezando las encuestas.

Pero también los movió que Quintero es joven, de origen popular, que se preocupa por las condiciones académicas y laborales de los recién graduados y que proponía en campaña que Medellín se convierta en una ciudad más ecológica y en un valle del Software con oportunidades de empleo para todos. Los mismos temas que movió a Medellín para salir el jueves.

Por eso es que la ciudad pinta más distante de Álvaro Uribe, que es en buena parte quien tiene el poder detrás del Presidente, y quien estuvo detrás del No que la consagró como bastión del uribismo.

La aparición de la Medellín post Sí

La imagen ‘Timochenko’, el exjefe guerrillero de Farc, sonriente entre la multitud de la Plaza de las Luces y rodeado de paisas pidiéndole fotos y abrazándolo, muestra otro efecto de la marcha y los cacerolazos: salió a la calle la gente que hace tres años defendió los Acuerdos de Paz.

Se trata de un grupo de personas que pinta haber crecido a juzgar por las últimas elecciones locales, en que aumentaron las curules de los movimientos alternativos proacuerdo.

De hecho, entre los que movieron el paro y los cacerolazos de viernes y sábado están los organizadores de la marcha del Sí hace tres años, como el grupo Confluencia, cercano a Compromiso Ciudadano, los concejales electos Alex Florez, del movimiento Independientes, y Daniel Duque, del Verde. 

También apoyaron el paro representantes de la Medellín social de los 90, como el sociólogo Max Yuri Gil, coordinador territorial Antioquia-Eje Cafetero de la Comisión de la Verdad; y Marta Villa, directora de la Corporación Región.

Que haya salido a marchar tanta gente y Timochenko se hubiera sentido bien recibido -como se lo dijo durante la marcha a La Silla Paisa- prueba que Medellín ya no es la capital del No.

Es, en cambio, una ciudad que refleja las nuevas inconformidades que han brotado luego de que la guerrilla dejó de ocupar el centro de la agenda del país.

Unas inconformidades que también resaltaron en otros 50 de los 124 municipios del Departamento donde también hubo marchas según datos de la Gobernación de Antioquia; y se notaron especialmente en el sur del Valle de Aburrá.

Algo llamativo incluso para los políticos de corte de derecha.

Por ejemplo, el diputado de La U Norman Correa, quien es cercano al uribismo, envió el sábado por Whatsapp un video del cacerolazo del viernes en Envigado, con un mensaje que decía que “estos jóvenes son hoy actores políticos, tienen la edad y la capacidad de votar, dejaron de ser una masa amorfa y pasaron a ser un cuerpo social y político cantante y marchante”.

A eso se suma que los políticos locales del Centro Democrático no se han hecho sentir estos días; y los comentarios y críticas que le hicieron al paro por redes sociales se concentraron en los disturbios en Bogotá y Cali. Medellín, uno de sus fortines, no apareció por ningún lado.

Así, el uribismo que se ha impuesto no solo en Medellín sino en sus alrededores en los últimos años, y que luego de las elecciones locales se empezó a desdibujar, con el 21N se bajó del pedestal.

Comentarios (3)

Elgatodeschrodinger

24 de Noviembre

0 Seguidores

los muertos que vos matais gozan de buena salud, decir que el uribismo esta muerto en antioquia, es como decir que el liberalismo ya no esta en la costa, hay candidatos que pegan y otros que no, Duque es un uribista menos marcado que fernando londoño, lo que podria evitar que fernando sea presidente, pero en las elecciones locales hay cacicazgos diferentes y empatia, Ramos no conectaba, eso pasa.

los muertos que vos matais gozan de buena salud, decir que el uribismo esta muerto en antioquia, es como decir que el liberalismo ya no esta en la costa, hay candidatos que pegan y otros que no, Duque es un uribista menos marcado que fernando londoño, lo que podria evitar que fernando sea presidente, pero en las elecciones locales hay cacicazgos diferentes y empatia, Ramos no conectaba, eso pasa.

Elgatodeschrodinger

24 de Noviembre

0 Seguidores

El alcalde de Medellin electo nos ofrecio lo mas emocionante de todo, una constituyente, la unica forma de desmontar el proceso de paz, reformar la justicia y acabar con tanto absurdo, realmente por fin encontramos un lider consciente de como se solucionan los problemas del pais, excelente enfoque, creo que se tiene la confianza que nos sirve para defender el NO y acabar con la majaderia.

El alcalde de Medellin electo nos ofrecio lo mas emocionante de todo, una constituyente, la unica forma de desmontar el proceso de paz, reformar la justicia y acabar con tanto absurdo, realmente por fin encontramos un lider consciente de como se solucionan los problemas del pais, excelente enfoque, creo que se tiene la confianza que nos sirve para defender el NO y acabar con la majaderia.

Ana María

25 de Noviembre

1 Seguidores

Pequeño comentario para la redacción: la marcha-cacerolazo del 22N empezó e...+ ver más

Pequeño comentario para la redacción: la marcha-cacerolazo del 22N empezó en el Parque de los Deseos y terminó allí mismo, se movilizó por: Chagualo, Prado Centro, La Oriental, La Playa, Boston, Los Ángeles, Villa Hermosa, Manrique y de nuevo al Parque de Los Deseos.

Contexto

Las historias más vistas en La Silla Vacia